Categoría: teatro

  • Entrevista. Damián Cervantes

    El Grupo mexicano ‘Vaca 35’ se presentó dentro del Festival Internacional de Teatro Temporada Alta de Lima. Durante la segunda semana de programación, el público local pudo disfrutar de los montajes ‘Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar’ y ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’.

    Ambos espectáculos se destacan por el uso de espacios no convencionales –se presentaron en la Galería de la Alianza Francesa-, la cercanía entre público y actores, el contrapunto permanente entre humor y violencia, la presencia de una doble capa de ficción –los intérpretes representan a actores (acaso ellos mismos) ensayando obras de teatro- y, finalmente, la referencia a un clásico del teatro occidental -‘Las tres hermanas’, de Chejov, y ‘Las criadas’, de Genet-

    Advenedizo Digital conversó con Damián Cervantes, director de Vaca 35, acerca de las similitudes de ambas obras, de sus procesos de investigación y del ánimo creativo y colectivo del grupo.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Las dos obras que se han presentado en Lima no son las más recientes producidas por el grupo ¿Qué representan dentro de Vaca 35 para que sean parte de la gira?

    Damián Cervantes: Son las obras que hemos girado más. Una de ellas no es la más reciente pero sí la más vigente. Me refiero a ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’. Es la obra que todavía mantiene como la línea emocional y estructural de Vaca 35. Es nuestro origen, todavía es nuestro tótem.

    ADVZ: Las dos obras presentadas poseen algunos elementos en común. Uno de ellos es la sensación de que los personajes están condenados a la convivencia.

    Damián Cervantes: Sí, hay algo de eso de la condena de la convivencia, de la idea de que no tenemos otra opción más que estar en este espacio. Y en ese espacio se caotiza todo. Porque lo único que no queda es la muerte, solo la sobrevivencia. Eso lo vuelve todo bastante más trágico. Y creo que es la metáfora de lo social.

    ADVZ: En ambas también está presente el hecho de ironizar sobre el trabajo del artista de teatro.

    Damián Cervantes: Eso surge de las improvisaciones y creo que tiene mucho que ver con el sentido del humor del grupo. A mí me gusta mucho, y lo provoco, el burlarnos de las cosas que somos nosotros. Yo soy muy burlón y es una forma de relacionarme con el mundo. Entonces, ironizar y burlarnos de nuestra propia condición es bastante interesante, es divertido y también es duro. Es usar el humor para realmente hablar de nosotros, sin máscaras.

    ADVZ: ¿El humor sigue presente en los trabajos posteriores?

    Damián Cervantes: Sí. Es algo que todo el tiempo está presente. A mí me gusta mucho el humor, la burla, la ironía. Yo tenía un maestro clásico que decía que “la ironía es la máxima de las tragedias”. Es algo que me gusta mucho.

    ADVZ: Volviendo a los montajes presentados en Lima, en ambos está presente el hecho de abordar textos clásicos como punto de partida.

    Damián Cervantes: Es una asociación muy libre. Los clásicos llegaron por sensaciones e intuiciones muy específicas. En un caso, por el encuentro de las actrices; en otro, por pensar el tedio y el aburrimiento en un grupo. Entonces, la conexión directa fue abordar a un autor. Abordarlo sin representarlo.

    Pero no es la única motivación del grupo. Hemos trabajado sobre las sensaciones de las personas que somos en distintas facetas. El trabajo ha sido desde los autores clásicos, desde una novela, desde el gusto por cocinar, desde el hecho de analogarte con algún tipo de animal.

    ADVZ: Cuando van de gira por distintas ciudades con culturas diferentes, ¿cómo les va con los elementos que refieren a una cultura más mexicana que universal?

    Damián Cervantes: Bien. Yo los mantengo porque son los objetos que a mí me significan la ficción. No es cualquier bote, no es cualquier traste; es ese traste en específico. Porque yo lo veo y me cobra sentido con el mundo que quiero conformar y por eso no lo quiero sustituir. Creo que también es una forma de, al viajar, no hacer tan prescindible todo en la obra de teatro. Sino darle una esencia que está construida también a partir de esos objetos.

    ADVZ: ¿Y con la presencia de la violencia?

    Damián Cervantes: Somos tipos muy violentos. La violencia es algo que identifico en casi cualquier situación. Yo soy un tipo muy violento. Entonces hablo mucho de eso en muchas vertientes y en muchos niveles. Es algo que siento, que está en el aire. Creo que nuestra forma de relacionarnos es violenta.

    También me gusta la idea de que si hay cercanía -con el público- y se van a tocar temas ásperos, pues que haya aspereza real. Nada de andar ‘pretendiendo que’. Creo que ese es el principio que atenta totalmente contra el teatro.

    Ahora bien, es una violencia ritualizada. Como en un partido de fútbol americano, como en cualquier deporte, hay violencia, hay competitividad, hay reglas y estructuras. Se rozan, se tocan, se pegan. Pero es ritualizada, nadie se va a matar ahí. Pero es violento, y te toca, y te habla de la forma de relacionarnos.

    ADVZ: El trabajo de ustedes es de creación colectiva ¿Cómo es la participación de los actores?

    Damián Cervantes: Regularmente hay un detonador que soy yo. Y detona imaginarios, detona propuestas, detona preguntas. Y trabajo mucho con que el actor las conteste como piense, como puede, como siente. Y a partir de eso yo voy entendiendo mi pregunta. Y voy generando nuevas preguntas. Y el actor va entendiendo qué tipos de respuestas caben. Entonces se forma un diálogo, un tejido muy fino y muy nuestro, donde el material de todos está ahí.

    ADVZ: Entiendo que la forma de generar el espacio escénico -cercano, reducido- es producto de la forma en que producían sus espectáculos al inicio: en azoteas, en departamentos. ¿Estas premisas continúan hasta hoy?

    Damián Cervantes: Sí y no. Al principio era como una rebeldía muy juvenil. No tenemos teatro, entonces salgámonos del teatro en todos los sentidos. Y fue un encuentro muy afortunado con la calle, los departamentos, que me hicieron entender la potencia del espacio.

    Ahora estoy trabajando más en teatros. Pero siempre hay una veta en mí como de romper el teatro, romper la comodidad del espectador.  Y tengo muchas ganas de salir. Entonces, son pulsiones que van caminando juntas.

    ADVZ: ¿Cómo se lidia con el paso de ser un grupo que paga por hacer su propio teatro a contar con el apoyo de las instituciones y viajar tanto?

    Damián Cervantes: Es un gusto, es un placer, es un deleite. Somos muy afortunados de que el trabajo haya llegado a esto. Y también es una responsabilidad porque estás embanderando algo, sea lo que sea. Y esa responsabilidad implica una obligación de regreso de muchas formas.

    A nivel creativo, que sería lo ideal para un grupo, que su creatividad esté todo el tiempo apuntando modos de pensamiento poético. A nivel social, apoyando a otros grupos, abrir manos, abrir puertas, facilitando información. A nivel México, tratar de hablar de un contexto de la forma más clara posible sin tapujos. Y al mismo tiempo, llevar cosas a ese contexto que puedan ayudar a sanar algunas de las condiciones sociales y políticas que tiene.

    Pienso que esa responsabilidad es la que tenemos y la recibimos gustosos. Y luchamos para que sea consecuente, para que tenga sentido.

    ADVZ: ¿Se han enfrentado a resistencias por parte del público?

    Damián Cervantes: Sí, ha pasado. En Uruguay nos acaba de pasar. El público se sentía completamente desbordado. Muy fuera de su zona de confort. Muy poco a gusto, yo creo. Esa sensación que hasta te desconecta. Lo cual es interesante porque quiere decir que hay una conexión a otro nivel.

    Y también es interesante porque te invita a una autocrítica. ¿Qué ha pasado ahora?, ¿qué tuvo que suceder para que el público se sintiera botado? Mucha gente lo explica diciendo ‘lo que ustedes presentan es muy transgresor’, pero no podemos ser tan simplistas. También algo tuvo que haber pasado a nivel emocional, que no identificamos del todo, en donde perdimos el grado de seducción necesario. Y eso también es importante que pase. Ha pasado pocas veces, pero cuando pasa, te reconfigura. Te hace repensarlo.

    ADVZ: Las obras que han presentado en el Festival tienen un ritmo poco cómodo. Impacientan, te hacen esperar.

    Damián Cervantes: Me agrada la idea de, en algún punto, agregar un silencio extra del acostumbrado al que deberían suceder las acciones. Agregar ese tiempo me gusta, me parece valioso, me parece que el espectador tiene que hacer un esfuerzo extra.

    Entonces, hay que esperar. Hay que contemplar un poquito, hay que aprender a contemplar y a estar un poco incómodos del cuerpo también. Es importante que el espectador comprometa el cuerpo como lo hace el actor.

    Siempre he dicho que puede no gustar, ese es el derecho de todos, pero no puede ser indiferente la pieza. Ahí es donde me importa que incida. Por tanto, es importante el tiempo y la paciencia sobre lo que sucederá. Como espectador, sabes que la obra va hacia un punto; pero no sabes cuánto tiempo va a tardar en llegar. Y eso es interesante, es bonito, no tenemos que entregar todo tan rápido.

    ADVZ: En ambas obras se juega con una doble capa de ficción.

    Damián Cervantes: Estas dos obras son consecuencia de un devenir. Un devenir que ha pasado desde explorar estructuras de una novela para luego entender que la única forma -en que cuadrara la dramaturgia- era que los actores tuvieran pequeños accesos de algo personal.  Hasta la última obra que es súper personal. Donde ellos cocinan algo real, contando una historia real. Y, desde ahí, configurar un imaginario ficcional.

    Creo que son como extremos. Y las dos obras que hemos presentado acá están como en una media entre personaje y actor, entre rompo y no rompo.

    Suelo hacer referencia a una nota que nos hicieron en Madrid que dice algo así como ‘estos mexicanos han logrando un equilibrio entre el texto y lo improvisado, entre la acción y lo estático’. Me gusta eso: que no sea un lado, ni el otro; que sea un punto de equilibrio.

    ADVZ: Investigando su trabajo encontré que tienen un montaje al que se denomina como ‘Falso documental’.

    Damián Cervantes: ‘Los equilibristas, Falso Documental de la Revolución Mexicana’. Es una obra muy curiosa. Era una tarea para mis alumnos de la universidad y, a solicitud mía, la escribió David Gaitán.

    Me gustó mucho, pero era rara. Y es que tenía 14 personajes y yo 14 alumnos. Y lo que hizo David fue muy brillante. Cada uno de los personajes habla de un hecho, que pudo haber sucedido en alguna época de la Revolución, desde su perspectiva.

    Y con eso se reflexiona bastante respecto a la construcción histórica. Pone a discusión la idea de que las construcciones históricas están hechas de casualidades, errores, fallos, malas perspectivas. Y luego llega un ‘pelado’ y la oficializa; y dice, “no, sucedió esto”.

    ADVZ: Visto desde acá -Lima, Perú- es interesante conocer el trabajo de artistas de otros países que están optando por el trabajo de ‘grupo’ y la creación colectiva.

    Damián Cervantes: De alguna forma, hay una influencia a muchos niveles de una investigadora -Ileana Dieguez- que nos enseñó a muchos grupos, a muchas tendencias. Uno de ellos es Yuyachkani, sin duda. Yuyachkani es parte por lo que somos grupo. No nos parecemos, no son nuestra influencia directa, pero el tipo de pensamiento y el legado al que apelan llega hasta acá.

    ADVZ: Es interesante lo que mencionas. Especialmente cuando acá se ha ido perdiendo la idea de grupo.

    Damián Cervantes: En realidad, en México está creciendo cada vez más y tiene que ver con la historia. Cuando Eugenio Barba llega a Sudamérica, e influencia a todos estos artistas, no llega a México, no lo dejan pasar. Hubo maestros hegemónicos, algunos brillantes, que impusieron la forma de hacer teatro durante muchos años.

    Y entonces, ahora nosotros queremos ser grupo. Y, mejor aún, queremos ser grupo y no nos pesa ninguno que haya existido antes. Somos muy libres, al respecto, todos los grupos. Y esta visión de grupalidad está creciendo mucho en México.

    (*) Más información sobre Vaca 35 aquí.

    (**) Imágenes tomadas de aquí.

  • CRÓNICA. La piedra oscura

    -Pagarán por cada lágrima y por cada muerto, te lo aseguro.
    – ¿Yo también?
    – ¿Tú? ¿Cuántos años tienes?
    – Voy a cumplir dieciocho.
    – Los que te han obligado a estar aquí. Esos pagarán.
    Y les perseguirá la vergüenza hasta el último de sus días.

    En el Teatro de Lucía, bajo la dirección de Alberto Isola y la producción de Escena Contemporánea, se viene desarrollando la temporada de ‘La piedra oscura’; obra del multipremiado dramaturgo español Alberto Conejero.

    ‘La piedra oscura’ se inspira en los últimos días de Rafael Rodríguez Rapún, compañero sentimental del poeta y dramaturgo Federico García Lorca, antes de ser asesinado durante la Guerra Civil Española. Conejero, luego de un arduo trabajo de documentación, construye un relato ficcional que toma en cuenta nombres, fechas, lugares y sucesos reales.

    La historia que propone ‘La piedra oscura’ se desarrolla dentro una habitación. En ella, Rodríguez Rapún despierta herido y bajo la vigilancia de un joven soldado.

    El trato entre ambos personajes se inicia marcado por la mutua desconfianza. Pues, mientras el prisionero recibe evasivas a sus pedidos de información, al soldado le cuesta trabajo mantener el control de la situación debido a la insistencia y el desparpajo del detenido.

    Sin embargo, una vez establecido el oscuro contexto en el que se encuentra Rodríguez Rapún -detención en un aparente centro de tortura, alta probabilidad de morir fusilado- la tensa relación entre prisionero y soldado empieza a sufrir variaciones.

    Conejero construye a dos personajes que se encuentran en bandos contrarios, pero a los que les cuesta reconocerse como enemigos. Ambos están obligados a cumplir su rol y así lo hacen. Sin embargo, sus emociones, sus respectivas sensibilidades, y la consciencia de ser víctimas de una circunstancia histórica no elegida, debilitan la solidez del enfrentamiento tácito existente entre ellos.

    Así, a medida que se hacen más profundas las grietas existentes en la relación soldado/prisionero, el texto ofrece cada vez más información sobre uno y otro. Ello descoloca al espectador respecto a las intenciones del protagonista: ¿juega con su vigilante?, ¿lo quiere engañar?, ¿busca huir?

    El develamiento de estas intenciones llega acompañado de un aumento en la intensidad del intercambio oral y el incremento de las emociones puestas en juego. Así, se ponen en evidencia la culpa, el miedo a la muerte, la compasión, la injusticia y la indefensión.

    Alberto Isola y Escena Contemporánea presentan un montaje cuidadoso y delicado, en el cual a cada elemento se le ha otorgado la debida atención para construir una atmósfera que contenga y potencie el trabajo de los actores.

    Ello se observa en la elección de una sala que otorga al espectador una experiencia de proximidad con el hecho escénico; en la propuesta escenográfica que expone, con un minucioso estilo naturalista, una habitación sombría y descuidada; y en el diseño de luces que, además de colaborar con la progresión narrativa, compone ambientes plásticos y dramáticos.

    Estos mismos elementos -sumados al diseño sonoro- acompañan y fortalecen la propuesta del director en su decisión de incorporar físicamente al personaje de Federico García Lorca. Éste, en el texto original se hace presente solo a través de una voz. En el montaje de Isola, su presencia otorga al espectador una pausa, un reposo estético, dramático y visual.

    El trabajo de los intérpretes destaca por su fino manejo del pulso de las emociones y las intensidades dramáticas. Y es que en ‘La piedra oscura’ ambos personajes pasan por un proceso de transformación paulatina e irregular; rica en pequeños clímax, en avances y retrocesos; pues tanto el prisionero como el soldado son atacados intensamente por la razón y la emoción.

    ‘La piedra oscura’ es una obra que, pese a evidenciar su desenlace, no devela por completo hacia dónde se dirige. Tiene el mérito de dosificar la entrega de información y, sin recurrir a pirotecnia verbal ni grandes golpes de timón, mantener expectante a la audiencia.

    Además de ello, pese a encontrarse ubicada en un contexto específico y referir a un personaje en particular, no requiere de un espectador especialista de la Guerra Civil Española o conocedor del trabajo de Federico García Lorca. La forma en que ha sido construida permite disfrutar de la historia de los dos protagonistas. Y ofrece la oportunidad de apreciar nuevas capas de complejidad a quien cuente con información más especializada.

    ‘La piedra oscura’ es una obra potente y sensible cuya presencia en la cartelera local resulta más que pertinente. Pues, además de los méritos artísticos ya señalados, los temas que la obra expone se encuentran en permanente tensión y vigencia en nuestra sociedad: la pugna entre la creación artística y las políticas de censura, el ocultamiento al que se ve forzada gran parte de la población LGBT.

    Junto a ello, propone un paralelo entre las guerras fraticidas que vivieron España y el Perú durante el siglo XX. Señala con sutileza y convicción el drama de los jóvenes forzados a ser parte de una guerra que no era suya, la necesidad de memoria, justicia y reparación, y el reclamo por la búsqueda de millares de cuerpos desaparecidos.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    (*) Más información sobre el montaje aquí.

    Dramaturgia: Alberto Conejero.

    Dirección: Alberto Isola.

    En escena: Emanuel Soriano, Franklin Dávalos, Mario Ballón.

    Diseño de escenografía: Marijú Núñez Malachowski.

    Realización de escenografía: Víctor Ayala, juan Gutiérrez, Alfonso Vargas, Waldir Pereyra.

    Diseño de iluminación: Rolando Muñoz.

    Diseño de sonido: Omar Pareja.

    Producción: Escena Contemporánea.

     

  • ESPECIAL. Teatro LGBT

    En los últimos años, la escena teatral limeña se ha visto fortalecida por la cada vez mayor presencia de voces y discursos locales. Tanto los concursos de dramaturgia (1) como las iniciativas de colectivos de artistas independientes han ampliado la cantidad de obras cuyos creadores se han acercado a temáticas que hablan desde nuestras realidades.

    Dentro de este universo se encuentra  el teatro LGBT (2). Si bien en décadas pasadas se registra la existencia de obras, artistas y agrupaciones que han abordado las temáticas vinculadas a la diversidad sexual, en los últimos años se observa la presencia de creadores-activistas y de una búsqueda cada vez más amplia de lenguajes y estilos escénicos.

    Teatro testimonial, cabaret, drama, stand up comedy e, incluso, teatro para niños, han sido las diferentes formas en que un puñado de artistas han buscado reivindicar sus propios temas en escena.

    “Todo empieza con la necesidad de poner las voces de las personas LGBT en un escenario”, nos dice Gabriel de la Cruz. Él, durante su permanencia dentro del colectivo ‘No Tengo Miedo’, se encargó de la dirección de tres montajes de teatro testimonial.

    De la Cruz reconoce como parte de sus motivaciones la ausencia de representación que sufren los miembros de esta comunidad en la cultura y los medios. “No nos encuentras, y si nos encuentras es para vernos caricaturizados”.

    Similar percepción tiene Carolina Silva Santisteban, productora y directora, quien afirma que el teatro ofrece una oportunidad para “visibilizar lo que pasamos como personas LGTB ante la ausencia de leyes que nos protejan, que nos reconozcan”.

    El trabajo de ambos artistas tiene en común -además su rol activista- el abordaje del universo de las personas LGTB desde el testimonio.

    Gabriel inició este recorrido acompañado del director Sebastián Rubio, con quien estrenó el espectáculo ‘Desde afuera’. En dicho montaje, cinco personas de distintas generaciones y procedencias exponen lo que implica ser gay, lesbiana, bisexual o transexual en Lima.

    Luego de este trabajo seguirían ‘Un monstruo bajo mi cama’, donde jóvenes homosexuales comparten sus experiencias sobre exponer su sexualidad a sus familias, y, acompañado en la dirección por Paloma Carpio, ‘Al otro lado del espejo’, que cuenta con testimonios de mujeres transgénero.

    “Las tres obras comparten el hecho de contar una historia a partir de un testimonio personal, que sean las mismas personas las que lo cuenten y que estas personas no tengan experiencia escénica”, explica Gabriel. También afirma que con ello “la obra se vuelve más coloquial, creo que hay más horizontalidad entre el público y el actor”.

    Para montar ‘Cuando seamos libres’, su primer espectáculo,  Carolina Silva Santisteban partió de una iniciativa muy personal. “Yo quería salir del closet y aprovechar para decir algo más. Eso luego se fue fusionando con los testimonios de los demás actores hasta volverse algo más colectivo. Yo escribí la obra pensando en mis papás, pensando en personas como ellos”.

    También de características testimoniales, pero esta vez en clave de humor, Carolina creó el espectáculo de stand up comedy titulado ‘Choripan’. “En él hablo de mi salida del closet, de la relación con mis papás, de mi primer amor, de como era de chiquilla”.

    La directora y actriz considera que trabajar a partir de su propio testimonio resulta potente. “Me gusta el hecho de hacer reír con lo que alguna vez me dolió. Creo que a través de la risa se pueden sanar heridas”.

    También desde el humor surge Congreso, obra dirigida por Gabriel de la Cruz dentro del Festival Sala de Parto del Teatro La Plaza.

    Gabriel afirma que el debate sobre los derechos LGBT a nivel de Congreso es muy básico. “Entonces surgió la posibilidad de crear a partir de la forma como hablan los congresistas”. Ello permitió la dirección de un montaje en el que “vas a ver una obra con Ernesto Pimentel, a matarte de risa, pero a partir de cosas que de verdad están sucediendo”.

    Alejandro Clavier, director del Festival Sala de Parto  cuenta que ‘Congreso’ surge “del interés de hacer algo que esté cerca del cabaret político. Hay mucho humor, falta de solemnidad, queremos pasarla bien, pero estamos hablando de las cosas que están pasando allá afuera. El humor es también una forma de hablar de estos temas”.

    Pero ‘Congreso’ no es el primer montaje de temática LGBT que surge del Teatro La Plaza y que tiene a Alejandro Clavier como protagonista. Y es que bajo su dirección se estrenó la obra de teatro para niños ‘Simón el Topo’.

    Esta obra, a través de la manipulación de títeres, cuenta la historia de Simón, un pequeño topo que va descubriendo que tiene gustos y preferencias distintas a los de los demás. Todo el montaje se desarrolla utilizando un idioma inventado; según su director, “con la intención que el padre o la madre puedan tener la libertad de administrar el contenido de la obra de acuerdo a su comodidad”.

    Este montaje es una adaptación del cuento original de la psicóloga española Carmen de Manuel. Quien lo escribe inspirada en su trabajo con niños.

    Alejandro nos dice: “es una historia muy sencilla pero con una voluntad sanadora enorme. La adaptación la escribí pensando en mí mismo, en mi ‘yo’ de seis años”. Y coincide con lo afirmado por los otros artistas cuando asegura que “en la escuela, en la televisión, en todas partes, solo existieron para mí referencias de lo negativo que es un homosexual. Y ningún contrapeso”. Por ello considera que ‘Simón el topo’ puede servir como un espacio de contención para niños y familias que estén pasando por ese proceso.

    Daniel Fernández escribió El arco iris en las manos y su obra fue premiada con el tercer puesto en el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana 2015. Dusan Fung, actor, director y activista LGTB, miembro de la compañía ‘Imaginario Colectivo’, asumió la dirección del montaje.

    En esta obra se expone los avatares en la vida de una mujer transgénero. “Es un texto crudo, directo. Y decidimos mostrar su crudeza. Si había que hacer una escena sexual, se hacía”, nos dice su director.

    Dusan afirma que ‘El arco iris en las manos’ es un montaje incómodo, no solo por las escenas sexuales, sino especialmente por “entender la identidad de una persona transgénero”. “Dentro de mi activismo no necesariamente había incluido la problemática de las mujeres trans”, nos revela, “por eso la obra es incómoda, porque habla de lo que no se está hablando”.

    Pero, ¿cómo se genera este movimiento de creación LGBT?

    El investigador teatral Percy Encinas recoge en su texto ‘Teatro, política y sexualidades en la escena limeña’ (3) un abundante listado de montajes que han abordado desde los años ’70 el universo LGTB. Edgar Guillén, Luis Felipe Ormeño, Alberto Montalva o Bruno Ortíz son algunas de estas voces que a lo largo de cuatro décadas han generado espacios para que sus temáticas y estéticas se acerquen al público (4).

    Así lo reconoce Dusan Fung cuando menciona como referentes al Teatro del Sol o a los artistas Giuseppe Campuzano y Germaín Machuca.

    Sin embargo, Gabriel de la Cruz plantea que “este es el momento en que el teatro LGBT habla de esta manera. En años anteriores lo ha hecho de otra forma. Probablemente este movimiento surja ahora porque sentimos que las cosas en el Congreso no van a avanzar”.

    Y es que para Gabriel la presentación, en el Congreso de la República, del Proyecto de Ley de Unión Civil para personas del mismo sexo fue lo que abrió el debate sobre la población LGTB en el Perú. Un debate a nivel político que se trasladó a la sociedad civil y desde ésta hacia el teatro.

    Siguiendo este razonamiento, es el momento político de la comunidad LGBT el que ha impulsado positivamente a la creación de espectáculos de calidad en forma y contenido. Y este impulso ha generado la aparición de nuevos espacios como el FIAED, Festival internacional de Artes Escénicas por la Diversidad, dirigido por Carolina Silva Santisteban. O como la nueva sección de voces LGBT que propondrá el Festival Sala de Parto.

    Sin embargo, queda mucho trabajo pendiente. La gestión del público para el teatro ya es bastante dificultosa, ello se complica más cuando se trata de una cartelera con contenidos tan específicos.

    Carolina Silva Santisteban afirma que parte de las dificultades está en la existencia de una ‘cultura de closet’. Asimismo, en las reticencias de las empresas auspiciadoras a comprometerse totalmente por miedo a sus clientes conservadores.

    “Por lo general es un público ya ganado. El reto es cómo lograr invitar a gente que no esté involucrada con nuestra lucha”, afirma Gabriel de la Cruz. Así, esta búsqueda de público se emparenta con la necesidad de sensibilizar a más personas respecto sus demandas.

    Dusan Fung nos cuenta que “desde ‘Imaginario Colectivo’ pensamos mucho en generar un canal, o una plataforma, que invite a entender que esta no es una lucha exclusiva de la comunidad LGBT; sino una lucha de todos y de todas por tener derechos universales”.

    Para ello, al menos a nivel de gestión, Carolina Silva Santisteban ha encontrado en Youtube una manera de atraer público para el teatro. “Para ‘Cuando seamos libres’ empezamos a subir videos y mucha gente nos empezó a seguir. La dinámica de los youtubers genera un vínculo muy cercanos con los seguidores”.

    Así, entre la creación, el activismo y la gestión, las temáticas LGBT encuentran un espacio en la cartelera. La presencia de este teatro diverso resulta un síntoma de los nuevos tiempos en las luchas políticas de la sociedad civil y una señal de apertura y creatividad en la escena local.

    (1) Desde el 2006 el Teatro Británico viene realizando 6 ediciones del Concurso de Dramaturgia Peruana ‘Ponemos tu obra en escena’. Desde el 2012 el Teatro La Plaza desarrolla en concurso de Dramaturgia Sala de Parto. Desde el 2013 el ministerio de Cultura viene convocando el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana. Desde el 2016 el Centro Cultural de la Universidad de Lima ha convocado el Concurso Nacional de Dramaturgia Teatro Lab.

    (2) Según Wikipedia: LGBT es la sigla compuesta por las iniciales de las palabras Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales. En sentido estricto agrupa a las personas con las orientaciones sexuales e identidades de género relativas a esas cuatro palabras.Para el presente texto nos referiremos a teatro LGBT a las puestas en escena que reivindican los reclamos y necesidades de esta comunidad.

    (3) Texto publicado en el libro ‘Otras geografías / otros mapas teatrales’ editado por Carlos Dimeo Álvarez y Jorge Dubatti.

    (4) Actualmente, Sebastián Eddowes viene desarrollando un profundo trabajo de análisis de la obra de dramaturgos locales en su columna El lobby gay de la web teatroclub.pe

    (*) Imágenes tomadas de aquí y aquí.

  • ENTREVISTA. Miguel Rubio

    Este fin de semana, el emblemático Grupo Yuyachkani presenta, en su casa de Magdalena, ‘El teatro por dentro. Conferencias escénicas’. Este es un conjunto presentaciones donde tres actrices del grupo exponen sus procesos de trabajo.

    El evento es parte de la intensa programación de actividades de Yuyachkani durante el 2017. Pues, además del habitual encuentro pedagógico internacional ‘Laboratorio Abierto’,  y de la presentación de su temporada de repertorio en el LUM, este año estrenaron una nueva obra titulada ‘Discurso de promoción’.

    A ello puede sumarse la inédita experiencia de Miguel Rubio, director del grupo, como Jurado en el concurso de dramaturgia Sala de Parto y en la dirección de una lectura dramatizada dentro del festival del mismo nombre.

    Conversamos con Miguel Rubio sobre estas experiencias y, cómo no, sobre su forma de entender el teatro.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Acaban de terminar la temporada de ‘Antígona’ y ahora continúan con ‘El teatro por dentro’. Háblanos de estos trabajos.

    Miguel Rubio: Estos trabajos recogen una tradición del grupo. Una tradición en el sentido de compartir con los espectadores el proceso. Como decía Brecht: a los espectadores hay que mostrarle que uno trabaja, que uno no hace magia.

    Cada vez me parece más importante tener en cuenta al espectador. No para hacerle un favor. No para hacerlo un consumidor, sino para tener un interlocutor. Sobre todo en tiempos de preguntas. En tiempos donde los que uno no tiene certezas sino incertezas vivas.

    Y ahora vemos este trabajo como conferencias de artistas. Sucede que tenemos muchas investigaciones que se ha hecho desde el campo académico sobre Yuyachkani. Pero son las voces de los académicos, de los investigadores. Hay poca voz de los artistas, donde ellos mismos den cuenta de sus procesos.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Estas conferencias pueden considerarse un documento escénico?

    Miguel Rubio: De alguna manera es un documento escénico que tiene que ver con una preocupación mayor: que necesitamos reescribir la historia del teatro. Reescribirla desde el lado del trabajo del actor. Nos merecemos una historiografía, una memoria gráfica de los proceso de creación de los actores.

    Porque, ¿qué es lo que queda de los procesos de creación? Lo que quedan siempre son los textos. Y el teatro sigue siendo considerado un género literario porque se estudia a partir de los textos.

    Pero, ¿dónde quedan los procesos?, ¿dónde quedan esas otras escrituras que están en el cuerpo, en el espacio?, que son las que definen -finalmente- esa condición efímera del oficio.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Qué lugar ocupan estos trabajos de memoria de procesos en las nuevas búsquedas de Yuyachkani?

    Miguel Rubio: El lugar que ocupa esta reflexión tiene que ver con lo que yo llamo la crisis de la representación en Yuyachkani. A partir de las audiencias públicas del Informe Final de la CVR surge una ruptura muy interesante.

    Y es que durante muchos años representamos al otro y su vida. Pero luego aparece la voz del afectado, de la víctima, que lanza al mundo su propia voz, su propio reclamo, su propio testimonio.

    Yo creo que ese momento cancela una serie de representaciones no solicitadas -por mucha buena voluntad que haya- y te manda a una zona donde dices: ¿y yo qué lugar ocupo en este proceso?, ¿qué tenemos que decir los artistas?

    Eso nos devuelve a una voz del actor ciudadano que puede dar cuenta de su proceso y de su intención de tocar determinados temas. Entonces al producto se le agrega otra capa, que es la voz del creador.

    Y esa tensión tiene que ver también con la manera como lo real entra violentamente en las teatralidades contemporáneas. Es decir, cómo la ficción pura entra en crisis. Y ya no resulta suficiente.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Este año estrenaron ‘Discurso de promoción’. Pasadas las dos temporadas de presentaciones, ¿Tienes algún tipo de evaluación sobre la obra?

    Miguel Rubio: Creo que lo nuevo ha sido el espacio para trabajar con aliados. Yuyachkani rompe su habitual espacio de creación, de estar solamente con los viejos Yuyas, de tener un repertorio y esos procesos largos de creación. Y, en esta ocasión, busca generar productos que tienen principio y final; y se convoca aliados.

    Eso ha sido bien revitalizador para Yuyachkani. Me parece que ese es un encuentro de negociación de diversidades, de comportamientos distintos. Me parece que eso enriquece los materiales que concurren a la escena.

    ADVZ: Esta obra aborda la historia no oficial, la historia silenciada, ¿cuál es el límite cuando el material de investigación puede ser muy vasto?

    Miguel Rubio: La provocación fue el cuadro de Lepiani de la declaración de la independencia por Don José de San Martín. Y cómo a partir de ahí el Perú avanza -entre comillas- de manera muy triunfalista hacia la celebración del Bicentenario.

    La pregunta es ¿qué tenemos que celebrar?, ¿qué nos debe la República?

    Esto, al lado de todo un movimiento de historiadores que vienen buscando replantear las fechas de la conmemoración de Bicentenario, que están recuperando rebeliones anteriores, levantamientos indígenas, otras memorias no consignadas en la historia oficial.

    Entonces ha sido muy interesante el proceso porque, al principio, teníamos todo el peso de volver a contar la historia. Hasta que llegamos a la conclusión de que nuestro campo es escénico. Nosotros no vamos a hacer el trabajo de los historiadores, de los científicos sociales. Sino, más bien, reafirmar nuestra condición escénica a partir de un conjunto de imágenes provocadoras para traer la discusión.

    ADVZ: Vista las distintas maneras en que Yuyachkani ha abordado el cuerpo en su trabajo, ¿Cuál es el cuerpo que se ha indagado en ‘Discurso de promoción’?

    Miguel Rubio: Creo que es el cuerpo que negocia un espacio con otros cuerpos.

    Se busca plantearle al espectador que él también es responsable de lo que pasa en ese evento. Por ejemplo, en la obra tenemos una cierta cantidad de sillas. No pretendemos que todos los espectadores se sienten. Eso implica una negociación, una organización: quien se sienta, quién no se sienta, quién comparte el asiento. Más aún cuando vienen mujeres gestantes, ancianos o personas con alguna discapacidad.

    Es interesante porque esa tensión se siente en el espacio con todos los que lo estamos compartiendo. Todos compartimos esa necesidad y esa responsabilidad de generar un espacio para cada uno.

    Entonces, diría ahora que ahora es un cuerpo diverso. Son varios cuerpos los que están en ese espacio, incluyendo el cuerpo del espectador.

    ADVZ: Entonces están en otro momento en el trabajo del grupo.

    Miguel Rubio: Si miramos el trabajo corporal en Yuyachkani, yo creo que ha sido  la centralidad fundamental de enunciación para crear una propuesta.

    Desde lo que yo llamo el ‘Teatro heroico’ de los años iniciales. Que es ese cuerpo del puño cerrado, el cuerpo de la fuerza. El cuerpo que apelaba al realismo socialista y al romanticismo revolucionario. Un cuerpo que correspondía a lo que pensábamos ideológicamente en ese momento.

    De ese cuerpo inicial pasamos a un cuerpo que pregunta. A un cuerpo que no tiene certeza. A un cuerpo de singularidad. Que involucra también al espectador.

    Pero hubo una serie de tránsitos que han pasado también por la Antropología Teatral. El trabajo de Eugenio Barba fue muy importante para organizar esa búsqueda de un cuerpo en situación de representación. Un cuerpo codificado que miraba en las culturas de Asia las posibilidades de reconocimiento de un cuerpo que no solo es emotivo, sino que tiene en la acción para generar comportamiento.

    Eso, hasta el cuerpo que encontramos en los viajes por el Perú: el cuerpo del actor danzante. El cuerpo de esa memoria que está escrita y codificada. De un artista que viene de una tradición que no separa en que el actor es el que habla y el danzante es el que baila.

    Es algo muy parecido a lo que sucede en las culturas escénicas de Asia, en el Teatro No, en la Opera de Pekín,  el Bunraku o el teatro Kathakali de la India.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Mencionabas tu desacuerdo con entender el teatro como un género literario. Sin embargo este año has sido Jurado en el Concurso de Dramaturgia Sala de Parto, ¿Hay una contradicción?

    Miguel Rubio: Yo este año fui invitado a ser Jurado de Sala de Parto y lo agradezco. El hecho de tener una postura que afirma que el teatro no es un género literario no significa que uno no reconoce la literatura dramática como una fuente esencial de la creación escénica.

    Entonces, poder compartir y leer más de cincuenta obras de teatro ha sido bien interesante para sentir la temperatura de los creadores escénicos desde la escritura.

    Ha sido súper interesante encontrar los temas. Cómo los temas de la memoria reciente, del conflicto armado, están muy presentes. O cómo había textos en quechua. Cómo habían teatralidades muy complejas al lado de otras teatralidades muy simples que se sustentan en el dialogo esquemático.

    Yo quedé muy agradecido y con muchas ganas también de montar una obra escrita. Y estoy leyendo para eso.

    ADVZ: ¿Y la experiencia de dirigir la lectura del texto de María Teresa Zúñiga?

    Miguel Rubio: Fue un tremendo desafío. María Teresa Zúñiga es una dramaturga -nacida en Huancayo- muy interesante, y que conocemos desde hace mucho tiempo.

    Me sorprendió mucho ese texto. Un texto que estaba centrado en la migración, en la guerra, en la violencia. Pero que no se centraba en lo local sino que era una mirada de mundo.

    Y fue mi primera vez en dirigir una lectura dramática.

    ADVZ: Este año el repertorio volvió a salir de la casa de Magdalena. Esta vez estuvieron en el LUM, y hace dos años en la Universidad del Pacífico.

    Miguel Rubio: Parece mentira pero ir a Jesús María era encontrarse con un público totalmente diferente. Un público que va a una sala muy cómoda, como es la sala del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. Un público que, aunque la propuesta del Centro Cultural es cada vez más diversa, está acostumbrado a otras obras.

    Pero el hecho de salir de la casa y trabajar en otro ámbito también era un desafío para nosotros. Eso nos dio mucha confianza para hacerlo en el LUM.

    Claro que ahí era casi un espacio natural, porque presentamos obras que tuvieran que ver con la violencia política. Y estuvieron acompañadas de conferencias y discusiones alrededor de una agenda que preparó Amnistía Internacional en torno a los Derechos Humanos.

    Y fue grato ver, sobre todo, a un público muy joven que hacía colas desde muy temprano; un público que no viene a Yuyachkani.

    ADVZ: Este año también hubo un hecho inédito. Dictaste un taller denominado para el ‘actor creador’, ¿qué implica eso?

    Miguel Rubio: Generalmente tengo poca confianza con los talleres. Nunca me sentí cómodo para hacer uno. Me daba un poco de prurito, de temor, el pensar que en un corto periodo uno puede organizar un material para compartir con actores.

    Pero ahora me sentí en la necesidad de obligarme a generar un conjunto de ejercicios; un material condensado que sea nuestra propuesta para un actor creador. Que es un actor que se responsabiliza de lo que dice y hace en el escenario.

    Es un actor que tiene una posición frente a lo que quiere hacer -para qué quiere hacer teatro- y toma los ejercicios como herramienta para ese proceso. Es un actor autor. Es un actor que entrena. Un actor que se lanza a inventar un producto porque tiene algo que decir, porque quiere dar una opinión, quiere dialogar con su comunidad.

    La experiencia ha sido muy buena y me provoca que pueda tener continuidad. Y es que encontré el sentido de no hacer un taller donde se repiten ejercicios; sino, más bien, donde se comparten preguntas.

    ADVZ: Además del trabajo que estás realizando en Yuyachkani, ¿qué otras teatralidades te están interesando?

    Miguel Rubio: Me parece que en el teatro, más que una reserva del pasado, hay una reserva del futuro. Nos puede dar los estímulos para generar una complejidad de teatralidades en diálogo con nuestro tiempo.

    Yo entiendo que el teatro es una construcción cultural históricamente determinada. Determinada por su tiempo, por su diálogo con la comunidad, por su momento político y social. Y eso es algo que tenemos que empezar a mirar con mucha mayor atención.

    En ese sentido,  lo que yo encuentro en nuestro medio es una gran diversidad de propuestas, de posibilidades, de procesos hibridación; como son los procesos mismos de la cultura. Y en ese encuentro surgen teatralidades muy diversas y fuentes muy distintas de esa teatralidad.

    Una de las fuentes madres para mí es la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo. Y no por el intento de tratar de reproducir esa teatralidad en la sala, sino por lo que me tiene que decir esa fiesta a nivel de contemporaneidad.

    Por ejemplo, cuando yo hablo de la dramaturgia como la organización de la acción en el espacio compartido es una reflexión que surge de lo que es la guerrilla de Paucartambo. De lo que es la toma de ese espacio público donde actores y espectadores estamos negociando un espacio todos juntos en un mismo lugar.

    Por otro lado, la noción de un actor danzante. De un actor que, como diría Grotowski, no tiene un texto sino tiene una parte. El guión de la guerrilla en Paucartambo tiene partes y los actores danzantes se ponen de acuerdo para saber cuál es la que da pie para el inicio de la siguiente.

    Yo muchas veces les he preguntado cómo ensayan, donde ensayan, donde está el guión, dónde está el libreto; yendo con mi mirada escénica. Pero he visto como ellos mismos se ponían de acuerdo y negociaban los momentos. Entonces es ver como la acción es lo que privilegia. Y eso es esencial porque la acción es física.

    Por otro lado, encuentro el tema de la improvisación como un atributo natural de ese actor danzante. Que te lo encuentras en las calles y está improvisando y generando relaciones con los espectadores.

    Luego, es una gran obra que dura tres días. Esta teatralidad fabulosa de tres días, con sus noches, con veinte comparsas de danzantes enmascarados, con música, con cuerpo codificado, es un campo de investigación que no lo puede abarcar una sola persona.

    Creo que muchos nos tendríamos que meter ahí. Historiadores, científicos sociales, etno historiadores, antropólogos, teatreros, danzantes. Para tratar de ver que nos enseña, a nivel contemporáneo, esa fiesta.

    Y algo más. A nivel político es interesante la negociación en la plaza de esa diversidad de comparsas, que están representando una diversidad de sectores sociales. Eso me parece que es una gran metáfora de lo que debe ser el Perú. De convivir en un espacio en esta gran diversidad.

    Por otro lado, están las teatralidades urbanas que vienen de esta mezcla donde la performance se teatraliza, y viceversa, de la toma del espacio público, de la acción cada vez más presente de los artistas visuales.

    Me parece que esto ha generado una gran complejidad de comportamientos y posibilidades de dramaturgia. Al punto que ya no podemos pensar la dramaturgia desde la premisa aristotélica de exposición, nudo y desenlace. Sino, más bien, de generar procesos de compartir. Entender la dramaturgia como un convivio.

    ADVZ: Y a nivel académico, ¿a quién hay que seguir?

    Miguel Rubio: Yo creo que José Antonio Sánchez es un estudioso de las teatralidades disidentes que me parece que es muy pertinente te seguir. Creo que Jorge Dubatti tiene una colección de textos de filosofía teatral, de teatralidad, a partir de todo este movimiento grande que hay en Argentina, que me parece que es muy importante.

    Me interesa más la teoría que se está haciendo desde América Latina. Digo esto porque siempre hemos tratado de estar a tono con lo que viene del eurocentrismo teatral. Entonces no quiero pensar solamente Hans Thies Lehmann o Anne Ubersfeld;  sino pensar también en la gente que está mirando estas teatralidades que están surgiendo en América Latina.

    Creo que nos debemos teorías desde acá y felizmente las tenemos. Ileana Diéguez es fundamental. Beatriz Rizk, Vivian Martínez Tabares, Magaly Muguercia, Alicia del Campo -que hace trabajo estupendo sobre el Teatro de la memoria en Chile-. Me interesa esta teoría que nos ayude a entender estos procesos en América Latina.

    Entrevista completa:

  • CRÓNICA. Fragmentos

    En el teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú se viene presentando ‘Fragmentos’, obra escrita y dirigida por Carlos Galiano.

    ‘Fragmentos’ presenta la historia de un grupo de jóvenes adultos -cercanos a la treintena- que se reúnen para festejar un cumpleaños. Ellos no se han frecuentado desde que concluyeron la universidad; lo cual origina que este encuentro porte revelaciones y sorpresas. Dicha posibilidad se potencia a medida que avanza la noche y, con ella, el consumo de alcohol y otras sustancias.

    La estructura dramatúrgica de la obra se vale de la alternancia entre escenas colectivas y cuadros donde interactúan dos o tres personajes. Así, las diferentes dinámicas grupales logran un mayor desarrollo durante las escenas de carácter íntimo.

    ‘Fragmentos’ propone un grupo de personajes diversos desde la lógica del arquetipo: la novia dulce, la amiga ‘loca’, la chica sexy, la mujer histérica, el gay sensible, el machito gracioso, el joven exitoso. Sin embargo, estas características terminan decantando en estereotipos. Los cuales reflejan -no queda claro si intencionadamente- muchas de las taras de nuestra sociedad: el machismo, el racismo, la homofobia.

    Ello se puede apreciar analizando las características de los diferentes personajes. Y es que los hombres de ‘Fragmentos’ se asocian a un imaginario masculino convencional y carente de matices: el joven exitoso e infiel, dueño de un departamento de lujo; el machito gracioso, incorrecto y libertino; el muchacho conflictuado, débil y ‘cornudo’; el amigo gay, intelectual y sensible.

    Por otro lado, los personajes femeninos portan varios de los estigmas machistas: la novia dulce, víctima de infidelidad; la chica sexy, con una sexualidad flexible y desbocada; la mujer amargada, agresiva y cruel; la amiga ‘loca’, víctima de una sensibilidad que no puede controlar.

    El estilo del montaje es naturalista, destacando por su oralidad fresca, coloquial. El tono por el que se opta es el de la comedia dramática. Pero su humor resulta básico y portador de varias de las taras mencionadas anteriormente. Se apela al chiste machista, a la burla del cuerpo ajeno, a la broma homofóbica, al humor racista.

    Y cuando la obra pone en cuestión este tipo de comportamiento lo hace recurriendo a un nuevo estereotipo. Pues quien se opone a estos discursos es el amigo gay; desde el cliché de una supuesta sensibilidad y corrección política inherente a él.

    Los elementos de drama que propone ‘Fragmentos’ se concentran en la sexualidad de los personajes y en una infidelidad develada al final de la obra.

    El tema sexual es abordado a partir de la condición del amigo gay y la bisexualidad de dos de las mujeres. Ello abona al desarrollo de nuevos patrones machistas y homofóbicos -la mujer que experimenta porque está confundida, la mujer bisexual sexy e insaciable, el hombre gay que intenta probar con una mujer-, omitiendo cualquier observación sobre la sexualidad de los personajes hetero.

    Meritoria resulta la estructura de develamiento de la infidelidad existente entre las dos parejas estables. Ésta se va desarrollando hacia la última parte de la obra, pero se encuentra justificada en pequeños detalles colocados a lo largo del montaje. Esta situación permite un desenlace efectivo -adornado con un acto de violencia- que invita a la finalización de la fiesta y la partida de los invitados.

    ‘Fragmentos’ es un montaje que se sostiene en el talento y capacidad del grupo de actores que conforman su elenco. Propone una lógica de comedia dramática, con interesantes recursos de flash back, pero su apuesta humorística es básica y le resta profundidad al contenido de sus momentos dramáticos. Esto se debe a que apela a varias de las taras con las que convivimos como sociedad, pero lo hace de manera superficial; sin asumir ninguna responsabilidad sobre la violencia que sus textos expresan.

    Y es que el humor de ‘Fragmentos’ no es el de la sátira costumbrista, pues no invita a la reflexión ni a la catarsis. Es un humor hegemónico. Ramplón, pero legitimado.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Carlos Galiano.

    En escena: Manuel Gold, Karina Jordán, Mayella Lloclla, Sebastián Monteghirfo, Mikhail Page, Gisela Ponce de León, Jely Reátegui, André Silva.

  • CRÓNICA. Microteatro – Por terror

    En su local del distrito de Barranco, Microteatro presenta su temporada número 24 bajo el título de ‘Por Terror’. Dentro de este concepto se agrupan diez obras, de quince minutos de duración, que se definen como thriller, suspenso, terror, danza teatro, horror y comedia.

    La presente temporada ofrece variedad de lenguajes y desiguales resultados. Uno de los mayores retos de este formato de obras breves es el de plantear una situación y una atmósfera en poco tiempo; y en el lapso restante desarrollarla con eficiencia. A continuación se ofrece un repaso por su cartelera vigente (*).

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    ‘Nigeru  (huye)’ plantea su situación dramática con prontitud pero sin apuro. Una joven recién llegada a la ciudad de Tokio ha sido acogida por un compatriota. Mientras la pareja de jóvenes conversa una extraña mujer aparece en escena; pero ellos no son capaces de verla. Así, a partir del insólito ambiente generado por esta presencia fantasmal, la obra decanta hacia un desenlace siniestro.

    La propuesta dramatúrgica de ‘Nigeru  (huye)’ es eficiente en tanto plantea una situación, crea misterio y propone inesperados giros dramáticos para llegar a su resolución. La puesta en escena y la dirección son efectivos en el uso de los recursos visuales -la puerta del fondo por donde cruza la extraña mujer- y escenográficos -la ambientación del reducido espacio como un pequeño departamento en Tokio-.

    Sin embargo, la uniformidad del código actoral debilita la atmósfera de misterio. Y es que las interpretaciones -pese a las diferencias de planos de realidad- se desarrollan en las mismas claves -orales y físicas- del naturalismo cotidiano.

    *****

    Antes de ingresar a la sala donde se presenta ‘La decisión’ un personaje enmascarado se dirige al público, le expone las reglas de comportamiento y menciona la presencia de dos prisioneros. Así, desde el inicio, la obra resuelve funcionalmente asuntos de producción -ordenar a los espectadores, pedir que apaguen sus celulares- y entrega información sobre la situación dramática -un personaje que lidera, dos personajes encerrados-.

    En el piso de un cuarto vacío yacen un hombre y una mujer. Ambos están encadenados desde uno de sus pies hacia una pared. Al despertar, la tensa dinámica existente entre ellos otorga pistas sobre su relación. Son hermanos y ninguno de los dos sabe cómo ha llegado hasta ahí.

    Si bien hasta este punto ‘La decisión’ ha planteado con eficiencia el tono de suspenso, a medida que avanza la obra éste pierde fuerza y decae en una dramaturgia plagada de explicaciones retóricas y discusiones redundantes.

    Y es que el personaje enmascarado es quien especifica -con voz en off, en un tono innecesariamente engolado- las reglas de un perverso juego en el que los hermanos se han visto envueltos. La confusa explicación debilita la progresión dramática y atenta contra el ritmo de la puesta en escena.

    *****

    En penumbras, a contraluz, el movimiento de una masa conformada por dos cuerpos constituye una imagen insólita: la de un ser con elementos humanos reconocibles y, a partir de ellos, monstruoso.

    ‘Monstruo’ -propuesta de danza teatro- plantea este inicio para luego develar a dos cuerpos que, a través del vestuario y el maquillaje, se complementan de manera extravagante: medio cuerpo masculino, medio cuerpo femenino.

    La pieza propone diferentes estados desde las lógicas del movimiento. Los más efectivos alternan entre el humor y el misterio. Pero cuando el comportamiento corporal de las intérpretes se normaliza, y deja de lado la singularidad en sus acciones, la propuesta decae y pierde ritmo y sorpresa. Ello sucede, especialmente, cuando apuesta por las estructuras coreográficas más tradicionales.

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    El  pequeño espacio que funge como escenario es ambientado como el estudio de una escritora. Ella se encuentra trabajando hasta que se ve interrumpida por el sonido de gritos y golpes que llaman a su puerta. Es una desconocida en apuros, y se siente obligada a ayudarla dejándola entrar a su casa. A partir de ese momento la relación entre ambas mujeres tendrá giros violentos y sopresivos.

    La propuesta dramatúrgica de ‘La escritora’ administra con solvencia la información que cada personaje va ofreciendo. Asimismo, la dirección guía con atinado pulso los ritmos de la puesta. Ello permite que las peripecias se desarrollen manteniendo la expectativa sobre cuál de los dos personajes se encuentra realmente en peligro…hasta llegar a un inesperado y sangriento final.

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    ‘Yo soy Lorena Bobbit’ propone una estructura dramatúrgica compleja y eficiente. Combina momentos narrativos y dramáticos que toman como punto de partida la relación marital entre Lorena y John Bobbit, hasta llegar a los violentos hechos acontecidos en 1989.

    El montaje, si bien se rige a una progresión informativa, logra crear y sostener un ambiente  de tensión. Y es que, pese a la brevedad de la obra, ésta logra contener abundante información sin que ello resulte pesado ni confuso.

    Destaca el ritmo que impone la dirección y el tono que sostienen los actores. Ello permite que la alternancia entre presente y pasado, narración e interpretación, testimonio y ficción, se desarrolle con fluidez dentro de la pieza.

    *****

    En ‘Zoocosis’ el ambiente es oscuro y austero. Dos mujeres, vestidas con harapos, deambulan en el espacio. Mientras una repite una letanía, la otra bebe sus orines. No queda claro cómo llegaron a ese lugar, pero se intuye que el encierro las ha afectado física y sicológicamente. La tensa dinámica de la convivencia lleva la relación al borde de la violencia física.

    En un momento, de manera inesperada, un actor -sentado entre el público- realiza comentarios sobre el comportamiento de las mujeres. El sonido de sus palabras, similar a una voz en off, evoca a los narradores de los documentales sobre animales; una mezcla de explicación y voz del pensamiento.

    Ello cambia cuando el actor se ubica frente al público y explica que las mujeres viven ese encierro como parte de un juego/experimento al que los asistentes se encuentran invitados.

    Este giro dramático, sostenido en la explicación retórica, plantea una ruptura con las convenciones iniciales de la obra -misterio, silencio, pocas palabras, violencia física- y anula la posibilidad de una solución dramática más consecuente y menos ‘explicada’.

    *****

    El público se ubica en dos frentes. Al medio, y junto a una mesa, se encuentra sentado un hombre. Ingresa al espacio una mujer e inicia un interrogatorio. Ella es una detective. Él, un sacerdote acusado de asesinar a un miembro de su cofradía; acción que él reconoce pero busca justificar.

    ‘Nuestra señora’ propone un duelo verbal entre ambos personajes. Además de argumentar, cada uno posee un objetivo: la detective, doblegar al sacerdote; el religioso, mantener la compostura y evitar un castigo judicial.

    La polémica constante otorga datos que ponen en contexto los hechos que llevaron a los personajes a su actual situación. Además de ello, acumula una tensión que solo es resuelta con un inesperado desenlace.

    *****

    ‘La cucaracha’ se diferencia del resto de obras por ser una comedia. El público se ubica frente a un sillón donde se encuentra sentada una pareja. Ellos observan una película hasta que aparece una cucaracha. La mujer, asustada, conmina al marido a atraparla.

    A partir de ese punto, la obra tiene un giro que se aleja del elemento del miedo -el insecto- para concentrarse en una discusión sobre las capacidades sexuales del esposo. Este giro, si bien puede resultar válido dentro de las convenciones de la comedia, resulta fallido.

    Ello se debe tanto al abandono total de la convención dramática inicial, como a la nula progresión del nuevo planteamiento. Y es que la obra redunda en las mismas preguntas, respuestas y gags, apelando a que una situación sea suficientemente divertida y jocosa por el solo hecho de hablar sobre sexo.

    ******

    (*) Por complicaciones de programación y horario no se pudo concretar el registro de las obras ’13 de mayo’ y ‘Una bala para nuestro amor’.

    (**) Imagen tomada de aquí.

    Nigeru (Huye).

    Dirección: Federico Abrill.

    Dramaturgia: Federico Abrill.

    Interpretación: Fernando Castañeda, Alejandra Nuñez Y Wenddy Nishimazuruga.

    Género: Thriller.

    La Decisión.

    Dirección: Rodrigo Falla Brousset.

    Dramaturgia: Caroline Comstock.

    Interpretación: Esteban Philipps Y Vera Pérez-Luna.

    Género: Suspenso.

    Monstruo.

    Dirección: Ana Lucía Saavedra.

    Dramaturgia: Ana Lucía Saavedra.

    Interpretación: Sandra Miranda Y Ana Lucía Saavedra.

    Género: Danza Teatro.

    La Escritora.

    Dirección: Gean Pool Uceda.

    Dramaturgia: Natalia Bonifaz Y Diana Moscoso.

    Interpretación: Natalia Bonifaz Y Diana Moscoso.

    Género: Terror.

    Yo Soy Lorena Bobbit.

    Dirección: Raúl Sánchez Macmillan.

    Dramaturgia: Oswaldo Estrada Rondón.

    Interpretación: Andrea Montenegro y Yamil Sacin.

    Género: Thriller Documental.

    Zoocosis.

    Dirección: Paola Terán.

    Dramaturgia: Emilie Kesch Y Paola Terán.

    Interpretación: Mónica Ross, Piera Del Campo Y Juan Manuel Ochoa.

    Género: Horror.

    Nuestra Señora.

    Dirección: Franco Iza.

    Dramaturgia: Arabela Bartra.

    Interpretación: Miguel Iza Y Arabela Bartra.

    Género: Suspenso.

    La Cucaracha.

    Dirección: Rodrigo Falla Brousset.

    Dramaturgia: Gerard Green.

    Interpretación: Sergio Paris Y Marisol Aguirre.

    Género: Comedia.

  • CRÓNICA. Recuerdos con el señor Cárdenas

    La obra ‘Recuerdos con el señor Cárdenas’, escrita y dirigida por Patricia Romero, presentó su temporada en el teatro del Centro Cultural de la Universidad de Lima.

    Esta obra expone el drama de una mujer sumergida en los recuerdos de su niñez. Sus monologantes reflexiones alternan con la representación de diversos pasajes de su infancia; imágenes de su vida familiar desarrolladas durante la violenta época de los años ’80.

    Para concretar los distintos espacios temporales el montaje se vale de una propuesta escenográfica plástica, arriesgada y funcional. El escenario semi vacío -solo se encuentran un par de tarimas y una escalera inconclusa- representa la vieja casa de la familia, hoy en decadencia. Pero sobre ella cuelgan sillones, bancas, mesas, muebles. Estos elementos descienden para ser parte de los recuerdos de la protagonista. Ello genera un ambiente de ensoñación, de fantasía y misterio, propios de la nostalgia de la protagonista.

    Los recuerdos de la mujer se centran, principalmente, en las dinámicas que compartía con su abuelo. Así, salidas al parque, paseos en auto, o tardes de televisión, son representadas por una jovencísima actriz y un actor entrado en años. Estas escenas componen una atmósfera tierna y cálida, y ayudan a perfilar las características de un personaje entrañable: un abuelo cariñoso, protector, gracioso y dicharachero.

    A medida que el montaje avanza la estructura dramatúrgica se complejiza. Pues, a la mencionada convivencia de distintos planos temporales se le suma la de diferentes niveles de realidad. Y es que, en los recuerdos de la protagonista, las lógicas se alteran para, por ejemplo, permitir que los vivos puedan discutir con los muertos.

    De esta manera, se asientan nuevas convenciones sobre el funcionamiento de la memoria: inevitablemente fragmentaria, incompleta, discontinua. Y, desde esa lógica, la obra presenta un grupo de personajes cuya relación con la familia es diversa, pero que tienen algo en común: componen un cuadro de la época a partir del rol que les toca vivir durante el asedio terrorista que sufrió la ciudad de Lima.

    Así, el empleado de la casa es miembro sendero luminoso, el mecánico sufre el robo del auto del abuelo (que será usado para una acción subversiva), el tío es víctima del atentado de la calle Tarata, un amigo muere producto de un accidente durante un apagón.

    Esta secuencia de muerte y destrucción se desarrolla en paralelo al proceso de enfermedad, decadencia y deceso del abuelo. Y esta época triste y violenta, este tránsito de la ternura y la alegría a la tristeza y el horror, será el origen de los futuros temores e inseguridades de la protagonista.

    Sin embargo, al llegar a este punto la acción de la obra se diluye. Y es que una vez expuesta la atmósfera de la época, la relación con el abuelo y el destino de los personajes, lo que sigue es una abundante presencia de discurso retórico por parte de la mujer.

    De esta manera, mientras la protagonista expone reiteradamente su incapacidad para abandonar la casa, para dejar atrás sus recuerdos, para superar su tristeza, los diferentes personajes vuelven a aparecer. Esta vez lo hacen para despedirse y/o justificarse. Así, el tono inicial de misterio y ternura da paso a estado lastimero y edulcorado; en el cual todos los personajes se excusan de su comportamiento y reciben la indulgencia de la protagonista.

    Es aquí donde ‘Recuerdos con el señor Cárdenas’ expone niveles desiguales en su dirección y su dramaturgia.
    Y es que la puesta en escena logra componer con eficacia los diferentes planos temporales y niveles de realidad, desarrolla una inteligente cuota de misterio, a la que suma ternura y humor. Además de un fino pulso en la dirección de los actores (especialmente en las dinámicas entre la niña y el abuelo).

    Sin embargo, la propuesta dramatúrgica pierde rumbo una vez que las situaciones de los personajes evocados concluyen. A partir de ese momento la obra cae en la redundancia del dolor, el discurso retórico y la tentación de la moraleja.

    Y es que la convención inicial -una mujer estancada en sus recuerdos-, si bien resulta un interesante reto para una propuesta de dirección, termina entrampando su desarrollo en una letanía pasiva y lastimera.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Patricia Romero.

    En escena: Alberto Herrera Jefferson, Víctor Prada, María del Carmen Sirvas, Lolo Balbín, Zoe Arévalo/Luciana Monteverde, Martha Figueroa.

    Diseño de escenografía: Beatriz Chung.

    Realización de escenografía: Alexander Sermeño Álvarez.

  • CRÓNICA. Financiamiento desaprobado

    En el Auditorio del Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social se presentó ‘Financiamiento desaprobado’, obra escrita por Tirso Causillas y dirigida por Nani Pease. Este montaje tuvo una primera temporada entre los meses de abril y mayo de este año. En dicha ocasión se presentó en el Auditorio AFP Integra – MALI.

    Un par de catres, una mesa, una silla, un banco y muchas cajas acumuladas a lo largo del escenario definen el espacio escénico de ‘Financiamiento desaprobado’. Éste representa la vivienda de un joven y su padre, quien padece el  mal de Alzheimer. El desorden y la precariedad que exponen los elementos escenográficos grafican con claridad la forma de vida de ambos personajes.

    El hijo, un artista escénico semi desempleado, se encuentra a cargo del cuidado de su padre enfermo. El joven, a través de extensos monólogos pone al espectador en contexto de su situación, que es la situación dramática de la obra: su padre se ha extraviado.

    La estructura dramatúrgica de ‘Financiamiento desaprobado’ alterna los monólogos del hijo -a medio camino entre la anécdota cotidiana y la confesión personal- con la inserción de interacciones y manifiestos de los otros personajes: la madre, que una vez separada se va a trabajar fuera de país; la tía, preocupada por la salud de su hermano enfermo pero sin asumir mayor compromiso sobre éste; el policía, que combina una actitud de formalismo con un aura de aprovechamiento y corrupción; y el padre, que en su delirio ofrece información sobre sus personales obsesiones.

    Este intercambio entre diálogos y monólogos alterna, a su vez, con saltos temporales explícitos.

    Así, durante la primera parte de la obra se puede conocer acerca del paulatino proceso de deterioro laboral, emocional y mental del padre; y la incapacidad del hijo para hacerse cargo de la situación.

    Del mismo modo, se puede apreciar las distintas maneras que eligen los personajes para tomar posición frente al drama del hombre enfermo y extraviado. Y cómo estas posiciones personales entran en tensión al confrontarse entre sí.

    Así, el reproche, la culpa, el irrespeto, el rencor y la indiferencia, se ponen de manifiesto en la interacción entre los personajes.

    Esta primera parte, si bien por momentos resulta extensa y redundante, logra -dentro de su caos- armonizar y componer un universo de desasosiego familiar y, especialmente, de decadencia emocional en el personaje del hijo; el cual resulta, al menos en esta primera parte, el protagonista de la obra.

    La estructura del texto propone una segunda parte que se destaca por los saltos temporales y espaciales entre las acciones -e inacciones- de búsqueda del hijo con los delirios y el extravío del padre enfermo.

    En esta segunda parte abundan los diálogos. Los monólogos ya no son de contexto y, en este caso, corresponden a los desvaríos y obsesiones del hombre extraviado.

    Así, se ahonda triste y alegóricamente en su drama. Él, un funcionario del Ministerio de Educación que, luego de ser retirado de su trabajo, debió acostumbrarse a contratos temporales y extensas etapas de desempleo. Un hombre entregado a su trabajo que pasó sus últimos años de lucidez bajo la expectativa de encontrar financiamiento para sus proyectos.

    Por ello sus alegatos, carentes de interlocutores, abordan sus más profundos intereses: sus proyectos de educación rural, sus posiciones de izquierda, sus actitudes nacionalistas.

    En paralelo, las escenas del hijo viajan temporalmente entre la mención a sus búsquedas -visita a hospitales, a la morgue, interacción con la policía- y una extensa discusión con su mejor amigo. En ella, borracho, admite sentirse incapaz de hacerse cargo de la situación y el alivio de pensar que, con su padre muerto, todo haya terminado.

    Esta progresión de escenas entre la búsqueda-aceptación y el delirio-decadencia lleva la obra hacia un desenlace inevitable y fatal, aunque no explícito.

    ‘Financiamiento desaprobado’ expone así un drama triste e inevitable: el de una persona -y una familia- enfrentada al Alzheimer. El hecho de plantear la anécdota desde la perspectiva del hijo genera que tome matices de honestidad brutal.

    Y es que el hijo, en su incapacidad emocional para hacerse cargo -más aún sin compañía ni contención-, asume con crudeza su desidia, su culpa y su agotamiento.

    Sin embargo, el comportamiento del resto de personajes no mejora el cuadro. Pues, ¿quién se hace cargo de una situación de ese tipo?, ¿a quién le corresponde?, ¿cómo se lidia con la salud mental en situaciones de precariedad económica y de hacinamiento?

    Lamentablemente, las posiciones excesivamente arquetípicas de los personajes de la madre ausente y de la hermana quejosa le restan matices y profundidad a este cuestionamiento.

    Ello, y el exceso de información de contexto, generan una atmósfera redundante que atenta contra el valor de los matices de la obra. Y es que el montaje -y el texto- padecen de un estancamiento en la atmósfera de drama en una situación que ya resulta dramática.

    Con esta afirmación no se pretende negar la atinada presencia de momentos de humor. El cual comparte texturas de crueldad y ternura.

    También debe destacarse el aporte musical de un guitarrista que, a un lado del escenario -como un músico callejero-, acompaña el desarrollo de la obra. Su presencia sonora resulta importante en tanto aporta en la construcción de atmósferas urbanas -el espacio nocturno donde se desenvuelve el hijo- como en la composición de ambientes rítmico-dramáticos.

    Asimismo, la convención escénica, que permite que todos los espacios ficcionales -calle, comisaría, casa de la tía, etc.- se desarrollen dentro del cuarto, y que los saltos temporales fluyan con claridad, merece ser destacada.

    ‘Financiamiento desaprobado’ es la historia de dos seres frágiles y su incapacidad para salir adelante juntos. Dos seres que, por diferentes razones, se encuentran en un estado de confusión.

    El universo del padre -anclado en los años ’70, con su dependencia del Estado, su lenguaje oficinesco, su interés en proyectos educativos, sus ideales sociales- resuena como discursos de un tiempo ya perdido.

    El universo del hijo -con múltiples intereses pero sin un norte claro, agobiado por las responsabilidades, sin soporte emocional- lo hace ver como alguien incapaz de lidiar con los cambios.

    Ambos personajes, en conjunto, conforman un cuadro que puede funcionar como una metáfora de (los ideales de) la izquierda peruana: viajando entre el olvido, la confusión y el extravío.

    Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Tirso Causillas.

    Dirección. Nani Pease.

    En escena: Carlos Victoria, Tirso Causillas, Lilian Nieto, Sylvia Majo, Sammy Zamalloa y Emmanuel Caffo.

    Asistencia de dirección: Angel Valdés Monges.

    Dirección de arte: Aaron Rojas.

    Musicalización: Loko Perez.

    Producción general: /Otro/Colectivo Teatro.

  • CRONICA. Ñaña

    ‘Ñaña’, es el nombre de la obra escrita y dirigida por Claudia Tangoa que se presenta en Amaru Casa Cultural del distrito de Barranco. La sala de esta vieja casona ha sido acondicionada con sillas y muebles, buscando la visibilidad de los espectadores y, a la vez, tratando de no perder la calidez y la cercanía. Ello favorece a la atmósfera íntima del espectáculo.

    ‘Ñaña’ presenta la historia de dos hermanas desde la perspectiva de una de ellas: la mayor. Ella es una joven limeña  cuya familia, originaria del oriente peruano, adopta y se hace cargo de una joven en estado de abandono.

    La sucesión de anécdotas que conforman la dramaturgia de esta obra es planteada desde el lenguaje narrativo y el dramático; sumando a ello distintas capas de realidad.

    Así, al inicio del montaje las actrices se presentan y exponen, desde su rol de intérpretes, el contexto de la obra. Se dirigen al público y, rompiendo la cuarta pared, narran las circunstancias en las cuales la madre de la hermana mayor se vincula con la niña.

    La mujer se entera que la menor ha sido violada por su padrastro y se hace cargo de la denuncia policial. Posteriormente, luego de que la niña pasa varios años bajo custodia del Estado, la familia logra acogerla y trasladarla a Lima.

    Esta parte introductoria se sostiene en los monólogos de las actrices -que alternan roles como intérpretes y como personajes – y por breves inserciones de diálogos o representaciones de las situaciones narradas.

    Este juego de narración-actuación es administrado con tino, tanto a nivel rítmico como informativo. Y permite que la obra decante paulatinamente hacia el universo del lenguaje dramático.

    Ello sucede en lo que podría identificarse como la segunda parte del montaje. Ésta se sostiene en la dinámica de interacción entre las dos hermanas: la mayor, ofreciendo soporte y contención; la menor, no siendo capaz de adaptarse a su nueva vida.

    La estructura dramatúrgica concatena una serie de situaciones cotidianas y desacuerdos periódicos para conformar, progresivamente, lo que será el conflicto central de la obra: la contradicción entre el anhelo de la hermana mayor de acoger a la joven, y las dificultades de ésta para adaptarse a su vida en Lima.

    Es aquí donde ‘Ñaña’ asume uno de sus mayores riesgos. Y es que, al plantearse la historia desde la perspectiva de la hermana mayor, es su universo cultural -imaginario de vida, de trabajo, de vivienda, de relaciones- el que entra en conflicto con el de la joven adoptada. Así, se camina por el borde de una mirada limeñocentrista sobre ‘el deber ser’.

    Sin embargo, el fino trabajo de las intérpretes, con su cuidado detalle en las miradas, gestos, sonrisas y reacciones, transmite complicidad y empatía. Y desde esa empatía expone el grado de complejidad de la relación entre los personajes.

    Quizá la mejor muestra de ello es el momento en que la joven logra ponerse en contacto con su antigua familia, con el fin de retornar a su pueblo. Y es que el trabajo actoral expone tanto la emoción de quien llama, lista para partir, como la mezcla de decepción, alegría y alivio de su hermana y cuidadora.

    Así, ‘Ñaña’ -con profunda atención en los detalles del texto y la puesta en escena- invita al público a dejar atrás sus premisas culturales y sociales para empatizar desde la sonrisa, la emoción o el dolor.

    ‘Ñaña’ sale del circuito de salas tradicionales de la ciudad de Lima y se adapta con solvencia a las características de una vieja casona barranquina. El espacio escénico está delimitado por una alfombra y un breve pasillo. En este territorio se representan diferentes ambientes geográficos y temporales. Para ello se recurre a una escenografía  y utilería mínimas: un par de sillas y algunos cambios de vestuario.

    Algo aparatosa resulta la instalación de luces. Pero ésta no afecta la perspectiva del montaje. Y es que todos los equipos se encuentran fuera de escena. Con ello, el intimismo de la puesta se ve favorecido con el delicado y eficiente diseño lumínico con que cuenta.

    Finalmente, la música y la proyección de videos aportan en la construcción de atmósferas narrativas y poéticas, además de ofrecer alternativas rítmicas al montaje.

    ‘Ñaña’ es una obra que habla del abandono, del abuso y de los espirales de violencia. De la salud mental y del descuido por parte del estado de las poblaciones más vulnerables.

    Plantea una batalla (todavía) perdida por el encuentro, pese la distancia cultural. Se acerca al planteamiento de un ‘deber ser’ desde occidente-Lima, pero reta al público a la posibilidad de conocer otras formas de sentir.

    [Lucy: “…y de vez en cuando dirijo mis obras de teatro”.

    Elisa: “¿Y por qué de vez en cuando”.

    Lucy: “Porque es difícil. El teatro es complicado, demanda mucho esfuerzo, mucha plata. Es jodido”.

    Elisa: “Ah, no te gusta”.

    Lucy: “No. Sí me gusta. Lo que pasa es que, ¿cómo te explico? Cansa. El teatro cansa”.

    Elisa: “La chacra también cansa. Pero me gusta”].

    Así, con inteligencia y ternura, ‘Ñaña’ cumple con la misión de confrontar dos universos distintos que viven dentro de un mismo país.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Claudia Tangoa.

    En escena: Anahí de Cárdenas, Verony Centeno.

    Asistencia de dirección: Telmo Arévalo.

    Dirección Audiovisual: Julián Amaru Estrada, Rodo Abdias Arrascue.

    Dirección Musical: Alejandro Rivas, María Laura Bustamante.

    Dirección de arte: José Balarezo.

    Diseño de iluminación: Julián Amaru Estrada, Rodo Rodolfo Arrascue.

    Producción ejecutiva: Silvia Tomotaki.

  • CRÓNICA. Ciudad cualquiera

    En el teatro del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico se viene presentando ‘Ciudad Cualquiera’, obra escrita y dirigida por Renato Fernández.

    ‘Ciudad Cualquiera’ está compuesta por  las historias de diferentes personajes que conviven en la misma ciudad. Así, se expone lo que le sucede al ‘chico que extrañaba pero al que no extrañaron tanto’, a la ‘abuela que no fuma (pero ahora sí)’, al ‘viejo de 25 años’, al ‘último romántico (que ya no lo es)’ o a la ‘psicóloga deprimida’; entre otros.

    Estas historias acontecen en el lapso ficcional de una semana, tiempo que transcurre entre que ‘el profesor más querido’ anuncia su futuro suicidio en la plaza principal de la ciudad y el día que debe cumplir con el acto.

    El montaje se vale de la presencia de cinco actores-narradores, quienes alternan la narración y contextualización de las situaciones de cada personaje con la interpretación de las mismas. Así, cada intérprete cumple más de un rol durante la puesta en escena.

    Para ello se plantea una convención que queda clara desde el inicio de la obra: los intérpretes ingresan con un vestuario neutro -como si fuera su indumentaria cotidiana- y cada vez que deben interpretar a algún personaje portan una o dos prendas que sirven para identificarlos.

    Esta alteración en el vestuario es visible para el público, ya que los elementos a usar se encuentran sobre dos mesas ubicadas a ambos lados del escenario. Así, reducida la parafernalia y expuesta la transformación, el rol de los intérpretes cobra mayor importancia; especialmente a partir de la exigencia actoral que demanda las visibles transiciones entre un rol y otro.

    La propuesta escenográfica también refuerza la decisión de centrar la atención en el trabajo del actor. Y es que en ‘Ciudad Cualquiera’ el espacio escénico se compone de un piso a dos niveles, una escalera que no va a ningún lado y una pared de fondo; todo en color amarillo.

    La ausencia de mayores elementos -salvo algunas sillas que entran y salen de escena- sobre los dos niveles del piso facilita la creación de las convenciones para la ubicación de las historias en los diferentes espacios ficcionales (casas, parque, calles, etc.).

    Las formas y los colores de la estructura escenográfica imprimen una doble lectura simbólica. Por un lado, la escalera de fondo y el color amarillo invitan a identificar a esta ciudad cualquiera con Lima. Pero, además, el tono juguetón de la estructura escenográfica refiere a un ambiente infantil, tierno, (pre) escolar.

    Esta última interpretación se alimenta del estilo amable -al límite de la condescendencia- que impone la narración y de la propuesta lúdica de los nombres de los personajes.

    Dicho esto, se puede afirmar que ‘Ciudad cualquiera’ se sostiene notablemente desde las interpretaciones, la propuesta escenográfica y las decisiones de la dirección. Logra, con solvencia, poner en escena un texto complejo que alterna narración y representación.

    Sin embargo, las exigencias de la propuesta dramatúrgica proponen más de una reflexión.

    Y es que ‘Ciudad cualquiera’, a partir de fragmentos, logra construir una gran atmósfera. Una atmósfera misteriosa, lúdica, infantil, reflexiva y, a la vez, contenedora de varias historias que componen la historia de un lugar.

    El texto se sostiene en las características del lenguaje narrativo. Una narración que acumula situaciones a partir de personajes que llegan a ser entrañables. Y, desde ese lugar la dramaturgia asume el riesgo de, al abrir tanto su abanico de anécdotas y personajes, al ampliar tanto sus referencias, no concretar una única historia o reflexión. O perdiendo ritmo.

    Y es que al no contar con una historia, anécdota o personaje que la sostenga en el tiempo -aunque las historias de la pareja de jóvenes y la del profesor suicida lo pretendan- la obra llega a un punto donde inevitablemente se siente larga y la atención decae.

    Este, evidentemente, es un riesgo que asume el dramaturgo-director. Así, la obra apela a que cada espectador pueda recoger las ideas que lo impacten mejor, aún bajo la posibilidad que éstas se diluyan en un cúmulo de frases bellas, inteligentes y tiernas.

    ‘Ciudad cualquiera’ es una propuesta inteligente y arriesgada. Con un aura que evoca a ‘Historia de Cronopios y de Famas’, de Julio Cortazar, reflexiona sobre el amor, el entendimiento, la incomprensión, la soledad, la necesidad de imaginar, la trascendencia, la vanidad. Lo hace también sobre la vida y la convivencia urbana, expone el modo en que diferentes vidas se conectan brevemente entre sí, los momentos de notoriedad social -vergonzosa o trascendente-, y la forma en que un personaje puede ser querido y respetado o resultar invisible para los demás.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Renato Fernández.

    En escena: Giovanni Arce, Andrea Luna, Óscar Meza, Marcello Rivera, Vanessa Vizcarra.

    Asistencia de dirección: Eliana Fry García Pacheco.

    Diseño de escenografía: Ana Chung.

    Diseño de vestuario: Magnolia López de Castilla.

    Diseño de iluminación: Mario Bassino.

    Diseño Sonoro: Francisco Haya de la Torre, Erick del Águila.