Etiqueta: dramaturgia peruana

  • CRÓNICA. Salaverry 2120 (lectura dramatizada)

    ‘Salaverry 2120’, escrita por Renato Fernández, fue la última obra en ser presentada dentro del programa de lecturas dramatizadas del Festival Sala de Parto. La dirección estuvo a cargo de Adrián Galarcep.

    El director propone un espacio escénico separado por planos de profundidad. Éstos se definen por la ubicación de un grupo de sillas. En el fondo del escenario se distribuyen tres, y hacia el medio se colocan cinco. Las primeras son para los actores que no participan de la escena que se está representando; las otras, forman parte del espacio de representación en ejecución.

    ‘Salaverry 2120’ presenta características muy particulares. Una de ellas es que en muchas de sus escenas se desarrollan situaciones que acontecen simultáneamente en ubicaciones distintas. Además de ello, el contenido de los parlamentos de los actores presenta información de tres tipos: lo que ellos dicen, lo que ellos piensan y lo que ellos hacen. Así, los personajes enuncian conversaciones, ideas y acciones.

    De esta manera, la multiplicidad de espacios y de contenidos orales genera una rítmica que ofrece estímulos y exige atención por parte del espectador.

    ‘Salaverry 2120’ presenta la historia de dos jóvenes que no se conocen.

    Él, con una vida inestable y algo calamitosa: trabaja en algo que no le gusta, vive con su padre y sus dos tíos -que son personas dependientes- en una vieja casona venida a menos. Además, la relación entre sus familiares es conflictiva por un permanente desacuerdo respecto a la necesidad de vender la casa.

    En cambio la vida de ella, estudiante universitaria acomodada, es más tranquila y ordenada. Hasta que se ve alterada por la difusión, en redes sociales, de un video sexual donde participa.

    Así, durante la primera parte de la obra se oponen el intenso conflicto psicológico del drama de ella con la particular y tragicómica dinámica familiar de él.

    Esto cambia cuando los dos jóvenes se conocen. Pues, pese a avances y retrocesos emocionales, el tono de la historia evoluciona hacia el de una comedia romántica que gira en torno a saber si se va a concretar un romance entre ambos.

    Sin embargo, a medida que avanza, la obra presenta nuevos elementos. Así, además del drama personal, el conflicto familiar y el posible romance, se abre una puerta para el misterio y el desconcierto. Ello, a partir del develamiento de algunos secretos de la familia y la coincidencia entre éstos y la identidad de la joven.

    ‘Salaverry 2120’ plantea un universo cambiante, que se sostiene en el humor y la ternura; pero no exento de drama, desconcierto y misterio. Asimismo, desde las situaciones que viven los personajes, ofrece una mirada a las dinámicas urbanas contemporáneas de la ciudad capital.

    Es una obra que posee muchos méritos, pero que presenta algunas debilidades en la estructura de la trama. Pues, a la relativa facilidad con que la joven se gana la confianza de la familia, y su intempestivo viaje, debe sumársele la desaparición del conflicto emocional y social relacionado al video.

    Y es que ‘Salaverry 2120’, como texto en proceso, aborda muchos temas y lo hace con propiedad. Sin embargo, algunos de ellos resultan cabos sueltos que flotan sin dirección aparente.

    Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Renato Fernández.

    Dirección: Adrian Galarcep.

    En escena: Alessa Esparza, Nicolás Vilallonga, Alberick García, David Carrillo, Raúl Castagneto.

  • CRÓNICA. Ladridos (lectura dramatizada)

    Como parte del programa de lecturas dramatizadas del Festival Sala de Parto se presentó la obra ‘Ladridos’, escrita por Franco Iza y dirigida por Celeste Viale.

    ‘Ladridos’ es la historia de una pareja. En ella, pequeñas acciones de la cotidianidad marital aportan a un complejo entrelazado entre dos situaciones extremas. Por un lado, el descubrimiento de una traición. Por el otro, la animalización del personaje masculino a partir de su relación con los ladridos del perro de la casa vecina.

    Ambas situaciones se construyen en simultáneo. Así, las discrepancias del cotidiano de la pareja, respecto al ruido de los ladridos del perro de la casa vecina, o su discusión sobre si la mujer -en estado de embarazo- debe salir a visitar a una amiga, abonan a la futura verosimilitud de la infidelidad femenina (pareja que pelea permanentemente, necesidad de ella de salir de casa).

    Por otro lado, los constantes ladridos del perro vecino alteran la necesaria tranquilidad laboral del hombre. Ello genera que sus iniciales reacciones de frustración e impotencia -mandar a callar al perro- se conviertan en una pelea, y luego una conversación, ¿imaginaria? con el perro. Ésta se va transformando hasta componer una metáfora de las acciones humanas -del personaje- basadas en universo canino -equivalencia entre la sospecha del hombre y el olfato del animal-.

    El delicado paralelo entre las dos situaciones que guían la obra, y el tono surrealista de una de ellas, construyen un paulatino estado de tensión. Éste desencadena, luego de develada la infidelidad, en un crimen.

    El éxito de esta tensión, que es la que sostiene la obra, se puede encontrar tanto en la arquitectura del texto como en la dirección de la lectura. En el texto, como ya se ha mencionado, por su capacidad de ofrecer pequeñas pistas y mantener un tono aparentemente inofensivo; tanto en las disputas maritales y en la conversación con el perro.

    En cuanto a la dirección se pueden mencionar varios aportes. La presencia de cuatro actores-personajes secundarios apiñados aun lado en el fondo del escenario propone una permanente tensión visual. Más aún cuando dos de ellos se encuentran de espaldas al público.

    Estos dos actores-personajes cumplen los roles acotador-narrador y de ejecutar los ladridos. El ritmo que imprimen ambos, en sus respectivas participaciones los convierte en personajes importantes dentro de la dinámica escénica.

    Asimismo, el uso de las sillas dispuestas en el escenario -primero como elemento utilitario, luego como metáfora de la tensión y la violencia- aportan a la percepción de la tensión desde una dinámica teatral.

    Finalmente, vale mencionar que el texto de ‘Ladridos’ busca acercarse a dinámicas sociales que transcurren fuera de la relación de la pareja. Así, las menciones al universo del derecho y al sensible caso de las esterilizaciones forzadas (crimen aún sin responsables) contextualizan detalles de los personajes (a qué se dedica él, por ejemplo), pero no terminan de concretar su discurso dentro de la obra.

    Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Franco Iza.

    Dirección: Celeste Viale.

    En escena: Anelisse Fiedler, Miguel Iza, Verónica Miranda, Raúl Sánchez McMillan, Patricio Villavicencio, Daniel Menacho.

  • CRÓNICA. Deshuesadero

    Dentro de la programación de obras del Festival Sala de Parto 2017 se presentó ‘Deshuesadero’; texto de Carlos Gonzales Villanueva, montado por la Compañía de Teatro Físico bajo la dirección de Fernando Castro.

    Este montaje se estrenó durante el año 2016 en una temporada que se desarrolló en dos salas, un espacio alternativo barranquino y el Teatro Ricardo Blume.

    El texto de ‘Deshuesadero’ presenta la historia de Esteban, un joven con serios problemas de adaptación que se prepara para una entrevista laboral.

    Gonzales Villanueva puebla la obra de diálogos que alternan y combinan la reflexión existencialista, especialmente en los monólogos del protagonista; y el absurdo, que abunda en las interacciones con sus familiares y empleadores.

    Esta lógica del absurdo se hace presente tanto en los juegos de palabras existentes como en las dinámicas de la realidad que presenta la obra.

    Y es que en los diálogos persiste un permanente entrampamiento en temas sin importancia, un retorno al punto de inicio, una sensación de no avance, que se combina con un trato condescendiente o humillante hacia el protagonista.

    Esto es acompañado por un tránsito entre escenas que no abona a una dinámica realista -aparición de un hermano muerto, sucesos en espacios temporales inconexos-, con lo cual se apela a una lógica que combina diferentes planos de la realidad.

    Ante ello, el director opta por llevar estas características al extremo. Y es que Castro elige no aclarar al espectador las pistas que le permitan entender los saltos temporales o los planos de realidad y fantasía. En vez de ello refuerza el extrañamiento a partir de una estética bizarra que, a medida que la obra avanza, se dirige inevitablemente hacia el exceso.

    Así, al discurso filosófico y quejumbroso del protagonista, Castro lo acompaña -y le opone- planteamientos y estéticas cercanas al absurdo que resultan válidas como metáfora.

    De esta manera, la jefa de personal, que ejerce el poder real y simbólico sobre el postulante, es una mujer vestida de rojo que realiza una secuencia acrobática aérea con la que seduce, somete y anula al futuro trabajador.

    El jefe con quien debe negociar un aumento, quisquilloso en cuanto a las formas de expresarse, es un extraño personaje barbado y femenino. Los padres, que quieren más al hijo muerto o al cachorro nuevo, se encuentran en las fronteras del payaso. El hermano muerto, es un elegante personaje que usa un falso acento extranjero.

    Así, si en el texto Esteban se enfrenta a un mundo para el que no está listo, en el montaje este mundo es desaforado, aberrante, cruel, monstruoso… a la altura de la pesadez de sus palabras, del (sin) sentido de sus quejas, de su derrotismo militante.

    Sin embargo, el segundo acto muestra las fisuras entre la propuesta dramatúrgica y las decisiones de dirección. Pues, el alejamiento de la realidad que propone el texto -donde Esteban se observa a sí mismo muerto y en diálogo con los diferentes personajes- es llevado (una vez más) al extremo en la puesta en escena.

    Y es que Castro opta jugar con la irrealidad. Si bien cumple con las acotaciones presentes en el texto original, no se rige a éstas de manera que le sea fácil al espectador seguir las pistas. Eso lleva al observador a un estado de mayor confusión, dónde el recurso que le queda a mano es entregarse al viaje surreal.

    Llegado a este punto se deben realizar dos observaciones.

    Por un lado el texto, una vez que se ha expuesto a Esteban como alguien frágil para este mundo y, también, como alguien condescendiente consigo mismo, agota su discurso. El colocar al protagonista en diferentes situaciones abona a la aparición de nuevos recursos retóricos, pero no de más líneas de acción. Así, la brillantez de la escritura, su apuesta por el sarcasmo y el absurdo, su habilidad para el humor negro, termina redundando conceptualmente en el discurso lastimero.

    Del mismo modo, el montaje lleva su apuesta hasta el extremo. Así, lo bizarro llega a nuevos niveles en una huida hacia adelante de características delirantes. Y es que una vez planteado el universo estético -visual, espacial, de código de interpretación- de la puesta en escena resulta difícil imaginar un viraje hacia otra dirección.

    Gonzales Villanueva compone, en ‘Deshuesadero’, un texto de profunda densidad, el cual resulta difícil de abordar sin caer en el lugar común de la desgracia y la auto conmiseración. Castro y la Compañía de Teatro Físico asumen estas dificultades con la exigencia artística que la obra demanda. Sus excesos abonan en el misterio y el extrañamiento, su estética vitaliza el pulso más profundo del texto. El resultado es un montaje que reta al espectador y que lo pone en un lugar donde su satisfacción está de la mano de su tolerancia al exceso.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Carlos Gonzales Villanueva.

    Dirección: Fernando Castro.

    En escena: Diego Cabello, Rómulo Assereto, Rodrigo Rodriguez, Sammy Zamalloa, Leonor Estrada, Walter Ramírez, Telmo Arévalo.

    Producción: Compañía de Teatro Físico.

  • CRÓNICA. Congreso

    ‘Congreso’ es el título de una de las obras estrenadas en el Festival Sala de Parto 2017. El texto, escrito por Juan Osorio, Pablo Saldarriaga y Alejandro Clavier, contó con la dirección de Gabriel de la Cruz y la interpretación estelar de Ernesto Pimentel.

    Al ingresar a la sala del Teatro La Plaza el público encuentra definido el espacio de representación. Al centro del escenario se ubica una elegante mesa de escritorio, acompañada de un crucifijo y un Pabellón Nacional. Detrás de ella, enmarcando el espacio escénico, cuelga un telón rojo y, en lo alto, se observan unas luces que forman la palabra ‘CONGRESO’.

    El telón y las luces ofrecen las primeras señales del tono de la puesta en escena. Pues su discreto acercamiento al cabaret y al viejo café teatro limeño dialoga con alguno de los planteamientos del montaje: un personaje travestido, una propuesta de humor y actualidad, la ruptura de la cuarta pared, la inclusión de diálogo con el público.

    En ‘Congreso’ un personaje femenino se presenta como la nueva Presidenta del Poder Legislativo. Se dirige a la platea como miembros del pleno. A partir de esta convención, el personaje desarrolla una secuencia de situaciones vinculadas a la práctica legislativa: ofrece su discurso de asunción, plantea proyectos de Ley, dirige votaciones, otorga y retira la palabra a los congresistas.

    Esta dinámica es abordada desde distintos estilos de la comedia. Así, existe un humor realista-costumbrista, fundado en situaciones de la realidad política y social; un humor absurdo, potenciado por el personaje; y un humor popular, desarrollado en los comentarios de la protagonista.

    De esta manera, la discusión sobre un proyecto de Ley para reubicar el Congreso, o para prohibir que dos personas viajen en una motocicleta, comparte espacio con un monólogo sobre la disminución de volumen que sufre un ave al ser cocinada al horno; y, a su vez, con frases que apelan al humor -en forma de burla e ironía- sobre las características físicas de alguna persona.

    El progreso de las distintas dinámicas congresales lleva a la obra a una segunda parte. En ésta, dos actores-congresistas (que desconocen el texto a interpretar y lo leen en escena) argumentan y polemizan respecto a un proyecto de ley que busca prohibir la homosexualidad. Los argumentos expuestos por el defensor del proyecto se basan en frases enunciadas por congresistas de la República peruana. Así, la realidad ingresa al escenario ficcional en forma de humor, absurdo y reflexión.

    La dinámica generada por los dos polemistas es sostenida por la performance de la protagonista. Y es que, en ocasiones, la discusión pierde ritmo dramático y humorístico. Es ahí donde Ernesto Pimentel, con toda su experiencia a cuestas, interviene y maneja los pulsos  de cada escena.

    Al concluir la exposición de ambos congresistas, el proyecto es sometido a votación del pleno-platea. Y es aquí donde, luego de su rechazo, acontece el momento final y más dramático de la puesta.

    La clave de humor de la obra permite al público reír del incorrecto comportamiento de la Presidenta del Congreso. Sus acciones cercanas a la corrupción y al discurso más conservador se encuentran, evidentemente, cargados de ironía.

    Sin embargo, en la fase final de la pieza, la protagonista enuncia un monólogo donde explica que ella no está de acuerdo con los proyectos ultra conservadores, que a ella también le parecen una barbaridad. Pero que su rol, y el del público-pleno, no es legislar de acuerdo a lo que creen sino a favor de lo que creen las mayorías (por más equivocadas que sean esas creencias).

    Este epílogo, fundado en la realpolitik, moviliza al espectador. Lo saca del humor y de la complacencia del discurso políticamente correcto.

    Pues, ¿será solo el Congreso quien, por medio de leyes, consiga una mejor convivencia social?, ¿el respeto de unos hacia otros surge por decreto?, ¿cuál es el rol real de la representación?

    Este final le genera ruido a la dinámica planteada por el resto de la obra. Y, dada su búsqueda de afectar al espectador, resulta positivo -aunque polémico- que así sea.

    ‘Congreso’ es un montaje de humor social y político. Su coqueteo con el café teatro y el cabaret le permite abordar la comedia desde distintos enfoques. Es, quizá, su acercamiento al humor popular el más controversial. Sin embargo, el manejo del intérprete logra que la incorrección de sus frases posea el tono y la energía adecuada para que, más allá del estilo, no se lea como una agresión al espectador. Y es que Pimentel imprime a su personaje un tono sobrio que potencia, por oposición, el humor de cada situación del montaje.

    Pimentel aporta, inevitablemente, desde su rol de ícono popular televisivo; y desde lo controversial que ello puede resultar.

    Es el performer que se empoderó pese a los prejuicios que su personaje emblemático -La Chola Chabuca- pudiera generar: un travesti representando a una mujer andina. Un personaje que rompía con la imagen de la mujer andina sumisa y tímida. Un personaje al cual ninguna figura pública podía dejar de visitar en su secuencia ‘Aló Chabuca’. Pero también, un personaje que ha sido parte de muchas de las dinámicas perversas de la televisión actual.

    Frases.

    “No creo que exista tal diferencia. Pero sí es importante trabajar con personas que tienen tan clara la problemática”. (Juan Osorio, frente a la pregunta “¿qué se siente trabajar al lado de tanto maricón?”).

    Soy heterosexual y me parece importante que el discurso no esté cerrado solo en el universo gay. Quisiera que mi labor como comunicador y como heterosexual sirva para abrir el discurso y la comunicación. Pablo Saldarriaga.

    “Esta obra está enmarcada en una nueva línea del festival, que es el de las voces LGTBIQ en el Perú. Y seguirá abierta hasta que se apruebe el matrimonio homosexual en el Perú”. Alejandro Clavier.

    “Esta es una oportunidad para llamar a la acción. Para reírnos y pensar, y hacer algo. Porque afuera hay gente organizada contra los derechos de la comunidad LGTBIQ”. Gabriel de la Cruz.

    “Yo no soy responsable”. Ernesto Pimentel (como respuesta a frase “Muchos hemos crecido contigo”).

    “Si ser gay en el Perú fuera una religión sería más fácil. Es una situación donde uno no se identifica con el otro”. Ernesto Pimentel.

    “No me gusta que me digan travesti como insulto”. Ernesto Pimentel.

    “Tengo el presupuesto para ponerme cuatro tetas y dos conchas pero no me importa”. Ernesto Pimentel.

    “Mi mayor orgullo no es hacer esta obra sino ser parte de esto que se llama Sala de Parto. Me importa trabajar con gente que cree en lo que hace”. Ernesto Pimentel.

    (*) Imágenes tomadas de aquí.

    Dramaturgia: Juan Osorio, Pablo Saldarriaga, Alejandro Clavier.

    Dirección: Gabriel de la Cruz.

    En escena: Ernesto Pimentel, Rodrigo Sánchez Patiño, Giuliana León.

  • CRÓNICA. Una pequeña guerra de independencia (lectura dramatizada)

    ‘Una pequeña guerra de independencia’ es el título de la tercera obra que se presentó dentro del programa de lecturas dramatizadas del Festival Sala de Parto. El texto fue escrito por Cinthia Delgado, y la dirección de la lectura estuvo a cargo de Nishme Súmar.

    La propuesta de la directora se acerca a la representación de un ensayo con mínimos recursos de producción. La distribución del espacio escénico es clara y se encuentra definido a partir de los elementos que en él se ubican. El sillón y la lámpara dispuestos hacia el centro del escenario se contrastan con la marginalidad de las cuatro sillas posicionadas en las zonas laterales. Estas últimas servirán de lugar de espera para los actores que se encuentren fuera de escena.

    Asimismo, el desplazamiento de los intérpretes permite definir con claridad la distribución del espacio ficcional -una sala, la puerta de ingreso, el acceso hacia el patio posterior-.

    ‘Una pequeña guerra de independencia’ propone la historia de una familia que busca independizarse del sistema de agua potable. El viejo sueño del padre, viudo y jubilado, se hace realidad cuando su hijo pone a funcionar una máquina que él mismo ha construido. El éxito inicial de su propósito los hace decidirse a solicitar la cancelación total del servicio doméstico. Pero, cuando se dan cuenta que ello acarrea nuevos inconvenientes inician una lucha por solucionarlos.

    Sin embargo, cada nueva acción que la familia emprende tiene como objetivo solucionar los problemas que la decisión anterior trajo consigo. Así, paulatinamente se presentan situaciones más extremas, en una huida hacia adelante que busca desesperadamente liberarse de la dependencia y explotación de las empresas de servicios.

    Esta progresión del texto genera que el tono coloquial y naturalista del inicio tenga virajes hacia la farsa, la sátira y el absurdo; todo ello en clave de comedia.

    ‘Una pequeña guerra de independencia’ juega con la oposición entre el deseo de una vida auto sostenible y el sometimiento a las reglas del sistema. Esta pugna, llevada a cómicos extremos por el padre y el representante de la empresa proveedora, se convierte en una lucha entre la utopía libertaria y el totalitarismo empresarial.

    Cinthia Delgado ha escrito un texto que progresa con una lógica coherente y un humor absurdo. Diseña personajes entrañables que alimentan sus virtudes unos a otros. Nishme Súmar le añade a ello un pulso eficiente y el importante detalle de que los actores lean todas las acotaciones. Este hecho permite que, además de imaginar detalles que requieren de un planteamiento escenográfico complejo, los intérpretes consigan generar un estado de complicidad inmediato con el público.

    Debe destacarse además el carisma y ritmo impuesto por los actores, quienes -según palabras de Ricardo Velásquez- consiguieron sostener este texto a partir de 4 sesiones de ensayo.

    ‘Una pequeña guerra de independencia’ es una comedia que refiere a varios temas de actualidad: la búsqueda de nuevas formas de sostenibilidad, la tiranía de las empresas de servicios, el trato preferencial que los gobiernos tienen para con ellas.

    Aunque quizá -como mencionara Ricardo Velásquez en el conversatorio posterior a la función- le haga falta, y sin perder el sentido del humor, un señalamiento sobre la ausencia de servicio de agua en grandes franjas del territorio nacional y local.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Cinthia Delgado.

    Dirección: Nishme Súmar.

    En escena: Emanuel Soriano, Ricardo Velásquez, Pold Gastello, Mónica Ross.

  • CRÓNICA. Vasco (lectura dramatizada)

    El pasado sábado 16 de septiembre, dentro del Festival Sala de Parto, se realizó la lectura dramatizada de la obra ‘Vasco’. El texto, escrito por Mario Sifuentes, fue seleccionado en la convocatoria del año 2015. La dirección de la lectura estuvo a cargo de Ximena Arroyo.

    En el escenario se encuentran cinco elementos: un sillón de diseño ubicado en el centro y una silla por cada vértice. Los actores, salvo por algún discreto detalle en denim azul, visten íntegramente de negro. Al ingresar toman sus textos de cada uno de los muebles.

    En ‘Vasco’ Ximena Arroyo propone, como lo menciona en el conversatorio posterior a la función, “compartir un espacio de ensayo con el público”.

    Ello se ve graficado en el planteamiento escénico. Y es que la mayor parte del tiempo todos los actores se encuentran en el escenario; pero es su ubicación lo que los incluye o los margina de cada escena.

    Asimismo, la corporalidad y gestualidad de los intérpretes, y la relación espacial entre ellos, brinda información complementaria al texto y permite que las palabras que lo componen encuentren nuevas dimensiones -esta vez físicas- en la percepción del oyente/espectador.

    De esta manera, las pequeñas acciones y acercamientos a la representación le imprimen un carácter al texto. Ayudan a escucharlo y a imaginarlo. Son esbozos, pistas, de un montaje -aún- inexistente. Un montaje naturalista, a tono con el estilo de los diálogos, los giros dramáticos y la estructura dramatúrgica.

    ‘Vasco’ es la historia de una familia. Una familia cuyo padre se encuentra detenido por ser sospechoso en un caso de corrupción.

    La obra ofrece paulatinamente la información. No juega al misterio, pero desentraña los conflictos sin precipitarse; permitiendo que el público se vaya sorprendiendo con cada avance.

    Presenta hábilmente a todos los personajes desde las lógicas de la cotidianidad. Y a partir de las simplezas del día a día, de situaciones que, en apariencia, no poseen mayor trascendencia, expone distintos detalles del universo familiar. Logra así mostrar la relación entre los miembros de la familia y el rol que cada uno cumple -o debe cumplir- en el contexto en que se encuentran.

    Sifuentes opta por un tono fresco, desenfadado. Plantea la historia a partir del punto de vista de los jóvenes de la familia. Y, desde esta sensibilidad juvenil, va mostrando los giros que posee la trama.

    Así, lo que inicia con un tono de comedia ligera logra transformarse en un drama familiar. Y, ¿por qué no?, dado el actual contexto social-político-judicial, en un drama costumbrista.

    Esa transición es guiada por elementos de suspenso. De esta manera, aparecen situaciones tales como la aparente traición del amigo abogado, la liberación temporal del padre, la confabulación para encerrarlo de manera definitiva, su posterior huida, y el develamiento final sobre sus actos de corrupción.

    Así, una vez expuestos todos -familia protagonista y público asistente- a la verdad, surge el último giro que guía a la obra hacia su desenlace. En él, ‘Vasco’, el hijo del ex ministro corrupto, el estudiante de cómoda vida en Londres, el chico que juega tenis en su casa, decide arriesgarse a perder todo y denuncia a su padre y sus cómplices en televisión nacional.

    Sucedido esto, el texto presenta un epílogo conformado por dos escenas. En una, el padre chantajea sin éxito a ‘Vasco’ -mostrándole las bondades de aliarse con los corruptos-. En la siguiente se aprecia la partida de la familia, dispuesta a empezar una nueva vida en una casa más chica.

    Este ‘happy end’ presenta algunos problemas de verosimilitud. Especialmente en un texto y una lectura que se plantea desde el naturalismo realista. Y es que propone que, en el universo de la obra, resulta sencillo denunciar a una mafia de políticos y no sufrir las consecuencias por ello.

    ‘Vasco’, como texto en estado de proceso -según Sifuentes esta es su tercera lectura con posibilidades de seguir siendo revisado- presenta sorpresa, ritmo y claridad. Expone una temática compleja y actual. Muestra un drama familiar que es parte de un drama nacional. Nos muestra el cinismo y el poder visto desde el cotidiano de quienes lo ejercen. Y como éste influye sobre jóvenes que se ven envueltos en una situación que no pidieron.

    Imagen tomada de aquí.

    Escrita por: Mario Sifuentes.

    Dirigida por: Ximena Arroyo.

    En escena: Katerina D’onofrio, Pold Gastello, Liliana Trujillo, Macla Yamada, Cheli Gonzáles, José Miguel Arbulú, Daniel Cano.

  • CRÓNICA. Lectura – Génesis

    El pasado jueves 14, dentro del marco del Festival Sala de Parto, se realizó la lectura dramatizada de ‘Génesis’; texto original de la dramaturga huancaína María Teresa Zúñiga. La dirección de la lectura estuvo a cargo de Miguel Rubio.

    Un músico, interpretando una obertura con su chelo, anuncia el ingreso de dos actrices. Ambas mujeres, se sientan en dos sillas ubicadas al borde de un escenario en penumbras. Sobre la oscura pared del fondo se proyecta intermitentemente una línea, como de una irregular señal de comunicación.

    En esta propuesta el músico acompaña las transiciones entre escenas, la proyección mantiene una tensión sin generar distracciones visuales, la discreta iluminación concentra la mirada en las actrices, y así, como asegura Miguel Rubio en el conversatorio posterior a la función: “la lectura activa la atención del espectador en relación al texto”.

    En ‘Génesis’ una abuela y una nieta que se acaban de conocer deben huir juntas de la guerra que asola su ciudad y su país. El camino está plagado de peligros a evitar, de rutas fallidas, de explosiones.

    Mientras las mujeres buscan el camino y comparten sus estrategias de sobrevivencia deben confrontar la diferencia generacional, el desconocimiento sobre la otra, la deuda familiar, las cuentas por resolver.

    Así, el texto de ‘Génesis’ propone un camino de sobrevivencia ligado a uno de reconocimiento. Dos mujeres, quizá las últimas de una ciudad arrasada, deben lidiar consigo mismas y con la realidad que les ha tocado.

    El contexto de espera y batalla permite al texto ser habitado con toda naturalidad por el existencialismo, el absurdo y la poesía. Las frases son acciones pero también son metáforas.

    Así, por ejemplo, las menciones a la guerra que se libra en la obra invita al público a especular que se refieren al proceso de violencia reciente vivido en el país. Pero, luego se puede intuir que se habla de una guerra futura. Y es que este conflicto inacabado -el de la obra, claro está- podría ser el de éstas y todas las guerras.

    Dos mujeres, para huir, deben vestir de blanco…y ser un blanco fácil; como la historia de las mujeres en todos los periodos de violencia.

    Esta situación de vulnerabilidad de los personajes no es ajena al trabajo de la dramaturga. Como ella menciona en el conversatorio, disfruta de encontrar “personajes que no tienen la oportunidad de hablar en el mundo real”.

    ‘Génesis’ es un texto de gran calidad poética. Una historia con conflictos abiertos: los de los personajes, los de la sociedad. Un espacio para el disfrute y la confrontación; para la confusión y las preguntas. Una reflexión y un señalamiento sobre la guerra pasada, futura y eterna.

    Conozco el trabajo de María Teresa de hace muchos años. Me parece importante salir de la centralidad de Lima. Es una dramaturga de gran calidad. Una dramaturga que no ha caído en la inmediatez. Un texto que tiene una mirada tan universal, tan contemporánea, tan poética, que solo puede venir de un universo de mujer”. Miguel Rubio.

    “Me he sentido desafiado. No vengo de una teatralidad del texto. Pero me propuse conocer y acercarme y entregarme a la lectura; y no sucumbir a la tentación del cuerpo y el movimiento. Si lo montara seguramente trabajaría desde la quietud y del poder del texto”. Miguel Rubio.

    Concentrar en la propuesta una mirada de la mujer desde otro ámbito. No solo en el ámbito familiar. Sino mostrar a una mujer en todos los ámbitos de la sociedad. La mujer siempre está en contradicción. Se convierte en una fuerza transformadora, una fuerza de resistencia. Una representante de la búsqueda de mis trabajos, que es evitar la deshumanización del hombre”. María Teresa Zúñiga.

    Creo que siempre estamos esperando”. María Teresa Zúñiga (ante la pregunta del por qué en varias obras suyas hay una espera que no se resuelve).

    Siempre me han preguntado eso. Me han invitado a Lima y otros lugares. Pero he encontrado la posibilidad de proyectar mi trabajo de otra manera. ‘Mades medus’ está en otros países, se ha traducido, la trascendencia de un autor es eso”. María Teresa Zúñiga.

    Ya me han preguntado y mi respuesta es que me han sembrado ahí. Me siento protegida por los cerros. Y desde ahí se puede ver el mundo. Más bien yo los invito a que ustedes vayan a Huancayo, a conocer el trabajo de teatro que se hace por allá”. María Teresa Zúñiga.

    Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: María Teresa Zúñiga.

    Dirección: Miguel Rubio.

    En escena: Teresa Ralli, Luciana Blomberg, Diego García.

  • CRÓNICA. La hija de Marcial

    ‘La hija de Marcial’, obra escrita y dirigida por el cineasta Héctor Gálvez, se presentó en el Teatro Juan Julio Wicht del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.

    En la oscuridad de la sala, una atmósfera sonora envuelve a la platea. Un reiterativo llamado de cuerdas con toques andinos precede la aparición, en medio de penumbras, de un hombre que trabaja la tierra con un pico. Su accionar marca un ritmo visual y sonoro; el cual se ve alterado por la irrupción de un sonido distinto. El hombre se detiene, se agacha, busca entre la tierra, saca de ella una prenda de lana. Se pone de pie, convoca a otro personaje, ambos se santiguan frente al hoyo en la tierra.

    Así, sin palabras, Gálvez introduce al público en la dinámica de ‘La Hija de Marcial’: la historia de un cuerpo que aparece, contada a través de la espera, los silencios, la construcción de atmósferas.

    La obra, ambientada en un pueblo del ande peruano, expone la historia de una joven cuya vida se ve trastocada por el accidental hallazgo del cuerpo de su padre desaparecido. Un poblador encontró el cadaver mientras iniciaba las obras para una construcción dentro de su propiedad. La relación entre este hombre y la joven es tensa, pues el proceso legal necesario para retirar el cuerpo, y realizar su entierro, posterga el inicio de sus actividades.

    De esta manera, mientras la joven se enfrenta a las presiones del propietario del terreno, debe lidiar -a través del alcalde del pueblo- con la burocracia estatal. Mientras, en simultáneo, se confrontar emocionalmente con su historia familiar -la desaparición de su padre, la decadencia de su madre- y con cómo ésta afecta a su relación con el resto del pueblo.

    Gálvez propone un código de actuación naturalista, pero no resiga la presencia de elementos simbolistas. Así, la manera en que presenta a  un grupo de viudas y sus deudos desaparecidos -dos actores desnudos portando flores-, o a la madre en el recuerdo de la hija -uno de los actores inclinado, portando un sombrero sobre su espalda- disloca la continuidad estilística;  sorprendiendo y fortaleciendo el extrañamiento de una atmósfera ya cargada por el peso de una historia sin visos de resolución.

    El ambiente de permanente tensión que ofrece el montaje se apoya en la progresión de la anécdota y el permanente roce entre sus personajes, además del aporte de los elementos lumínicos, visuales y sonoros.

    Y es que ‘La hija de Marcial’ ofrece un cuidadoso diseño de luces. Éste combina acertadamente atmósferas de color con la opacidad de las sombras, construyendo espacios igualmente opresivos y bellos. A ello se suma la ya mencionada efectividad de los ambientes sonoros y la presencia de una proyección de video -al fondo y en lo alto del escenario- que, con paisajes de amanecer o noches estrelladas, fortalece y acompaña las atmósferas temporales y dramáticas de la obra.

    La propuesta escenográfica combina realismo y practicidad. En el fondo del escenario una pared que representa la fachada del antiguo colegio del pueblo delimita el espacio escénico. Este elemento le genera un peso excesivo al diseño, pues el resto de ellos -a la izquierda, una carpeta; a la derecha, una vieja mesa-, facilitan el tránsito de la protagonista entre los diferentes espacios físicos y temporales y dinamizan una propuesta cuyo foco se encuentra en el centro del escenario -donde se ubica la tierra levantada que luego es adornada como una tumba-.

    La estructura dramatúrgica de ‘La Hija de Marcial’ alterna lugares y conflictos en las cuales la protagonista se confronta con las demandas del pasado y la familia -un padre al que solo conoció por referencias, las promesas hechas a la madre-, y de la realidad presente -el propietario del terreno, las viudas, el novio, el Alcalde, la relación con el pueblo-.

    De esta manera, hilando entre esos encuentros, ‘La Hija de Marcial’ expone la realidad a la que se enfrenta una persona en la búsqueda de darle sepultura a un familiar detenido y desaparecido; y la silenciosa y tensa relación que sus acciones generan en el resto de su comunidad.

    Ello va aportando pistas sobre la razón de la muerte del padre e invita a intuir el desenlace. Es aquí donde aparece una de las debilidades del montaje. Pues, al existir una sospecha sobre lo que ocurrirá -develamiento de las razones de la muerte del padre por sus vínculos con los grupos violentistas, negativa del pueblo al enterramiento del cadáver en el cementerio local- la demora en la resolución de los acontecimientos genera un desgaste en la expectativa del espectador. (*)

    Sin embargo, esta espera, y el extenso drama que vive la protagonista, abre la silenciosa posibilidad de acercar al público a plantearse nuevas miradas sobre la memoria de la violencia que vivió el país en el periodo ’80-2000.

    Y es que ‘La hija de Marcial’ trasciende al discurso hegemónico -el de un enemigo vencido por un salvador- y al oficial -del campesino entre dos fuegos-, y se acerca a las pequeñas historias que pueblan la memoria del pasado reciente. Así, nos enfrenta al derecho de una joven -inocente- a enterrar a su padre -victimario-. Nos confronta con la posibilidad de entender que han existido roles superpuestos e intercambiables entre víctimas y victimarios. Y nos acerca a la pregunta acerca de nuestra mirada sobre el estigma que cargan los hijos de estos últimos.

    Gálvez tiene el gran mérito de convocar la complejidad de los estudios históricos y antropológicos en una historia, en una anécdota, y lograr ponerla en escena con solvencia. Agrega a ello el hecho de lograr que un elenco diverso en formación, estilo y edades logre componer un código actoral homogéneo que dialogue con la cuidadosa composición de atmósferas sonoras y visuales.

    (*) Esta afirmación se puede poner en cuestión si se piensa en un público que no esté al tanto del proceso de violencia sufrido en el país entre 1980 y el 2000.

    (**) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia y dirección: Héctor Gálvez.

    En escena: Beto Benitez, Kelly Esquerre, Gerald Espinoza, Julián Vargas.

    Dirección adjunta: Maricarmen Gutierrez.

    Diseño de escenografía: Juan Sebastián Domínguez.

    Diseño de iluminación: Mario Bassino.

    Diseño de vestuario: Ramón Velarde.

    Realización de videos: Aldo Cáceda.

    Diseño sonoro: Santiago Pillado-Matheu.

  • CRÓNICA. Tu madre, la Concho

    En el auditorio del Centro Cultural El Olivar se viene presentando ‘Tu madre, la Concho’, obra teatral escrita por Ángelo Condemarín y dirigida por Paola Vicente Chocano.

    ‘Tu madre, la Concho’ es una comedia costumbrista que se desarrolla a partir de la tensa relación entre una madre sobreprotectora y su treintañero hijo. Él, un hombre débil de carácter, deberá enfrentarse a las presiones de un matriarcado familiar en la que su madre es secundada por su hermana menor y su abuela.

    El tono de comedia y la dinámica entre los personajes se pone de manifiesto desde la primera escena: En ella, la madre irrumpe, sin anunciarse, en el cuarto de su hijo mientras este se desnuda. A partir de esta interacción surge el primer elemento de conflicto del montaje. El hijo prepara su maleta para realizar un viaje. La madre busca todos los medios para supervisar su partida -tratándolo cómo si él fuera incapaz de valerse por sí mismo- y, cuando nota que no puede conseguirlo, hace lo posible por evitar que el hijo salga de casa.

    La estrategia familiar para mantener el control se basa en mentiras y manipulaciones. Éstas crecen en intensidad cuando se devela que el viaje es solo una excusa del hijo para poder alejarse del seno familiar y mudarse a una nueva casa.

    La dramaturgia de la obra presenta una estructura basada en la reiteración y progresión de un patrón. En él las mujeres plantean una artimaña de manipulación y convencimiento. A ésta le sigue su ejecución y su posterior fracaso; para luego reiniciar el patrón con la creación de una nueva artimaña.

    Esta estructura, si bien efectiva y lógica en cuanto a los fines narrativos, padece de debilidad rítmica. Pues, a medida que avanza el montaje esta dinámica se vuelve redundante y predecible.

    Sin embargo, la apuesta de la obra se encuentra en las posibilidades humorísticas que genera cada nueva estrategia del clan femenino. Así, desde los discursos disparatados hasta las más oscuras estrategias de manipulación se constituye una cadena de situaciones que apelan al humor como herramienta integradora de la estructura dramática.

    Para ello, el rol de las intérpretes es fundamental.

    ‘Tu madre, la Concho’ se fortalece en las participaciones de Claudia Dammert (la madre) y Sonia Seminario (la abuela). La primera con una energía que combina la explosión y la contención que le permite alternar con eficiencia largos monólogos y frases sorpresivas. La segunda, con un ritmo pausado y cadencioso que añade una cuota de sarcasmo a cada una de sus intervenciones.

    La calidad interpretativa y el manejo rítmico de ambas actrices sostienen la clave humorística dentro de situaciones perversas como la invasión de la privacidad, la subestimación hacia los jóvenes, el manejo de los conflictos a partir del recurso emocional y la culpa, o las manipulaciones económicas.

    ‘Tu madre, la Concho’ propone un humor costumbrista basado en el chisme hogareño y ciertos arquetipos del matriarcado familiar. Así, la abuela es taimada, la madre neurótica y la hija menor poco menos que inútil. Además, el hijo es débil frente a la madre y al padre solo se le menciona para hablar mal de él.

    Estos arquetipos, además de ser funcionales para el desarrollo de la historia, proponen un imaginario que el montaje explora superficialmente. En él, la hija menor no trabaja y es probable que pase el resto de su vida en la casa, cuidando a la madre y la abuela; el padre es un proveedor ausente de las dinámicas internas de la familia; los hombres son incapaces de enfrentar las neurosis y manipulaciones de las mujeres, por ello optan por el silencio o la ausencia; las mujeres no permiten el ingreso de miembros femeninos externos a su clan; todas las atenciones se concentran en el hijo, por ser hombre.

    Así, ‘Tu madre, la Concho’ apela a un costumbrismo absurdo, pero reconocible. A una lógica conservadora, pero vigente. Apela a la caricatura para construir una comedia ligera. Y en esa ligereza pierde la oportunidad de enfrentar a su propio drama.

    (*) Imagen tomada de aquí.

    Dramaturgia: Ángelo Condemarín.

    Dirección: Paola Vicente Chocano.

    En escena: Claudia Dammert, Sonia Seminario, Claudio Calmet, Masha Chávarri.

  • CRÓNICA. N. A. Ninguna de las anteriores

    Bajo el rótulo ‘REPITE REPONE PRESENTA’ el colectivo ‘Panparamayo’ viene realizando una temporada con obras de su repertorio. Esta serie de presentaciones, que se extiende hasta el mes de noviembre, tuvo como primer montaje  a ‘N. A. Ninguna de las anteriores’. Dicho trabajo, dirigido por Mario Ballón, se presentó los sábados de agosto en la sala de Teatro Ensamble.

    ‘N. A. Ninguna de las anteriores’ es una obra que, bajo una estructura fragmentaria, aborda a la masculinidad como eje temático. Y lo hace retando sus límites canónicos. Pues, si desde un punto de vista conservador se asocia la masculinidad con el imaginario del varón heterosexual, este montaje se aproxima al tema a partir de las sexualidades diversas.

    La estructura dramatúrgica de la obra se sostiene en la alternada evolución de tres líneas dramáticas. Cada una de ellas corresponde a un personaje masculino, y posee su propia dinámica interna, estilo de representación y manera de plantear el conflicto.

    Así, el primer personaje es un joven que se encuentra en el proceso de informar a su familia sobre su oculta orientación sexual. El desarrollo de su conflicto personal se intercala con la ejecución de un taller/capacitación donde él orienta al público sobre los derechos humanos homosexuales. De esta manera, el montaje sorprende al romper la cuarta pared y dirigirse al público por medio de monólogos e interacciones cargados de humor e ironía.

    El segundo personaje expone las prácticas y conflictos cotidianos de un hombre cuya sexualidad se encuentra en proceso de descubrimiento y aceptación. En su accionar cohabitan estilos -como la farsa y el naturalismo- y lenguajes -escenas que se afirman en la palabra, cuadros que se elaboran a partir de imágenes-.

    Finalmente, el tercero muestra la preparación de un actor en la composición de su personaje: un ‘machito bacán’. Su desarrollo posee cierto misterio, y suma acciones físicas, voces en off y lecturas de manuales de actuación. En este personaje, la construcción de un rol específico deviene en la metáfora de la construcción de una masculinidad agresiva, ‘achorada’.

    Es así que, a través de estos tres hombres, ‘N.A. ninguna de las anteriores’ crea un paralelo dramático entre las obligaciones que implica el ejercicio de una masculinidad arquetípica, y los prejuicios y dificultades a los que se enfrentan los varones con orientaciones y prácticas fuera de aquellos límites.

    Este paralelo, que señala con agudeza los absurdos de ambas situaciones, se vale de otro arquetipo: el del rol de la mujer en las diferentes escenas de la obra. Ello, aunque podría resultar ideológicamente contradictorio -pues implicaría una mirada machista de los roles femeninos- pone en juego las dinámicas de poder/dependencia en la construcción de la masculinidad (y de la imagen masculina). Así, la mujer en escena es madre o amante. Es alguien de quien depender o alguien a quien poseer (o denigrar, como en los monólogos del actor/personaje).

    Sin embargo, no deja de llamar la atención que también sean mujeres quienes fungen de asistentes del actor/tallerista. Con lo cual puede plantearse una contradicción por omisión.

    ‘N. A. Ninguna de las anteriores’ es una obra que reta al espectador. Su estructura fragmentaria y la combinación de lenguajes y estilos escénicos ponen en riesgo -especialmente durante la primera mitad del montaje- la claridad de sus convenciones. Y es que su diseño dramatúrgico exige que el espectador la re-construya una vez develados los conflictos y situaciones de cada personaje. Así, hacia el final, las imágenes abstractas y las parodias costumbristas que lo componen cobran un nuevo sentido. Con ello el concepto y el discurso de la obra se refuerzan.

    ‘N. A. Ninguna de las anteriores’ recurre al humor como lenguaje -corrosivo, en muchos casos- pero también como herramienta rítmica. Su presencia desahoga densidades y ritmos pausados.

    Sin embargo, las limitaciones técnicas del espacio perjudican la fluidez del montaje. Y es que a la escasez de luz -que no permite apreciar con claridad las contra escenas- se suma el reiterativo tránsito en fade out; el cual resta ritmo a una obra que propone exigencias al espectador.

    ‘REPITE REPONE PRESENTA’, del colectivo ‘Panparamayo’ es una buena noticia para la escena local. Permite difundir y conocer el trabajo de un colectivo joven y persistente. Asimismo, la presencia de ‘N. A. Ninguna de las anteriores’ ofrece la oportunidad de ampliar la necesaria lectura de la temática de género en las artes escénicas.

    Más información sobre Panparamayo aquí.

    Más información sobre ‘N.A. Ninguna de las anteriores’ aquí.

    Dirección: Mario Ballón.

    En escena: Verity Vélez de Villa, Sandro La Torre, César Golac, Mario Ballón.

    Asistencia de dirección: Claudia Alecchi.