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  • Entrevista. Damián Cervantes

    El Grupo mexicano ‘Vaca 35’ se presentó dentro del Festival Internacional de Teatro Temporada Alta de Lima. Durante la segunda semana de programación, el público local pudo disfrutar de los montajes ‘Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar’ y ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’.

    Ambos espectáculos se destacan por el uso de espacios no convencionales –se presentaron en la Galería de la Alianza Francesa-, la cercanía entre público y actores, el contrapunto permanente entre humor y violencia, la presencia de una doble capa de ficción –los intérpretes representan a actores (acaso ellos mismos) ensayando obras de teatro- y, finalmente, la referencia a un clásico del teatro occidental -‘Las tres hermanas’, de Chejov, y ‘Las criadas’, de Genet-

    Advenedizo Digital conversó con Damián Cervantes, director de Vaca 35, acerca de las similitudes de ambas obras, de sus procesos de investigación y del ánimo creativo y colectivo del grupo.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Las dos obras que se han presentado en Lima no son las más recientes producidas por el grupo ¿Qué representan dentro de Vaca 35 para que sean parte de la gira?

    Damián Cervantes: Son las obras que hemos girado más. Una de ellas no es la más reciente pero sí la más vigente. Me refiero a ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’. Es la obra que todavía mantiene como la línea emocional y estructural de Vaca 35. Es nuestro origen, todavía es nuestro tótem.

    ADVZ: Las dos obras presentadas poseen algunos elementos en común. Uno de ellos es la sensación de que los personajes están condenados a la convivencia.

    Damián Cervantes: Sí, hay algo de eso de la condena de la convivencia, de la idea de que no tenemos otra opción más que estar en este espacio. Y en ese espacio se caotiza todo. Porque lo único que no queda es la muerte, solo la sobrevivencia. Eso lo vuelve todo bastante más trágico. Y creo que es la metáfora de lo social.

    ADVZ: En ambas también está presente el hecho de ironizar sobre el trabajo del artista de teatro.

    Damián Cervantes: Eso surge de las improvisaciones y creo que tiene mucho que ver con el sentido del humor del grupo. A mí me gusta mucho, y lo provoco, el burlarnos de las cosas que somos nosotros. Yo soy muy burlón y es una forma de relacionarme con el mundo. Entonces, ironizar y burlarnos de nuestra propia condición es bastante interesante, es divertido y también es duro. Es usar el humor para realmente hablar de nosotros, sin máscaras.

    ADVZ: ¿El humor sigue presente en los trabajos posteriores?

    Damián Cervantes: Sí. Es algo que todo el tiempo está presente. A mí me gusta mucho el humor, la burla, la ironía. Yo tenía un maestro clásico que decía que “la ironía es la máxima de las tragedias”. Es algo que me gusta mucho.

    ADVZ: Volviendo a los montajes presentados en Lima, en ambos está presente el hecho de abordar textos clásicos como punto de partida.

    Damián Cervantes: Es una asociación muy libre. Los clásicos llegaron por sensaciones e intuiciones muy específicas. En un caso, por el encuentro de las actrices; en otro, por pensar el tedio y el aburrimiento en un grupo. Entonces, la conexión directa fue abordar a un autor. Abordarlo sin representarlo.

    Pero no es la única motivación del grupo. Hemos trabajado sobre las sensaciones de las personas que somos en distintas facetas. El trabajo ha sido desde los autores clásicos, desde una novela, desde el gusto por cocinar, desde el hecho de analogarte con algún tipo de animal.

    ADVZ: Cuando van de gira por distintas ciudades con culturas diferentes, ¿cómo les va con los elementos que refieren a una cultura más mexicana que universal?

    Damián Cervantes: Bien. Yo los mantengo porque son los objetos que a mí me significan la ficción. No es cualquier bote, no es cualquier traste; es ese traste en específico. Porque yo lo veo y me cobra sentido con el mundo que quiero conformar y por eso no lo quiero sustituir. Creo que también es una forma de, al viajar, no hacer tan prescindible todo en la obra de teatro. Sino darle una esencia que está construida también a partir de esos objetos.

    ADVZ: ¿Y con la presencia de la violencia?

    Damián Cervantes: Somos tipos muy violentos. La violencia es algo que identifico en casi cualquier situación. Yo soy un tipo muy violento. Entonces hablo mucho de eso en muchas vertientes y en muchos niveles. Es algo que siento, que está en el aire. Creo que nuestra forma de relacionarnos es violenta.

    También me gusta la idea de que si hay cercanía -con el público- y se van a tocar temas ásperos, pues que haya aspereza real. Nada de andar ‘pretendiendo que’. Creo que ese es el principio que atenta totalmente contra el teatro.

    Ahora bien, es una violencia ritualizada. Como en un partido de fútbol americano, como en cualquier deporte, hay violencia, hay competitividad, hay reglas y estructuras. Se rozan, se tocan, se pegan. Pero es ritualizada, nadie se va a matar ahí. Pero es violento, y te toca, y te habla de la forma de relacionarnos.

    ADVZ: El trabajo de ustedes es de creación colectiva ¿Cómo es la participación de los actores?

    Damián Cervantes: Regularmente hay un detonador que soy yo. Y detona imaginarios, detona propuestas, detona preguntas. Y trabajo mucho con que el actor las conteste como piense, como puede, como siente. Y a partir de eso yo voy entendiendo mi pregunta. Y voy generando nuevas preguntas. Y el actor va entendiendo qué tipos de respuestas caben. Entonces se forma un diálogo, un tejido muy fino y muy nuestro, donde el material de todos está ahí.

    ADVZ: Entiendo que la forma de generar el espacio escénico -cercano, reducido- es producto de la forma en que producían sus espectáculos al inicio: en azoteas, en departamentos. ¿Estas premisas continúan hasta hoy?

    Damián Cervantes: Sí y no. Al principio era como una rebeldía muy juvenil. No tenemos teatro, entonces salgámonos del teatro en todos los sentidos. Y fue un encuentro muy afortunado con la calle, los departamentos, que me hicieron entender la potencia del espacio.

    Ahora estoy trabajando más en teatros. Pero siempre hay una veta en mí como de romper el teatro, romper la comodidad del espectador.  Y tengo muchas ganas de salir. Entonces, son pulsiones que van caminando juntas.

    ADVZ: ¿Cómo se lidia con el paso de ser un grupo que paga por hacer su propio teatro a contar con el apoyo de las instituciones y viajar tanto?

    Damián Cervantes: Es un gusto, es un placer, es un deleite. Somos muy afortunados de que el trabajo haya llegado a esto. Y también es una responsabilidad porque estás embanderando algo, sea lo que sea. Y esa responsabilidad implica una obligación de regreso de muchas formas.

    A nivel creativo, que sería lo ideal para un grupo, que su creatividad esté todo el tiempo apuntando modos de pensamiento poético. A nivel social, apoyando a otros grupos, abrir manos, abrir puertas, facilitando información. A nivel México, tratar de hablar de un contexto de la forma más clara posible sin tapujos. Y al mismo tiempo, llevar cosas a ese contexto que puedan ayudar a sanar algunas de las condiciones sociales y políticas que tiene.

    Pienso que esa responsabilidad es la que tenemos y la recibimos gustosos. Y luchamos para que sea consecuente, para que tenga sentido.

    ADVZ: ¿Se han enfrentado a resistencias por parte del público?

    Damián Cervantes: Sí, ha pasado. En Uruguay nos acaba de pasar. El público se sentía completamente desbordado. Muy fuera de su zona de confort. Muy poco a gusto, yo creo. Esa sensación que hasta te desconecta. Lo cual es interesante porque quiere decir que hay una conexión a otro nivel.

    Y también es interesante porque te invita a una autocrítica. ¿Qué ha pasado ahora?, ¿qué tuvo que suceder para que el público se sintiera botado? Mucha gente lo explica diciendo ‘lo que ustedes presentan es muy transgresor’, pero no podemos ser tan simplistas. También algo tuvo que haber pasado a nivel emocional, que no identificamos del todo, en donde perdimos el grado de seducción necesario. Y eso también es importante que pase. Ha pasado pocas veces, pero cuando pasa, te reconfigura. Te hace repensarlo.

    ADVZ: Las obras que han presentado en el Festival tienen un ritmo poco cómodo. Impacientan, te hacen esperar.

    Damián Cervantes: Me agrada la idea de, en algún punto, agregar un silencio extra del acostumbrado al que deberían suceder las acciones. Agregar ese tiempo me gusta, me parece valioso, me parece que el espectador tiene que hacer un esfuerzo extra.

    Entonces, hay que esperar. Hay que contemplar un poquito, hay que aprender a contemplar y a estar un poco incómodos del cuerpo también. Es importante que el espectador comprometa el cuerpo como lo hace el actor.

    Siempre he dicho que puede no gustar, ese es el derecho de todos, pero no puede ser indiferente la pieza. Ahí es donde me importa que incida. Por tanto, es importante el tiempo y la paciencia sobre lo que sucederá. Como espectador, sabes que la obra va hacia un punto; pero no sabes cuánto tiempo va a tardar en llegar. Y eso es interesante, es bonito, no tenemos que entregar todo tan rápido.

    ADVZ: En ambas obras se juega con una doble capa de ficción.

    Damián Cervantes: Estas dos obras son consecuencia de un devenir. Un devenir que ha pasado desde explorar estructuras de una novela para luego entender que la única forma -en que cuadrara la dramaturgia- era que los actores tuvieran pequeños accesos de algo personal.  Hasta la última obra que es súper personal. Donde ellos cocinan algo real, contando una historia real. Y, desde ahí, configurar un imaginario ficcional.

    Creo que son como extremos. Y las dos obras que hemos presentado acá están como en una media entre personaje y actor, entre rompo y no rompo.

    Suelo hacer referencia a una nota que nos hicieron en Madrid que dice algo así como ‘estos mexicanos han logrando un equilibrio entre el texto y lo improvisado, entre la acción y lo estático’. Me gusta eso: que no sea un lado, ni el otro; que sea un punto de equilibrio.

    ADVZ: Investigando su trabajo encontré que tienen un montaje al que se denomina como ‘Falso documental’.

    Damián Cervantes: ‘Los equilibristas, Falso Documental de la Revolución Mexicana’. Es una obra muy curiosa. Era una tarea para mis alumnos de la universidad y, a solicitud mía, la escribió David Gaitán.

    Me gustó mucho, pero era rara. Y es que tenía 14 personajes y yo 14 alumnos. Y lo que hizo David fue muy brillante. Cada uno de los personajes habla de un hecho, que pudo haber sucedido en alguna época de la Revolución, desde su perspectiva.

    Y con eso se reflexiona bastante respecto a la construcción histórica. Pone a discusión la idea de que las construcciones históricas están hechas de casualidades, errores, fallos, malas perspectivas. Y luego llega un ‘pelado’ y la oficializa; y dice, “no, sucedió esto”.

    ADVZ: Visto desde acá -Lima, Perú- es interesante conocer el trabajo de artistas de otros países que están optando por el trabajo de ‘grupo’ y la creación colectiva.

    Damián Cervantes: De alguna forma, hay una influencia a muchos niveles de una investigadora -Ileana Dieguez- que nos enseñó a muchos grupos, a muchas tendencias. Uno de ellos es Yuyachkani, sin duda. Yuyachkani es parte por lo que somos grupo. No nos parecemos, no son nuestra influencia directa, pero el tipo de pensamiento y el legado al que apelan llega hasta acá.

    ADVZ: Es interesante lo que mencionas. Especialmente cuando acá se ha ido perdiendo la idea de grupo.

    Damián Cervantes: En realidad, en México está creciendo cada vez más y tiene que ver con la historia. Cuando Eugenio Barba llega a Sudamérica, e influencia a todos estos artistas, no llega a México, no lo dejan pasar. Hubo maestros hegemónicos, algunos brillantes, que impusieron la forma de hacer teatro durante muchos años.

    Y entonces, ahora nosotros queremos ser grupo. Y, mejor aún, queremos ser grupo y no nos pesa ninguno que haya existido antes. Somos muy libres, al respecto, todos los grupos. Y esta visión de grupalidad está creciendo mucho en México.

    (*) Más información sobre Vaca 35 aquí.

    (**) Imágenes tomadas de aquí.

  • ENTREVISTA. Luisa Pardo y ‘Lagartijas tiradas al sol’

    ‘Lagartijas tiradas al sol’ es un colectivo escénico de artistas mexicanos. Fundado hace catorce años, ‘Lagartijas…’ ha creado montajes que se caracterizan por el cruce de lenguajes, la presencia de material documental en sus puestas en escena, la fusión entre realidad y ficción, y una potente carga política.

    En su tercera visita a Lima presentaron ‘Veracruz, nos estamos deforestando o cómo extrañar Xalapa’, dentro del II Festival Temporada Alta en Lima.

    ‘Veracruz…’ se plantea como una conferencia. En ella, y al iniciar, la ponente explica al público que se referirá al asesinato de la antropóloga, activista y gestora cultural Nadia Vera, a través de la historia del Estado mexicano de Veracruz y de su vínculo personal con este lugar.

    Así, la ponente realiza un largo acercamiento a lo que parece ser un hecho policial por medio de datos históricos sobre Veracruz. El viaje inicia desde tiempos prehispánicos, pasa por la conquista española, hasta llegar a la actual realidad política, social y económica de este Estado; en lo que parece ser un lento zoom in cinematográfico.

    La información histórica es acompañada por testimonios de distintas personas naturales y/o residentes de Veracruz. Así, la conjunción de datos y testimonios -ajenos y de la ponente-, permiten contextualizar el ambiente político -mafioso y corrupto- en que se encuentra sumergida esta localidad mexicana; y cómo esta realidad tiene directamente que ver con el crimen de Nadia Vera.

    Advenedizo Digital conversó con Luisa Pardo, fundadora de ‘Lagartijas tiradas al sol’ y protagonista de este montaje.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Cómo fue tu formación previa a la experiencia de ‘Lagartijas tiradas al sol’?

    Luisa Pardo: Empecé desde más o menos los nueve años con clases de teatro en la escuela. Cuando tenía doce años entre a un grupo de teatro en Xalapa, Veracruz, que es una ciudad de provincia en México. El maestro era un antropólogo al que le gustaba mucho el teatro. Y apelaba a formarnos como actores responsables de todas las áreas dentro del grupo. Además, como antropólogo, nos ponía a hacer investigaciones de ciertos temas de la historia de México o de mitologías prehispánicas. Así que, de alguna manera, mis primeras obras eran sobre eso. Además hacíamos mucho entrenamiento físico.

    ADVZ: ¿Cómo llegaste a Ciudad de México?

    Luisa Pardo: Una chica que me vio en una obra me preguntó porque no me iba a estudiar teatro a la Universidad en la ciudad de México. Y ahí encontré una contradicción entre la forma en la que había hecho teatro en una pequeña ciudad, la manera en la que yo me concebía dentro del teatro, con la forma en que se hacían las cosas en la ciudad de México.

    Yo tenía esta concepción donde los actores, los directores y los dramaturgos se fusionaban. Y de repente me encontré con un teatro de maestros, muy jerárquico y con una factura muy cuidada que se basaba en la producción.

    ADVZ: Entiendo, entonces, que tus intereses temáticos vienen desde tu trabajo en tu ciudad.

    Luisa Pardo: Mi mamá era historiadora y etnólogo, así que tuve una formación casera en ciencias sociales. Y cuando empecé a trabajar con Gabino Rodríguez (*) -hace ya 14 años que nos encontramos en la universidad- resulta que su madre también era antropóloga y su papá venía del mundo cine. Entonces él tenía una concepción que busca empujar y experimentar dentro de los lenguajes contemporáneos. Y yo tengo este interés en trabajar en lo colectivo. Así que nos fusionamos y los dos tenemos este interés temático sustancial de la historia de la sociedad, de los individuos y los ciudadanos dentro de la sociedad mexicana.

    ADVZ: ¿Se puede definir el trabajo de ‘Lagartijas tiradas al sol’?

    Luisa Pardo: Nos hemos transformado en el tiempo. Pero nuestros impulsos principales tienen que ver con la generación de grupo y con que los cuestionamientos temáticos partan de nosotros. No tomar un texto ajeno sino generar el texto nosotros. Y se puede agregar lo documental. Creo que eso podría definirnos pero todavía se quedaría un poco corto.

    ADVZ: ¿Cómo se deciden los temas a abordar?

    Luisa Pardo: Pues casi siempre llegan después de una obra que ya hicimos. Los temas se van abriendo. Pasamos mucho tiempo juntos. Y generalmente una investigación nos lleva a preguntarnos nuevas cosas que nos llevan a otras piezas. Más o menos es así.

    ADVZ: ¿Siguen un método para desarrollar su trabajo?

    Luisa Pardo: Habíamos tenido una fórmula de la que nos servimos durante más o menos cuatro años. Que tiene que ver con investigación de archivo documental, archivo literario, con entrevistas, investigación iconográfica. Una investigación temática profunda -de entre cinco y diez meses- que luego generaba un texto. Después, este texto, al ponerlo en escena se empieza a replantear.

    ADVZ: ¿Qué pasó después de esos cuatro años?

    Luisa Pardo: Después de varios procesos creativos que se basaron -más o menos- en esta estructura, nos cansamos. Es cansado trabajar con procesos de investigación tan largos. Se acumula mucha información que no se queda en la puesta en escena. Es un capital que se guarda, que se acumula. Entonces en los últimos dos años, más o menos, nuestra forma de investigación ha cambiado. Combinamos este bagaje, este capital temático que tenemos, con vivencias muy próximas y sobre todo del presente. Ahora estamos trabajando más sobre el presente.

    ADVZ: Y están incluyendo temáticas personales.

    Luisa Pardo: Siempre tiene líneas personales. Nunca hemos hecho una obra que no esté ligada profundamente a nuestra historia, a nuestro presente o a algo que nos haya sucedido y que se ha combinado con ciertas ficciones.

    ADVZ: ¿Cómo llega lo de las ficciones?

    Luisa Pardo: De inicio empezamos a trabajar con autobiografía ficcionada. Luego empezamos a hacerlo con documental casi puro. Aunque decir eso es un poco una mentira porque no hay una verdad pura nunca. Pero empezamos a trabajar más con el documento, sea de nuestra historia personal o de la sociedad. Luego ya hubo una necesidad metodológica de usar ese documento y darle la vuelta un poquito. O sea, generar historia pero también a partir de muchas otras historias. Por ejemplo, hablar de una familia mexicana construyéndola a partir de muchas anécdotas de otras familias. Y así se construye una ficción a partir de testimonios reales.

    ADVZ: ¿Siempre se sintieron muy seguros del funcionamiento dramático de sus propuestas?

    Luisa Pardo: La primera obra documental estaba cargada de datos muy fríos: fechas, datos, estadísticas. Nosotros considerábamos que se generaba un drama y que se exponía una tragedia de una forma que no la dimensionamos de inicio. Conforme le fue bien a la pieza empezamos a confiar más en la idea de la estructura a partir de datos y estadística.

    ADVZ: ¿De qué va ‘Veracruz…’?

    Luisa Pardo: ‘Veracruz…’ es una conferencia que habla del Estado del mismo nombre, en México. Y un poco esta historia envuelve la historia del asesinato de Nadia Vera (31/7/2015); quien era activista, antropóloga y gestionaba un festival de danza. Fue violentamente asesinada junto con foto periodista y tres mujeres más. Esta conferencia trata de contextualizar este asesinato y mi relación con Veracruz.

    ADVZ: Te escuché decir en una charla que ustedes “no hacen entretenimiento”. ¿Eso es un manifiesto o una descripción?

    Luisa Pardo: Tal vez sea un manifiesto y una descripción. Ambas. El entretenimiento no es algo malo o algo a lo que hay que rehuirle. Pero en la descripción que hacemos de ‘Lagartijas…’ -donde decimos que no es entretenimiento, sino es un espacio para pensar- tratamos de contrarrestar este tipo de teatro, o de eventos, donde la gente va a divertirse o a escuchar crítica política de formas superficiales. Para nosotros la idea es que el teatro pueda servir como un lugar de encuentro, de reflexión y para profundizar en ciertas problemáticas de nuestra historia, de nuestro país, o de Latinoamérica, o Europa, o de donde vayamos. Profundizar en fibras humanas.

    (*) Gabino Rodríguez es, junto con Luisa Pardo, miembro fundador de ‘Lagartijas tiradas al sol’.

    (**) Más información sobre ‘Lagartijas tiradas al sol’ aquí.

  • XV FITBO 2016. Teatro Línea de Sombra y ‘Baños Roma’

    La compañía mexicana ‘Teatro Línea de Sombra’ presentó su espectáculo ‘Baños Roma’ durante el XV Festival Iberoamericano de Bogotá.

    ‘Baños Roma’ es parte de un proceso de investigación en el que la compañía aborda diferentes temáticas políticos/sociales desde las fronteras del teatro documental. En este montaje, la búsqueda de una vieja figura mundial del boxeo sirve como excusa para encontrarse con la realidad en la cual habita: la convulsionada Ciudad Juárez.

    Así, por medio de testimonios, videos, material de archivo, recuerdos y anécdotas, los intérpretes de ‘Baños Roma’ construyen un paralelo entre la decadencia de un ex boxeador y la de una ciudad semiderruida y parcialmente abandonada. Ausente de una dramaturgia ‘convencional’, este montaje reta al espectador a dialogar con una poética fragmentaria, que hace uso de recursos y elementos propios del arte contemporáneo.

    Advenedizo Digital conversó con Jorge A. Vargas, director teatral de amplia trayectoria y líder de este proyecto.

    Advenedizo Digital (ADVZ): ¿Cuánto cambiaron tus perspectivas de lo escénico desde tus inicios hasta estas nuevas formas de abordar lo teatral?

    Jorge A. Vargas: Pienso que es como una especie de espiral, de retorno. En los años ‘70 me acerqué al teatro por un interés político en hacerlo. En ese tiempo me alié con maneras de hacer teatro que tienen que ver con el teatro universitario, con los textos del teatro latinoamericano y del teatro chicano. Y a partir de ahí empecé a trabajar lo que se consideraba como teatro experimental. Concepto del cual yo rescataría la idea de laboratorio. Es decir, un lugar donde colocas ciertos materiales a prueba para detonar procesos. Más tarde empecé a trabajar con dramaturgos, con teatros de texto, en las construcciones del teatro representacional…pero indagando en autores cuyos textos estuvieran en las fronteras del realismo. Donde, si bien se trabaja la ilusión realista, hubiera fisuras que propusieran situaciones no tan reconocibles.

    ADVZ: ¿Cuándo es que cambian los enfoques para llegar a las formas de investigación que tiene hoy ‘Teatro Línea de Sombra’?

    Jorge A. Vargas: Un nuevo giro surge al abrir, en el año 2000, un diplomado en teatro del cuerpo. Era un espacio donde los estudiantes se formaban con la multiplicidad de lenguajes en los que podíamos pensar el cuerpo. Ahí se abrió un espacio de discusión con los docentes, donde empezamos a cuestionar y a poner en crisis nuestras propias prácticas a partir de nuevas nociones, técnicas y metodologías de hacer teatro. Uno de los primeros cuestionamientos fue la formulación de un actor virtuoso, que se vuelve el centro de todas las cosas, y que no hace sino reconfirmar los modos verticales de hacer el teatro. Pensamos que una de las formas era cambiar el eje de la mirada del actor hacia la realidad.
    Al inicio fueron prácticas al interior del diplomado que, luego, fueron ‘contaminando’ nuestros procesos. Hasta que, en algún momento, nos hicimos las preguntas claves: ¿de qué maneras la realidad puede irrumpir en los espacios teatrales?, ¿cómo construir estructuras que contemplen suficientes fisuras para que la realidad – tal como la encontramos – aparezca en escena?…Eso nos llevó a ir aboliendo una serie de convenciones que crean en el teatro una burbuja ilusionista.

    ADVZ: ¿Cómo se consigue eso?

    Jorge A. Vargas: Empezamos a hacer cosas como desnudar los mecanismos, poner todos los artefactos a la vista, hacer de la presentación de esos aparatos un juego escénico. Ello, en la búsqueda de un actor desprovisto de artificios, que construya una realidad con la menor cantidad de intermediarios posibles. Era una especie de proceso de resta: no personaje, no texto dramatúrgico, no maquillaje, no vestuario, no caracterizaciones. La idea era reducir eso hasta el mínimo de manera que lo que quedaba eran los materiales que habíamos recogido de la realidad. Ahí surge una idea que ha sido central, y es la formulación del objeto. El objeto que comparece en la escena es un objeto que viene de la realidad y no ha sufrido ningún tipo de transformación artificial. Una ‘materia cruda’.

    ADVZ: ¿Cuándo es que este tipo de investigación se convierte en procesos en escena?

    Jorge A. Vargas: Empezamos a trabajar con materiales documentales en una pieza que se llama ‘Amarillo’ y trata sobre el fenómeno de la migración. Nuestra investigación fue desde la bibliografía de archivos – archivos fílmicos, noticias que rodeaban el tema, etc. -. Más tarde, la obra terminada nos empezó a empujar hacia los contextos que la sustentaban: visitando los albergues de migrantes en la ciudad de México y trabajando en los contextos de este tema de la migración.

    ADVZ: El proceso de ‘Baños Roma’ es distinto, implicó la presencia de los artistas en un lugar determinado.

    Jorge A. Vargas: En el caso de ‘Baños Roma’ nos propusimos preparar una conjetura inicial, una hipótesis, que nos llevara hacia el contexto. El sujeto que nos interesaba investigar estaba en ciudad Juárez; por lo tanto, había que estar en ciudad Juárez. No tuvimos ningún otro material previo, solo una serie de preguntas que nos hacíamos; y todo el resto lo teníamos que construir y encontrar en el lugar. Entonces empezamos a ir a Juárez a hacer pequeñas residencias de una semana. Hasta que tuvimos las condiciones para hacer una residencia de una mes y medio. Esto dio como resultado una serie de materiales: entrevistas, capturas digitales de los archivos del boxeador, recorridos en la ciudad, relaciones entre personas…muchas de ellas articuladas en torno a una acción, que fue la reconstrucción de la ruina de lo que fue el gimnasio de boxeador. Esta fue la primera vez que hicimos una intervención en un espacio específico que no tenía un propósito estrictamente escénico sino relacional. Intentamos reconstruir una comunidad de amigos y conocidos del boxeador para poder interactuar con ellos e ir conociendo y creando sus micro-relatos.

    ADVZ: ¿Podrías explicar el concepto de ‘micro-relatos’?

    Jorge A. Vargas: Pensamos que hay narraciones que rebasan la mera escritura. En la actualidad todo relata. La idea del micro-relato es volver específico lo general. En contra de los grandes discursos que históricamente han sido rectores, y que van desde los discursos del capitalismo y la sociedad del bienestar, del socialismo y el acceso del obrero al paraíso y la igualdad, del relato cristiano, en fin…esos grandes relatos que solo han generado desconfianza o han fracasado. Frente a ese paisaje de catástrofe de las grandes verdades nosotros proponemos volver a lo particular, a lo fragmentario, a los micro-relatos de los individuos y de las cosas. Y a la idea de lo múltiple y de lo diverso. Ya no hay un solo punto de vista, una sola verdad histórica. Preferimos lo ambiguo, lo diverso, lo múltiple, lo particular y lo nimio; para intentar, desde ahí, bordear otras realidades más complejas.

    (*) Más información sobre Teatro Línea de Sombra aquí y aquí.

    (**) Foto tomada de aquí.

    (***) Ver entrevista completa aquí.

  • XV FITBO 2016. Compañía Los Colochos y ‘Mendoza’

    La anécdota cuenta que, durante un ensayo, Juan Carillo jugaba con un niño del elenco a recitar los textos de ‘Macbeth’ con acento del norte de México. A partir de ese juego surge – medio en broma, medio en serio – la idea de montar un ‘Macbeth’ mexicano.

    Es así que nace ‘Mendoza’. Un montaje que muestra a un grupo de artistas que respeta la esencia de uno de los clásicos shakespereanos más conocidos, pero le retira todo alarde clasicista. La investigación de Carrillo – director de la puesta en escena – y su trabajo con el dramaturgo Antonio Zúñiga, actualizaron su verbo. ‘Mendoza’ mantiene la estructura dramática y la secuencia de peripecias del clásico, pero – tomando como referencia las poéticas de Juan Rulfo y Elena Garro – lo pone en un lenguaje reconocible para el público mexicano y latinoamericano.

    Así, planteando nuevos rumbos estéticos para su particular ‘Macbeth’, la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ presenta un montaje humilde y profundo, austero y eficiente.

    ‘Mendoza’ propone una poética de cercanía física, verbal y emocional con sus espectadores. Para ello se vale de la simpleza de sus convenciones – ausencia de escenografía, mesas y sillas plegables como única utilería – y la proximidad de sus referentes. Asimismo, la ubicación del público en cuatro frentes, rodeando a los actores, permite que éstos compartan las dudas e intrigas de los personajes; convirtiéndose en cómplices, testigos y verdugos. Finalmente, un lenguaje cercano y poético redondea la idea que la historia de ‘Macbeth’, o de ‘Mendoza’, puede ser la de Gutiérrez, Quispe, Sánchez o cualquier vecino que toma su oportunidad de poder…y se pierde en ella hasta el final.

    Este montaje se ha presentando en más de 15 Estados mexicanos, en el Festival Iberoamericano de Cádiz, Festival de Murcia, entre otros. Destacando su premiación en el Festival de Almagro, España.

    Actualmente la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ se encuentra trabajando una versión del clásico ‘Romeo y Julieta’, como parte de un gran proyecto de producir una trilogía de adaptaciones shakespereanas. Esta versión libre se fundamenta en preguntas sobre el contexto indígena en la zona de Nayarit.

    Advenedizo Digital conversó con Juan Carrillo, director de ‘Mendoza’, y con Erandeni Durán, actriz del montaje.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Tengo entendido que el proyecto de realizar una versión mexicana de un clásico shakespereano surgió a partir de una broma. ¿Cuánto de casual hay en un proyecto de este tipo?

    Juan Carrillo: (Risas) No es casual. Hay una anécdota, que desencadena en una broma. La broma se volvió un cuestionamiento, luego una inquietud, luego una investigación, luego un problema…hasta volverse un proyecto muy serio. Puede decirse que el proyecto surgió de un cuestionamiento que tomó dos años.

    ADVZ: ¿Cómo se desarrolla un proceso tan largo?

    Juan Carrillo: Nosotros accedimos a una beca del FONCA, que patrocina procesos de investigación en México. De esta manera pudimos realizar un laboratorio de un año. Éste era un modelo de intervención escénica: se llevaban ensayos a casas de personas que no tenían injerencia en el quehacer teatral y así se realizaban investigaciones con público durante los ensayos. De esta manera se generaban las ideas para escribir la obra. Luego de ello, tuvimos tres meses y medio dedicados exclusivamente al montaje.

    ADVZ: La propuesta escénica de Mendoza es austera y su oralidad es muy particular ¿Qué premisas se plantearon para abordar un clásico shakespereano de esta manera?

    Juan Carrillo: La primera necesidad fue comunicarnos con un público mexicano. Esa fue una de las primeras premisas. Eso nos dio muchas preguntas que llevaban a buscar algunas respuestas. Partimos de que los clásicos tienen que ver con lo universal, y desde lo universal buscamos crear una versión muy particular, hablándole al público mexicano en su propio lenguaje, con sus propios referentes.
    Así es como surge la idea de una adaptación mexicanizada, que respeta bastante la estructura del original, pero que reescribe la obra buscando acercarse a una idiosincrasia más cercana, y habla – de esa forma tan particular nuestra – de un tema universal.

    ADVZ: ¿Tuvieron dudas sobre la idea de ‘intervenir’ o ‘respetar’ un texto clásico?

    Juan Carrillo: Es que yo también alguna vez he pensado “queremos acercarnos a Shakesperare…hacerlo lo más parecido a Shakespeare”. Pero sucede que, entre más hables con ese lenguaje que no entiendes del todo, entre más intentes acercarte a una idea del vestuario y de la época que no conoces del todo – teniendo en cuenta lo dudoso de la autoría y de la certeza de ciertos textos – te toca preguntarte: “¿qué es acercarse al original?”.
    Entonces pensamos que una forma de hacerlo es hablar de las esencias. En ese sentido es que decidimos acercarnos a Shakespeare. Acercarnos entendiendo que sus palabras eran recibidas en un contexto. Entonces, hay que usar palabras que ahora tengan un impacto como queremos pensar que las suyas tuvieron impacto en su época.

    ADVZ: ¿Esas mismas reflexiones influyeron sobre su escenografía y vestuario?

    Juan Carrillo: Un maestro me decía que “cuando veas una obra griega, y veas una columna griega, pues es todo menos griega”. Y es que supongo que para un griego ver una columna implica muchísimas referencias más allá del adorno escenográfico. Por eso, su uso se vuelve un dato de museo que hoy pierde significación e impacto. Nosotros hemos querido quitar esos datos museográficos y llenarlos de imágenes, actores, acciones, lenguajes, palabras…que fueran un impacto para lo que ahora somos.

    ADVZ:  Erandeni, ¿cómo fue el tránsito de los actores para pasar del clásico imaginario shakespereano a esta versión?

    Erandeni Durán: Al principio nos ha costado, tanto entender a Shakespeare como lo que el director proponía. Pero cuando se leyó el texto en la versión adaptada el tránsito fue muy natural, y fue inevitable involucrarse apasionadamente en el proyecto. El texto es claro en acercarse a los referentes de lo que nosotros somos.
    Lo trabajoso fue, luego, abordar el lenguaje escénico. Entenderlo y descubrirlo. Entender que esos hábitos de la grandilocuencia asociada a los clásicos de Shakespeare no servían en este caso .Y que hablar de lo que somos era lo más importante.

    ADVZ: ¿Cómo se adapta el actor a trabajar con cuatro frentes?, ¿a tener al público tan cerca?, ¿a confrontarse directamente con el espectador?

    Erandeni Durán: Eso es un proceso importante, delicado y difícil. Muchas veces nos acostumbramos a obligar al espectador a acercarse. Pero acá se trata de decirle al espectador ‘acompáñame’. De hacerle entender que estamos juntos en eso y que México nos duele igual. Se requiere una actitud distinta hacia el público, que también nos costó trabajo entender y ejecutar.

    ADVZ: Mendoza está contextualizado en la Revolución Mexicana, a inicios del siglo XX. Pero es inevitable, pensando en nuestros países, y en la historia de ambición y de poder de Macbeth, asociarlo con el tema del narcotráfico. ¿Este paralelo es inevitable?, ¿está presente en la obra?

    Juan Carrillo: La presencia del tema es tangencial. Es inevitable pensando en lo que vivimos. No es que se toque el tema de manera explícita en el montaje. La presencia del México revolucionario del 1910 es un punto de partida para la obra, es un contexto de un momento de una gran transición. La apuesta del montaje es que eso, planteado como algo que sucedió hace mucho tiempo, se sienta actual…y ahí es donde el público pone sus propios referentes.
    Pero si hablamos de crímenes, de sangre derramada, es inevitable que se siente como el hoy. Que si estamos hablando de crimen, que si hablamos de lucha de poderes, nos resuene a todos más allá de fronteras y países.
    Esto, si bien es doloroso, satisface en términos de comunicación. Porque podemos hablar de lo mismo aunque sea un montaje muy mexicano.

    (*) Más información sobre la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ aquí.