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  • ENTREVISTA. Miguel Rubio

    Este fin de semana, el emblemático Grupo Yuyachkani presenta, en su casa de Magdalena, ‘El teatro por dentro. Conferencias escénicas’. Este es un conjunto presentaciones donde tres actrices del grupo exponen sus procesos de trabajo.

    El evento es parte de la intensa programación de actividades de Yuyachkani durante el 2017. Pues, además del habitual encuentro pedagógico internacional ‘Laboratorio Abierto’,  y de la presentación de su temporada de repertorio en el LUM, este año estrenaron una nueva obra titulada ‘Discurso de promoción’.

    A ello puede sumarse la inédita experiencia de Miguel Rubio, director del grupo, como Jurado en el concurso de dramaturgia Sala de Parto y en la dirección de una lectura dramatizada dentro del festival del mismo nombre.

    Conversamos con Miguel Rubio sobre estas experiencias y, cómo no, sobre su forma de entender el teatro.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Acaban de terminar la temporada de ‘Antígona’ y ahora continúan con ‘El teatro por dentro’. Háblanos de estos trabajos.

    Miguel Rubio: Estos trabajos recogen una tradición del grupo. Una tradición en el sentido de compartir con los espectadores el proceso. Como decía Brecht: a los espectadores hay que mostrarle que uno trabaja, que uno no hace magia.

    Cada vez me parece más importante tener en cuenta al espectador. No para hacerle un favor. No para hacerlo un consumidor, sino para tener un interlocutor. Sobre todo en tiempos de preguntas. En tiempos donde los que uno no tiene certezas sino incertezas vivas.

    Y ahora vemos este trabajo como conferencias de artistas. Sucede que tenemos muchas investigaciones que se ha hecho desde el campo académico sobre Yuyachkani. Pero son las voces de los académicos, de los investigadores. Hay poca voz de los artistas, donde ellos mismos den cuenta de sus procesos.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Estas conferencias pueden considerarse un documento escénico?

    Miguel Rubio: De alguna manera es un documento escénico que tiene que ver con una preocupación mayor: que necesitamos reescribir la historia del teatro. Reescribirla desde el lado del trabajo del actor. Nos merecemos una historiografía, una memoria gráfica de los proceso de creación de los actores.

    Porque, ¿qué es lo que queda de los procesos de creación? Lo que quedan siempre son los textos. Y el teatro sigue siendo considerado un género literario porque se estudia a partir de los textos.

    Pero, ¿dónde quedan los procesos?, ¿dónde quedan esas otras escrituras que están en el cuerpo, en el espacio?, que son las que definen -finalmente- esa condición efímera del oficio.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Qué lugar ocupan estos trabajos de memoria de procesos en las nuevas búsquedas de Yuyachkani?

    Miguel Rubio: El lugar que ocupa esta reflexión tiene que ver con lo que yo llamo la crisis de la representación en Yuyachkani. A partir de las audiencias públicas del Informe Final de la CVR surge una ruptura muy interesante.

    Y es que durante muchos años representamos al otro y su vida. Pero luego aparece la voz del afectado, de la víctima, que lanza al mundo su propia voz, su propio reclamo, su propio testimonio.

    Yo creo que ese momento cancela una serie de representaciones no solicitadas -por mucha buena voluntad que haya- y te manda a una zona donde dices: ¿y yo qué lugar ocupo en este proceso?, ¿qué tenemos que decir los artistas?

    Eso nos devuelve a una voz del actor ciudadano que puede dar cuenta de su proceso y de su intención de tocar determinados temas. Entonces al producto se le agrega otra capa, que es la voz del creador.

    Y esa tensión tiene que ver también con la manera como lo real entra violentamente en las teatralidades contemporáneas. Es decir, cómo la ficción pura entra en crisis. Y ya no resulta suficiente.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Este año estrenaron ‘Discurso de promoción’. Pasadas las dos temporadas de presentaciones, ¿Tienes algún tipo de evaluación sobre la obra?

    Miguel Rubio: Creo que lo nuevo ha sido el espacio para trabajar con aliados. Yuyachkani rompe su habitual espacio de creación, de estar solamente con los viejos Yuyas, de tener un repertorio y esos procesos largos de creación. Y, en esta ocasión, busca generar productos que tienen principio y final; y se convoca aliados.

    Eso ha sido bien revitalizador para Yuyachkani. Me parece que ese es un encuentro de negociación de diversidades, de comportamientos distintos. Me parece que eso enriquece los materiales que concurren a la escena.

    ADVZ: Esta obra aborda la historia no oficial, la historia silenciada, ¿cuál es el límite cuando el material de investigación puede ser muy vasto?

    Miguel Rubio: La provocación fue el cuadro de Lepiani de la declaración de la independencia por Don José de San Martín. Y cómo a partir de ahí el Perú avanza -entre comillas- de manera muy triunfalista hacia la celebración del Bicentenario.

    La pregunta es ¿qué tenemos que celebrar?, ¿qué nos debe la República?

    Esto, al lado de todo un movimiento de historiadores que vienen buscando replantear las fechas de la conmemoración de Bicentenario, que están recuperando rebeliones anteriores, levantamientos indígenas, otras memorias no consignadas en la historia oficial.

    Entonces ha sido muy interesante el proceso porque, al principio, teníamos todo el peso de volver a contar la historia. Hasta que llegamos a la conclusión de que nuestro campo es escénico. Nosotros no vamos a hacer el trabajo de los historiadores, de los científicos sociales. Sino, más bien, reafirmar nuestra condición escénica a partir de un conjunto de imágenes provocadoras para traer la discusión.

    ADVZ: Vista las distintas maneras en que Yuyachkani ha abordado el cuerpo en su trabajo, ¿Cuál es el cuerpo que se ha indagado en ‘Discurso de promoción’?

    Miguel Rubio: Creo que es el cuerpo que negocia un espacio con otros cuerpos.

    Se busca plantearle al espectador que él también es responsable de lo que pasa en ese evento. Por ejemplo, en la obra tenemos una cierta cantidad de sillas. No pretendemos que todos los espectadores se sienten. Eso implica una negociación, una organización: quien se sienta, quién no se sienta, quién comparte el asiento. Más aún cuando vienen mujeres gestantes, ancianos o personas con alguna discapacidad.

    Es interesante porque esa tensión se siente en el espacio con todos los que lo estamos compartiendo. Todos compartimos esa necesidad y esa responsabilidad de generar un espacio para cada uno.

    Entonces, diría ahora que ahora es un cuerpo diverso. Son varios cuerpos los que están en ese espacio, incluyendo el cuerpo del espectador.

    ADVZ: Entonces están en otro momento en el trabajo del grupo.

    Miguel Rubio: Si miramos el trabajo corporal en Yuyachkani, yo creo que ha sido  la centralidad fundamental de enunciación para crear una propuesta.

    Desde lo que yo llamo el ‘Teatro heroico’ de los años iniciales. Que es ese cuerpo del puño cerrado, el cuerpo de la fuerza. El cuerpo que apelaba al realismo socialista y al romanticismo revolucionario. Un cuerpo que correspondía a lo que pensábamos ideológicamente en ese momento.

    De ese cuerpo inicial pasamos a un cuerpo que pregunta. A un cuerpo que no tiene certeza. A un cuerpo de singularidad. Que involucra también al espectador.

    Pero hubo una serie de tránsitos que han pasado también por la Antropología Teatral. El trabajo de Eugenio Barba fue muy importante para organizar esa búsqueda de un cuerpo en situación de representación. Un cuerpo codificado que miraba en las culturas de Asia las posibilidades de reconocimiento de un cuerpo que no solo es emotivo, sino que tiene en la acción para generar comportamiento.

    Eso, hasta el cuerpo que encontramos en los viajes por el Perú: el cuerpo del actor danzante. El cuerpo de esa memoria que está escrita y codificada. De un artista que viene de una tradición que no separa en que el actor es el que habla y el danzante es el que baila.

    Es algo muy parecido a lo que sucede en las culturas escénicas de Asia, en el Teatro No, en la Opera de Pekín,  el Bunraku o el teatro Kathakali de la India.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Mencionabas tu desacuerdo con entender el teatro como un género literario. Sin embargo este año has sido Jurado en el Concurso de Dramaturgia Sala de Parto, ¿Hay una contradicción?

    Miguel Rubio: Yo este año fui invitado a ser Jurado de Sala de Parto y lo agradezco. El hecho de tener una postura que afirma que el teatro no es un género literario no significa que uno no reconoce la literatura dramática como una fuente esencial de la creación escénica.

    Entonces, poder compartir y leer más de cincuenta obras de teatro ha sido bien interesante para sentir la temperatura de los creadores escénicos desde la escritura.

    Ha sido súper interesante encontrar los temas. Cómo los temas de la memoria reciente, del conflicto armado, están muy presentes. O cómo había textos en quechua. Cómo habían teatralidades muy complejas al lado de otras teatralidades muy simples que se sustentan en el dialogo esquemático.

    Yo quedé muy agradecido y con muchas ganas también de montar una obra escrita. Y estoy leyendo para eso.

    ADVZ: ¿Y la experiencia de dirigir la lectura del texto de María Teresa Zúñiga?

    Miguel Rubio: Fue un tremendo desafío. María Teresa Zúñiga es una dramaturga -nacida en Huancayo- muy interesante, y que conocemos desde hace mucho tiempo.

    Me sorprendió mucho ese texto. Un texto que estaba centrado en la migración, en la guerra, en la violencia. Pero que no se centraba en lo local sino que era una mirada de mundo.

    Y fue mi primera vez en dirigir una lectura dramática.

    ADVZ: Este año el repertorio volvió a salir de la casa de Magdalena. Esta vez estuvieron en el LUM, y hace dos años en la Universidad del Pacífico.

    Miguel Rubio: Parece mentira pero ir a Jesús María era encontrarse con un público totalmente diferente. Un público que va a una sala muy cómoda, como es la sala del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. Un público que, aunque la propuesta del Centro Cultural es cada vez más diversa, está acostumbrado a otras obras.

    Pero el hecho de salir de la casa y trabajar en otro ámbito también era un desafío para nosotros. Eso nos dio mucha confianza para hacerlo en el LUM.

    Claro que ahí era casi un espacio natural, porque presentamos obras que tuvieran que ver con la violencia política. Y estuvieron acompañadas de conferencias y discusiones alrededor de una agenda que preparó Amnistía Internacional en torno a los Derechos Humanos.

    Y fue grato ver, sobre todo, a un público muy joven que hacía colas desde muy temprano; un público que no viene a Yuyachkani.

    ADVZ: Este año también hubo un hecho inédito. Dictaste un taller denominado para el ‘actor creador’, ¿qué implica eso?

    Miguel Rubio: Generalmente tengo poca confianza con los talleres. Nunca me sentí cómodo para hacer uno. Me daba un poco de prurito, de temor, el pensar que en un corto periodo uno puede organizar un material para compartir con actores.

    Pero ahora me sentí en la necesidad de obligarme a generar un conjunto de ejercicios; un material condensado que sea nuestra propuesta para un actor creador. Que es un actor que se responsabiliza de lo que dice y hace en el escenario.

    Es un actor que tiene una posición frente a lo que quiere hacer -para qué quiere hacer teatro- y toma los ejercicios como herramienta para ese proceso. Es un actor autor. Es un actor que entrena. Un actor que se lanza a inventar un producto porque tiene algo que decir, porque quiere dar una opinión, quiere dialogar con su comunidad.

    La experiencia ha sido muy buena y me provoca que pueda tener continuidad. Y es que encontré el sentido de no hacer un taller donde se repiten ejercicios; sino, más bien, donde se comparten preguntas.

    ADVZ: Además del trabajo que estás realizando en Yuyachkani, ¿qué otras teatralidades te están interesando?

    Miguel Rubio: Me parece que en el teatro, más que una reserva del pasado, hay una reserva del futuro. Nos puede dar los estímulos para generar una complejidad de teatralidades en diálogo con nuestro tiempo.

    Yo entiendo que el teatro es una construcción cultural históricamente determinada. Determinada por su tiempo, por su diálogo con la comunidad, por su momento político y social. Y eso es algo que tenemos que empezar a mirar con mucha mayor atención.

    En ese sentido,  lo que yo encuentro en nuestro medio es una gran diversidad de propuestas, de posibilidades, de procesos hibridación; como son los procesos mismos de la cultura. Y en ese encuentro surgen teatralidades muy diversas y fuentes muy distintas de esa teatralidad.

    Una de las fuentes madres para mí es la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo. Y no por el intento de tratar de reproducir esa teatralidad en la sala, sino por lo que me tiene que decir esa fiesta a nivel de contemporaneidad.

    Por ejemplo, cuando yo hablo de la dramaturgia como la organización de la acción en el espacio compartido es una reflexión que surge de lo que es la guerrilla de Paucartambo. De lo que es la toma de ese espacio público donde actores y espectadores estamos negociando un espacio todos juntos en un mismo lugar.

    Por otro lado, la noción de un actor danzante. De un actor que, como diría Grotowski, no tiene un texto sino tiene una parte. El guión de la guerrilla en Paucartambo tiene partes y los actores danzantes se ponen de acuerdo para saber cuál es la que da pie para el inicio de la siguiente.

    Yo muchas veces les he preguntado cómo ensayan, donde ensayan, donde está el guión, dónde está el libreto; yendo con mi mirada escénica. Pero he visto como ellos mismos se ponían de acuerdo y negociaban los momentos. Entonces es ver como la acción es lo que privilegia. Y eso es esencial porque la acción es física.

    Por otro lado, encuentro el tema de la improvisación como un atributo natural de ese actor danzante. Que te lo encuentras en las calles y está improvisando y generando relaciones con los espectadores.

    Luego, es una gran obra que dura tres días. Esta teatralidad fabulosa de tres días, con sus noches, con veinte comparsas de danzantes enmascarados, con música, con cuerpo codificado, es un campo de investigación que no lo puede abarcar una sola persona.

    Creo que muchos nos tendríamos que meter ahí. Historiadores, científicos sociales, etno historiadores, antropólogos, teatreros, danzantes. Para tratar de ver que nos enseña, a nivel contemporáneo, esa fiesta.

    Y algo más. A nivel político es interesante la negociación en la plaza de esa diversidad de comparsas, que están representando una diversidad de sectores sociales. Eso me parece que es una gran metáfora de lo que debe ser el Perú. De convivir en un espacio en esta gran diversidad.

    Por otro lado, están las teatralidades urbanas que vienen de esta mezcla donde la performance se teatraliza, y viceversa, de la toma del espacio público, de la acción cada vez más presente de los artistas visuales.

    Me parece que esto ha generado una gran complejidad de comportamientos y posibilidades de dramaturgia. Al punto que ya no podemos pensar la dramaturgia desde la premisa aristotélica de exposición, nudo y desenlace. Sino, más bien, de generar procesos de compartir. Entender la dramaturgia como un convivio.

    ADVZ: Y a nivel académico, ¿a quién hay que seguir?

    Miguel Rubio: Yo creo que José Antonio Sánchez es un estudioso de las teatralidades disidentes que me parece que es muy pertinente te seguir. Creo que Jorge Dubatti tiene una colección de textos de filosofía teatral, de teatralidad, a partir de todo este movimiento grande que hay en Argentina, que me parece que es muy importante.

    Me interesa más la teoría que se está haciendo desde América Latina. Digo esto porque siempre hemos tratado de estar a tono con lo que viene del eurocentrismo teatral. Entonces no quiero pensar solamente Hans Thies Lehmann o Anne Ubersfeld;  sino pensar también en la gente que está mirando estas teatralidades que están surgiendo en América Latina.

    Creo que nos debemos teorías desde acá y felizmente las tenemos. Ileana Diéguez es fundamental. Beatriz Rizk, Vivian Martínez Tabares, Magaly Muguercia, Alicia del Campo -que hace trabajo estupendo sobre el Teatro de la memoria en Chile-. Me interesa esta teoría que nos ayude a entender estos procesos en América Latina.

    Entrevista completa:

  • CRÓNICA. Hecho en China

    ‘Hecho en China’ es un espectáculo multidisciplinario presentado, bajo el apoyo de Iberescena, en el espacio cultural La Fabrica-Casa Vecinal del distrito de San Luis.

    ‘Hecho en China’ plantea una experiencia escénica y sensorial. Esta se pone de manifiesto aún antes de haberse iniciado la acción. Pues el público no se dirige a un recinto minutos previos a la función. En vez de ello, es citado a un lugar donde abordará un bus que lo conducirá a la ‘Fabrica de la Felicidad’. Este breve tránsito entre una zona residencial, rodeada de edificios de la oficialidad cultural (*), y el barrio obrero donde se ubica La Fabrica-Casa Vecinal, propone un viaje entre realidades distintas que conviven en menos de dos kilómetros de distancia.

    El arribo y el ingreso al espacio se realizan en una atmósfera de misterio. Las pautas de traslado se dictan en silencio. Ello, y el desconocimiento de la ruta que debe recorrer el espectador, genera un ambiente de expectativa.

    El público, ubicado en un patio y sin referente visual de un ‘escenario’, puede divisar a varios estrambóticos personajes emplazados a lo largo de un altillo. Uno de ellos, usando un micrófono, da la bienvenida a los visitantes. Se da inicio, así, a una secuencia de acciones que conforman un collage de imágenes sin un sentido, a primera vista, aparente.

    A medida que la puesta en escena avanza los intérpretes desarrollan sus acciones en diferentes puntos del espacio. Suben, bajan, se trasladan entre el público. Los personajes surgen de improviso y sus directivas sorprenden al espectador. Una anfitriona los dirige y ofrece lecciones de salud corporal. Otros personajes deambulan entre los asistentes e interactúan a partir de una conversación, una frase o una oferta (como la venta de bebidas).
    El carnaval de imágenes, el caos sensorial, se apodera del espacio. Ingresa un cantante de huaynos modernos e improvisa un concierto, un intérprete se desnuda, otros ofrecen servicios diversos; mientras personajes travestidos bailan entre el público.

    La calma llega. Un performer invita a los asistentes a probar una sopa recién preparada; entretanto, otro les lee la suerte. Ambos generan un ambiente de ritualidad cotidiana, desprovista de pompa y ceremonia.

    Se abren nuevos espacios donde se pueden ver espectáculos de feria. Y es que el lugar se ha convertido en un bazar popular. La calma cesa. Se inicia una procesión. La ritualidad andina convive con un pogo rockero. Todo ello rodeado de burbujas. Se reinicia la fiesta.

    ‘Hecho en China’ parece no tener sentido. No desde las lógicas escénicas convencionales, desde la narratividad de la palabra o el orden de acción-consecuencia. Más que proponer una historia, construye una atmósfera; a la que se suma la teatralidad de las imágenes y acciones. Su estética bizarra, su permanente generación de estímulos sensoriales, su caótica libertad, evoca al ambiente del emporio de Jirón Gamarra. Una ciudad/fábrica que incluye edificios y calles. Los materiales de desecho y reciclaje, la ropa y la basura, y un costurero que trabaja sin desmayo así lo confirman.

    Sin embargo, debajo de toda la parafernalia posmoderna, de la acumulación de acciones e imágenes, queda la sensación de superficialidad estética, de ausencia de contenido, de festejo autorreferencial.

    (*) La cita para tomar el bus es en la explanada del Ministerio de Cultura, en el distrito de San Borja.

    (**) Imagen tomada de aquí.

    Dirección: Milagros Esquivel.

    En escena: Miguel Campana, Rossy Chávez, Ricardo Delgado Ayala, Milagros Esquivel, Hugo Espinoza, Emilio Iturbe Kennedy, Leny Luna Victoria, Augusto Montero, Alonso Núñez, Jackie Quino, Arnold Quiroz Bocanegra, Jorge Baldeón, Mirta Urbina Johnson, Diana Ruth Zamora, Moisés Najarro, Carla Martel.

    Colectivos artísticos implicados: Generarte, Angeldemonio, elgalpon.espacio, Raumkay, Colectivo Oso de Agua.

    Producción: Generarte.

  • CRÓNICA. Gnossienne

    En el teatro de la Alianza Francesa de Miraflores se viene presentando ‘Gnossienne’, obra de la Compañía de Teatro Físico, bajo la dirección de Fernando Castro Medina.

    ‘Gnossienne’, según consta en el programa de mano, se inspira en ‘El joven príncipe y la verdad’ del escritor francés Jean-Claude Carrière. Pero, en vez de desarrollar su historia, conserva de ella lo esencial: la idea del viaje iniciático de un joven personaje.

    A partir de esta abstracción de la anécdota de la obra de Carrière surge una propuesta de montaje que se caracteriza por su libertad estructural, lenguaje poético, atrevimiento conceptual y la ausencia de palabras.

    Al ingresar a la sala de la Alianza Francesa el espectador puede intuir que se enfrentará a una obra que sale de los patrones convencionales.

    Seis personajes deambulan por el escenario. Tres hombres y tres mujeres. Todos con las cabezas cubiertas, a modo de máscaras, por grandes piezas de papel de despacho. Estos personajes, sin rostro ni posibilidad de visión, se desplazan por el espacio. Se encuentran, bailan al ritmo de baladas románticas, se abrazan, y vuelven a separarse. La reiteración de estas acciones va llevando al colectivo al encuentro de tríos o cuartetos y al aumento en la intensidad del contacto. De esta manera, del baile distante inicial se pasa a uno donde los cuerpos se frotan, para que luego surjan abrazos y besos.

    Aunque, vale la pena preguntarse si es posible hablar de besos entre personajes que no poseen bocas.

    Así, esta mezcla de belleza, absurdo y erotismo es la introducción a una propuesta que apela a la sensorialidad y la teatralidad de las imágenes.

    Pasada esta introducción se aprecia a uno de los personajes retirándose el papel/máscara y, con ello, sufriendo una transformación física que será parte del inicio de su viaje.

    A partir de este momento sería incompleto y atrevido tantear el describir o narrar lo que acontece en escena. Pues, la sucesión de imágenes, la constante aparición de seres fantásticos -construidos con papel de despacho-, la apuesta por la sensorialidad visual y sonora, la elección de una narrativa desprejuiciada, llevan a que cada espectador construya su personal experiencia e interpretación.

    No obstante, Castro y su equipo dejan algunas pistas para un espectador comprometido. Así, puede identificarse momentos que guían la experiencia a nivel macro. Por ejemplo, el encuentro del joven protagonista con un personaje mayor que él (¿un anciano?, ¿un sabio?), quien lo acompaña y guía en su recorrido. O el tránsito por distintos paisajes y estaciones (viaje y aprendizaje).

    Sin embargo, lo que propone ‘Gnossienne’ trasciende a la interpretación narrativa o filosófica. Pues su desarrollo -en algunos momentos, lúdico; en otros, dramático; y en muchos, misterioso- es un potente cóctel de imágenes y efectos sensoriales que apela a la libertad creativa y, desde ese lugar, busca la complicidad del espectador.

    Y, como es lógico en toda propuesta que apele al riesgo, que desista de la fórmula, siempre cabe la posibilidad de encontrarse con un público que no conecte con la obra.

    Y es que la apuesta por la fantasía, por evitar caer en lo explícito, por renunciar a narrar una historia -aunque exista- requiere de un compromiso mutuo -entre la escena y la platea- que no siempre encuentra interlocutores.

    ‘Gnossienne’ evidencia una profunda investigación en la manipulación de objetos. Un conjunto de intérpretes logra, a partir de su trabajo corporal y su investigación con el papel de despacho, construir paisajes visuales -mar, montaña- y personajes fantásticos -aves, reptiles, peces y otros seres indescifrables-. Además de ello, la manipulación del elemento aportan a la composición de atmósferas sonoras.

    Asimismo, vale mencionar la solvente construcción de convenciones escénicas, según las cuales los intérpretes/manipuladores-de-objetos forman parte de los seres a los que construyen.

    Finalmente, se hace necesaria una reflexión sobre la relación entre la propuesta escénica de la obra y las condiciones del espacio donde se presenta. Y es que el montaje toma las características del Teatro de la Alianza Francesa de Miraflores para construir sus escenas desde una lógica de la frontalidad.

    Sin embargo, la sensorialidad del espectáculo -las texturas, los sonidos-, sumada a su apuesta por la complicidad con el espectador -la manipulación de objetos, el carisma de los personajes- se ve mermada por la frontalidad y la distancia entre platea y escenario.

    Y es que a una propuesta como ‘Gnossienne’, con su cercanía al ritual, con sus referentes shamánicos, con su desparpajo estructural, con su libertad narrativa, las convenciones de la sala tradicional le quedan algo incómodas.

    (*) Imágenes tomadas de aquí.

    Dirección: Fernando Castro Medina.

    En escena: Eduardo Cardozo, Ana Cecilia Chung, Gael de la Rocha, Miquel de la Rocha, Leonor Estrada, Ximena Riveros, Diego Sakuray.

    Detrás de escena: Camila de la Riva Agüero, Stephanie Basurco, Sammy Zamalloa, Telmo Arévalo, Fernando Castro.

    Adaptación y versión del texto original: Telmo Arévalo, Sammy Zamalloa, Diego Sakuray, Fernando Castro.

    Diseño de arte, vestuario y maquillaje: Alonso Núñez.

    Diseño de iluminación: Lucho Baglietto.

    Diseño de sonido: Raúl Arévalo.

    Asesoría de manipulación de objetos: Pierrik Malebranche.

  • CRÓNICA. Qué azul es este mar

    Dentro de la programación del Festival Sala de Parto se presentó ‘Qué azul es este mar’, de la directora y coreógrafa argentina Eleonora Comelli.

    Esta pieza escénica incluye un cortometraje experimental titulado ‘Crucero’ -de Pablo Pintor-, sobre el cual se inspira. Esta obra fílmica, proyectada al inicio de la función, está construida a partir de piezas de videos caseros de una pareja, filmados a lo largo de tres décadas.

    La estructura del cortometraje, cuyas escenas se desarrollan en paisajes marinos, evidencia el paso del tiempo; tanto en los cuerpos de la pareja como en su trato. Esto último se sugiere a través de unos audios donde se pone de manifiesto diferencias entre los personajes.

    Así, luego de haber apreciado una pieza audiovisual fragmentaria, con sonido ambiental, paisajes marinos y estética antigua, se retira el espacio de proyección y se inicia (¿o simplemente continúa?) la acción escénica.

    En el fondo del escenario se encuentra un panel que luce el decorado de un tradicional paisaje paradisiaco -arena blanca, mar y cielo azul, palmeras-. De este espacio surgen dos parejas vestidas con trajes de baño de los años ’60. Una de treintañeros; la otra, de sexagenarios.

    Así, desde la aparición de los intérpretes la obra nos ofrece un doble espejo. El paralelo entre los personajes en vivo y los del video, y el existente entre las dos parejas de diferentes edades.
    La obra propone imágenes a partir de acciones y situaciones donde los cuatro intérpretes se juntan, se separan, se cargan, sostienen, seducen, rechazan. Y en este juego de dobles, las parejas masculinas y femeninas, mixtas en género y edad, se oponen y tensionan al compartir posibilidades y limitaciones de movimiento.

    La composición escénica es acompañada por un discreto sonido de piano y, en ocasiones, por la voz del protagonista del video. Su aparición refiere a la historia de la pareja ‘real’ e interviene sobre la percepción de las parejas de actuantes.

    Además de ello, existe un audio donde el mismo hombre polemiza acerca del uso de las imágenes, pero finalmente otorga libertad a su interlocutor (¿el director del video?, ¿la directora del montaje?) para el uso de las mismas. Con ello, la directora pone una vez más en juego las convenciones sobre la realidad e irrealidad.

    La referencia al tiempo y su paso es inevitable. Ello lo refuerza Comelli con una propuesta contenida. Donde el tiempo se vivencia. Las secuencias no son dinámicas. Por el contrario, son un espacio para la contemplación de los cuerpos, de -la belleza de- sus diferencias.

    Sin embargo, este tratamiento temporal requiere de un espectador atento y paciente. Pues la tensión de la espera, la variación sobre el mismo tema, la atmósfera de no progresión, no siempre resultan fáciles de acompañar.

    ‘Qué azul es este mar’ propone una paradoja, pues resulta simultáneamente concreto y poético. En su propuesta se conjuga la acción performática y la composición coreográfica. Ello abona en la construcción de un montaje pausado y contemplativo donde se re-interpreta la percepción del tiempo. Y con él, de la vida, la muerte, la decadencia del cuerpo.

    (*) Imágenes tomadas de aquí y aquí.

    Autora y directora: Eleonora Comelli.

    Creación coreográfica: Stella Maris Isoldi, Roberto Dimitrievitch, Laura Figueiras, Matías Etcheverry, Eleonora Comelli.

    Asistencia en escena: Eleonora Capua y Manuel Pallero.

    Música original: Ulises Conti.

    Diseño de iluminación: Ricardo Sica.

    Diseño de banda sonora: Ulises Conti, Pablo Pintor, Eleonora Comelli.

    Diseño de escenografía y vestuario: Paula Molina.

    Realización audiovisual y colaboración creativa: Pablo Pintor.

  • CRÓNICA. Discurso de promoción

    ‘Discurso de Promoción’ es el más reciente montaje del Grupo Cultural Yuyachkani. Esta creación colectiva, dirigida por Miguel Rubio, actualmente se encuentra en temporada en la casa del grupo, ubicada en el distrito de Magdalena del Mar.

    En la línea que distingue a este colectivo teatral, ‘Discurso de Promoción’ es una obra que indaga sobre el Perú. Esta vez, con la mirada puesta en el cercano festejo del Bicentenario de la Independencia nacional.

    En este montaje, Yuyachkani plantea el uso de dos espacios bien definidos. En el primero, utiliza diferentes ambientes de su casa, plantea una acción teatral única y recurre al costumbrismo y el expresionismo. El segundo, se desarrolla en la sala teatral y toma la convención de la primera parte para derivar por diversos universos temáticos a través de metáforas visuales y sonoras.

    Yuyachkani involucra al espectador desde el momento que éste ingresa a su casa. El primer salón se encuentra decorado con imágenes de tamaño natural de personajes ilustres de la Independencia nacional. Así, pueden apreciarse  las estampas de José de San Martín, Simón Bolívar, José de Sucre, Micaela Bastidas y Túpac Amaru II. Todas ellas inspiradas en la iconografía escolar de las láminas ‘Huascarán’ y los libros de texto.

    Los siguientes espacios serán los propios de una kermesse escolar. Alumnos y profesores del Colegio 2021 (“Rumbo al Bicentenario”) invitan a participar al público en diversos juegos -la mayoría, vinculados al imaginario patriótico-, mientras que en el patio se desarrolla el show de talentos.

    Es durante la presentación de los diferentes números artísticos, y en la interacción con los personajes, que la propuesta concreta su carácter kitsch. Este se percibe ya no exclusivamente en la decoración -las imágenes de los héroes, las banderas, los cuadros- y en el accionar expresionista de los actores; sino también en la exhibición de una serie de patrones culturales vinculados al patriotismo.

    En esta primera parte ‘Discurso de Promoción’ pone el foco en los clichés de lo patriótico. En la tradicional reiteración de actos y comportamientos que han ido perdiendo sentido a medida que se convierten en una serie de acciones grandilocuentes y superficiales; pero emotivamente efectivas. La selección musical de temas emblemáticos del cancionero nacionalista, y la irrupción de una banda escolar interpretando una marcha militar (‘Los peruanos pasan’), es la muestra final de ello.

    Esta versión naturalista y -quizá- exagerada de los comportamientos formales de la exaltación nacional concluye con el ingreso a la sala teatral; donde los alumnos del Colegio 2021 ofrecerán su discurso de promoción.

    Ya en la sala, y sin un frente fijo, los espectadores se acomodan en los bordes mientras observan a los actores accionar y desplazarse. Uno de ellos prepara el espacio, otro traslada un grupo de carpetas ordenadas a modo de escultura móvil. Todos concluyen -ataviados con el tradicional uniforme único escolar- alrededor de las carpetas. Una actriz corona la escultura cargando sobre su cabeza el Escudo Nacional.

    La convención ha cambiado. El expresionismo tradicionalista muta hacia algo todavía indefinible. Sin embargo, el montaje aún recurre a la palabra. Se propone un espacio de transición que expone y justifica el cambio de lenguajes escénicos.

    Así, en un pequeño estrado -frente al cual el público se ubica- los alumnos anuncian la presentación de una obra de teatro que han preparado. Antes de iniciar, ellos evidencian abiertamente los desacuerdos que tienen sobre el punto de inicio de su historia (que es la historia nacional). Este conflicto  llega al límite cuando se exhibe el famoso cuadro ‘La proclamación de la Independencia’ de Juan Lepiani.

    Frente a esta icónica imagen varios personajes realizan reflexiones y denuncias. Se reclama por la ausencia de indígenas, de afroperuanos y de mujeres en este histórico espacio de representación. Se hace alusión al permanente silenciamiento de estos grupos sociales en la historia oficial. Se demanda abiertamente la necesidad de contar la historia de nuevo, de negar como ha sido contada.

    Este momento, quizá demasiado retórico y excesivamente aleccionador, es la transición -o la justificación (“hay que encontrar otras maneras de contar la historia” dice uno de los personajes)- a la caravana de imágenes en que se transforma ‘Discurso de Promoción’.

    A partir de este momento, el espectáculo carece de un único frente. Ello genera que el público deba convivir en el mismo espacio con actores y personajes.

    Vale la pena hacer esta diferenciación, pues, a esta altura, ‘Discurso de Promoción’ propone la construcción de escenas cuyos universos temáticos son compuestos por elementos de diferentes lenguajes y estilos. Así, conviven la presencia y la representación; textos escritos, leídos y cantados; música en vivo y grabada; objetos como elemento utilitario y como presencia escultórica.

    Los tránsitos entre cada escena -e incluso dentro de cada una- corresponden a una partitura que apela a lo lógico y a lo sensorial. Cada escena representa una idea global, compuesta por la presencia de diferentes elementos. Pero también, estos elementos -debido a su distribución en el espacio- resultan ser estructuras unitarias con sus propias dinámicas de sentido. Así, orden y caos son aliados en la construcción de cada momento.

    Y en esta feria de los sentidos, en este discurso fragmentario y multi temático, se confunden cuerpos incompletos, vírgenes exóticas, cantantes ciegos, memorias ancestrales, muros de la vergüenza, rockeros quechuahablantes, nuevaoleros de karaoke, anuncios inverosímiles, documentos de la barbarie. Todos ellos componen un conglomerado de eventos que se quedan fuera de la historia oficial. Historias que empañan cualquier festejo posible.

    De esta manera, Yuyachkani expone -con poesía y con crudeza- el drama de los cuerpos violentados en el conflicto armado interno; las campañas de extermino a través de la política de ligadura de trompas; el ejercicio de negación y subestimación, por parte del Estado, de las comunidades andinas y amazónicas en conflicto con las empresas extractivas;  la explotación sexual de millares de niñas, jóvenes y adolescentes en los campamentos mineros de la amazonia; la pobreza y la marginalidad urbana; la discriminación vigente y legitimada en la ciudad capital.

    ‘Discurso de promoción’ propone un viaje que va de lo representacional y cotidiano a lo abstracto. Del costumbrismo reconocible a las historias negadas. Transforma las pulcras imágenes escolares de ‘La Madre Patria’ y sus ‘Héroes’ en una comparsa grotesca y violenta. Confronta la asepsia de la historia oficial con el dolor y la sangre de los dramas reales sin resolución ni justicia.

    El montaje impresiona con la belleza de sus imágenes y la dureza de sus cuestionamientos. Descoloca al observador con su propuesta multidisciplinaria, su contrapunto entre los figurativo y lo abstracto y su constante alteración del ritmo narrativo. Por momentos puede resultar ilegible y confuso (como el país que trata de contar), pero ofrece pistas para guiarse. No pretende contar una historia única, resumida y digerible -resultaría un contrasentido- sino entregar una experiencia basada en referentes (ir)reconocibles.

    Sin embargo, en algún momento el montaje intenta ser explicativo –a nivel histórico y sociológico, cuando menos-. Si bien escénicamente resulta atractivo, su abordaje de la política internacional -el ‘Plan Condor’, la presencia política y militar de E.E.U.U. en América Latina, la geopolítica mundial y el negocio de la guerra- resulta moralizante y pedagógico. Además, abre un nuevo y complejo frente temático que debe dialogar con otro ya inabarcable, cómo es la historia de este país.

    ‘Discurso de promoción’ transita por las teatralidades contemporáneas -el performance, el teatro no representacional, el objeto como valor escultórico-. Sin embargo, es deudora de convenciones tradicionales. Su necesidad de tener una anécdota -un ‘cuentito’- que justifique el tránsito del costumbrismo inicial al devenir posterior no ha logrado resolverse de manera satisfactoria. Ello genera que el montaje se vea tentado a caer en el discurso aleccionador para explicarse a sí mismo.

    Ahora bien, se puede encontrar otra lectura. Y esta tiene que ver con el contexto político y social actual. Un contexto donde se impone una agenda conservadora y corrupta, donde atentar contra los derechos de las mujeres y las minorías es un arma política, donde la negación de la memoria es un fundamento del poder. En esa -esta- realidad, ahorrarse la poesía a cambio de un poco de más que necesario manifiesto, quizá sea lo que corresponda.

    ‘Discurso de Promoción’ involucra al espectador. Genera un espacio de convivencia entre público e intérpretes. Consigue que todos los presentes sean parte de una misma ritualidad. Así, más que una obra para contemplar, el montaje resulta una experiencia.

    ‘Discurso de Promoción’ pone el cuerpo del actor como eje de la puesta. Un cuerpo entregado como destino de los pesares de la historia. Un cuerpo que se acerca metafóricamente a los cuerpos desaparecidos, esterilizados, asesinados, prostituidos. Un grupo de cuerpos multi generacionales que se preguntan sobre el teatro y sobre el país. Un país que celebra efemérides negando los cuerpos de sus ciudadanos.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    (**) Más información sbre ‘Discurso de Promoción’ aquí.

    Concepto y dirección: Miguel Rubio Zapata.

    Directora Asistente: Lucero Medina Hu.

    En escena: Jorge Baldeón, Daniel Cano, Augusto Casafranca, Ana Correa, Ricardo Delgado, Milagros Felipe Obando, Marco Iriarte, Felipe Luck, Lucero Medina, Gabriela Paredes, Rebeca Ralli, Teresa Ralli, Alejandro Siles, Julián Vargas.

    Textos y asesoría literaria: Benjamín Sevilla.

    Asesoría en dramaturgia sonora: Pablo Sandoval Coronado.

    Diseño de iluminación: Ricardo Delgado.

  • CRÓNICA. Curandero

    ‘Curandero’, el más reciente montaje de Angeldemonio Colectivo Escénico, se presentó en la sala de Agárrate Catalina entre el 21 y el 30 de octubre. La puesta, dirigida por Ricardo Delgado, es una creación colectiva y tiene como único intérprete a Augusto Montero.

    ‘Curandero’ expone su particular carácter desde el ingreso a la sala. En el escenario se encuentran ubicados, cual instalación plástica, los elementos con los que el intérprete desarrollará sus acciones. Los olores a agua florida y agua de rosas acompañan simbólica y sensorialmente la presencia de elementos asociados a distintas ritualidades populares: una gran sábila decorada con un listón, un balde con ruda, unas tijeras de acero, un plato con huevos crudos y una máscara-escultura de un perro peruano. Junto a ellos se encuentran un costal de rafia y una carreta, los cuales complementan las referencias al contexto de la puesta en escena.

    Y es que ‘Curandero’ -según la información que ofrece en su página de Facebook- plantea la historia de “un estibador del mercado la ‘Parada’, desilusionado del amor” que “busca la cura a su dolor por medio de la curandería, pero encuentra otro sentidos a los rituales”, los cuales “terminan por seducirlo, transformándolo en otro ser”.

    Angeldemonio parte de esta anécdota para presentar una puesta en escena estructurada por cuadros. Cada uno de éstos se construye a partir de la presencia y las acciones del intérprete, así como de su relación con los elementos-símbolo con los que trabaja. La disposición de estos cuadros a lo largo del montaje, sumada a la enunciación de algunos textos, alimenta la progresión de la anécdota.

    Sin embargo, se debe precisar que esta progresión no es literal. Y es que los cuadros-escenas de ‘Curandero’ no narran explícitamente lo que sucede con el personaje, pues no cuentan una historia a partir de la interpretación de un texto dramático. En vez de ello, parten de la anécdota para elaborar pequeñas estructuras -compuestas por acciones, imágenes, símbolos y sensaciones- que simbolizan la soledad, la tristeza, el dolor y las formas que el personaje encuentra para enfrentarlas.

    Esta manera de construir cada cuadro se ve fortalecida por la potencia simbólica de los elementos con los que se trabaja y por los valores culturales que cada uno de ellos posee. Así, por ejemplo, la sábila puede simbolizar protección, curación, ritualidad, paganismo. Lo mismo podría suceder con la máscara del perro peruano. La cual, ubicada en la pared puede interpretarse como la imagen central de un altar; mientras que siendo usada por el actor puede hacer referencia a lo cholo, lo peruano, lo ‘pelado’ o lo ‘mitad hombre, mitad bestia’ mencionado en uno de los textos.

    Ello invita a afirmar que ‘Curandero’ plantea una primera capa de sentidos a partir del vínculo cultural que el espectador tenga con el contexto que se representa y los elementos que lo definen. Esto incluye tanto a los objetos que conforman la instalación escénica como a la música chicha, los sonidos de rezos y los olores asociados a la ritualidad popular que los acompañan.

    Sin embargo, ‘Curandero’ ofrece otros niveles de sentido aun si se omitiera el valor cultural de los elementos. Pues, a ellos se suma la cuidadosa construcción de cada cuadro a nivel de acciones, elementos, imagen, ritmo e iluminación; lo cual facilita interpretaciones vinculadas a la evocación sensorial y la apreciación estética.

    Estas formas de acercarse a la obra -que probablemente no sean las únicas- comparten un concepto en común: la experiencia sensorial del espectador. Y si bien este concepto no tendría nada de particular, pues todo acto escénico lo implica, se le menciona porque ‘Curandero’ apuesta por complementar su abstracción con estímulos estéticos y sensoriales. Así, la manera en que se aborda al espectador coloca a éste más cerca de vivir una experiencia performática que de ser testigo de un ejercicio dramático.

    Esta idea se fortalece al observar el trabajo del intérprete, quien propone un doble juego entre el hacer y el representar. Pues, sus acciones al inicio del montaje -acomodando los objetos- y de interacción con el público -frotando un huevo en la palma de una mano- rompen las convenciones de la interpretación.

    Estas alteraciones en la convención son exitosas debido al estupendo trabajo del intérprete. Sus calidades de energía y su potente presencia son puestas de manifiesto durante toda la obra. Resalta especialmente su performance reinterpretando la danza de tijeras en una escena donde el personaje se muestra en estado de desesperación. Montero, al ritmo del arpa y el violín, toma los principios de la danza tradicional y los fusiona -con inteligencia y sensibilidad- con otras técnicas de movimiento. De esta manera compone un nuevo estado corporal, un Danzaq urbano, y lo pone al servicio de la puesta en escena.

    ‘Curandero’ parte de una anécdota para plantear en escena los dramas y elementos de la calle. Pero no de cualquier calle, sino de los alrededores del mercado de La Parada. Ello le permite mostrar el carácter de este pulmón de lima: cholo, mestizo, popular, pagano.

    Angeldemonio propone un montaje que juega con la polisemia, invita a diferentes (re)interpretaciones, pero sin descuidar su base conceptual. En él dialogan lo racional, lo estético y lo sensitivo. El que apele a esta conjunción de distintas sensibilidades invita a afirmar que ‘Curandero’ es una experiencia. Sin embargo, la lealtad a su anécdota -a la necesidad de contar una historia- apura la búsqueda de un final dramático -un desenlace- que desentona con el ritmo de la propuesta. Ello, si bien no afecta la apreciación general de la obra, invita a imaginar el funcionamiento del montaje prescindiendo de los textos como guía dramática.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dirección: Ricardo Delgado.

    En escena: Augusto Montero.

    Asesoría Dramatúrgica: Daniel Dillon.

    Realización Musical: Abel Castro.

    Diseño de iluminación: Ricardo Delgado, Igor Moreno.

    Asesoría en danza tradicional: Luis Clemente.

    Mascara y esculturas: Paul Colino.

  • CRÓNICA. Cartas de Chimbote

    El Grupo Yuyachkani presenta una nueva temporada de ‘Cartas de Chimbote’, creación colectiva en homenaje a José María Arguedas. Este espectáculo ofrece, a través de la recolección de documentos legados por el amauta,  un acercamiento a los últimos años de su vida. Así, la correspondencia que enviaba a su psicoanalista Lola Hoffmann y a su amigo John Murra, junto a elementos ficcionales de la novela ‘El zorro de arriba y el zorro de abajo’ – y los diarios y cartas que forman parte de ésta -, son parte del eje dramático que guía el montaje.

    ‘Cartas de Chimbote’ reta al espectador desde su ingreso a la sala de la casa de Yuyachkani. Al entrar se observa cómo el espacio ha sido reducido en su aforo, colocando al público en posición muy cercana al escenario. A ello se suma que el espectador puede ser testigo de la preparación de los actores en la tras escena; pues ésta – ubicada a ambos lados del fondo del escenario – se encuentra cercada por un alambrado que permite ver su interior.

    La neutralidad – alejada de cualquier impostura o deseo de representación – con que los actores se desenvuelven en la tras escena, continúa una vez que están ubicados en el escenario; donde los seis artistas se colocan tras una gran mesa, de manera frontal al público. Cada uno, sentado en una silla – y dejando una séptima libre – porta algunos papeles; los cuales son compartidos, leídos y comentados.

    Así, a medida que se desarrolla la lectura, se entiende que los actores están haciendo la presentación – o introducción – del tema: José María Arguedas.

    Es a partir de ese momento, una vez esclarecida la cuestión a tratar, que cabe preguntarse ¿qué es ‘Cartas de Chimbote’?, ¿es una conferencia?, ¿una mesa redonda?, ¿una ponencia coral?

    Y es que el trabajo de los actores – su disposición en escena, su calidad de energía y tipo de interpretación -, junto a la narración a partir de la lectura de documentos, generan que estas preguntas y dudas sean válidas.

    Sin embargo, mientras el montaje avanza, va ofreciendo matices que complejizan su percepción y ofrece distintas posibilidades de responder las preguntas planteadas líneas arriba.

    Pues, a medida que se desarrolla la obra – y sin dejar de lado su cualidad principalmente documental y expositiva – hacen su aparición breves acciones que ofrecen distintos ‘estados de representación’ y teatralidad. Estas acciones destacan, mayoritariamente, por su brevedad  y sutileza. Así, por ejemplo, el uso de un sombrero, un cambio en el tono de voz o el alejarse del grupo de actores portando una mesa – y desarmando, temporalmente, la mesa principal –, mientras se lee alguno de los textos, permite observar cierto nivel de representación ‘teatral’ (*). Ésta, una vez cumplida su función, se desvanece tan sutilmente como apareció; devolviendo al actor al estado de ‘neutralidad’ (¿o de ‘no representación’?) que guía la mayor parte del montaje.

    El modo elegido para organizar los materiales textuales de ‘Cartas de Chimbote’ es fragmentario. Así, el espectáculo propone una estructura que separa – a modo de capítulos – la correspondencia enviada a Lola Hoffmann, la de John Murra y las anotaciones – ficcionales y documentales – de la novela. Esta separación no impide que existan ciertos elementos comunes a las tres partes. Ello, sumado a los saltos en el tiempo, hace que dichos elementos en común se alejen y retornen de acuerdo a una estudiada arquitectura rítmica, temática y emotiva.

    Ya que, si bien existen diferencias entre lo compartido con Hoffmann (1962-1969) – estados de profundo desasosiego, conflictos sentimentales y sexuales, gran sentido de gratitud y dependencia emocional –  de lo escrito a Murra (1967-1969) – fascinación por Chimbote, dudas y decisiones sobre la novela -, ambas correspondencias comparten con los materiales de ‘El zorro de arriba y el zorro de abajo’ la presencia de pozos depresivos y picos de entusiasmo, las reflexiones sobre el impulso creativo y la exigencia vital de crear, la permanente idea del suicidio y el retorno inevitable hacia la necesidad de pensar y sentir al Perú.

    De esta manera, en los párrafos anteriores se recoge dos de los elementos principales de ‘Cartas de Chimbote’: un universo textual caracterizado por su carácter documental, y una convención escénica que parte de la neutralidad de los actores para viajar por distintos estados de representación.

    Estos elementos, enlazados a lo largo del montaje, están organizados para exponer de manera sensible la dura batalla que entabló José María Arguedas con sus propios conflictos; en especial durante sus últimos años.

    Y es el tratamiento escénico de sus textos lo que permite que el público se acerque a su voz, su personalidad y su obra final, de una manera muy próxima a lo confesional. Ello genera que, pese a lo conmovedores que pueden resultar algunos momentos o testimonios, éstos no caigan en el exceso de dramatismo; siendo profundamente dramáticos, dentro de su sobriedad.

    A esto se suma la estructura fragmentaria, que permite alternar la voz del personaje con la de los actores, los tiempos difíciles con los momentos de entusiasmo, los temas personales con los análisis sociales. De esta manera, se va organizando un adecuado manejo de las tensiones dramáticas.

    En este punto cabe señalar  que, pese a toda la complejidad del universo que propone ‘Cartas de Chimbote’ – a la cual este texto pretende acercarse -, ésta es mostrada desde la simpleza y la austeridad escénica.

    Así, un grupo de actores – acompañados de tres mesas – muestran al personaje con lealtad, admiración y franqueza. Exponen al ‘mito’ como un hombre real; con las miserias y grandezas que eso puede conllevar.

    Y si bien se le puede señalar como una obra para iniciados (la escena de los huevos), o de tener momentos excesivamente crípticos (como en la presencia de algunas canciones en quechua), ‘Cartas de Chimbote’ propone un teatro de riesgo y valentía; con el que construye una dramaturgia física y textual rica en matices y símbolos.

    Y entonces, ¿qué es ‘Cartas de Chimbote’?, ¿es una conferencia?, ¿una mesa redonda?, ¿una ponencia coral?

    Quizá la última escena del montaje pueda ofrecer un indicio para responder estas inquietudes. Pues, la ruptura de la cuarta pared, el compartir los alimentos con el público, la presencia de la imagen final, nos muestran a un grupo de artistas construyendo un ritual en homenaje a un maestro. Un ritual  – tal como lo son el teatro, la conferencia o la ceremonia de duelo – donde el público está invitado a ser parte; invitado a rendir homenaje a ese  “peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”.

    (*) Ello no excluye la existencia de escenas donde se aprecia una teatralidad más ‘densa’; con la  presencia de personajes construidos desde la acción corporal, la impostación vocal, el uso de elementos y la presencia de vestuario – o la aparición de personajes enmascarados -.

    (**) Imagen tomada de aquí.

    En escena: Ana Correa, Augusto Casafranca, Débora Correa, Julián Vargas, Rebeca Ralli y Teresa Ralli

    Concepto y dirección: Miguel Rubio Zapata.

    Directora asistente: Milagros Felipe Obando.

    Producción general: Grupo Cultural Yuyachkani.

    Productora asociada: Socorro Naveda.

    Investigación: Grupo Cultural Yuyachkani, Luis Rodríguez Pastor.

    Musicalización: Grupo Cultural Yuyachkani.

    Diseño sonoro: José Balado.

    Equipo plástico: Edmundo Torres, Mariano Márquez, Lili Blas, Paul Colinó, Segundo Rojas, Hugo Mendoza, Juan Miguel Verástegui.

    Creación Colectiva de Yuyachkani.

  • CRÓNICA. Ino Moxo

    ‘Ino Moxo’, del Grupo Integro, y dirigida por Oscar Naters, es la obra ganadora del Programa Residencia Danza 2014 – Gran Formato, convocado por la Gerencia de Cultura de la Municipalidad Metropolitana de Lima, a través de la Subgerencia de Artes Escénicas e Industrias Culturales. Esta obra se presentó en el Teatro Municipal de Lima, en el marco del FAEL 2014, entre el 13 y el 16 de noviembre.

    ‘Ino Moxo’ es un montaje de danza contemporánea – entendiendo a ésta como una forma escénica que trasciende al uso del movimiento – construido a través de la multidisciplina artística y la presencia de diversos soportes.

    Esta obra toma como punto de partida la novela de Cesar Calvo ‘Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía’. De de ella recoge – sin pretender ser una representación literal o dramática – el carácter místico, ritual y fabuloso de sus narraciones; además de hacer uso de diversos elementos, tradicionales y contemporáneos, del imaginario amazónico.

    ‘Ino Moxo’, desde el inicio, interviene sensorialmente al espectador. La combinación de sonidos de la naturaleza y cantos amazónicos – sumados a una estupenda ambientación sonora – acompañan al impacto visual que producen las imágenes proyectadas sobre una transparencia – de tamaño monumental – ubicada al borde del escenario. Esta última, además de ser un espacio de proyección, genera un ambiente de extrañamiento y fascinación al mostrar, ocultar y poner a distancia las acciones que ocurren tras ella  – es decir, dentro del escenario -.

    La puesta en escena propone una estructura conformada por diversos cuadros o momentos, los cuales son alternados con la proyección de textos.

    Cada cuadro contiene su propio universo de composición a nivel visual, espacial, audiovisual y lumínico; lo cual genera diversos estímulos y asociaciones. Es así que, al contar con la presencia y combinación de elementos escénicos – aunque sería más conveniente usar el término ‘performáticos’ – plásticos y sonoros, que remiten al imaginario amazónico, se le brinda al espectador  herramientas para que realice sus propias asociaciones y construya su personal lectura del espectáculo – pudiendo dicha lectura estar basada en situaciones concretas y/o enigmáticas -.

    Los textos proyectados transcurren entre lo poético, lo mítico y la denuncia. Su presencia cumple, indistintamente, el rol de generar asociaciones y de contextualizar. Este último término – ‘contextualizar’ – no implica narración o explicación, ya que los textos no pierden su vínculo poético con lo que sucede en escena. Su uso está más cercano al hecho que, en ocasiones – y de manera similar a lo descrito en el párrafo anterior – la relación entre un cuadro y el texto que lo precede es más inmediata; y en otras, más compleja. Y es que, cada elemento de la puesta en escena está en permanente viaje entre lo concreto y lo poético.

    Además de los textos mencionados, ’Ino Moxo’ utiliza las proyecciones de video en la mayor parte del montaje. Así, se compone un espacio visual constituido por elementos que hacen referencia a la cultura amazónica y al ayahuasca; tanto en representaciones tradicionales – tejidos y tramas -, contemporáneas – psicodelia amazónica – y míticas – la serpiente -.

    Cabe mencionar que las texturas y movimientos de los videos permiten develar y ocultar, de forma simultánea, las presencias que ocupan el escenario.

    Eso lleva a mencionar que en ‘Ino Moxo’ los cuerpos de los intérpretes son usados como presencias y energía puesta en acción. El montaje no apela a la destreza física de los actuantes, sino a su capacidad de ocupar el espacio y accionar; no recurre a la proyección del movimiento del bailarín, antes que eso se apoya en la dilatación de la energía del intérprete. Es así que los cuerpos y sus acciones son piezas de una estructura, partes de un engranaje que le brinda igual importancia a cada elemento de la puesta en escena.

    Pese a lo dicho, cabe señalar que uno de los intérpretes cumple un rol que atraviesa y une a los lenguajes y símbolos propuestos a lo largo del montaje. Y es que la presencia de un hombre interpretando Ícaros amazónicos le otorga a su performance múltiples sentidos escénicos, artísticos y de contenido; además de unirse y dialogar con la arquitectura sonora compuesta por composición electrónica y ambientaciones sonoras.

    Así, recurriendo a los elementos mencionados en los párrafos anteriores,  ‘Ino Moxo’ arriesga a ser una propuesta sensorial  que invita al espectador a dejarse sorprender  y a  asociar libremente a través de diversos estímulos vinculados a la cultura amazónica. De esta manera, el espectador es parte de un viaje en el cual es su responsabilidad recibir y reconstruir los sentidos de la obra.

    Sin embargo, tomando en cuenta que no es común en la escena local la presencia de espectáculos que apelen a la sensorialidad y que busquen un espectador activo. Asumiendo, además, la posibilidad que para algunos espectadores sea necesario contar con algún conocimiento sobre los contenidos de esta propuesta escénica. Se debe mencionar que la ausencia de información previa puede haber afectado a algunas personas del público. Y, si bien este tema está más cerca de la producción del evento – en el FAEL 2014 no se entregaron programas de mano de los espectáculos  – que de las responsabilidad de la puesta en escena, esta crónica no puede exonerar su mención.

    ‘Ino Moxo’ propone un ritual escénico contemporáneo. Si bien su estructura – alternancia entre textos y cuadros – se expone al riesgo de generar cierta predecibilidad rítmica – por la similitud de las proporciones de tiempo y de la energía de los intérpretes – y, con ello, a la pérdida de interés; la sensorialidad que propone la obra, desde el inicio, invita a aceptarla tal como es.

    Este montaje expone una trama entre distintos lenguajes artísticos, ofreciendo la experiencia de  estar ante una obra que se desplaza con destreza entre las fronteras de las artes plásticas – por visualidad en el uso de espacios, imágenes, elementos, presencias -, musicales – cantos, música, ambientes sonoros – y escénicas – presencia, movimiento, acción -.

    ‘Ino Moxo’ reta al espectador, tanto a ser parte de un viaje sensorial como a ser un receptor activo. Y si bien esta afirmación podría parecer contradictoria; el constante viaje entre lo concreto y lo poético – lo simbólico y lo onírico, lo abstracto y lo icónico – en cada uno de los lenguajes y elementos que componen el montaje, permite concluir que esta obra de Íntegro hace de las supuestas contradicciones un tramado que se enrosca – cual serpiente o enredadera – entre sus opuestos…para así poder avanzar.

    Dirección: Oscar Naters.

    Coreografía: Ana Zavala, Oscar Naters.

    Performers: Ana Zavala, Gonzalo del Águila, Marisol Otero, Rawa, Francesca Sissa, Samuel Dávalos.

    Icaros: Rawa.

    Música: Santiago Pillado, Omar Lavalle, AndiTeichmann.

    Video y animación: Juan Carlos Yanaura.

    Iluminación: Oscar Naters, Chacho Guerra.

    Instalación: Rafael Freyre

    Vestuario: Ana Teresa Barboza.

  • CRÓNICA. Prehistoria de la Felicidad

    ‘Prehistoria de la Felicidad’, dirigida por Alonso Núñez, se presentó los días viernes 9, sábado 10 y domingo 11 de mayo en la sala de ‘Agárrate Catalina’, en Barranco. ‘Prehistoria de la Felicidad’ es una propuesta multidisciplinaria que combina con eficiencia el teatro físico, la danza, el video, la acción teatral y elementos del circo, todo ello con cuotas de humor negro y una cuidada propuesta estética.

    El director propone en sus imágenes iniciales las referencias que guiarán al espectador a lo largo del montaje. Así, la imagen de confrontación física entre los dos personajes masculinos – llamaremos así a los que cumplen ese rol, debido a que los tres intérpretes son varones; sin embargo, uno de ellos interpreta un rol femenino – nos plantea lo que será uno de los hilos dramáticos de la obra. Luego de ello, continúa un cuadro compuesto por acciones cotidianas del personaje femenino, donde se representa a una ama de casa preparando el desayuno familiar. Este cuadro nos plantea los roles de cada personaje – padre, madre e hijo -. Finalmente, una proyección de video muestra imágenes de interacción romántica del padre con una mujer, sugiriendo una infidelidad.

    Estas tres primeras escenas marcan la pauta de la propuesta general del montaje. Inicialmente, porque nos expone la temática del mismo: las relaciones disfuncionales de una familia en crisis. Además de ello, porque confronta al público con lo que será una continua exploración en el uso de diferentes lenguajes escénicos y variados elementos técnicos.

    ‘Prehistoria de la Felicidad’ parte de premisas claras y reconocibles, crisis de relaciones familiares, para construir un universo poético. Se vale de lo que resulta reconocible para formular una narrativa abstracta, la cual hace que la ausencia de palabras – las pocas que se mencionan no son en castellano – no sea un problema para que el público vaya develando lo que ante él se propone.

    La claridad conceptual del contenido, junto al gran cuidado de los detalles, permiten que se asuman interesantes riesgos. Así, se hace uso del humor y del drama; de las acciones físicas y del movimiento; del video y la música en vivo. Destacando así la otra gran virtud de ‘Prehistoria de la Felicidad’: utiliza muchos recursos, pero no deja que ninguno sobre o se sienta gratuito. Se sirve de ellos calculadamente para guiar al público por una experiencia emocionante e intensa, como una catarsis contenida. Todo ello a través del ritmo pausado, casi de contemplación, que guía la obra.

    Cabe destacar, además, el cuidadoso trabajo en la construcción de los videos, los cuales aportan significativamente sin concentrar la atención en el recurso audiovisual. Debe mencionarse, también, el trabajo del sonido. El mismo que, a partir de silencios y ambientes sutiles, potencia la estética minimalista de la obra. Finalmente, vale hacer mención a la propuesta de iluminación concentrada en la presencia de dos mini-torres rodantes. Éstas, al ser manipuladas por los personajes, funcionaban como un elemento integrado dentro del escenario.

    ‘Prehistoria de la Felicidad’ es una propuesta que asume riesgos y los resuelve de manera correcta. Opta por combinar lenguajes y estilos con el suficiente cuidado para construir una estética integrada y coherente. A partir de ello, y de una propuesta temática planteada con claridad, invita al espectador a experimentar un universo poético cargado de humor, dolor y reconciliación.

    En escena: Alonso Núñez, Miquel De La Rocha, Fernando Castro.

    Video: Dirección y Arte: Rodrigo Núñez Más / Cámara: Fred Clark / Guión y vestuario: Alonso Núñez / Intérpretes: Fernando Castro, Miquel de la Rocha, Alonso Núñez y Francesca Sissa / Edición: Francisco Bordo.
    Creación compartida: Alonso Núñez y Fernando Castro.

    Dirección: Alonso Núñez.

  • CRÓNICA. Halcón de Oro – Qoriwaman

    Los días 25, 26 y 27 de Abril se presentó, en la Casa Yuyachkani, ‘Halcón de Oro – Qoriwaman’, unipersonal de Rodolfo Rodríguez dirigido por Ana Correa. Espectáculo estrenado el año 1992, como parte del CEXES (Centro de experimentación escénica) – Yuyachkani, que se ha presentado en contadas ocasiones a lo largo de estas más de dos décadas.

    Según se puede leer en el programa de mano, este unipersonal plantea «la historia de un joven ex combatiente recluido en un manicomio en tiempos sombríos y su relación con un sacerdote andino, quien a través de diferentes pruebas buscará que recupere la memoria y se encamine  una vida de servicio y sanación”. Para cumplir con estos objetivos ‘Halcon de Oro – Qoriwaman’ se vale del uso de diversas técnicas; tales como la danza, el gesto, el movimiento y la pantomima. Todo ello sumado a una profunda investigación sobre el uso del elemento y una cuidada propuesta plástica.

    El montaje nos propone un escenario vacío, habitado únicamente por el intérprete – cuerpo cubierto de blanco, torso desnudo, pantalones raídos, cabeza rapada – y un viejo catre. Es la relación entre el personaje y el elemento – a través de acciones físicas y composición de imágenes – la que nos va dando señales de su estado emocional – cuando no mental – y referencias sobre el encierro, la soledad, la locura. De esta manera, a través de lo simbólico, se propone un ambiente oscuro, denso.

    Es luego de una larga acumulación de tensión que aparece un personaje ataviado con un traje, en color hueso, que hace referencia a los ukukus de las fiestas cusqueñas. Este desarrollará su interacción con el personaje principal – en sus diferentes apariciones – a modo de un shamán. Dicho vínculo genera un ambiente ritual – por momentos demasiado críptico – que propicia la aparición y el desarrollo de otras dinámicas de acción y energía.

    Es así que, si se inició con un ambiente denso y oscuro para pasar a uno ritual y enigmático, este último desencadena transformaciones en el personaje. Las cuales lo llevan a picos de energía física y a la exposición – a través del uso de los elementos, de las acciones físicas y de la pantomima – de situaciones de aluden al proceso de violencia que vivió el país en las décadas de los 80s y 90s.

    Llegado a este punto, la estructura que propone la directora cumple un ciclo que veremos progresar a lo largo del montaje. Dicho ciclo podría describirse como de contexto/densidad/acumulación – ritual/transformación – explosión/memoria. Siguiendo esta lógica, apreciamos que luego de llegar al clímax energético se retorna a un punto de aparente calma y concreta densidad para, desde ahí, volver a construir un nuevo ciclo de procesos de transformación y memoria.

    Esta aparente simpleza estructural no deja de ser  un reto para el espectador, dada la naturaleza simbólica de la propuesta. Es así que, si bien se le entregan pistas al espectador, igualmente se demanda de su atención.

    Se debe señalar, además, que los mencionados picos y descensos se logran a partir del gran despliegue físico del intérprete; quien modula sus energías para atravesar los distintos estados utilizando una gran variedad de técnicas escénicas. Asimismo, el trabajo con los elementos deja entrever un largo proceso de investigación. Lo cual permite construir desde imágenes muy sencillas y simbólicas hasta momentos espectaculares y de riesgo.

    Por otro lado, hay que acotar que los procesos de transformación – la aparición de un personaje femenino y de un ukuku, por ejemplo – pueden ser confusos para un público no cercano a elementos de la cultura andina.

    Mención aparte para la música usada en el montaje. Esta, si bien aporta en la construcción de las distintas atmósferas, por momentos puede tender a redundar y acercarse a la caricatura. Esto se percibe en el uso de sonidos ‘telúricos’ para los momentos del ‘shamán’. O en la presencia de propuestas rítmicas que acompañan los desplazamientos del actor dando la sensación de pautas marcadas; invadiendo sutilmente, en su intento de reforzar un ambiente, las atmósferas creadas por el cuerpo y la energía del intérprete.

    Algo similar ocurre con ciertos momentos de acción en pantomima; los cuales – si bien sirven para reforzar el significado de acciones, desplazamientos y movimientos – por momentos son demasiado gráficos y van en una dirección contraria a toda la propuesta simbólica.

    Cabe acotar que partir de la idea de la locura como concepto suele ser un camino que permite albergar todo tipo de propuestas, con graves riesgos de perder el foco de la dirección. Sin embargo, ‘Halcón de Oro – Qoriwaman’ parte de este concepto para entrar y salir de él; siendo, más bien, un punto de partida que permite abarcar otros temas – por ejemplo, las razones que llevan a su personaje principal al desequilibrio mental – tan desquiciantes como la misma idea de la locura.

    ‘Halcón de Oro – Qoriwaman’ construye un discurso a partir del cuerpo del intérprete, acompañado por una estética cargada de simbolismo. Recurre para ello a un laborioso trabajo del uso del elemento, una cuidada propuesta plástica y  a los distintos saberes físicos del actor. Reta al espectador, a través de su estructura – superando dificultades para quien no esté familiarizado con la cultura andina -, a involucrarse en un recorrido por la memoria ajena y la propia, un viaje de la locura de la violencia a la insana realidad de la (pos)guerra.

    Dirección: Ana Correa.

    Cuento original: Rodolfo Rodríguez.

    Creación Colectiva: Rodolfo Rodríguez, Fidel Melquiades y Ana Correa.

    Asistencia y concepción plástica: Fidel Melquiades.

    Diseño de luces: Fidel Melquiades.