Etiqueta: clásicos adaptados

  • CRÓNICA. Macbet

    Entre el 22 de abril y el 29 de mayo se presentó ‘Macbet’ -sin h-  en el Teatro de la Universidad del Pacífico. Esta puesta en escena, escrita y dirigida por Vanessa Vizcarra, es una versión libre de ‘Macbeth’, obra de William Shakespeare.

    El montaje conserva la misma anécdota y progresión dramática del original británico; pero prescinde de algunas escenas y reduce el número de personajes. Asimismo, crea situaciones equivalentes a las planteadas por Shakespeare para adaptar la historia a un nuevo contexto: un país latinoamericano, gobernado por un dictador, en una época contemporánea a la actual.

    La nueva perspectiva que presenta esta versión se deja apreciar desde el inicio de la obra. En la primera escena ya no son unas brujas en el medio de una llanura las que inician la trama; Vizcarra propone un set de televisión con una presentadora de noticias. En la segunda, el Rey es reemplazado por un General, lo acompaña su hija -ya no un hijo varón-, y se entera de los reportes militares por medios audiovisuales. En la tercera escena, Macbet recibe las predicciones sobre su futuro en una entrevista televisiva -de boca de la presentadora-.

    Este inicio expone las particulares premisas del montaje. Así, el rol que cumple la presentadora -al cambiar la línea editorial de su programa, o al anunciar el futuro del protagonista- denota el poder de los medios de comunicación y su capacidad para adaptarse a los vaivenes de la política. Mientras tanto, el minimalismo de la escenografía y el vestuario concentran la atención dramática en los textos y los recursos audiovisuales.

    En las escenas que siguen el montaje reafirma el rol de lo audiovisual como herramienta de comunicación, mecanismo de control y arma política. Muestra de ello son los diálogos por chat de video o las comunicaciones vía circuito cerrado; así como el mensaje televisado que dirige el gobernante a los ciudadanos.

    De esta manera, a medida que avanza, ‘Macbet’ confronta al espectador con un universo híper conectado. Un lugar donde la imagen virtual es cotidiana y poderosa. Lo cuál genera que política, seguridad y medios de comunicación recorran un camino paralelo.

    A lo ya mencionado, la obra propone un elemento más en su trama de signos. Pues reta al público a poner en cuestión la propia convención teatral. Y es que la manipulación de cámaras, proyectores y otros equipos, es realizada por los mismos intérpretes a modo de técnicos o tramoyistas. Junto con ello, las imágenes proyectadas permiten ver a los actores entre bambalinas.

    Así, ‘Macbet’ se presenta como un juego de espejos. Donde el espectador puede ver directamente al actor -real- o contemplar su imagen digital, donde cada uno está invitado a escoger que es lo que quiere ver y creer (de hecho, en una historia plagada de crímenes, ninguno de ellos ‘sucede’ en el escenario).

    Hasta acá se pueden recoger los elementos que sostienen conceptualmente el montaje y que llenan de sentido la revisión de un clásico: la tecnología y los medios de comunicación como elemento de control y propaganda.

    Sin embargo, es en la concreción de este elaborado discurso donde ‘Macbet’ presenta ciertas debilidades. Pues, pese a que el montaje muestra desde el inicio -de manera directa y alegórica- la importancia del rol de los medios de comunicación, se recurre a un par de escenas excesivamente explicativas. Ello le otorga a la presentadora un prescindible peso narrativo hacia la segunda mitad de la obra (especialmente aquella donde su productor le da lecciones sobre como manipular al protagonista).

    Es, además, en esta segunda parte donde el montaje decae, tanto a nivel rítmico como expresivo. Ello se debe a la reiteración del uso del circuito cerrado en los densos monólogos del protagonista y, principalmente, a los diferentes estilos de actuación dentro del elenco. Este es un problema usual en los montajes con elenco numeroso, y genera cierta irregularidad en la percepción del tono de la obra.

    Asimismo, si bien mejoró notablemente con el paso de las funciones, se pudo percibir un estilo melodramático en más de una interpretación. Esto acentuaba innecesariamente la densidad de una obra de carácter trágico.

    ‘Macbet´es un montaje que destaca por su solidez conceptual. Vizcarra reescribe y reinterpreta el texto shakespereano. Le da un enfoque nuevo y valioso que le permite, además de la revisión de un clásico, hacer guiños a nuestra historia reciente (una pareja de gobernantes ambiciosos, un dictador que sostiene su poder en el miedo y en la herencia dinástica, un personaje de prensa que se recicla en cada nuevo gobierno).

    ‘Macbet’ es una obra que concreta en su dramaturgia dos historias paralelas. Por un lado se encuentra la progresión de la historia del protagonista: sus victorias, las predicciones, el despertar de la ambición, las traiciones, el ascenso al poder, la larga caída. Por el otro, la presencia de los medios de comunicación, cuyo eje es la presentadora. Ella, así como las brujas fueron el tránsito entre Macbeth y su destino -entre lo real y lo mágico-, es el intermediario entre el poder político y las masas.

    Es en la confrontación final entre estas dos fuerzas -la de Macbet y la de la presentadora, la del representante político y el poder mediático- donde el montaje nos dice que los gobernantes pasarán, los poderosos dejarán de serlo, pero los medios seguirán ahí: en su tarea de mostrar a los pasivos ciudadanos la lista de cadáveres, batallas y temporales gobernantes.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Vanessa Vizcarra.

    En escena: Rómulo Assereto, Denise Arregui, Marcello Rivera, Alejandro Córdova, Renato Rueda, Leslie Guillén, Mariajosé Vega.

    Asistencia de dirección: Alejandro Guzmán.

    Dirección Audiovisual: Diego Vizcarra.

    Diseño de espacio escénico: Jorge Baldeón, Vanessa Vizcarra.

    Diseño de iluminación: Julio Beltrán, Leonor Estrada.

    Diseño Sonoro: Santiago Pillado-Matheu.

  • CRÓNICA. El dolor

    “La única respuesta que puede darse a este crimen es convertirlo en un crimen de todos. Compartirlo. Como las ideas de igualdad, de fraternidad. Para soportarlo, para tolerar la idea, compartir el crimen.”

    Marguerite Duras, ‘El dolor’.

    Concluyó la temporada de ‘El dolor’, adaptación del texto de Marguerite Duras, dirigido por Alberto Isola. Este unipersonal, interpretado por Alejandra Guerra, se presentó en distintas ciudades del país bajo la coproducción de ‘Escena Contemporánea’ y la Alianza Francesa.

    ‘El dolor’ narra los recuerdos de una mujer durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la posguerra. Ella aguarda el retorno de su esposo prisionero. Esta espera la sumerge en profundas cavilaciones y en un viaje emocional que transita por la expectativa, la incertidumbre y la desesperanza.

    El relato refleja una realidad social de caos y desinformación en la Francia de la posguerra. Muestra el lento retorno de los prisioneros liberados, la dura realidad de los deportados, el inicio de una nueva organización social y el ascenso de los vencedores al poder.

    Así, el texto de Duras es el testimonio de una mujer que espera, pero también es un manifiesto político. Las emociones y reflexiones de la protagonista evidencian el fatídico lugar que ocupan las mujeres en los conflictos bélicos, a la vez que señala a la paz como un mecanismo del olvido. Se cuestiona a la humanidad por su capacidad de cometer las barbaridades de la guerra, mientras pone en evidencia el accionar de los políticos de la derecha francesa y la iglesia católica.

    La narración es directa en sus señalamientos y extrema en sus emociones. Repasa los horrores de la guerra y, con ello, pone en juego el equilibrio emocional de la protagonista y la sensibilidad del espectador.

    Alberto Isola evita al público ciertos extremos del texto original. Así, las descripciones del estado de salud del esposo, o la relación posterior a su retorno, son omitidas en esta versión. Lo mismo sucede con los señalamientos políticos más radicales. ‘El dolor’ de Isola se centra en las emociones de la espera. Y lo hace sin prescindir de la dureza de la narración y lo contundente de las reflexiones.

    El montaje propone limpieza y sencillez. El espacio escénico es pequeño, con dos puertas a cada lado. El diseño de luces es igualmente austero. Solo un abrigo y un teléfono acompañan a la actriz. Así, la apuesta escénica se centra en la potencia del texto y el manejo de las emociones de la intérprete. Éstas, las emociones, se exponen en una frecuencia controlada. La intérprete no se somete a los extremos del texto, pues no hace falta. En lugar de redundar en el dolor, lo contiene y lo dosifica. Con ello, sus textos, entonaciones, desplazamientos y pequeñas acciones componen un trazo cuidadosamente trabajado.

    Este ritmo que propone el montaje permite que las ciertas cavilaciones del personaje tengan un lugar especial dentro del mismo. Así, al mencionar a los miles de cuerpos abandonados en las cunetas, a la paz como “el comienzo del olvido”, o a “la espera de las mujeres de todos los tiempos (…) la espera de los hombres volviendo de la guerra”, resulta difícil no asociar estas ideas con la memoria de nuestra historia reciente. Sin embargo, como esta asociación no es explícita queda a merced de la interpretación personal de cada espectador.

    Y es acá donde surge un espacio de conflicto.

    Pues, por un lado podría afirmarse que el arte -en este caso el teatro- no requiere de ser explícito. Sin embargo, como ya se mencionó anteriormente, esta versión de ‘El dolor’ omite señalamientos políticos directos presentes en el texto original. Esta edición de contenidos podría invitar a pensar que se busca evitar las afirmaciones controversiales. Y con ello, inevitablemente, que permanezcan las ideas más políticamente correctas.

    Esta decisión permite, entonces, que ciertos enunciados de la protagonista respondan a su contexto original y, si se da el caso, se asocien a nuestra historia reciente. Pero le niega a otras ideas la misma posibilidad.

    La presente reflexión no pretende ser una demanda política o ideológica sobre el montaje o su director. Aunque sí aspira a una reflexión sobre ciertas verdades asimiladas respecto a la práctica teatral, especialmente a la que parte de un texto dramático. Una de estas ‘verdades’ es la que afirma que una obra universal se dirige a todos los pueblos en todos los tiempos.

    Valdría preguntarse entonces qué define a una obra como universal. Del mismo modo cabe la reflexión sobre la importancia -o no- de potenciar en escena las posibles asociaciones locales de un texto de otro tiempo y latitud.

    En esta versión de ‘El dolor’ él texto de Duras y la intérprete habitan un universo de limpieza y austeridad. El caos introspectivo convive junto a la paradoja de un cotidiano donde la esperanza y el pesimismo viajan unidos. El trabajo de la actriz construye el trazo escénico que la contiene y le permite administrar con sensibilidad y ritmo las vibraciones emocionales de un texto potente y directo. Así, se logra componer un ambiente de mesura que evita la tentación de sumergirse en los extremos que el texto propone.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dirección: Alberto Isola.

    Dirección adjunta: Nadine Vallejo.

    Dramaturgia: Marguerite Duras.

    En escena: Alejandra Guerra.

    Diseño de iluminación: Rolando Muñoz.

    Musicalización: Alberto Ísola.

  • CRÓNICA. Tito

    Entre el 27 y el 30 de octubre se presentó ‘Tito’, la cuarta puesta en escena del XIII Festival de teatro peruano norteamericano organizado por el ICPNA.

    Este montaje, dirigido y escrito por Sebastián Eddowes y Gean Pool Uceda, toma como referencia y reinterpreta a ‘Tito Andrónico’ de William Shakespeare y lo contextualiza dentro de una dictadura latinoamericana.

    ‘Tito’ varía ligeramente los nombres de algunos personajes del texto original, y conserva parte de sus peripecias, para presentar la lucha de dos personajes antagónicos por el control total del poder político de un país; el cuál solo será accesible destruyendo a su enemigo.

    El contexto donde se desarrolla esta pugna es expuesto, al inicio del montaje, por tres actores que conforman un coro. Estos personajes informan al público, valiéndose de la narración y la interpretación, sobre la enfermedad y muerte del dictador de una nación; y cómo esta situación plantea un nuevo escenario político en el país.

    Así, el hijo del dictador se ve obligado a proponer la idea de un gobierno de concertación que facilite el paso hacia la democracia. Para ello organiza una junta de gobierno que incluye a dos rivales irreconciliables: el principal colaborador de su padre -hombre acusado de múltiples asesinatos a enemigos políticos y población indefensa- y la líder visible de la izquierda opositora -sospechosa de vinculaciones con grupos terroristas-.

    A partir de este momento el montaje cambia. Pues, deja de lado al coro y su información sobre el contexto, para enfocarse en las pugnas entre los dos rivales políticos. De esta manera, se suceden una serie de escenas donde los contendores planifican y ejecutan sus acciones de debilitamiento del enemigo, hasta llegar al triunfo final de uno de ellos.

    Esta estructura, que viaja de una ‘mirada panorámica’ a una más focalizada -un ‘zoom in’– en los personajes, facilita la comprensión del contexto y el desarrollo de la anécdota de la obra. Sin embargo, ‘Tito’ presenta problemas de contenido. Y es que el lenguaje de los personajes -y también el de algunas situaciones- es bastante cercano a la caricatura. Así, el líder militar es un hombre desalmado, que vive en la impunidad total, no muestra dolor y repite frases cliché sobre sus enemigos políticos (“hay que matarlos desde chiquitos para que no sean terroristas” (*), por ejemplo); la líder de izquierda repite frases panfletarias y lugares comunes; y el heredero del dictador no solo es débil políticamente, sino también pusilánime al extremo.

    Estas características de los personajes, si bien pueden ser útiles durante la ‘mirada panorámica’ -discursos políticos a la prensa, contextualización de la anécdota- dejan de serlo cuando se pretende mostrar hasta donde está dispuesto a llegar cada uno para conseguir su objetivo. Pues, pese al ‘zoom in’ que expone a cada personaje en su cotidianidad, estos no muestren conflictos internos sólidos frente a su accionar. Ello genera que, ante la ausencia de dudas y la reiteración de comportamientos, las peripecias se vuelvan predecibles.

    ‘Tito’ es un montaje que apuesta por una estructura dramática efectiva. Se vale de tres mesas para componer una escenografía minimalista que, por medio de la simetría y el volumen, propone una estética de control y autoridad. Además de ello, la austeridad de elementos dinamiza los cambios de escena favoreciendo al ritmo del montaje. Su diseño lumínico aporta y fortalece a la sensación de control dictatorial y de confabulación política.

    Sin embargo, las debilidades del texto no permiten redondear con solidez la propuesta. Y si bien invita a interpretar la propuesta como una parodia -al coquetear con la realidad política local- no queda clara la dirección hacia donde ésta apuntaría.

    (*) El entrecomillado no corresponde al texto de la obra. Se ha reproducido el sentido de la frase.

    (**) Imagen tomada de aquí.

    Dirección: Sebastián Eddowes y Gean Pool Uceda.

    En escena: Carlos Victoria, Anahí de Cárdenas, Marco Miguel Ravines, Sebastián Rubio, Adriana Cuba, Javier Saavedra.

    Dramaturgia: Sebastián Eddowes y Gean Pool Uceda.

    Asistencia de dirección: Danna Ben Haim.

    Composición musical: Gabriel de la Piedra.

    Diseño de iluminación: Nelson Morales y Gean Pool Uceda.

    Diseño de vestuario: Pedro Blassia.

  • CRÓNICA. Los justos

    Bajo la dirección de Rodrigo Chávez se viene presentando ‘Los justos’, el más reciente montaje de Soma Teatro, en la sala de la Alianza Francesa de Miraflores. El texto es una versión de Daniel Amaru Silva, sobre el original del genio francés Albert Camus.

    Esta puesta en escena respeta el contexto y la anécdota principal de la obra de Camus. En ella, cinco jóvenes terroristas, en la Rusia pre revolucionaria, se preparan para la acción que concluirá en la muerte de El Gran Duque. Sin embargo, ciertos sucesos que impiden – inicialmente – que la acción se concrete ponen en evidencia las diferentes motivaciones y estados emocionales de los miembros del grupo. Ello genera que se expongan las contradicciones conceptuales y emotivas de estas personas; quienes plantean, paradójicamente, el uso de la muerte para la construcción de una mejor vida.

    El montaje propone una escenografía simétrica, sobria y funcional. Una plataforma elevada, a la que se accede por escaleras laterales, divide el escenario en dos planos y dos niveles. El espacio conformado por el primer plano, a nivel del piso, sirve como el lugar donde se desarrolla la mayor parte de la acción: el escondite de los jóvenes terroristas. Con ello se logra que cualquier otra ubicación de los actores sea el ‘afuera’, lugares de exposición y peligro – la calle, la cárcel, el cadalso -.

    Esta mención a la propuesta escenográfica no es gratuita. Pues, al definirse con rigidez un espacio principal, ausente de utilería alguna, ‘Los rendidos’ centra la atención sobre la enunciación de los textos y la relación de los personajes.

    De esta manera, la voz de Camus llega a través de la representación de estos personajes cuyo encierro no solo es físico, sino también emocional. Y es que los diálogos muestran a personas que optan con convicción por la causa revolucionaria y, simultáneamente, se saben presas de ella; que aman al pueblo, pero no se saben amados por éste; que encuentran en el compañerismo la fortaleza para seguir adelante, mientras sienten que el estar juntos es parte de una condena.

    Así, las razones y las dudas de los personajes ofrecen al espectador un acercamiento – a veces distante, a veces emotivo – a la psicología de estos terroristas. Un universo donde conviven el idealismo y el extremismo. Donde la utopía de luchar por un futuro que no se ve, que no se sabe si llegará, alterna con posturas radicales que proponen que «matar es mejor que no matar», o que la cárcel y la muerte son fines superiores y pruebas de lealtad.

    Esta exposición de contradicciones permite ver al monstruo como lo que es: una persona. Una persona en el ejercicio de sus decisiones, en la lucha con sus propios dilemas, en la construcción de sus justificaciones. Muestra también cómo en ellas – las justificaciones – pueden cimentarse las bases de un pensamiento absolutista, mezcla de misticismo (cuasi) religioso y de sujeción a la violencia.

    Por ello, debe destacarse lo pertinente de realizar este montaje – con estas temáticas – en un contexto como el peruano. En un país que ha sufrido del totalitarismo y la violencia de ‘sendero luminoso’, que tiene como herencia el negacionismo de importantes sectores de la sociedad frente a los crímenes cometidos por el Estado, o que muestra en la contienda electoral la existencia de muy pobres niveles de tolerancia y civismo, se hace urgente revisarnos en el ayer y en el hoy. Y notar cómo los discursos absolutistas no nos son ajenos; cómo la negación del ‘otro’ y la construcción de una verdad cerrada y parcial, siguen siendo parte de nuestro cotidiano social y político (representados con destreza – pero no únicamente – por el movadef, el radicalismo de izquierda, el fujimorismo y la propaganda pro extractivista).

    Este montaje de ‘Los Justos’ opta por centrarse en el texto de Camus, proponiendo una teatralidad que se sostiene en el minimalismo y la construcción/representación de los personajes – destacando especialmente la dupla de opuestos conformada por Stepan (Renato Rueda) y Yanek (Fernando Luque) -. Sin embargo, esta apuesta se fortalece en el contexto local, el cual potencia a la obra…y el montaje le devuelve al espectador una ficción de hace más de 60 años que se refracta en un trozo de realidad.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    (**) Más información sobre el montaje aquí.

    Dirección: Rodrigo Chávez.

    En escena: Andrea Fernández, Renato Rueda, Fernando Luque, Gonzalo Molina, Gabriel Gonzalez.

    Dramaturgia: Albert Camus.

    Versión: Daniel Amaru Silva.

    Asistencia de dirección: Rodrigo Cano.

    Producción: Gabriel Gonzalez, Fernando Luque, CCPUCP, Alianza Francesa y Soma Teatro.

  • XV FITBO 2016. Compañía Los Colochos y ‘Mendoza’

    La anécdota cuenta que, durante un ensayo, Juan Carillo jugaba con un niño del elenco a recitar los textos de ‘Macbeth’ con acento del norte de México. A partir de ese juego surge – medio en broma, medio en serio – la idea de montar un ‘Macbeth’ mexicano.

    Es así que nace ‘Mendoza’. Un montaje que muestra a un grupo de artistas que respeta la esencia de uno de los clásicos shakespereanos más conocidos, pero le retira todo alarde clasicista. La investigación de Carrillo – director de la puesta en escena – y su trabajo con el dramaturgo Antonio Zúñiga, actualizaron su verbo. ‘Mendoza’ mantiene la estructura dramática y la secuencia de peripecias del clásico, pero – tomando como referencia las poéticas de Juan Rulfo y Elena Garro – lo pone en un lenguaje reconocible para el público mexicano y latinoamericano.

    Así, planteando nuevos rumbos estéticos para su particular ‘Macbeth’, la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ presenta un montaje humilde y profundo, austero y eficiente.

    ‘Mendoza’ propone una poética de cercanía física, verbal y emocional con sus espectadores. Para ello se vale de la simpleza de sus convenciones – ausencia de escenografía, mesas y sillas plegables como única utilería – y la proximidad de sus referentes. Asimismo, la ubicación del público en cuatro frentes, rodeando a los actores, permite que éstos compartan las dudas e intrigas de los personajes; convirtiéndose en cómplices, testigos y verdugos. Finalmente, un lenguaje cercano y poético redondea la idea que la historia de ‘Macbeth’, o de ‘Mendoza’, puede ser la de Gutiérrez, Quispe, Sánchez o cualquier vecino que toma su oportunidad de poder…y se pierde en ella hasta el final.

    Este montaje se ha presentando en más de 15 Estados mexicanos, en el Festival Iberoamericano de Cádiz, Festival de Murcia, entre otros. Destacando su premiación en el Festival de Almagro, España.

    Actualmente la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ se encuentra trabajando una versión del clásico ‘Romeo y Julieta’, como parte de un gran proyecto de producir una trilogía de adaptaciones shakespereanas. Esta versión libre se fundamenta en preguntas sobre el contexto indígena en la zona de Nayarit.

    Advenedizo Digital conversó con Juan Carrillo, director de ‘Mendoza’, y con Erandeni Durán, actriz del montaje.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Tengo entendido que el proyecto de realizar una versión mexicana de un clásico shakespereano surgió a partir de una broma. ¿Cuánto de casual hay en un proyecto de este tipo?

    Juan Carrillo: (Risas) No es casual. Hay una anécdota, que desencadena en una broma. La broma se volvió un cuestionamiento, luego una inquietud, luego una investigación, luego un problema…hasta volverse un proyecto muy serio. Puede decirse que el proyecto surgió de un cuestionamiento que tomó dos años.

    ADVZ: ¿Cómo se desarrolla un proceso tan largo?

    Juan Carrillo: Nosotros accedimos a una beca del FONCA, que patrocina procesos de investigación en México. De esta manera pudimos realizar un laboratorio de un año. Éste era un modelo de intervención escénica: se llevaban ensayos a casas de personas que no tenían injerencia en el quehacer teatral y así se realizaban investigaciones con público durante los ensayos. De esta manera se generaban las ideas para escribir la obra. Luego de ello, tuvimos tres meses y medio dedicados exclusivamente al montaje.

    ADVZ: La propuesta escénica de Mendoza es austera y su oralidad es muy particular ¿Qué premisas se plantearon para abordar un clásico shakespereano de esta manera?

    Juan Carrillo: La primera necesidad fue comunicarnos con un público mexicano. Esa fue una de las primeras premisas. Eso nos dio muchas preguntas que llevaban a buscar algunas respuestas. Partimos de que los clásicos tienen que ver con lo universal, y desde lo universal buscamos crear una versión muy particular, hablándole al público mexicano en su propio lenguaje, con sus propios referentes.
    Así es como surge la idea de una adaptación mexicanizada, que respeta bastante la estructura del original, pero que reescribe la obra buscando acercarse a una idiosincrasia más cercana, y habla – de esa forma tan particular nuestra – de un tema universal.

    ADVZ: ¿Tuvieron dudas sobre la idea de ‘intervenir’ o ‘respetar’ un texto clásico?

    Juan Carrillo: Es que yo también alguna vez he pensado “queremos acercarnos a Shakesperare…hacerlo lo más parecido a Shakespeare”. Pero sucede que, entre más hables con ese lenguaje que no entiendes del todo, entre más intentes acercarte a una idea del vestuario y de la época que no conoces del todo – teniendo en cuenta lo dudoso de la autoría y de la certeza de ciertos textos – te toca preguntarte: “¿qué es acercarse al original?”.
    Entonces pensamos que una forma de hacerlo es hablar de las esencias. En ese sentido es que decidimos acercarnos a Shakespeare. Acercarnos entendiendo que sus palabras eran recibidas en un contexto. Entonces, hay que usar palabras que ahora tengan un impacto como queremos pensar que las suyas tuvieron impacto en su época.

    ADVZ: ¿Esas mismas reflexiones influyeron sobre su escenografía y vestuario?

    Juan Carrillo: Un maestro me decía que “cuando veas una obra griega, y veas una columna griega, pues es todo menos griega”. Y es que supongo que para un griego ver una columna implica muchísimas referencias más allá del adorno escenográfico. Por eso, su uso se vuelve un dato de museo que hoy pierde significación e impacto. Nosotros hemos querido quitar esos datos museográficos y llenarlos de imágenes, actores, acciones, lenguajes, palabras…que fueran un impacto para lo que ahora somos.

    ADVZ:  Erandeni, ¿cómo fue el tránsito de los actores para pasar del clásico imaginario shakespereano a esta versión?

    Erandeni Durán: Al principio nos ha costado, tanto entender a Shakespeare como lo que el director proponía. Pero cuando se leyó el texto en la versión adaptada el tránsito fue muy natural, y fue inevitable involucrarse apasionadamente en el proyecto. El texto es claro en acercarse a los referentes de lo que nosotros somos.
    Lo trabajoso fue, luego, abordar el lenguaje escénico. Entenderlo y descubrirlo. Entender que esos hábitos de la grandilocuencia asociada a los clásicos de Shakespeare no servían en este caso .Y que hablar de lo que somos era lo más importante.

    ADVZ: ¿Cómo se adapta el actor a trabajar con cuatro frentes?, ¿a tener al público tan cerca?, ¿a confrontarse directamente con el espectador?

    Erandeni Durán: Eso es un proceso importante, delicado y difícil. Muchas veces nos acostumbramos a obligar al espectador a acercarse. Pero acá se trata de decirle al espectador ‘acompáñame’. De hacerle entender que estamos juntos en eso y que México nos duele igual. Se requiere una actitud distinta hacia el público, que también nos costó trabajo entender y ejecutar.

    ADVZ: Mendoza está contextualizado en la Revolución Mexicana, a inicios del siglo XX. Pero es inevitable, pensando en nuestros países, y en la historia de ambición y de poder de Macbeth, asociarlo con el tema del narcotráfico. ¿Este paralelo es inevitable?, ¿está presente en la obra?

    Juan Carrillo: La presencia del tema es tangencial. Es inevitable pensando en lo que vivimos. No es que se toque el tema de manera explícita en el montaje. La presencia del México revolucionario del 1910 es un punto de partida para la obra, es un contexto de un momento de una gran transición. La apuesta del montaje es que eso, planteado como algo que sucedió hace mucho tiempo, se sienta actual…y ahí es donde el público pone sus propios referentes.
    Pero si hablamos de crímenes, de sangre derramada, es inevitable que se siente como el hoy. Que si estamos hablando de crimen, que si hablamos de lucha de poderes, nos resuene a todos más allá de fronteras y países.
    Esto, si bien es doloroso, satisface en términos de comunicación. Porque podemos hablar de lo mismo aunque sea un montaje muy mexicano.

    (*) Más información sobre la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ aquí.