Etiqueta: teatro experimental

  • Entrevista. Damián Cervantes

    El Grupo mexicano ‘Vaca 35’ se presentó dentro del Festival Internacional de Teatro Temporada Alta de Lima. Durante la segunda semana de programación, el público local pudo disfrutar de los montajes ‘Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar’ y ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’.

    Ambos espectáculos se destacan por el uso de espacios no convencionales –se presentaron en la Galería de la Alianza Francesa-, la cercanía entre público y actores, el contrapunto permanente entre humor y violencia, la presencia de una doble capa de ficción –los intérpretes representan a actores (acaso ellos mismos) ensayando obras de teatro- y, finalmente, la referencia a un clásico del teatro occidental -‘Las tres hermanas’, de Chejov, y ‘Las criadas’, de Genet-

    Advenedizo Digital conversó con Damián Cervantes, director de Vaca 35, acerca de las similitudes de ambas obras, de sus procesos de investigación y del ánimo creativo y colectivo del grupo.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Las dos obras que se han presentado en Lima no son las más recientes producidas por el grupo ¿Qué representan dentro de Vaca 35 para que sean parte de la gira?

    Damián Cervantes: Son las obras que hemos girado más. Una de ellas no es la más reciente pero sí la más vigente. Me refiero a ‘Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar’. Es la obra que todavía mantiene como la línea emocional y estructural de Vaca 35. Es nuestro origen, todavía es nuestro tótem.

    ADVZ: Las dos obras presentadas poseen algunos elementos en común. Uno de ellos es la sensación de que los personajes están condenados a la convivencia.

    Damián Cervantes: Sí, hay algo de eso de la condena de la convivencia, de la idea de que no tenemos otra opción más que estar en este espacio. Y en ese espacio se caotiza todo. Porque lo único que no queda es la muerte, solo la sobrevivencia. Eso lo vuelve todo bastante más trágico. Y creo que es la metáfora de lo social.

    ADVZ: En ambas también está presente el hecho de ironizar sobre el trabajo del artista de teatro.

    Damián Cervantes: Eso surge de las improvisaciones y creo que tiene mucho que ver con el sentido del humor del grupo. A mí me gusta mucho, y lo provoco, el burlarnos de las cosas que somos nosotros. Yo soy muy burlón y es una forma de relacionarme con el mundo. Entonces, ironizar y burlarnos de nuestra propia condición es bastante interesante, es divertido y también es duro. Es usar el humor para realmente hablar de nosotros, sin máscaras.

    ADVZ: ¿El humor sigue presente en los trabajos posteriores?

    Damián Cervantes: Sí. Es algo que todo el tiempo está presente. A mí me gusta mucho el humor, la burla, la ironía. Yo tenía un maestro clásico que decía que “la ironía es la máxima de las tragedias”. Es algo que me gusta mucho.

    ADVZ: Volviendo a los montajes presentados en Lima, en ambos está presente el hecho de abordar textos clásicos como punto de partida.

    Damián Cervantes: Es una asociación muy libre. Los clásicos llegaron por sensaciones e intuiciones muy específicas. En un caso, por el encuentro de las actrices; en otro, por pensar el tedio y el aburrimiento en un grupo. Entonces, la conexión directa fue abordar a un autor. Abordarlo sin representarlo.

    Pero no es la única motivación del grupo. Hemos trabajado sobre las sensaciones de las personas que somos en distintas facetas. El trabajo ha sido desde los autores clásicos, desde una novela, desde el gusto por cocinar, desde el hecho de analogarte con algún tipo de animal.

    ADVZ: Cuando van de gira por distintas ciudades con culturas diferentes, ¿cómo les va con los elementos que refieren a una cultura más mexicana que universal?

    Damián Cervantes: Bien. Yo los mantengo porque son los objetos que a mí me significan la ficción. No es cualquier bote, no es cualquier traste; es ese traste en específico. Porque yo lo veo y me cobra sentido con el mundo que quiero conformar y por eso no lo quiero sustituir. Creo que también es una forma de, al viajar, no hacer tan prescindible todo en la obra de teatro. Sino darle una esencia que está construida también a partir de esos objetos.

    ADVZ: ¿Y con la presencia de la violencia?

    Damián Cervantes: Somos tipos muy violentos. La violencia es algo que identifico en casi cualquier situación. Yo soy un tipo muy violento. Entonces hablo mucho de eso en muchas vertientes y en muchos niveles. Es algo que siento, que está en el aire. Creo que nuestra forma de relacionarnos es violenta.

    También me gusta la idea de que si hay cercanía -con el público- y se van a tocar temas ásperos, pues que haya aspereza real. Nada de andar ‘pretendiendo que’. Creo que ese es el principio que atenta totalmente contra el teatro.

    Ahora bien, es una violencia ritualizada. Como en un partido de fútbol americano, como en cualquier deporte, hay violencia, hay competitividad, hay reglas y estructuras. Se rozan, se tocan, se pegan. Pero es ritualizada, nadie se va a matar ahí. Pero es violento, y te toca, y te habla de la forma de relacionarnos.

    ADVZ: El trabajo de ustedes es de creación colectiva ¿Cómo es la participación de los actores?

    Damián Cervantes: Regularmente hay un detonador que soy yo. Y detona imaginarios, detona propuestas, detona preguntas. Y trabajo mucho con que el actor las conteste como piense, como puede, como siente. Y a partir de eso yo voy entendiendo mi pregunta. Y voy generando nuevas preguntas. Y el actor va entendiendo qué tipos de respuestas caben. Entonces se forma un diálogo, un tejido muy fino y muy nuestro, donde el material de todos está ahí.

    ADVZ: Entiendo que la forma de generar el espacio escénico -cercano, reducido- es producto de la forma en que producían sus espectáculos al inicio: en azoteas, en departamentos. ¿Estas premisas continúan hasta hoy?

    Damián Cervantes: Sí y no. Al principio era como una rebeldía muy juvenil. No tenemos teatro, entonces salgámonos del teatro en todos los sentidos. Y fue un encuentro muy afortunado con la calle, los departamentos, que me hicieron entender la potencia del espacio.

    Ahora estoy trabajando más en teatros. Pero siempre hay una veta en mí como de romper el teatro, romper la comodidad del espectador.  Y tengo muchas ganas de salir. Entonces, son pulsiones que van caminando juntas.

    ADVZ: ¿Cómo se lidia con el paso de ser un grupo que paga por hacer su propio teatro a contar con el apoyo de las instituciones y viajar tanto?

    Damián Cervantes: Es un gusto, es un placer, es un deleite. Somos muy afortunados de que el trabajo haya llegado a esto. Y también es una responsabilidad porque estás embanderando algo, sea lo que sea. Y esa responsabilidad implica una obligación de regreso de muchas formas.

    A nivel creativo, que sería lo ideal para un grupo, que su creatividad esté todo el tiempo apuntando modos de pensamiento poético. A nivel social, apoyando a otros grupos, abrir manos, abrir puertas, facilitando información. A nivel México, tratar de hablar de un contexto de la forma más clara posible sin tapujos. Y al mismo tiempo, llevar cosas a ese contexto que puedan ayudar a sanar algunas de las condiciones sociales y políticas que tiene.

    Pienso que esa responsabilidad es la que tenemos y la recibimos gustosos. Y luchamos para que sea consecuente, para que tenga sentido.

    ADVZ: ¿Se han enfrentado a resistencias por parte del público?

    Damián Cervantes: Sí, ha pasado. En Uruguay nos acaba de pasar. El público se sentía completamente desbordado. Muy fuera de su zona de confort. Muy poco a gusto, yo creo. Esa sensación que hasta te desconecta. Lo cual es interesante porque quiere decir que hay una conexión a otro nivel.

    Y también es interesante porque te invita a una autocrítica. ¿Qué ha pasado ahora?, ¿qué tuvo que suceder para que el público se sintiera botado? Mucha gente lo explica diciendo ‘lo que ustedes presentan es muy transgresor’, pero no podemos ser tan simplistas. También algo tuvo que haber pasado a nivel emocional, que no identificamos del todo, en donde perdimos el grado de seducción necesario. Y eso también es importante que pase. Ha pasado pocas veces, pero cuando pasa, te reconfigura. Te hace repensarlo.

    ADVZ: Las obras que han presentado en el Festival tienen un ritmo poco cómodo. Impacientan, te hacen esperar.

    Damián Cervantes: Me agrada la idea de, en algún punto, agregar un silencio extra del acostumbrado al que deberían suceder las acciones. Agregar ese tiempo me gusta, me parece valioso, me parece que el espectador tiene que hacer un esfuerzo extra.

    Entonces, hay que esperar. Hay que contemplar un poquito, hay que aprender a contemplar y a estar un poco incómodos del cuerpo también. Es importante que el espectador comprometa el cuerpo como lo hace el actor.

    Siempre he dicho que puede no gustar, ese es el derecho de todos, pero no puede ser indiferente la pieza. Ahí es donde me importa que incida. Por tanto, es importante el tiempo y la paciencia sobre lo que sucederá. Como espectador, sabes que la obra va hacia un punto; pero no sabes cuánto tiempo va a tardar en llegar. Y eso es interesante, es bonito, no tenemos que entregar todo tan rápido.

    ADVZ: En ambas obras se juega con una doble capa de ficción.

    Damián Cervantes: Estas dos obras son consecuencia de un devenir. Un devenir que ha pasado desde explorar estructuras de una novela para luego entender que la única forma -en que cuadrara la dramaturgia- era que los actores tuvieran pequeños accesos de algo personal.  Hasta la última obra que es súper personal. Donde ellos cocinan algo real, contando una historia real. Y, desde ahí, configurar un imaginario ficcional.

    Creo que son como extremos. Y las dos obras que hemos presentado acá están como en una media entre personaje y actor, entre rompo y no rompo.

    Suelo hacer referencia a una nota que nos hicieron en Madrid que dice algo así como ‘estos mexicanos han logrando un equilibrio entre el texto y lo improvisado, entre la acción y lo estático’. Me gusta eso: que no sea un lado, ni el otro; que sea un punto de equilibrio.

    ADVZ: Investigando su trabajo encontré que tienen un montaje al que se denomina como ‘Falso documental’.

    Damián Cervantes: ‘Los equilibristas, Falso Documental de la Revolución Mexicana’. Es una obra muy curiosa. Era una tarea para mis alumnos de la universidad y, a solicitud mía, la escribió David Gaitán.

    Me gustó mucho, pero era rara. Y es que tenía 14 personajes y yo 14 alumnos. Y lo que hizo David fue muy brillante. Cada uno de los personajes habla de un hecho, que pudo haber sucedido en alguna época de la Revolución, desde su perspectiva.

    Y con eso se reflexiona bastante respecto a la construcción histórica. Pone a discusión la idea de que las construcciones históricas están hechas de casualidades, errores, fallos, malas perspectivas. Y luego llega un ‘pelado’ y la oficializa; y dice, “no, sucedió esto”.

    ADVZ: Visto desde acá -Lima, Perú- es interesante conocer el trabajo de artistas de otros países que están optando por el trabajo de ‘grupo’ y la creación colectiva.

    Damián Cervantes: De alguna forma, hay una influencia a muchos niveles de una investigadora -Ileana Dieguez- que nos enseñó a muchos grupos, a muchas tendencias. Uno de ellos es Yuyachkani, sin duda. Yuyachkani es parte por lo que somos grupo. No nos parecemos, no son nuestra influencia directa, pero el tipo de pensamiento y el legado al que apelan llega hasta acá.

    ADVZ: Es interesante lo que mencionas. Especialmente cuando acá se ha ido perdiendo la idea de grupo.

    Damián Cervantes: En realidad, en México está creciendo cada vez más y tiene que ver con la historia. Cuando Eugenio Barba llega a Sudamérica, e influencia a todos estos artistas, no llega a México, no lo dejan pasar. Hubo maestros hegemónicos, algunos brillantes, que impusieron la forma de hacer teatro durante muchos años.

    Y entonces, ahora nosotros queremos ser grupo. Y, mejor aún, queremos ser grupo y no nos pesa ninguno que haya existido antes. Somos muy libres, al respecto, todos los grupos. Y esta visión de grupalidad está creciendo mucho en México.

    (*) Más información sobre Vaca 35 aquí.

    (**) Imágenes tomadas de aquí.

  • ENTREVISTA. Guillem Albà

    El Festival Internacional de Teatro Temporada Alta ha llegado a su tercera edición en la ciudad de Lima. El Gran Teatro Nacional, el ICPNA de Miraflores y, en especial, la Alianza Francesa son las sedes en las que se vienen presentando la programación.

    Las obras -nueve internacionales y una local- destacan por la calidad de sus propuestas y por la variedad de sus abordajes temáticos y estéticos. Unipersonales, creación colectiva, teatro físico, danza, entre otros lenguajes, componen el amplio panorama que el Festival ofrece.

    Una de las obras que se presentó durante el primer fin de semana fue ‘Pluja’ -lluvia, en catalán-, dirigida por Guillem Albà; quien, junto a la pianista Clara Peya, protagoniza el montaje.

    EL ‘Pluja’ se encuentra un delicado cruce de lenguajes donde la interpretación musical en vivo dialoga con el humor, la pantomima y la manipulación de diminutos objetos. Albà y Peya construyen, a través del amplio manejo de sus técnicas artísticas, un espectáculo delicado y entrañable.

    Advenedizo Digital conversó con Guillem Albà acerca de ‘Pluja’, sus anteriores procesos creativos y el ánimo por el cruce de lenguajes.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Al iniciar ‘Pluja’ se pone el acento en la necesidad de ‘parar el mundo un momento’. ¿Para qué hay que parar hoy?, ¿para qué vale la pena hacer teatro hoy en día?

    Guillem Albà: La gente ya sabe a qué viene. Sabe que vamos a contar algo para ellos y que no volverá a pasar nunca más. Ya se sabe que esa es la gracia del teatro.

    Pero me gusta hacerlo evidente pues uno de los problemas más grandes en el mundo es la prisa. Hay que ir rápido, hay que producir. Hay que estar conectado, hay que correr. Entonces, pongo en evidencia que en este momento vamos a hacer algo solo para ti y tratar que la gente valore un poco más esta cosa bonita del teatro.

    Y luego, con la risa, la emoción, el cerebro respira de la prisa, de los problemas, de las cosas malas. Y creo que eso es necesario para dar un masaje a la emoción. Para intentar que la gente salga un poco más abierta.

    ADVZ: Al revisar tu página web se encuentra mucha diversidad en tu trabajo. ¡Cómo han evolucionado las temáticas y las estéticas que te interesan?

    Guillem Albà: Yo tengo como base el claun, el payaso. Cuando descubrí al claun entendí la gracia del teatro. Pasó de una cosa que puede ser un poco más egocéntrica -aunque siempre haya algo de eso- a entender que se trataba de dar y dar. Entendí que se trataba de dar a la gente, de intentar curar a la gente, con el claun y con la risa.

    Pero, además, el claun también puede emocionar. También es poesía.

    Entonces, en algunos espectáculos trabajo el claun directo: dar energía, dar alegría, que la gente no piense nada y simplemente ría y ría. Ese es el único mensaje que voy a buscar ahí. Y hay otros trabajos -como ‘Pluja’- donde hay un poquito de humor y buscamos más la poética. Es llegar a la emoción desde otro lado.

    Me gusta ir mezclando estas dos partes, de la risa y la poética. Y es que, de golpe, cuando ríes y entra el drama -o viceversa- impacta mucho más.

    ADVZ: En estas ganas de mezclarse que mencionas ¿qué es lo prioritario?, ¿la voluntad de la mezcla?, ¿las ganas de probar?, ¿qué es lo que te guía o motiva?

    Guillem Albà: Empieza al preguntarme qué ya le he dado al público y qué me apetece dar. Me imagino qué es lo que quiero que la gente sienta, o me pregunto qué quiero que diga la gente al salir. Me imagino unas cuantas cosas y voy buscando. A veces hay un tema, otras veces no.

    Por ejemplo, ‘Marabunta’ -el más reciente espectáculo- está compuesto de gags en un formato tipo cabaret. No va sobre una temática. Pero en ‘Pluja’ me imaginaba algo muy delicado, contenido, pequeño…y otras cosas que no son fáciles de decir en palabras.

    El espectáculo nuevo que estoy preparando pienso que debe ir sobre la prisa, sobre lo difícil de parar, sobre querer más y más, sobre estar sobre conectados. Y a partir de ahí veremos que saldrá.

    ADVZ: El proceso de ‘Pluja’ es algo inusual. ¡Ha durado un año!

    Guillem Albà: De donde vengo hay -generalizando- dos tipos de teatro. Uno comercial y uno independiente.

    A la forma en la que trabajo se le llama teatro de creación o teatro de compañía. Y  es la que he aprendido de mis padres, quienes que se dedican a esto desde hace 44 años. Ellos llevan obras de repertorio y son los productores de su propio trabajo: piensan que quieren contar y como lo quieren contar.

    Ese es el teatro que a mí me gusta. Y hay poco, ha ido desapareciendo. Han ido apareciendo más productoras de lo que llamo ‘comercial’. En esos casos se contrata gente, se hace la obra y luego ésta muere. Funciona de esta manera ya que el dinero está un poco por delante del querer hacer. Entonces se ensayan las cosas más rápidas, en pocos meses, porque si no es muy caro.

    De la manera en que lo hacemos nosotros, donde no estoy cobrando mientras ensayo, puedo trabajar un año, o tres meses. En ‘Pluja’ quisimos hacerlo tranquilamente, sin tener prisas. Fue para estar convencidos de cada paso que dábamos. Básicamente es para disfrutar del proceso y no sufrirlo. Si te lo puedes permitir, creo que es necesario.

    ADVZ: ‘Pluja’, además, tiene un formato de duración breve.

    Guillem Albà: El espectáculo dura 40 minutos. El primer espectáculo que hice, como era un solo, me dijeron que tenía que durar una hora o una hora y diez. Y me pregunto porque tiene que durar una determinada cantidad de tiempo.

    A veces me pregunto si los espectáculos deben durar tanto como para sentir que, por ejemplo, puedes parar el mundo de alguien por dos horas. ¿Es tan bueno un trabajo durante las dos horas?

    Ahora, en el circuito comercial te pueden cuestionar que dure 40 minutos. Pero yo no creo que paguemos cultura por el tiempo. Si compras una fruta no importa si te la comes rápido o lento. Es como la experiencia de comer una ciruela, o un bombón. Que puede ser pequeño, pero puede ser muy bueno.

    ADVZ: En este tipo de procesos de creación ¿Cuándo se sabe que el trabajo está listo?, ¿cómo se toma esa decisión?

    Guillem Albà: Es una pregunta muy difícil en todo, en la vida también. En la vida son mil decisiones, en lo artístico son mil decisiones también.

    Por ejemplo, yo pinto como hobby. Y como no tengo técnica siempre me pregunto cuándo paro, o si le sigo poniendo más cosas  o más colores…y no sé nunca cuando parar. Supongo que cuando conoces la técnica tienes más intuición o sabes lo que estas buscando.

    En el teatro, tienes las técnicas que has estudiado y las que desarrollas trabajando. Luego, cuando estás creando vas tomando decisiones, escogiendo las cosas en función a lo que buscaba al inicio, o por intuición, o por lo que vas encontrando. Pero nunca sabes qué pasa si eliges otras decisiones.

    ADVZ: ¿Cómo te organizas para dirigir tus trabajos?, ¿siempre trabajas en equipo?

    Guillem Albà: En cada espectáculo ha sido diferente. En el primer espectáculo tuve un director que había sido mi maestro. Me ayudó a conseguir lo que estaba buscando y me dejé llevar por él. Luego trabajé con otro director.

    El tercero lo dirigí yo. Antes había dirigido a otra gente, pero nunca mis propios proyectos. Salió algo un poco más personal. Encontré esta cosa poética que antes no había surgido. Y el último mes de creación le pedí a un artista -que era dramaturgo y director- que me acompañara con una visión externa.

    En ‘Pluja’ puse gente afuera que iba proponiendo cosas y me ponían retos. La creación fue entre todos y yo fui dirigiendo hacia donde quería ir, pero con esta visión externa muy necesaria.

    Con más gente salen más cosas. Aprendes. Te pones en situaciones que no te pondrías. Creo que es muy importante mezclarse con otra gente. Te dejas llevar por quien que piensa diferente, por quien mira desde otro sitio.

    (*) Más información sobre el trabajo de Guillem Albà aquí, aquí y aquí.

  • CRÓNICA. Gnossienne

    En el teatro de la Alianza Francesa de Miraflores se viene presentando ‘Gnossienne’, obra de la Compañía de Teatro Físico, bajo la dirección de Fernando Castro Medina.

    ‘Gnossienne’, según consta en el programa de mano, se inspira en ‘El joven príncipe y la verdad’ del escritor francés Jean-Claude Carrière. Pero, en vez de desarrollar su historia, conserva de ella lo esencial: la idea del viaje iniciático de un joven personaje.

    A partir de esta abstracción de la anécdota de la obra de Carrière surge una propuesta de montaje que se caracteriza por su libertad estructural, lenguaje poético, atrevimiento conceptual y la ausencia de palabras.

    Al ingresar a la sala de la Alianza Francesa el espectador puede intuir que se enfrentará a una obra que sale de los patrones convencionales.

    Seis personajes deambulan por el escenario. Tres hombres y tres mujeres. Todos con las cabezas cubiertas, a modo de máscaras, por grandes piezas de papel de despacho. Estos personajes, sin rostro ni posibilidad de visión, se desplazan por el espacio. Se encuentran, bailan al ritmo de baladas románticas, se abrazan, y vuelven a separarse. La reiteración de estas acciones va llevando al colectivo al encuentro de tríos o cuartetos y al aumento en la intensidad del contacto. De esta manera, del baile distante inicial se pasa a uno donde los cuerpos se frotan, para que luego surjan abrazos y besos.

    Aunque, vale la pena preguntarse si es posible hablar de besos entre personajes que no poseen bocas.

    Así, esta mezcla de belleza, absurdo y erotismo es la introducción a una propuesta que apela a la sensorialidad y la teatralidad de las imágenes.

    Pasada esta introducción se aprecia a uno de los personajes retirándose el papel/máscara y, con ello, sufriendo una transformación física que será parte del inicio de su viaje.

    A partir de este momento sería incompleto y atrevido tantear el describir o narrar lo que acontece en escena. Pues, la sucesión de imágenes, la constante aparición de seres fantásticos -construidos con papel de despacho-, la apuesta por la sensorialidad visual y sonora, la elección de una narrativa desprejuiciada, llevan a que cada espectador construya su personal experiencia e interpretación.

    No obstante, Castro y su equipo dejan algunas pistas para un espectador comprometido. Así, puede identificarse momentos que guían la experiencia a nivel macro. Por ejemplo, el encuentro del joven protagonista con un personaje mayor que él (¿un anciano?, ¿un sabio?), quien lo acompaña y guía en su recorrido. O el tránsito por distintos paisajes y estaciones (viaje y aprendizaje).

    Sin embargo, lo que propone ‘Gnossienne’ trasciende a la interpretación narrativa o filosófica. Pues su desarrollo -en algunos momentos, lúdico; en otros, dramático; y en muchos, misterioso- es un potente cóctel de imágenes y efectos sensoriales que apela a la libertad creativa y, desde ese lugar, busca la complicidad del espectador.

    Y, como es lógico en toda propuesta que apele al riesgo, que desista de la fórmula, siempre cabe la posibilidad de encontrarse con un público que no conecte con la obra.

    Y es que la apuesta por la fantasía, por evitar caer en lo explícito, por renunciar a narrar una historia -aunque exista- requiere de un compromiso mutuo -entre la escena y la platea- que no siempre encuentra interlocutores.

    ‘Gnossienne’ evidencia una profunda investigación en la manipulación de objetos. Un conjunto de intérpretes logra, a partir de su trabajo corporal y su investigación con el papel de despacho, construir paisajes visuales -mar, montaña- y personajes fantásticos -aves, reptiles, peces y otros seres indescifrables-. Además de ello, la manipulación del elemento aportan a la composición de atmósferas sonoras.

    Asimismo, vale mencionar la solvente construcción de convenciones escénicas, según las cuales los intérpretes/manipuladores-de-objetos forman parte de los seres a los que construyen.

    Finalmente, se hace necesaria una reflexión sobre la relación entre la propuesta escénica de la obra y las condiciones del espacio donde se presenta. Y es que el montaje toma las características del Teatro de la Alianza Francesa de Miraflores para construir sus escenas desde una lógica de la frontalidad.

    Sin embargo, la sensorialidad del espectáculo -las texturas, los sonidos-, sumada a su apuesta por la complicidad con el espectador -la manipulación de objetos, el carisma de los personajes- se ve mermada por la frontalidad y la distancia entre platea y escenario.

    Y es que a una propuesta como ‘Gnossienne’, con su cercanía al ritual, con sus referentes shamánicos, con su desparpajo estructural, con su libertad narrativa, las convenciones de la sala tradicional le quedan algo incómodas.

    (*) Imágenes tomadas de aquí.

    Dirección: Fernando Castro Medina.

    En escena: Eduardo Cardozo, Ana Cecilia Chung, Gael de la Rocha, Miquel de la Rocha, Leonor Estrada, Ximena Riveros, Diego Sakuray.

    Detrás de escena: Camila de la Riva Agüero, Stephanie Basurco, Sammy Zamalloa, Telmo Arévalo, Fernando Castro.

    Adaptación y versión del texto original: Telmo Arévalo, Sammy Zamalloa, Diego Sakuray, Fernando Castro.

    Diseño de arte, vestuario y maquillaje: Alonso Núñez.

    Diseño de iluminación: Lucho Baglietto.

    Diseño de sonido: Raúl Arévalo.

    Asesoría de manipulación de objetos: Pierrik Malebranche.