Etiqueta: teatro para niños

  • CRÓNICA. Simón el topo

    ¿Por qué su papá se burló de Simón?,  ¡si es su papá!

    Pregunta realizada por un niño durante el foro posterior a la función de ‘Simón el Topo’.

    En el auditorio del Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores se presentó el espectáculo familiar ‘Simón el topo’; dirección y adaptación de Alejandro Clavier sobre el cuento homónimo de la escritora española Carmen de Manuel.

    En el escenario se ubica una larga mesa. Detrás de ella unas repisas. Sobre éstas se ubican unos muñecos; son unos títeres que representan a un grupo de topos. Los actores ingresan e inician su preparación, mientras que en los parlantes del auditorio se anuncia la segunda llamada.

    Al iniciar la función los intérpretes colocan una torta sobre la mesa y explican a los asistentes que son parte de una fiesta sorpresa: es el cumpleaños de ‘Simón’, un joven topo. Cuando hace su aparición el agasajado -un títere manipulado por uno de los actores-, desde la platea y el escenario le cantan el ‘Feliz cumpleaños’.
    En agradecimiento, Simón decide compartir su historia. Pero para que esto sea posible se debe narrar en su idioma original: ‘el Toponés’.

    Estos momentos iniciales de la obra proponen con claridad las convenciones que guían al montaje: actores que cumplen roles de titiriteros y narradores, saltos entre el tiempo ficcional -de la historia de Simón- y el tiempo de la narración, la presencia de un protagonista y la existencia de un lenguaje inventado.

    La secuencia de anécdotas que expone la obra se desarrolla alrededor de la mesa central. En ella, Simón, sus familiares -padre, madre y hermano menor- y amigos presentan imágenes de su vida cotidiana.

    Mientras el montaje avanza se aprecia que a Simón no le gustan las mismas cosas que a los demás topos varones: no es capaz de matar a una lombriz, le gusta perseguir mariposas, recoge y colecciona flores, disfruta de bailar, no teme a llorar cuando siente dolor.

    Estas acciones lo convierten en objeto de burla por parte de otros topos, y de censura por parte de su padre. Así, Simón es obligado a comportarse de una manera que no le resulta natural: ser agresivo, hablar en voz alta, mostrarse competitivo.

    El protagonista se siente frustrado por no poder cumplir con estas obligaciones. Sin embargo, avanzada la obra, Simón conoce otro topo como él -al que le gustan las mismas cosas- y se vuelven muy amigos. Este encuentro le permite mostrarse como realmente es y buscar la aceptación de su familia.

    De esta manera, la obra presenta una progresión dramática sencilla para un tema complejo. ‘Simón el topo’ juega con los arquetipos usuales para identificar a un hombre homosexual -débil, sensible, afeminado-.

    Sin embargo, la obra trasciende estas simplificaciones y expone, desde la ternura natural de un niño (o de un topo), cómo la tensión que generan los gustos de Simón están relacionados con la construcción cultural en la que conviven los adultos -de la ficción y de la platea-.

    En este punto, el idioma inventado juega un importante rol. Pues otorga a cada espectador la responsabilidad de explicar(se) que es lo que pasa con el protagonista de la historia y la discriminación que sufre.

    De esta manera, ‘Simón el topo’ cumple el rol de ser un medio de entretenimiento familiar. Pero, además, es un artefacto que otorga a los padres la posibilidad de compartir y administrar la información de la obra con los hijos. Y es que los niños no van solos al teatro, y es éste un montaje que ofrece la oportunidad de generar un espacio de intercambio para adultos y niños.

    Dicha oportunidad se ve magnificada cuando, al final de cada función, se realiza un foro entre los actores y el público. Esta es una gran oportunidad para que los menores hagan sentir su voz y se puedan conocer sus ideas.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Texto original: Carmen de Manuel.

    Adaptación y dirección: Alejandro Clavier.

    Actores-manipuladores de muñecos: Martín Velásquez, Anaí Padilla, Luccía Mendez, Dusan Fung.

    Dirección de arte: Vladimir Sánchez.

    Música: Magaly Luque.

  • CRÓNICA. Como el agua

    Las mañanas de los sábados y domingos La Plaza Joven presenta ‘Como el agua’, teatro para bebés. Este espectáculo familiar, dirigido por Ana Chung, se encuentra en sus últimas semanas de presentación luego de una extensa temporada en la sala del Teatro La Plaza.

    El concepto que acompaña al título de la obra -“teatro para bebés”- define el carácter de la propuesta. Ésta, dentro de su guión dramático -entendido como una estructura que administra las tensiones de la obra-, plantea como eje principal la experiencia sensorial de los pequeños observadores. Así, imágenes y sonidos, texturas y luces, además de la permanente interacción entre público e intérpretes, marcan la pauta de la puesta en escena.

    La experiencia de ‘Como el agua’ se inicia desde el ingreso a la sala. Los primeros espectadores -infantes y sus acompañantes adultos- tienen la posibilidad de ubicarse en unas bancas colocadas dentro del escenario. El público restante deberá optar por los asientos de las primeras filas de la platea.

    En el escenario, como una gran gota, cuelga una tela que, lo sabremos después, alberga a dos actrices. En el fondo, llena de agua, se ubica una fuente translúcida.

    Un personaje masculino recibe al público. Él cumplirá el rol de músico anfitrión. Pero sus instrumentos no son convencionales. Inicia su performance con pequeñas vibraciones de una kalimba; para luego, manipulando el agua de la fuente, generar las diversas ambientaciones sonoras del montaje.

    Creada la atmósfera visual y sonora, de la tela emergen dos actrices. Ellas, sin pronunciar palabra saludan a los presentes estableciendo una inmediata interacción visual y gestual. Luego, una vez en el piso, realizan diversas secuencias de movimiento. Éstas dialogan con la acuática propuesta sonora generada en vivo.

    Así, desde la fuente de agua, se plantea el diálogo entre los tres intérpretes. Pues, el sonido de chorros, palmoteos, o movimiento acuático, guía y dialoga con las distintas dinámicas de movimiento. En ellas destaca el permanente juego de manos y miradas dirigido hacia el público infantil.

    Este contacto con los espectadores facilita la interacción posterior, planteada por medio de dinámicas físicas -reconocimiento corporal o juegos rítmicos con palmas- y a través de la presencia de elementos –pequeños globos (a modo de gotas) que comparten con los niños-.

    Esta progresión de dinámicas coreográficas e interactivas, además de integrar al personaje masculino, incorpora el uso de elementos escenográficos -como una de las telas que conforman las paredes del escenario-; técnicos -a partir de las diferentes atmósferas lumínicas-; de efectos -con la presencia de pequeñas luces portátiles o la lluvia de burbujas que cae sobre la platea-; y escénicos, la creación de una escena de malabares con pañuelos (a modo de pequeñas medusas).

    Así, ‘Como el agua’ plantea escénicamente un conjunto de dinámicas de juego e interacción guiadas por un claro concepto visual, plástico y sonoro.

    Pero, además de ello, arriesga al proponer un espacio de convivencia entre público y espectadores. ‘Como el agua’ no solo rompe la cuarta pared, la desaparece. Por momentos el escenario puede convertirse en un patio de juegos (ello depende de la personalidad de los niños y la permisividad de los padres).

    Y es que no existen limitaciones para los niños. Ellos pueden ingresar al escenario, desplazarse en él y plantear su propia interacción con las actrices. No es raro entonces, observar junto a las intérpretes a pequeños tambaleantes en sus primeros pasos; o a padres y madres andando a gatas tratando de alcanzar a sus hijos.

    Es éste uno de los mayores retos para las intérpretes. Pues ejecutan sus secuencias sin dejar de tener en cuenta la presencia física del público dentro y fuera del escenario, ni las particulares necesidades de los niños que se acercan a ellas.

    ‘Como en el agua’ plantea, desde su concepto inicial, un reto: teatro para bebés. Para ello propone un universo claro y particular; el cuál se expone durante 30 minutos para luego concluir. En ese lapso invita al público a vivir una experiencia sensorial e interactiva; a observar, sentir y participar. Lo consigue construyendo atmósferas sonoras y visuales; y manteniendo un pulso atento y calmado, pero con atención a las necesarias variaciones rítmicas.

    Cabe señalar que en el uso de recursos visuales y sonoros ‘Como el agua’ opta por la sutileza. Su propuesta sonora evita la estridencia, sus intérpretes no portan un maquillaje llamativo, y la relación de éstos entre sí, y con el público, se realiza sin pronunciar palabras.

    ‘Como el agua’ encuentra en los mencionados detalles –las atmósferas, la sutileza- el camino para involucrar a su público infantil y al adulto. Plantean una acción escénica donde el público resulta involucrado. Así, la simpleza de su estructura guía al espectáculo por senderos más complejos. En los cuales los intérpretes realizan una performance escénica dentro de otra performance familiar y colectiva.

    Imagen tomada de aquí.

    Creación y dirección: Ana Chung.

    En escena: Moyra Silva, Camila Vera, Rodrigo Zalles.

    Composición sonora: Ana Chung, Rodrigo Zalles.

    Diseño escenográfico: Ana Chung.

    Diseño de vestuario: Ana Chung.

  • CRÓNICA. Salvador

    En el Teatro de la Universidad del Pacífico se encuentra en temporada ‘Salvador’, obra de teatro para toda la familia, dirigida por Fernando Castro.

    ‘Salvador’ muestra la historia de un famoso arquitecto que es convocado para la construcción de un puente que unirá dos pueblos. Durante la exposición de sus proyectos -que no satisfacen a los miembros de la comunidad- sufre un accidente que lo hace caer a un río. Mientras es arrastrado por la corriente recuerda imágenes de su infancia que le permiten entender -gracias a la aparición de sus profesores y compañeros de escuela- lo que debe hacer para mejorar en su vida y su trabajo.

    La anécdota de esta obra propone un montaje en dos planos, una historia dentro de otra historia. Así, la primera representa al plano de lo ‘real’; donde los miembros de dos comunidades tienen un conflicto por resolver (la construcción del puente). La segunda historia se encuentra en el plano de lo fantástico: un viaje en el tiempo que muestra escenas de la vida escolar del protagonista.

    En la primera parte del montaje un coro de actores se encarga de exponer el conflicto de ‘los pueblos del choclo y del queso’. Ellos portan como vestuario un sobretodo -de color neutro- que los uniformiza y fortalece la sensación de personaje-colectivo.

    La estructura del texto -conformada por breves diálogos, frases y monólogos- propone una dinámica que intercala a la narración y la representación, así como a la participación individual y grupal de los intérpretes.

    Para la segunda parte ‘Salvador’ presenta un giro en las convenciones teatrales. El diseño escénico -y escenográfico- cambia. Pasa, del espacio vacío del inicio, a la representación lúdica de un salón de clases. Ello, gracias a la presencia de tres elementos: una puerta, una pizarra y una mesa.

    Por otro lado, la acción dramática ya no está a cargo de un coro. Son personajes identificables quienes la exponen y desarrollan: el protagonista, sus compañeros de clase, los maestros.

    Finalmente, el arma narrativa deja de ser la palabra. Omitidos los diálogos y monólogos, la acción se desarrolla por medio del gesto, el ritmo, la acción física y la proxemia. De esta manera, el protagonista y sus dos compañeros exponen, con humor y ternura, la dinámica opresiva -e incluso cruel- de la educación escolar.

    El sentido dramático de esta segunda parte se constituye a partir de la acumulación de situaciones específicas. Así, por ejemplo, un niño es obligado a no usar su mano izquierda, pese a ser zurdo; una niña alegre y activa se ve forzada a tener un comportamiento tímido y pasivo; un niño juguetón y dulce es presionado para ser violento y marcial. Éstas y otras anécdotas del montaje fundan, en conjunto, la reflexión principal de la obra: la manera en que la educación escolar restringe el desarrollo de la propia personalidad.

    El director logra, pese a lo duro de la temática, evitar que el montaje posea un tono denso, melodramático o violento. Ello es conseguido gracias al cuidadoso trabajo de claun, el manejo del ritmo en cada cuadro, las variaciones sonoras entre escenas y el ya mencionado uso de la ternura y el humor.

    ‘Salvador’ concreta su ruta dramatúrgica, entre los dos planos que la conforman, con las escenas de desenlace. Ellas se inician con el rescate del protagonista por los miembros de la comunidad. A partir de ese momento, la obra decanta hacia un final feliz caracterizado por el cierre de los conflictos -se construye un túnel en lugar de un puente-, el festejo de los pueblos y la elaboración de la moraleja: cada persona es única y diferente.

    La resolución dramática de la obra presenta una doble posibilidad de análisis. Por un lado, la complejidad y sofisticación de su estructura requiere de un espectador con algún tipo de entrenamiento teatral. Y es que la presencia de historias subordinadas, el cambio de lenguajes escénicos, la abstracción conceptual de la segunda parte, la alternancia de tiempo y espacio, son características que no resultan necesariamente fáciles de decodificar para un público infantil.

    Sin embargo, si se incluye en el análisis elementos extra teatrales (como la posible dificultad del público infantil de interpretar la obra) vale la pena tener en cuenta que los niños no acuden solos a las salas de teatro. Por lo cual ‘Salvador’ es un tipo de montaje que genera la posibilidad de una necesaria dinámica post-teatral: la conversación entre niños y adultos acerca del espectáculo.

    ‘Salvador’ es un montaje que resuelve con solvencia los retos de una dramaturgia compleja. Alterna estilos, lenguajes, escenografía, diseño y color para construir dos universos identificables. Suma a éstos elementos la presencia de un personaje que compone en vivo las atmósferas sonoras que potencian el tono de cada escena.

    ‘Salvador’ destaca por el breve uso de la palabra y la adecuada resolución dramática sin ella. Las capacidades físicas, lúdicas e interpretativas de sus actores sostienen escenas largas y complejas. Ellos consiguen que el drama sea expuesto en un tono dulce y risueño.

    En ‘Salvador’ se puede identificar la intención de reconocer la presencia del público adulto (lo cual refuerza el concepto de espectáculo ‘para toda la familia’). Ello se aprecia no solo en la reflexión sobre la educación escolar, sino también en la referencia humorística de algunas de las taras de nuestra sociedad. Y es que la dinámica conformada por la dificultad para llegar a acuerdos, seguida de la búsqueda de ‘alguien’ que solucione los problemas, y la posterior insatisfacción con ese ‘salvador’, se encuentra presente en ‘los pueblos del choclo y del queso’ y en nuestra realidad social. El montaje, con su tono lúdico, opone a estas tensiones la posibilidad del acuerdo colectivo, la unión de las comunidades y un fin de fiesta con música popular.

     (*) Imagen tomada de aquí.

    Dirección: Fernando Castro Medina.

    Dramaturgia: Federico Abrill, Alexa Centurión, Eduardo Ramos.

    Concepto: Eduardo Ramos.

    En escena: Monserrat Brugué, Andrea Fernández, Eduardo Ramos, Lilia Romero, Diego Sakuray, Rolando Añorga, Diego Pérez, Sebastián Ramos.

    Asistencia de dirección: Beatriz Heredia.

    Dirección de arte: Beatriz Chung.

    Música: Lilia Romero.

    Diseño de iluminación: Julio Beltrán.

    Producción general: la Nave Producciones, Centro Cultural Universidad del Pacífico