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  • ENTREVISTA. Guillem Albà

    El Festival Internacional de Teatro Temporada Alta ha llegado a su tercera edición en la ciudad de Lima. El Gran Teatro Nacional, el ICPNA de Miraflores y, en especial, la Alianza Francesa son las sedes en las que se vienen presentando la programación.

    Las obras -nueve internacionales y una local- destacan por la calidad de sus propuestas y por la variedad de sus abordajes temáticos y estéticos. Unipersonales, creación colectiva, teatro físico, danza, entre otros lenguajes, componen el amplio panorama que el Festival ofrece.

    Una de las obras que se presentó durante el primer fin de semana fue ‘Pluja’ -lluvia, en catalán-, dirigida por Guillem Albà; quien, junto a la pianista Clara Peya, protagoniza el montaje.

    EL ‘Pluja’ se encuentra un delicado cruce de lenguajes donde la interpretación musical en vivo dialoga con el humor, la pantomima y la manipulación de diminutos objetos. Albà y Peya construyen, a través del amplio manejo de sus técnicas artísticas, un espectáculo delicado y entrañable.

    Advenedizo Digital conversó con Guillem Albà acerca de ‘Pluja’, sus anteriores procesos creativos y el ánimo por el cruce de lenguajes.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Al iniciar ‘Pluja’ se pone el acento en la necesidad de ‘parar el mundo un momento’. ¿Para qué hay que parar hoy?, ¿para qué vale la pena hacer teatro hoy en día?

    Guillem Albà: La gente ya sabe a qué viene. Sabe que vamos a contar algo para ellos y que no volverá a pasar nunca más. Ya se sabe que esa es la gracia del teatro.

    Pero me gusta hacerlo evidente pues uno de los problemas más grandes en el mundo es la prisa. Hay que ir rápido, hay que producir. Hay que estar conectado, hay que correr. Entonces, pongo en evidencia que en este momento vamos a hacer algo solo para ti y tratar que la gente valore un poco más esta cosa bonita del teatro.

    Y luego, con la risa, la emoción, el cerebro respira de la prisa, de los problemas, de las cosas malas. Y creo que eso es necesario para dar un masaje a la emoción. Para intentar que la gente salga un poco más abierta.

    ADVZ: Al revisar tu página web se encuentra mucha diversidad en tu trabajo. ¡Cómo han evolucionado las temáticas y las estéticas que te interesan?

    Guillem Albà: Yo tengo como base el claun, el payaso. Cuando descubrí al claun entendí la gracia del teatro. Pasó de una cosa que puede ser un poco más egocéntrica -aunque siempre haya algo de eso- a entender que se trataba de dar y dar. Entendí que se trataba de dar a la gente, de intentar curar a la gente, con el claun y con la risa.

    Pero, además, el claun también puede emocionar. También es poesía.

    Entonces, en algunos espectáculos trabajo el claun directo: dar energía, dar alegría, que la gente no piense nada y simplemente ría y ría. Ese es el único mensaje que voy a buscar ahí. Y hay otros trabajos -como ‘Pluja’- donde hay un poquito de humor y buscamos más la poética. Es llegar a la emoción desde otro lado.

    Me gusta ir mezclando estas dos partes, de la risa y la poética. Y es que, de golpe, cuando ríes y entra el drama -o viceversa- impacta mucho más.

    ADVZ: En estas ganas de mezclarse que mencionas ¿qué es lo prioritario?, ¿la voluntad de la mezcla?, ¿las ganas de probar?, ¿qué es lo que te guía o motiva?

    Guillem Albà: Empieza al preguntarme qué ya le he dado al público y qué me apetece dar. Me imagino qué es lo que quiero que la gente sienta, o me pregunto qué quiero que diga la gente al salir. Me imagino unas cuantas cosas y voy buscando. A veces hay un tema, otras veces no.

    Por ejemplo, ‘Marabunta’ -el más reciente espectáculo- está compuesto de gags en un formato tipo cabaret. No va sobre una temática. Pero en ‘Pluja’ me imaginaba algo muy delicado, contenido, pequeño…y otras cosas que no son fáciles de decir en palabras.

    El espectáculo nuevo que estoy preparando pienso que debe ir sobre la prisa, sobre lo difícil de parar, sobre querer más y más, sobre estar sobre conectados. Y a partir de ahí veremos que saldrá.

    ADVZ: El proceso de ‘Pluja’ es algo inusual. ¡Ha durado un año!

    Guillem Albà: De donde vengo hay -generalizando- dos tipos de teatro. Uno comercial y uno independiente.

    A la forma en la que trabajo se le llama teatro de creación o teatro de compañía. Y  es la que he aprendido de mis padres, quienes que se dedican a esto desde hace 44 años. Ellos llevan obras de repertorio y son los productores de su propio trabajo: piensan que quieren contar y como lo quieren contar.

    Ese es el teatro que a mí me gusta. Y hay poco, ha ido desapareciendo. Han ido apareciendo más productoras de lo que llamo ‘comercial’. En esos casos se contrata gente, se hace la obra y luego ésta muere. Funciona de esta manera ya que el dinero está un poco por delante del querer hacer. Entonces se ensayan las cosas más rápidas, en pocos meses, porque si no es muy caro.

    De la manera en que lo hacemos nosotros, donde no estoy cobrando mientras ensayo, puedo trabajar un año, o tres meses. En ‘Pluja’ quisimos hacerlo tranquilamente, sin tener prisas. Fue para estar convencidos de cada paso que dábamos. Básicamente es para disfrutar del proceso y no sufrirlo. Si te lo puedes permitir, creo que es necesario.

    ADVZ: ‘Pluja’, además, tiene un formato de duración breve.

    Guillem Albà: El espectáculo dura 40 minutos. El primer espectáculo que hice, como era un solo, me dijeron que tenía que durar una hora o una hora y diez. Y me pregunto porque tiene que durar una determinada cantidad de tiempo.

    A veces me pregunto si los espectáculos deben durar tanto como para sentir que, por ejemplo, puedes parar el mundo de alguien por dos horas. ¿Es tan bueno un trabajo durante las dos horas?

    Ahora, en el circuito comercial te pueden cuestionar que dure 40 minutos. Pero yo no creo que paguemos cultura por el tiempo. Si compras una fruta no importa si te la comes rápido o lento. Es como la experiencia de comer una ciruela, o un bombón. Que puede ser pequeño, pero puede ser muy bueno.

    ADVZ: En este tipo de procesos de creación ¿Cuándo se sabe que el trabajo está listo?, ¿cómo se toma esa decisión?

    Guillem Albà: Es una pregunta muy difícil en todo, en la vida también. En la vida son mil decisiones, en lo artístico son mil decisiones también.

    Por ejemplo, yo pinto como hobby. Y como no tengo técnica siempre me pregunto cuándo paro, o si le sigo poniendo más cosas  o más colores…y no sé nunca cuando parar. Supongo que cuando conoces la técnica tienes más intuición o sabes lo que estas buscando.

    En el teatro, tienes las técnicas que has estudiado y las que desarrollas trabajando. Luego, cuando estás creando vas tomando decisiones, escogiendo las cosas en función a lo que buscaba al inicio, o por intuición, o por lo que vas encontrando. Pero nunca sabes qué pasa si eliges otras decisiones.

    ADVZ: ¿Cómo te organizas para dirigir tus trabajos?, ¿siempre trabajas en equipo?

    Guillem Albà: En cada espectáculo ha sido diferente. En el primer espectáculo tuve un director que había sido mi maestro. Me ayudó a conseguir lo que estaba buscando y me dejé llevar por él. Luego trabajé con otro director.

    El tercero lo dirigí yo. Antes había dirigido a otra gente, pero nunca mis propios proyectos. Salió algo un poco más personal. Encontré esta cosa poética que antes no había surgido. Y el último mes de creación le pedí a un artista -que era dramaturgo y director- que me acompañara con una visión externa.

    En ‘Pluja’ puse gente afuera que iba proponiendo cosas y me ponían retos. La creación fue entre todos y yo fui dirigiendo hacia donde quería ir, pero con esta visión externa muy necesaria.

    Con más gente salen más cosas. Aprendes. Te pones en situaciones que no te pondrías. Creo que es muy importante mezclarse con otra gente. Te dejas llevar por quien que piensa diferente, por quien mira desde otro sitio.

    (*) Más información sobre el trabajo de Guillem Albà aquí, aquí y aquí.

  • ENTREVISTA. Germán Jauregui

    Durante la última semana de septiembre la Especialidad de Danza de la Facultad de Artes escénicas de la PUCP realizó el Encuentro Andanzas 2017. Presentaciones escénicas, ponencias y talleres fueron parte de la dinámica del evento.

    Uno de los encuentros con los estudiantes fue el ofrecido por Germán Jauregui titulado ‘Técnica contemporánea y herramientas para el partnering’. Bailarín, coreógrafo, director y pedagogo, este artista español -quien labora desde hace casi veinte años con la Compañía belga ‘Última Vez/Win Vanderkeybus’- compartió su trabajo con alumnos del cuarto y quinto año de la especialidad de Danza a través de un taller de cinco días.

    Por medio de una sencilla secuencia de posiciones, que son utilizadas para los procesos de calentamiento y estiramiento, Jauregui ofrece los principios de sus dinámicas de movimiento. Así, extensión y contracción, caída y recuperación, peso y retorno, se convierten en el motor de la gestación de traslados, saltos y caídas.

    Didáctico y exigente, el trabajo de Jauregui aporta una mirada especial sobre la danza y el movimiento, dentro del diverso panorama que el Encuentro Andanzas ofreció.

    Advenedizo Digital pudo conversar con este artista español acerca de sus dinámicas de trabajo en clase y sus procesos creativos.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Cómo defines el partnering?

    Germán Jauregui: Lo que yo entiendo por partnering es el trabajo en parejas, el trabajo en contacto con otra persona. Es el trabajo de dúos, de tríos, de contacto, bajo la premisa de que no bailas solo, bailas con alguien.

    Es otra técnica que viene desde hace mucho. El tango también es partnering, los bailes de salón también son partnering. El que yo propongo es dentro del contexto de la danza contemporánea.

    ADVZ: En el curso que dictaste incidías en el uso del contra impulso, el uso del propio peso, ¿de dónde surge esta investigación?

    Germán Jauregui: Estas son herramientas, son instrumentos, que me dan acceso a una forma de moverme, de desplazarme en el espacio. Son técnicas que facilitan el movimiento y le dan una calidad concreta; que es no usando la fuerza muscular sino otro tipo de dinámicas.

    Eso surge de un análisis de años. Probando, bailando, estudiando, analizando y descubriendo como puedo dosificar más la energía o que la calidad me permita ir más lejos.

    Constantemente voy descubriendo nuevos métodos, nuevas herramientas. Y es el propio trabajo el que te lo va dando. El propio análisis. Cuando trabajas, cuando das clases -si tienes una visión analítica de lo que haces, si estudias buscando el por qué, el cómo- vas poco a poco logrando entender e ir afinando cada vez más.

    ADVZ: ¿Estas búsquedas te acompañan desde tu formación como bailarín?

    Germán Jauregui: Yo no estudié danza, estudié teatro. En la escuela que habían en Bilbao, de donde yo soy, tenían cursos de movimiento, expresión corporal, danza, aunque muy poco. Yo empecé a buscar clases de danza, de improvisación en los pocos espacios disponibles. Digamos que mi formación ha sido el trabajo y lo sigue siendo.

    ADVZ: En las clases hablabas mucho de economizar la energía, de no cargar el músculo, ¿es eso posible?

    Germán Jauregui: Por hábito, cuando hacemos una acción la mayoría de las veces usamos la fuerza; y eso se refleja en como bailamos. Estamos acostumbrados a hacer las cosas por fuerza.

    El problema es que la fuerza es limitada. Cuanto más usas menos tienes. El moverte por fuerza de forma muscular afecta a la calidad de movimiento, a lo que transmites cuando bailas.

    A veces la fuerza es necesaria, es importante y a veces no. Entonces hay que tener la libertad para usarla fuerza o no. Por lo tanto hay que tener los mecanismos para moverte no usando fuerza. Es posible moverte, bailar, dentro de diferentes cualidades, sin tener que depender de la fuerza.

    ADVZ: También insistías en el concepto del encuentro con el límite.

    Germán Jauregui: Cuando yo llevo mi cuerpo a un límite, éste me da acceso a otra forma de moverme. De ello surge, por ejemplo, a la idea de rebote, o la posibilidad de una espiral muy fuerte.

    Ahora, el límite es una idea en la que se puede trabajar de dos formas. Físicamente, con el ejemplo de conseguir un rebote. Y también está el límite de una manera sicológica, más como idea. Es ver el límite no como un muro que te bloquea, sino como un desafío para superar.

    Entonces, en el trabajo es bueno ponernos límites que nos permitan ir más allá, superarnos. Me parece que trabajar con el límite es interesante porque constantemente estás buscando una salida, una superación, un camino. Sales de una situación cómoda donde no hay riesgos ni desafíos. Introducir el límite en el trabajo es positivo porque te activa te despierta te hace reaccionar.

    ADVZ: Mencionarte también la necesidad de trabajar las intenciones. De llenar la mirada del público de esa intencionalidad.

    Germán Jauregui: En las clases digo que todo lo que hacemos es forma, pero no todo está lleno de intenciones. Entonces, lo que propongo a la clase es que nos acerquemos a las sensaciones, a las intenciones, y, desde ahí, nos acerquemos a la forma.

    Lo contrario sería atrapar una forma, copiarla de manera artificial; reproducir una forma vacía de intencionalidad. Y en ese caso, yo, como espectador, como bailarín, como coreógrafo, veo una diferencia.

    ADVZ: ¿Y aquello de que la coreografía es una respuesta a una pregunta?

    Germán Jauregui: Para mí el trabajo se trata de un dialogo. Lo que propones debe ser una respuesta a algo; al mundo, a la sociedad en la que vivimos. Nuestro trabajo tiene que ser una respuesta a todo eso. Pero para el público debe significar una pregunta. Si al espectador se le da una respuesta se crea una distancia. Yo creo que el espectador debe hacer el ejercicio de buscar una respuesta. Hoy creo que el espectador no es el que mira el espectáculo, el espectáculo debe mirar al espectador.

    ADVZ: ¿Tus compromisos con la Compañía te dejan tiempo para hacer tus propios trabajos?

    Germán Jauregui: De tanto en tanto puedo hacer mi trabajo. Continúo una búsqueda, buscando enriquecer mi lenguaje, acercándome a lo que considero esencial. Y es un camino a recorrer.

    Como decía Cortazar: “cada libro que escribes no es un libro más, es un libro menos”. Creo que cada paso que das, cada trabajo que haces debes irte acercando a algo que es esencia, hasta llegar a esa pieza ideal que nunca vas a lograr. Es la búsqueda de ese ideal.

    Más información sobre el trabajo de Germán Jauregui aquí.

    Más información sobre la Especialidad de Danza de la Facultad de Artes escénicas de la PUCP aquí.

  • ENTREVISTA. Oscar Muñoz

    Dentro de la programación del ‘II Festival Temporada Alta en Lima’ se presentó ‘La noche justo antes de los bosques. Este monólogo, escrito por el dramaturgo francés Bernard-Marie Koltès, fue protagonizado por el actor español Oscar Muñoz y dirigido por el italiano Roberto Romei.

    El texto presenta a un personaje que, en la calle, aborda a un desconocido. Su objetivo es conversar con él y, para retenerlo, recurre a todas las palabras y temas con los que cuenta. Así, en medio del monólogo surgen temas como el sentirse -o ser- extranjero, la falta de dinero, el amor, la violencia de la calle y, esencialmente, una profunda soledad.

    La propuesta de Romei y Muñoz es austera y lejana a convencionalismos. En ella, el actor aborda a un grupo de personas -el público- en los pasillos de la Alianza Francesa de Miraflores. A partir de este encuentro sorpresivo el actor se ve obligado a mantener la atención de estos desconocidos a partir del uso de su cuerpo, su voz, su energía y el manejo del texto.

    Así, el contacto visual cercano y el diálogo directo -por momentos algo tosco- confrontan al público y lo sacan de su zona de confort. Ello se potencia con los riesgos y posibilidades que plantea el presentar la obra en un espacio no controlado. Situación que, pese a algunos sucesos inesperados que pueden cambiar el foco de atención -alumnos asomándose a los balcones, profesores cerrando con firmeza sus ventanas-, es asumida por el actor; quien incorpora la realidad del espacio abierto a la dinámica de la obra.

    Oscar Muñoz guía al público por diferentes espacios, cada uno más pequeño que el anterior, y va generando una complicidad colectiva. Ésta, una vez acabada la obra, genera que no resulte extraño el hecho de terminar todos conversando y tomando cerveza.

    Advenedizo Digital conversó con Oscar Muñoz, actor de ‘La noche antes de los bosques’.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Hace mucho que trabajas con el director de la obra Roberto Romei?

    Oscar Muñoz: Mucho. Desde el 2008. Nos conocimos cuando fue mi último taller de la Escuela de teatro. Él era el profesor. Él es italiano y fue la primera cosa que hizo en Barcelona. Estuve con él en ese taller, nos entendimos bien. Y luego hicimos montajes profesionales. No hemos trabajado de manera permanente este tiempo; pero sí trabajamos desde hace mucho.

    ADVZ: ¿Cómo se encontraron con este texto?

    Oscar Muñoz: La obra vino de esa época. Al final de la carrera tenía que presentar un trabajo escénico e hice este monólogo. Yo lo hice, él lo vio, le propuse que lo dirigiera, y aceptó. Lo hicimos, pero al final nos desanimamos; principalmente yo. Me salió otro trabajo, otras cosas y también me daba un poco de miedo. Enfrentarme a este monólogo recién salido de la escuela me generaba mucho respeto.

    ADVZ: ¿Cómo te sientes ahora que ya está hecho?

    Oscar Muñoz: Bien. Contento de haberme sacado esa espina y de que ya esté hecho. Contento con el resultado y con lo que me ha dado. Con las funciones. Y todavía tiene vida. Con un monólogo la posibilidad de que continúe depende de ti. Ya lo tienes hecho. Lo llevas en la mochila.

    ADVZ: ¿Cómo ha sido tu formación?

    Oscar Muñoz: La escuela en la que me formé es muy ecléctica. No es que sigue un método concreto. Lo que puede ser una debilidad o puede ser una ventaja. Y de ahí, con lo que me quedé, aparte de las asignaturas técnicas -voz, cuerpo, dicción, acrobacia, danza, movimiento gestual- a mí, como método, lo que me tiró más fue lo que nos enseñó Roberto Romei.

    Él viene de la escuela de Moscú, ha estudiado mucho el tema de la biomecánica de Meyerhold. Viene de esta escuela que se basa mucho en lo físico, la energía, la respiración. Busca desde lo exterior hacia lo interior.

    Otro maestro, Javier Dolte, argentino, me ayudó a entender otras cosas. A ‘estar’, aquí, con lo que hay. Que me va muy bien con esta obra que es tan de estar presente.

    ADVZ: ¿En qué momento surge la idea de que el interlocutor del personaje sea el público?

    Oscar Muñoz: Cuando leíamos el texto lo veíamos muy concreto. A pesar de la poesía que tiene veíamos que se podía bajar al plano de lo terrenal, de lo cotidiano. Y para buscar más este contacto directo quisimos dirigir las palabras al público. No que el público asista a un monólogo donde alguien habla con un personaje imaginario. No, hablar directamente a ellos, decirles las palabras directamente a los ojos. Entonces el director consideró que teníamos que ir a buscar la situación real que plantea el texto; que es alguien que por la calle para a otro y lo intenta retener mediante todas las palabras que es capaz de encontrar. Y así lo hicimos.

    ADVZ: El hecho que se juegue con la interacción y que, además, suceda en la calle, abre la posibilidad de que la obra se cree en cada momento. ¿Cómo manejan eso?

    Oscar Muñoz: Es una de las características que ha quedado del montaje. Al buscar este contacto real e inmediato con el público se diluye la ficción. No sabes bien si es una obra de teatro, si te lo están diciendo de verdad, o cuando empieza y cuando termina. Todo se diluye y también es lo que buscamos.

    Por ejemplo, la obra está pasando en la calle. Las cosas que pasan en la calle pasan de verdad y yo las incluyo en la obra. Pero la obra sigue siendo un texto escrito. Sin embargo, a veces pasa algo ‘de verdad’ y el texto escrito encaja perfectamente con lo que está sucediendo y se diluye todo. Se diluye lo que es ficción y realidad. Y también jugamos deliberadamente con cómo termina la obra. ¿Ha terminado?, ¿es el personaje?, ¿es el actor?

    Esto provoca que el público se olvide que es una obra escrita por un autor, que se lo tomen más personalmente. Realmente se sienten ofendidos por lo que les estoy diciendo y como se los estoy diciendo.

    ADVZ: ¿Cómo te preparaste para estas interacciones?

    Oscar Muñoz: Un actor en su carrera va trabajando con el público de distintas maneras. Por ejemplo, estuve un tiempo haciendo un personaje en una exposición en un museo. Un personaje con un texto escrito que lleva a la gente y la guía por la exposición. Y el texto se va adaptando de acuerdo a lo que te va pasando con la gente. Entonces, algo de entrenamiento tenía. Un poco es lo mismo, entre comillas, con un texto más elevado. Un texto con más compromiso social, político y humano.

    Por otro lado, cuando lo trabajé en los ensayos siempre hubo al menos dos personas -el director y su asistente-. Y desde el principio se trabajó así, hablándoles directamente, buscándolos con la mirada. Y esperando respuesta del público aunque luego continúe yo, aunque no me contesten nada. Esperando, porque si no espero no hay comunicación.

    Luego fuimos sumando gente. Y cada vez tenía un grupo más grande. Hasta que llegó el momento de probarlo en la calle. Ahí ya fue otro tipo de ensayo.

    ADVZ: ¿Cómo les fue con eso?

    Oscar Muñoz: Uno de los momentos que más tardamos en encontrar fue el inicio. ¿Cómo empiezo esta comunicación?, ¿cómo fundo la relación que vamos a tener en una hora y cuarto? Esta fue una de las cosas que nos costó más. Con eso ya instalado el texto parece que fluye.

    ADVZ: ¿Siempre terminas conversando con el público?

    Oscar Muñoz: Sí, siempre se termina de la misma manera. Sacando las cervezas. Nos quedamos allí y hablamos; que es lo que el personaje busca. Y esto tiene relación con el principio de la obra. Pues lo que hace el actor es lo que hace el personaje. Y al final hemos logrado establecer una confianza entre unos y otros, quedarnos ahí, tomar unas cervezas y hablar. Hay algunas veces que no, que la gente se va. Pero en la mayoría de casos se han quedado.

    ADVZ: ¿Cómo fue recibida la obra en tu país a partir de los temas del desempleo y la migración?

    Oscar Muñoz: Cuando consideramos montar esta obra, cuando la releíamos, sentíamos que era perfecta. Que de lo que se estaba quejando este personaje era de lo que se quejaba la gente. Justo era el momento alto de la crisis. La gente tenía miedo, se sentía en riesgo de quedarse excluida, de perder el trabajo, perder la casa…perderlo todo. Sentíamos mucho este riesgo. Este texto se escribió en el ‘78. Quizá montado en otro momento hubiera sido distinto.

    Y en cuanto a la inmigración, el texto dice que el personaje es un inmigrante, un extranjero. Pero también dice que hay cosas que lo hacen sentirse más extranjero. Y nos agarramos más a esto. Quisimos que nuestro personaje fuera un español, un catalán, pero que se sentía extranjero. Porque ya no era solo el ser inmigrante el hecho que te pone en riesgo de ser excluido.

    ADVZ: El texto es denso, exigente, pero en el montaje hay mucho humor ¿cómo surge esto?

    Oscar Muñoz: El texto en sí tiene mucho humor. El tío este dice muchas locuras que dan risa. Pasa que como el texto es poético, muchas veces se monta de un modo poético, y entonces termina redundando y se pierde el humor. Al bajarlo al cotidiano, creo que resaltan más los juegos que hace, el humor que tiene. Y, yo, como personaje, al tratar de retener al público, uso todos los recursos con los que cuento…y uno de ellos es el humor, la simpatía. Aunque no sé si el personaje nos quiere hacer reír.

    ADVZ: Se evita la solemnidad…

    Oscar Muñoz: En una puesta en escena convencional, desde tu butaca, tú estás claramente viendo una obra de teatro. Puedes apreciar, juzgar. En este montaje quisimos huir de todo eso. Que el público no estuviera pendiente de que es una obra de teatro. Sino que entendiera lo que le estoy diciendo yo, la persona, el humano.

    ADVZ: ¿Cuáles son tus proyectos futuros?, ¿con qué tienes ganas de trabajar?

    Oscar Muñoz: Ahora vuelvo y hago este monólogo otra vez. Con Roberto Romei hemos hecho una obra sobre los Lehman Brothers de Stefano Massini y vamos a hacer funciones. También tengo trabajos de televisión y cosas así.

    Por otro lado, lo que tengo ganas es de hacer otro monólogo. Una historia bonita. Pero es algo opuesto a esto. Me gustaría en un teatro, tranquilito. Una cosa de cabaret sin poner la cuarta pared a tope. Sino que siga habiendo conexión e intercambio con el público. Pero un tema un poco más luminoso, más sensual…con música. Eso es lo que tengo ganas de hacer.