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  • ESPECIAL. Teatro LGBT

    En los últimos años, la escena teatral limeña se ha visto fortalecida por la cada vez mayor presencia de voces y discursos locales. Tanto los concursos de dramaturgia (1) como las iniciativas de colectivos de artistas independientes han ampliado la cantidad de obras cuyos creadores se han acercado a temáticas que hablan desde nuestras realidades.

    Dentro de este universo se encuentra  el teatro LGBT (2). Si bien en décadas pasadas se registra la existencia de obras, artistas y agrupaciones que han abordado las temáticas vinculadas a la diversidad sexual, en los últimos años se observa la presencia de creadores-activistas y de una búsqueda cada vez más amplia de lenguajes y estilos escénicos.

    Teatro testimonial, cabaret, drama, stand up comedy e, incluso, teatro para niños, han sido las diferentes formas en que un puñado de artistas han buscado reivindicar sus propios temas en escena.

    “Todo empieza con la necesidad de poner las voces de las personas LGBT en un escenario”, nos dice Gabriel de la Cruz. Él, durante su permanencia dentro del colectivo ‘No Tengo Miedo’, se encargó de la dirección de tres montajes de teatro testimonial.

    De la Cruz reconoce como parte de sus motivaciones la ausencia de representación que sufren los miembros de esta comunidad en la cultura y los medios. “No nos encuentras, y si nos encuentras es para vernos caricaturizados”.

    Similar percepción tiene Carolina Silva Santisteban, productora y directora, quien afirma que el teatro ofrece una oportunidad para “visibilizar lo que pasamos como personas LGTB ante la ausencia de leyes que nos protejan, que nos reconozcan”.

    El trabajo de ambos artistas tiene en común -además su rol activista- el abordaje del universo de las personas LGTB desde el testimonio.

    Gabriel inició este recorrido acompañado del director Sebastián Rubio, con quien estrenó el espectáculo ‘Desde afuera’. En dicho montaje, cinco personas de distintas generaciones y procedencias exponen lo que implica ser gay, lesbiana, bisexual o transexual en Lima.

    Luego de este trabajo seguirían ‘Un monstruo bajo mi cama’, donde jóvenes homosexuales comparten sus experiencias sobre exponer su sexualidad a sus familias, y, acompañado en la dirección por Paloma Carpio, ‘Al otro lado del espejo’, que cuenta con testimonios de mujeres transgénero.

    “Las tres obras comparten el hecho de contar una historia a partir de un testimonio personal, que sean las mismas personas las que lo cuenten y que estas personas no tengan experiencia escénica”, explica Gabriel. También afirma que con ello “la obra se vuelve más coloquial, creo que hay más horizontalidad entre el público y el actor”.

    Para montar ‘Cuando seamos libres’, su primer espectáculo,  Carolina Silva Santisteban partió de una iniciativa muy personal. “Yo quería salir del closet y aprovechar para decir algo más. Eso luego se fue fusionando con los testimonios de los demás actores hasta volverse algo más colectivo. Yo escribí la obra pensando en mis papás, pensando en personas como ellos”.

    También de características testimoniales, pero esta vez en clave de humor, Carolina creó el espectáculo de stand up comedy titulado ‘Choripan’. “En él hablo de mi salida del closet, de la relación con mis papás, de mi primer amor, de como era de chiquilla”.

    La directora y actriz considera que trabajar a partir de su propio testimonio resulta potente. “Me gusta el hecho de hacer reír con lo que alguna vez me dolió. Creo que a través de la risa se pueden sanar heridas”.

    También desde el humor surge Congreso, obra dirigida por Gabriel de la Cruz dentro del Festival Sala de Parto del Teatro La Plaza.

    Gabriel afirma que el debate sobre los derechos LGBT a nivel de Congreso es muy básico. “Entonces surgió la posibilidad de crear a partir de la forma como hablan los congresistas”. Ello permitió la dirección de un montaje en el que “vas a ver una obra con Ernesto Pimentel, a matarte de risa, pero a partir de cosas que de verdad están sucediendo”.

    Alejandro Clavier, director del Festival Sala de Parto  cuenta que ‘Congreso’ surge “del interés de hacer algo que esté cerca del cabaret político. Hay mucho humor, falta de solemnidad, queremos pasarla bien, pero estamos hablando de las cosas que están pasando allá afuera. El humor es también una forma de hablar de estos temas”.

    Pero ‘Congreso’ no es el primer montaje de temática LGBT que surge del Teatro La Plaza y que tiene a Alejandro Clavier como protagonista. Y es que bajo su dirección se estrenó la obra de teatro para niños ‘Simón el Topo’.

    Esta obra, a través de la manipulación de títeres, cuenta la historia de Simón, un pequeño topo que va descubriendo que tiene gustos y preferencias distintas a los de los demás. Todo el montaje se desarrolla utilizando un idioma inventado; según su director, “con la intención que el padre o la madre puedan tener la libertad de administrar el contenido de la obra de acuerdo a su comodidad”.

    Este montaje es una adaptación del cuento original de la psicóloga española Carmen de Manuel. Quien lo escribe inspirada en su trabajo con niños.

    Alejandro nos dice: “es una historia muy sencilla pero con una voluntad sanadora enorme. La adaptación la escribí pensando en mí mismo, en mi ‘yo’ de seis años”. Y coincide con lo afirmado por los otros artistas cuando asegura que “en la escuela, en la televisión, en todas partes, solo existieron para mí referencias de lo negativo que es un homosexual. Y ningún contrapeso”. Por ello considera que ‘Simón el topo’ puede servir como un espacio de contención para niños y familias que estén pasando por ese proceso.

    Daniel Fernández escribió El arco iris en las manos y su obra fue premiada con el tercer puesto en el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana 2015. Dusan Fung, actor, director y activista LGTB, miembro de la compañía ‘Imaginario Colectivo’, asumió la dirección del montaje.

    En esta obra se expone los avatares en la vida de una mujer transgénero. “Es un texto crudo, directo. Y decidimos mostrar su crudeza. Si había que hacer una escena sexual, se hacía”, nos dice su director.

    Dusan afirma que ‘El arco iris en las manos’ es un montaje incómodo, no solo por las escenas sexuales, sino especialmente por “entender la identidad de una persona transgénero”. “Dentro de mi activismo no necesariamente había incluido la problemática de las mujeres trans”, nos revela, “por eso la obra es incómoda, porque habla de lo que no se está hablando”.

    Pero, ¿cómo se genera este movimiento de creación LGBT?

    El investigador teatral Percy Encinas recoge en su texto ‘Teatro, política y sexualidades en la escena limeña’ (3) un abundante listado de montajes que han abordado desde los años ’70 el universo LGTB. Edgar Guillén, Luis Felipe Ormeño, Alberto Montalva o Bruno Ortíz son algunas de estas voces que a lo largo de cuatro décadas han generado espacios para que sus temáticas y estéticas se acerquen al público (4).

    Así lo reconoce Dusan Fung cuando menciona como referentes al Teatro del Sol o a los artistas Giuseppe Campuzano y Germaín Machuca.

    Sin embargo, Gabriel de la Cruz plantea que “este es el momento en que el teatro LGBT habla de esta manera. En años anteriores lo ha hecho de otra forma. Probablemente este movimiento surja ahora porque sentimos que las cosas en el Congreso no van a avanzar”.

    Y es que para Gabriel la presentación, en el Congreso de la República, del Proyecto de Ley de Unión Civil para personas del mismo sexo fue lo que abrió el debate sobre la población LGTB en el Perú. Un debate a nivel político que se trasladó a la sociedad civil y desde ésta hacia el teatro.

    Siguiendo este razonamiento, es el momento político de la comunidad LGBT el que ha impulsado positivamente a la creación de espectáculos de calidad en forma y contenido. Y este impulso ha generado la aparición de nuevos espacios como el FIAED, Festival internacional de Artes Escénicas por la Diversidad, dirigido por Carolina Silva Santisteban. O como la nueva sección de voces LGBT que propondrá el Festival Sala de Parto.

    Sin embargo, queda mucho trabajo pendiente. La gestión del público para el teatro ya es bastante dificultosa, ello se complica más cuando se trata de una cartelera con contenidos tan específicos.

    Carolina Silva Santisteban afirma que parte de las dificultades está en la existencia de una ‘cultura de closet’. Asimismo, en las reticencias de las empresas auspiciadoras a comprometerse totalmente por miedo a sus clientes conservadores.

    “Por lo general es un público ya ganado. El reto es cómo lograr invitar a gente que no esté involucrada con nuestra lucha”, afirma Gabriel de la Cruz. Así, esta búsqueda de público se emparenta con la necesidad de sensibilizar a más personas respecto sus demandas.

    Dusan Fung nos cuenta que “desde ‘Imaginario Colectivo’ pensamos mucho en generar un canal, o una plataforma, que invite a entender que esta no es una lucha exclusiva de la comunidad LGBT; sino una lucha de todos y de todas por tener derechos universales”.

    Para ello, al menos a nivel de gestión, Carolina Silva Santisteban ha encontrado en Youtube una manera de atraer público para el teatro. “Para ‘Cuando seamos libres’ empezamos a subir videos y mucha gente nos empezó a seguir. La dinámica de los youtubers genera un vínculo muy cercanos con los seguidores”.

    Así, entre la creación, el activismo y la gestión, las temáticas LGBT encuentran un espacio en la cartelera. La presencia de este teatro diverso resulta un síntoma de los nuevos tiempos en las luchas políticas de la sociedad civil y una señal de apertura y creatividad en la escena local.

    (1) Desde el 2006 el Teatro Británico viene realizando 6 ediciones del Concurso de Dramaturgia Peruana ‘Ponemos tu obra en escena’. Desde el 2012 el Teatro La Plaza desarrolla en concurso de Dramaturgia Sala de Parto. Desde el 2013 el ministerio de Cultura viene convocando el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana. Desde el 2016 el Centro Cultural de la Universidad de Lima ha convocado el Concurso Nacional de Dramaturgia Teatro Lab.

    (2) Según Wikipedia: LGBT es la sigla compuesta por las iniciales de las palabras Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales. En sentido estricto agrupa a las personas con las orientaciones sexuales e identidades de género relativas a esas cuatro palabras.Para el presente texto nos referiremos a teatro LGBT a las puestas en escena que reivindican los reclamos y necesidades de esta comunidad.

    (3) Texto publicado en el libro ‘Otras geografías / otros mapas teatrales’ editado por Carlos Dimeo Álvarez y Jorge Dubatti.

    (4) Actualmente, Sebastián Eddowes viene desarrollando un profundo trabajo de análisis de la obra de dramaturgos locales en su columna El lobby gay de la web teatroclub.pe

    (*) Imágenes tomadas de aquí y aquí.

  • CRÓNICA. Pájaros en llamas

    En 1996 un avión de la compañía Faucett se estrelló en la quebrada de Yura, Arequipa. Nadie sobrevivió. 137 personas fallecieron en dicho accidente. Una de esas personas era Lorenzo de Szyszlo.

    Casi veinticinco años antes, el 24 de diciembre de 1971, un avión de la aerolínea LACSA fue declarado desaparecido. Tenía como destino las ciudades de Pucallpa e Iquitos. No llegó a ninguna de las dos. Un hombre perdió a toda su familia -esposa y tres hijos pequeños- en ese accidente.

    Marisol Palacios era pareja de Lorenzo de Szyszlo cuando ocurrió la tragedia de Faucett. Fernando Verano descubrió a los 15 años que llevaba el mismo nombre que su hermano fallecido en el avión de LACSA. Los recuerdos de Marisol y Fernando son el eje de ‘Pájaros en llamas’, obra de teatro testimonial -escrita y dirigida por Mariana de Althaus- que concluye su temporada en el teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica.

    Un escenario poblado de objetos dispersos recibe a tres actores. Ellos se desplazan con naturalidad en medio de maletas, ropa, muebles y otros elementos que evocan las imágenes posteriores a un accidente de aviación.

    Los primeros textos y acciones presentan, en clave poética, la temática de la obra: una actriz dice un texto en ruso que, gracias al sonido ambiental, se confunde como un llamado de aeropuerto; un actor narra un accidente aéreo visto desde la tierra; dos actores interpretan un diálogo que supone ser entre una persona viva y una muerta.

    En adelante, y a lo largo del montaje, estas y otras escenas de clave poética alternan con momentos que se definen por un estilo narrativo. Así, en las escenas siguientes, los tres intérpretes -apoyados por soporte audiovisual- inician el proceso de reconstruir la historia de los dos accidentes aéreos. Dicha reconstrucción tiene como punto de partida la memoria y los testimonios de los afectados.

    Estos testimonios son inicialmente detallados por los actores. Ellos, en un tono neutral y usando algunos de los objetos presentes en el escenario, cumplen los roles de distintos personajes. Así, enuncian monólogos, representan diálogos y construyen anécdotas a más de una voz. Posteriormente, esta dinámica se replica con la presencia y participación de los actores-testimoniantes.

    En esta primera parte, el mencionado estilo narrativo se emparenta con el de la crónica -exposición cronológico de los hechos, alternancia entre narración e información- y el reporte periodístico -frases breves y comprensibles, detalles sobre el qué, quién, cómo, dónde y cuándo-. Así, a la exposición de hechos trágicos, y sus posteriores consecuencias en la vida de los protagonistas, se suma un estilo que aporta significativamente a la construcción de una primera parte trepidante y emotiva.

    En adelante el montaje presenta variaciones de ritmo y enfoque. Si la primera parte se caracteriza por poner en contexto la historia de los protagonistas; las escenas que continúan pasan a ser el espacio de ampliación, análisis y reflexión sobre dichas historias.

    De esta manera, los testimonios de Marisol Palacios y Fernando Verano muestran nuevos matices sobre su relación con el accidente y cómo éste afectó sus vidas. La presencia de ambos permite la creación de nuevas capas temporales, donde el pasado (de lo narrado) y el presente (del narrador) se funden.

    Ambas memorias se exponen en paralelo. El tránsito de una a otra está signado por un breve ingreso a las atmósferas poéticas mencionadas previamente. Éstas son constituidas por un retorno a fragmentos de diálogos, poemas y canciones que han sido parte de cada historia.

    Así, ambos testimonios -unidos por la reflexión sobre la tragedia, el amor y la muerte- son brevemente separados por elementos a los que se retorna de manera cíclica, como si se abriera o cerrara un nuevo capítulo en cada relato.

    Este tránsito entre una historia y otra -a veces pausado, a veces abrupto- forma parte de la atmósfera general de la obra. Pues el ritmo del montaje ésta signado por el pulso de la narración.

    Este pulso permite valorar el contenido de cada escena. Sin embargo, su presencia no evita que, debido a la extensión del montaje, la tensión dramática decaiga. Ello se debe a que, mientras la obra avanza, la información deja de ser el motor que guía las historias. Y pasan a ser el ejercicio descriptivo, junto a la reflexión, los que toman su lugar. De esta manera, las frases breves y directas dejan paso a textos más extensos y pausados.

    Y es que las distintas anécdotas, referencias y reflexiones surgidas de cada testimonio, transitan -junto a su emotivo contenido- en un ritmo amable y sosegado. Un ritmo adecuado para la exposición de temas dolorosos y sensibles; pero no por ello menos dramático y fatigoso.

    A ello debe sumarse las diferencias de foco entre los testimonios de los dos protagonistas. Marisol Palacios puede contar su propia historia. Ello le permite ahondar en detalles y asociaciones, compartir su dolor y su renacer. Fernando Verano parte de su propia memoria y de la investigación que hizo sobre su padre. Su relato está construido por vivencias propias y retazos ajenos. Así, mientras el testimonio de Marisol deriva en asociaciones, el de Fernando concentra información. Y es que la historia de alguien vivo no concluye en su propia voz.

    de Althaus propone un montaje donde el rol de la palabra es esencial. Ésta es puesta en juego en combinaciones que alternan la narración, el diálogo y la poesía. Es a partir de la combinación de estas alternativas que la acción escénica toma forma (y surge el lugar donde los actores construyen escenas a partir de su voz y su presencia).

    Sin embargo, son los elementos de la prosa -descripción, narración, cambio de foco, saltos en el tiempo y espacio- los que toman mayor importancia dentro de la estructura dramatúrgica.

    La apuesta por la palabra incluye el cuidado en su sonoridad y fraseo. Con ello se logra imponer un tono, una atmósfera, una cadencia. Pero, esta candencia es dependiente del ritmo y la extensión de los textos; lo cual pone en riesgo la necesaria tensión de la puesta en escena.

    de Althaus inicia la estructura dramatúrgica a manera de crónica de sucesos y testimonios. Pero decanta hacia un detallado reporte de anécdotas, procesos y reflexiones. Conserva las memorias de sus actores-testimoniantes. Y, a partir de ellas, invita al público a ser parte de sus duelos y esperanzas.

    Así, ‘Pájaros en llamas’ arriesga. Expone y se expone. Ofrece la historia de dos personas. Conmueve y comunica. Contiene a los intérpretes y cuida al público. Batalla por no caer en una oda al dolor. Ofrenda las reflexiones de los protagonistas. Deriva por la muerte y el dolor; la esperanza y la vida; la identidad y la memoria; la soledad y el amor. Y en esta deriva temática apela a la empatía y, en simultáneo -y quizá sin querer-, deja espacio para la toma de distancia.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Mariana de Althaus.

    En escena: Marisol Palacios, Fernando Verano, Lizet Chávez, Alberick García, Gabriel Iglesias.

    Asistencia de dirección: Hugo Martínez.

    Dirección adjunta: Nadine Vallejo.

    Diseño de escenografía: Eduardo Tokeshi.

    Diseño de proyecciones: Valicha Evans.

  • CRÓNICA. ‘Proyecto 1980 – 2000′ – FAEL 2012

    ‘Proyecto 1980 – 2000 El Tiempo que Heredé’ es el segundo espectáculo presentado dentro de la programación del FAEL 2012. Esta propuesta, dirigida por Sebastián Rubio y Claudia Tangoa se presentó en el activo espacio del Patio de las Artes del Teatro Municipal.

    Luego de haber estado presente en la segunda función se me vienen a la cabeza dos preguntas:

    ¿Es Proyecto ‘1980-2000 El tiempo que heredé’ una obra de teatro?

    ¿Realmente importa si lo es?

    Teatro-testimonio, teatro-documental, performance-teatral, performance testimonial y otras varias posibles etiquetas dan vueltas en mi cabeza mientras me siento profundamente confundido por la experiencia; una mezcla de satisfacción por ser testigo de tan conmovedor, efectivo y honesto trabajo, como de tristeza y conmoción por las fibras que ha tocado en mi.

    ‘Proyecto 1980-2000’ juega permanentemente en los límites de la representación. Sus 5 intérpretes/ejecutantes/performers se representan a sí mismos, pero a la vez – y sin dejar de ser ellos – a diversos sectores involucrados con las crisis de violencia política y corrupción que han asolado ha nuestro país durante las décadas de los 80’s y 90’s. Así, 5 jóvenes, 5 adultos, 5 personas, son también hijos – o hermanos – de actores de los conflictos: víctimas de desaparición y asesinato, periodistas políticos, militares en zonas de emergencia, políticos condenados por corrupción o asistentes de vladimiro montesinos torres.

    La puesta en escena nos propone un espacio pulcro, minimalista, con muy pocos elementos escenográficos. Dentro de ellos destacan una mesa, alrededor de la cual se encuentran las 5 personas,  y una línea de tiempo dominando el fondo del escenario. El primer elemento, la mesa, espacio de comunión, nos plantea desde un inicio una de las líneas principales de la puesta: la posibilidad de juntarnos, de mirarnos las caras, de conversar. Por otro lado, la línea de tiempo servirá como marco para la convención narrativa de cada persona/personaje, para saltar en el tiempo hacia adelante o hacia atrás, para hablarnos de sus rollos personales o para mencionar hechos históricos del país.

    Acompaña el recorrido un uso calculado, dinámico e inteligente del lenguaje audiovisual, el cual nos muestra, en diferentes momentos, archivo fotográfico personal de cada intérprete, registro documental sobre hechos históricos, así como imágenes y detalles de cada persona, a través de un sistema de circuito cerrado. Estos tres elementos trenzan, una vez más, este viaje permanente de lo personal a lo colectivo, de la historia personal al ser humano que cada uno de ellos es hoy.

    Planteados todos estos elementos se nos ofrece un elemento adicional dentro de la convención narrativa: el tema de la herencia. Esta es encarada desde su lado más científico – menciones acerca de las características físicas de los seres a través de los genes recesivos y dominantes -, el más personal – los avatares familiares durante los momentos del conflicto -, y el más abstracto – que hacen/hacemos con lo que nos ha tocado heredar de esta etapa-.

    Es así que ‘Proyecto 1980-2000’ nos permite vernos a través de estos jóvenes. A través de sus ilusiones sobre el futuro o de sus reflexiones sobre el pasado. A través de sus silencios y confesiones, de los reproches familiares – en ocasiones directos, en otras velados – como de su reivindicación a sus seres queridos, de asumir lo compleja y contradictoria de la condición humana, como compleja y contradictoria es nuestra historia.

    ‘Proyecto 1980-2000’ aborda esta difícil temática y sus formas con un lenguaje directo, fresco y por momentos con humor. Logra, de esta manera, que el público tenga que mirar de frente, que evite evadir. Te invita a sentirte parte –es inevitable – sin que tengas que sentirte juzgado. Esquiva la actitud cínica, tanto como la políticamente correcta. Y es ahí, quizá, donde radica el mayor mérito de su contenido: en cuestionar nuestros prejuicios, en decirnos – al ver a esos jóvenes juntos compartiendo sus experiencias – que no hay que olvidar…, pero que tenemos que dejar de juzgarnos.