Etiqueta: dramaturgia peruana

  • CRÓNICA. Los regalos

    ‘Los regalos’, es una propuesta escénica producida por la ‘Compañía de Teatro Físico’ y dirigida por Fernando Castro.  Este montaje se presentó, entre el 28 de agosto y el 20 de septiembre, en la sala del Teatro Ensamble De Barranco.

    ‘Los regalos’, es una puesta en escena que plantea un efectivo diálogo entre los lenguajes del teatro físico, la acrobacia y el clown. Suma a ello, el uso de máscaras y la presencia de video animación; los cuales suman y fortalecen una cuidada propuesta estética.

    El inicio del montaje presenta una imagen estática – dos personajes frente a frente, donde uno porta una maleta – a la cual se retornará a medida que se desarrolle la obra. Esta imagen ofrece un detalle esencial en la propuesta estética y del discurso escénico de la obra: la cabeza y el rostro de los personajes están definidas por la presencia de máscaras.

    Luego de esta primera imagen se desarrolla un conjunto de escenas, las cuales funcionan como presentación de los personajes: un padre y sus dos menores hijos. Estas escenas muestran, a través de la cotidianidad expuesta en cada una de ellas – un viaje en auto, el momento del almuerzo, una pelea entre hermanos, los juegos de ambos, la hora de acostarse, etc. – distintos detalles acerca de la vida y las relaciones entre los tres miembros de la familia.

    Así, se puede conocer que estos tres hombres viven juntos – sin mujeres -, que el hermano menor es bastante pequeño, que la familia tiene dificultades económicas y que el padre tiene serios problemas de comunicación con sus hijos – llegando, incluso, a resolver una situación por medio de la violencia física -.

    Pero, además de lo mencionado, estas escenas permiten apreciar matices sensibles de las relaciones entre los personajes. Logrando mostrar distintos vínculos entre ellos: sus cercanías, distancias y complicidades; los celos, las reconciliaciones y las demostraciones de afecto; la ternura, el respeto, el temor, la soledad. En esencia, las complejidades de las relaciones familiares.

    Toda esta información, repartida con tino y sensibilidad, es expuesta sin el uso de la palabra hablada; apostando por construir un discurso a partir de las acciones y pausas de los cuerpos de los intérpretes. Y es que, ante la presencia de las máscaras, que reduce el gesto facial de los personajes a una sola imagen estática, se opta por un cuidadoso e inteligente trabajo de composición escénica. De manera tal que, mientras las acciones corporales grafican una situación específica, la ubicación de los personajes en el espacio, la velocidad de sus movimientos y la construcción de ‘gestos’ a través del cuerpo, permiten sumar detalles que constituyen los matices de las relaciones a los que se hacía mención líneas arriba.

    A ello se debe agregar la prolijidad en la presencia y uso del vestuario y la utilería. Siendo elementos que ofrecen detalles que aportan para la identificación de los personajes, su contexto y las dinámicas que existen entre ellos.

    La descripción planteada, sobre la primera parte del montaje, bien podría aplicarse para los recursos escénicos que conforman la segunda parte del mismo. Sin embargo, el efecto emocional de los detalles expuestos cobrará mayor potencia hacia el final de la puesta en escena. Y es que, la primera parte concluye con la partida del hijo mayor del núcleo familiar; y la segunda inicia con el retorno de éste, mucho tiempo después (aquí es donde reaparece la imagen del inicio del espectáculo), a visitar a sus familiares.

    Esta segunda parte expone una evolución en el tiempo de los personajes, donde los hijos son adultos y el padre es un anciano. El paso del tiempo no solo se evidencia por medio de los cuerpos, expuesto magistralmente por los intérpretes, sino también en las relaciones  entre los personajes. Así, la complicidad entre los hermanos desaparece, mutando en gestos de respeto y distancia. Lo mismo sucede entre los hijos y el padre, observándose mayor cercanía y contacto entre éste y el hijo menor; quien es el que se hace cargo de su cuidado.

    Esta dinámica de afecto distante – propio de las relaciones masculinas en una sociedad machista –  se mantendrá hasta el final de la obra; donde el hijo mayor parte nuevamente, alejándose de su padre y de su hermano.

    ‘Los regalos’ logra así conmover a un público que, a lo largo de dos grandes cuadros que muestran tiempo y contexto de una familia, es invitado a ejecutar una labor de lectura y escritura del montaje. Es así que el espectador es quien aporta y completa el componente emocional –e incluso, el narrativo – de una historia sencilla en cuanto a su anécdota, pero abundante en detalles y matices.

    Este texto no podría  concluir sin hacer mención a la presencia del video. Proyectadas sobre el fondo del escenario, las animaciones cumplen roles técnicos – de tránsito entre escenas -, narrativos – mostrando la compra de los regalos y contextualizando el factor económico – y estéticos -la belleza de sus imágenes, a partir de una estética cercana al cómic, y el tiempo de sus transiciones, dialogan con un espectáculo planteado desde la acción, la pausa y la contemplación -.

    Asimismo, vale mencionar el uso de los elementos escenográficos. Y es que, a partir de la presencia y uso múltiple de dos mesas de madera, los personajes construyen distintos escenarios y contextos.

    Finalmente, se debe destacar los momentos de presencia de la acrobacia. Quizá lo más destacable, además de la gran calidad técnica con que se ejecutan – pese a las dificultades técnicas que plantea el uso de la máscara –, es su aparición dentro de la dinámica de las acciones de los personajes. Evitando, de esta manera, una presencia gratuita y centrada en la demostración de destrezas.

    ‘Los regalos’ es un espectáculo que parte de una anécdota familiar para construir un imaginario desde el silencio, la contemplación y la ternura. Evita el lenguaje oral y el recurso del gesto facial. Para ello recurre a las máscaras; las cuales, al contar con el dominio en su uso, potencian el discurso del cuerpo de los intérpretes. Y es así que – a partir de la anécdota principal y sus variantes – los cuerpos, las máscaras y el silencio componen un espectáculo que vincula al espectador y lo invita a decir(se) y completar(se) lo que estos hombres-personajes no pueden decirse.

    (*) Foto tomada de aquí.

    Dirección: Fernando Castro.

    En escena: Diego Cabello, Eduardo Cardozo, Miquel De La Rocha.

    Idea Original: Diego Cabello, Fernando Castro.

    Dramaturgia: Fernando Castro, Federico Abril.

    Realización de máscaras y dirección de arte: Ana Cecilia Chung.

    Vestuario y asistencia de arte: Alonso Núñez.

    Música Original: Giovana Núñez (La lá).

    Video y diseño gráfico: TAG Estudio Gráfico.

    Asistencia de dirección: Telmo Arévalo.

    Producción general: Compañía de Teatro Físico.
     

  • CRÓNICA. Gol

    ‘Gol’ es un montaje teatral dirigido Roberto Ángeles; quien, además, escribió la dramaturgia junto a José Diez Canseco y Fernando Luque. Este montaje tuvo  una breve temporada, entre el 19 y 22 de junio, en el Teatro de la Universidad del Pacífico. Posteriormente se presentó, entre el 16 de julio y el 16 de agosto, en el auditorio del ICPNA de Miraflores.

    ‘Gol’ se desarrolla, inicialmente, a través de una propuesta física, gestual y coreográfica; para luego concentrar su apuesta en escenas donde el peso recae en la interpretación naturalista de los textos. Así, la puesta en escena empieza desde que el público ingresa a la sala, ya que se puede observar al grupo de actores trabajando en el escenario. Inicialmente, sus acciones están vinculadas a su preparación actoral – calentamiento vocal, estiramiento corporal, ejercicios de dicción -¸ para luego transformarse en un conocido juego de recreación futbolística: el ‘camotito’.

    Cabe mencionar que durante el desarrollo de estos momentos de preparación – ‘futbolística’ y actoral – son los propios actores quienes se encargan de anunciar la primera, segunda y tercera llamada; para posteriormente dar la bienvenida al público e iniciar ‘formalmente’ la función.

    A partir de ese momento se presentan – a través de coreografías, acciones y gestos colectivos – elementos que componen el universo simbólico del fútbol. Así, por ejemplo, se representan secuencias de calentamiento, de acciones de juego, de reclamo y de festejo. Además, se incluyen gestos propios del imaginario del hincha: miradas y gestos de expectativa, festejos y lamentos.

    Concluido este momento, que propone el contexto – temporal y emocional – donde se sitúa parte importante de la obra, el montaje plantea un viaje en paralelo entre dos tiempos de un mismo personaje: el actual, donde el protagonista duda acerca de suicidarse; y el pasado, donde recuerda episodios de su niñez, sucedidos durante las semanas en que se jugaron las eliminatorias mundialistas para México ’70.

    Aquí cabe destacar que el trabajo colectivo de los actores durante el inicio de la obra, construyendo imágenes como individuos anónimos parte de una misma masa, cobra mayor sentido al ser el antecedente a la manera en que será representada la historia. Y es que, las reflexiones del protagonista (su situación actual) son representadas – a modo de desdoblamiento – por cuatro actores; con cuatro voces, recuerdos y puntos de vista distintos. Y son esos mismos cuatro actores los que van intercambiando roles para representar los personajes – el niño, el padre, la madre, el profesor, el amante -, que forman parte de las memorias del protagonista (el pasado).

    Así, ese viaje entre dos tiempos permite apreciar – representados – hechos y situaciones de la niñez del protagonista; además de ofrecer los puntos de vista – muchas veces contradictorios – de las cuatro voces que conviven en la mente de éste.

    De esta manera, sucesos como las peleas entre sus padres, su primera vez en un estadio, su relación emocional con el fútbol, la aparición del amante de su madre, el suicidio de su padre, su búsqueda de afecto por medio del entrenador de fútbol, y el castigo que le impide ver el último partido clasificatorio de la selección, son expuestos y, a la vez, analizados desde la(s) perspectiva(s) del protagonista.

    Este juego de tiempos y roles que propone ‘Gol’ se sostiene tanto en la organización de su estructura dramática, como en los elementos que la habitan. Y es que este esquema dinámico de cambios constantes no sería efectivo si no contara con un elenco solvente, tanto en el manejo del texto, como en el trabajo corporal – salvo una observación en la caracterización estereotípica del personaje femenino -.

    Asimismo, la austeridad en el vestuario – la misma ropa de entrenamiento que portaban los actores al inicio -, utilería y escenografía – no más de media docena de elementos inteligentemente dispuestos y reubicados -, ofrecen la oportunidad de una construcción de las convenciones teatrales a partir del trabajo del actor. Permitiéndose así, proponer el universo lúdico y complejo que plantea el montaje sin depender de elementos distractores.

    No puede dejar de mencionarse el acertado manejo del ritmo a lo largo de todo el montaje. Tanto en la construcción y tránsito entre escenas y tiempos, como en la mirada global del espectáculo – desde que entra el público, hasta que se apaga la última luz -.

    Sin embargo, vale la pena hacer algunas anotaciones respecto al texto. Si bien no es el interés de este espacio hacer análisis literario, cabe hacer mención de algunos detalles que desentonan con el funcionamiento del resto del montaje. Estas observaciones están vinculadas a datos específicos relacionados al fútbol y al discurso final del protagonista. Y si bien las primeras pueden interpretarse como ‘licencias’ (el hecho que en el montaje pasan varios meses entre el primer y el último partido de la selección, cuando en realidad toda la eliminatoria se jugó a lo largo de un mes; o que existan cánticos de tribuna, aparecidos en las décadas de los ’90, en un partido jugado en 1969), resulta extraño que en el discurso final del protagonista – antes de su decisión frente al suicidio – haga un paralelo entre su vida, el fútbol y el Perú y no haga mención a la vida del país durante la década previa. Y si bien podría parecer un pedido exagerado – o que queda sobre entendido -, el hecho de que se mencione el contexto político durante su niñez – el golpe de Estado de Velasco, la expulsión del padre del periódico por sus ideas políticas – y se omita lo sucedido durante los siguientes 20 años – teniendo en cuenta el estado desastroso y caótico del Perú a finales de los años ’80 -, mientras se pretende asociar la vida personal con la historia del país, en un discurso de varios minutos, resulta ser una omisión más que importante y bastante extraña.

    ‘Gol’ presenta una exploración de un drama familiar desde la memoria de uno de sus protagonistas; teniendo como contexto del recuerdo los partidos de la selección peruana de fútbol previos a su clasificación al Mundial de México ’70. Para ello se vale, principalmente, de los recursos dramáticos de los actores; así como de una inteligente propuesta de iluminación, escenografía, vestuario y utilería – todas de carácter minimalista -.

    Este montaje teatral combina, dentro de un mismo universo estético, dos formas de abordar la interpretación. Una más física, visual y  poética, y otra más asentada en la interpretación de los textos. En ambos casos, el trabajo de dirección consigue que los dos universos dialoguen. Este abordaje es parte fundamental de una estructura dramática que viaja, también, en dos tiempos; dentro de los cuales los intérpretes intercambian de roles con gran efectividad.

    (*) Foto: tomada de aquí.

    Dirección: Roberto Ángeles.

    Elenco: Rodrigo Palacios, Sebastián Monteghirfo, Juan Carlos Pastor, Nicolás Galindo.

    Jefes de escena: Alejandro Guzmán, Luben Petkoff.

    Asistencia de Dirección: José Diez Canseco.

    Movimiento: Sebastián Rubio, Gabriel Gonzáles.

    Vestuario: Rodrigo Palacios.

    Escenografía: Eduardo Camino.

    Realización de escenografía: Paulino Quispe.

    Dramaturgia: José Diez Canseco, Fernando Luque y Roberto Ángeles.

    (**) ‘Gol’ está inspirada en la obra ‘Historia de un gol peruano’ de Alfredo Bushby.
     

  • CRÓNICA. Los mellizos muertos de Risa

    ‘Los mellizos muertos de risa’ es el más reciente trabajo de Panparamayo Teatro. Dirigido por Mario Ballón, el montaje se apoya en ciertas características que definen las propuestas de este colectivo teatral: universo juvenil, uso del humor, juegos de palabras, caos organizado, convivencia de estilos y lenguajes, guiños al absurdo y referencias a la realidad.

    A continuación se transcribe un fragmento de la sinopsis de la obra copiada de sus espacios de difusión:

    «Luna se escapa de la cárcel y llega al Perú para buscar a su hermano Neptuno. Juntos planearon la muerte de su madre hace más de cinco años. Luna se quedó en su país pagando la pena por el matricidio; mientras Neptuno huyó y se instaló en Lima. Aquí se hace llamar Alan Rodríguez y administra un bar barranquino donde vive con Sol, una brasilera que conoció en la 73 y que contrató como mesera. León es un cliente que ha empezado a acudir al lugar para escuchar a Risa, una cantante que quiere vivir cada minuto como si fuera el último.”

    La puesta en escena se desarrolla en un local nocturno del distrito de Barranco. La elección de este espacio no es gratuita, dado que la mayor parte de la historia a representar acontece en un bar. Es acá donde radica uno de los méritos de esta puesta en escena: la adecuada apropiación del espacio. Esta se grafica en que, luego de tener distribuido al público en mesas, sillas y bancas, quedan disponibles la barra, un tabladillo, tres pasillos y dos pequeños salones. Estos espacios son utilizados como escenario para el desarrollo del montaje; cumpliendo tanto su rol de espacio físico – como pasillo, tabladillo, barra, etc. –, como simbólico-teatral – representando una calle, la casa de uno de los personajes, etc. -.

    De esta manera, el público es testigo cercano de un montaje que se desarrolla en un espacio – un bar – que es simultáneamente real y ficcional. Ello, sumado a que algunas escenas – dependiendo de la ubicación de cada espectador – se desarrollan entre el público, genera la sensación de presenciar, de manera in-voluntaria, el cotidiano y los dramas de otras personas.

    Es oportuno agregar, que la alternancia en el uso de los espacios en cada escena, así como la adecuada iluminación de cada uno, impone un ritmo que mantiene alerta al espectador; además de invitarlo a reconocer el valor simbólico de cada ambiente.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ propone una diversidad de estilos y lenguajes. Así, si bien la mayor parte de las escenas ofrecen una interpretación naturalista – fresca y ligera, casi cotidiana -, existen momentos que se desarrollan por medio de la música y el canto; tanto en cuadros de corte simbólico – los personajes expresando sus emociones por medio de canciones –, como en momentos ‘realistas’ – ejecución de un tema musical, como parte del espectáculo del bar de la ficción -. Asimismo, el montaje presenta algunas escenas que se apoyan en el movimiento, recurriendo a la abstracción y al simbolismo, y otras expuestas en clave de farsa teatral.

    La dramaturgia plantea una historia que se desarrolla en un tiempo de estabilidad; el cual se verá alterado por el arribo de un personaje. Así, aunque no se aprecie del todo la actividad regular del bar – negocio, vivienda y espacio donde ocurre la mayor parte de la acción -, queda claro que antes de la llegada de ‘Luna’ el sistema que sostenía al local – y a la familia – funcionaba con dos de los personajes en la administración y atención al público; y otros dos encargados de los espectáculos a ofrecer. Posteriormente, a medida que se desarrolla la acción y la presencia de ‘Luna’ en el bar es cada vez mayor – sumada a las intervenciones del personaje de ‘León’ -, la tranquilidad da paso al conflicto, mientras se van develando los secretos y mentiras con los que carga cada personaje.

    De esta manera, guiado por el ritmo en el uso de espacio, viajando entre diferentes estilos y lenguajes, y siguiendo las tensiones propuestas en la dramaturgia, el espectador llega a dos momentos culminantes: aquel en el que conoce la relación entre todos los personajes y, especialmente, el instante en que la verdad les es revelada a ‘Luna’. Luego de ello, la espera por un desenlace se hace extensa y el ritmo decae.

    Y es que, este es un montaje que acumula tensión por un tiempo prolongado – concentrándose en que ‘Luna’ no se entere la verdad sobre su madre – y luego la libera, develando los misterios que guardaba. Posteriormente, la historia continúa, pero no hacia un desenlace. Lo hace abriendo nuevas líneas dramáticas: la ruptura de la relación entre ‘Neptuno’ y ‘Sol’, el encuentro de  ‘Luna’ y su madre, y la relación de ‘León’ con ambas mujeres. Esta dispersión de la atención dramática impide que el montaje vuelva a generar tensión con la misma intensidad que había logrado. A ello se suma que la mayoría de estas escenas llevan una pesada carga retórica; en un intento de explicar, apoyándose principalmente en la palabra, las emociones y reflexiones de cada personaje.

    Llegado a este punto, se suma que ‘Los mellizos muertos de risa’ trabaja con intérpretes que, en su mayoría, no han sido formados como actores o actrices. Esto hace que existan algunas deficiencias de técnica vocal. Y si bien ello no genera problemas durante la mayor parte de la obra – ya se mencionó anteriormente el estilo cotidiano de la interpretación -, los problemas de dicción, de proyección de voz y de manejo de ritmo en el texto, atentan contra del montaje una vez que los misterios han sido resueltos, las tensiones han disminuido y el desenlace se posterga.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ es un montaje teatral que atraviesa las fronteras de los estilos y los lenguajes; permitiéndose ser simultáneamente narrativo y poético. Discurre con la misma frescura por la representación naturalista y por la abstracción del movimiento. Asimismo, recurre al código del musical con la misma efectividad con que se acerca a la farsa. Propone un atractivo uso del espacio; tanto a nivel funcional, como en la concepción y percepción de lo real y lo ficcional.

    Y si bien no es de interés de este espacio hacer análisis dramatúrgico – más cercano al análisis literario que a la acción teatral – no se debe evitar mencionar que el montaje se afirma en una dramaturgia narrativa y poética. En ella se presenta una situación, para luego exponer un conflicto; el cual logra generar tensión y expectativa. Sin embargo, esta tensión decae una vez que  los misterios que la sostenían son develados, y que el desenlace se posterga.

    (*) Foto tomada de aquí.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ se presentó en el bar Lion’s Head – Av. Grau 268, Barranco -.

    Fechas: Viernes 12, 19 y 26; y sábados 13, 20 y 27 de junio. Jueves 2 y 9 de julio; y viernes 3 y 10 de julio.

    Dirección general y dramaturgia: Mario Ballón.

    En escena: Nina Mutal, Tatiana Vizcarra, Gabriel Zambrano, Leslie Guillén, José Avilés, Feffo Neyra.

    Letra y música compuesta por el elenco de la obra.

    Diseño de luces: Ricardo Delgado.

  • CRÓNICA. Duelo en Malambo

    ‘Duelo en Malambo’, dirigida por Luis Sandoval y Rafael Santa Cruz, es la obra ganadora de la Residencia Teatro – Gran Formato 2014, convocada por la Gerencia de Cultura de la Municipalidad Metropolitana de Lima, a través de la Subgerencia de Artes Escénicas en Industrias Culturales.

    Dicho montaje se presentó en una temporada de dos semanas, en el Teatro Municipal, entre los días  18 y 28 de septiembre. Asimismo, fue parte del FAEL 2014 con dos funciones en el Teatro Municipal, y una función gratuita en la Plazuela de Presa, en el Rímac.

    ‘Duelo en Malambo’ es un montaje que, utilizando diversos recursos técnicos y escénicos – teatro, danza, música y video – escenifica la historia de un duelo a muerte entre dos faitesdel bajo mundo limeño; a la vez que muestra el contexto en que dicho suceso ocurrió – barrio de Malambo, a inicios del siglo pasado –.

    Cabe mencionar que las diferentes manifestaciones artísticas utilizadas en este montaje tienen una raíz – o han sido apropiadas y re-significadas – en la cultura afroperuana. De esta manera, la obra plantea la construcción de una estética y un carácter propios.

    La estructura de ‘Duelo en Malambo’ es similar a la que propone el Teatro Musical. Así, la acción y la anécdota principal se desarrollan tanto en escenas ‘actuadas’, como en otras donde lo que predomina es el  baile, la coreografía, el canto  y la música.

    De este modo, los diálogos que exponen la relación entre los dos personajes principales, y las razones por las que se retarán a muerte, son planteados de manera fragmentaria; siendo intercalados  con momentos donde la música y la coreografía sirven para la construcción de escenas que contextualizan la época y el entorno – escenas ‘de contexto’ -.

    Así, a través de la percusión corporal, el uso de objetos, la coreografía o la danza aérea, se ofrece información acerca del carácter popular del barrio de Malambo, del trabajo cotidiano de los personajes, de las acciones delictivas de una banda de asaltantes o de la represión a las manifestaciones sindicales.

    Es necesario apuntar que todos los elementos mencionados anteriormente cohabitan con la estructura sonora de la obra. La cual – interpretada en vivo por un estupendo marco musical – combina referencias tradicionales, contemporáneas y antillanas, para generar una trama paralela que – indistintamente – guía y acompaña al desarrollo de la anécdota principal.

    De esta manera, la dirección de la obra logra construir un espectáculo que, si bien apuesta por ser fragmentario, consigue ofrecer y desarrollar su anécdota con claridad; a la vez que exhibe un amplio bagaje en el manejo de diferentes recursos escénicos.

    Sin embargo, ello no niega la existencia de ciertos elementos frágiles dentro de la propuesta de ‘Duelo en Malambo’. Y es que, ante una demostración tan amplia de recursos y lenguajes escénicos, que son utilizados para componer las escenas ‘de contexto’, son éstas últimas las que, en ocasiones, terminan siendo devoradas por los recursos que las constituyen. Ello genera una sensación de prescindencia en algunos cuadros y escenas.

    Así, por ejemplo, el espectáculo propone una escena que muestra coreográficamente una manifestación sindical. La cual, si bien resulta eficiente y estéticamente atractiva, propone un pequeño universo – trabajadores, sindicatos, manifestaciones, represión – que no vuelve a ser tocado a lo largo de la obra.

    Similar situación ocurre con una escena de humor que muestra el asalto a una casa. Esta, si bien puede servir para reforzar el liderazgo delictivo de uno de los personajes, no genera diálogo con el resto de la obra; tanto a nivel técnico – coreografía aérea -, de carácter – el uso del humor a través de la torpeza – y de dramaturgia – queda bastante claro, a lo largo de la obra, quien es el líder y personaje más peligroso -.

    A esto puede sumarse el uso de un video que busca asociar las notas policiales de la época con el desarrollo de la prensa popular – mitad del siglo pasado – y, asimismo, con la prensa amarilla actual. En este caso, si bien hay elementos comunes, no se está contextualizando el crecimiento de los distintos tipos de prensa de acuerdo a cada época; ni el hecho de que la noticia sangrienta, si bien su tratamiento suele ser ‘amarillista’, es solo uno de los tipos-estilos de noticias de la prensa escrita.

    Por otro lado, y poniendo atención en otra de las apuestas del montaje, la estética planteada en algunas escenas se aleja de la búsqueda por la representación-construcción de una identidad afroperuana y se acerca más a las referencias del musical neoyorquino y la estética antillana. Ejemplo de ello son los vestuarios  utilizados en la escena de de la manifestación sindical o en las que se desarrollan en el cabaret.

    Sin embargo, pese a estos detalles, el discurso integral del montaje no se ve afectado ni a nivel estructural – donde queda claro que es lo que se quiere contar y cómo hacerlo – ni a nivel estético – pese a los coqueteos con el musical norteamericano -.

    ‘Duelo en Malambo’ es una obra de Teatro Musical con elenco y raíces afroperuanas. Este montaje usa una anécdota como punto de partida para la exhibición de diferentes manifestaciones – tradicionales y contemporáneas – de nuestra cultura afro; sin descuidar por ello el adecuado desarrollo de la historia que plantea. Para lograr su objetivo cuenta con un estupendo elenco de músicos y bailarines afroperuanos, quienes hacen uso de toda su versatilidad para construir un espectáculo multidisciplinario de gran factura.

    ‘Duelo en Malambo’ es un montaje de gran formato que utiliza, de forma efectiva, varios de los elementos que han sido parte de las búsquedas – y fundamentales en montajes anteriores – del grupo Teatro del Milenio. Dicho esto, podría considerarse a este montaje – y sería un triunfo para la escena local que así fuera – como un punto de llegada en las investigaciones de este colectivo escénico y un estímulo para futuras indagaciones.

    (*) Foto: Difusión del FAEL 2014.

    Dirección: Luis Sandoval, Rafael Santa Cruz.

    En escena: Juan Pablo Lostanau, Marco Campos, Lalo Izquierdo, Charo Goyoneche, Eduardo Días, Andree Liendo, José Luis Saldamando, Juan Aparicio, Antonio Vílchez, Jaime Zevallos, Diego Orbegoso, Héctor Arévalo, Alejandro Villagomez, Gustavo Paredes, Alejandro Sánchez, Ivón Muñoz, Sara Calmet, Wendy Cotito, Emilia Narazas.

    Músicos: Roberto Arguedas, Bruno Hayre, Catalina Robles.

    Dirección Musical: Roberto Arguedas.

  • CRÓNICA. La Cautiva

    ‘La Cautiva’, dirigida por Chela De Ferrari, y escrita por Luis Alberto León, se encuentra actualmente en temporada en el teatro ‘La Plaza’ de ‘Larcomar’.

    ‘La Cautiva’ se desarrolla en una morgue de Ayacucho, durante la ‘Semana Santa’ de 1984. Así, la acción se ve situada en la región más golpeada por la violencia política; y en uno de los años con mayor cantidad de víctimas mortales que tuvo esta etapa de nuestra historia.

    El montaje se vale de una escenografía y ambientación realista; recreando de la manera más veraz posible una morgue, en una ciudad de las alturas, a mediados de los años ‘80: paredes descascaradas, iluminación pobre, sonido de radio, anotaciones en pizarras, presencia de camillas, utensilios, cámaras frigoríficas y cuerpos.

    Las interpretaciones durante la primera parte del montaje – donde se presenta rápidamente el contexto y el conflicto de la obra – son de estilo naturalista. Los cuales, a la vez que dialogan adecuadamente con la escenografía y la ambientación ya descritas, presentan el carácter de los personajes. Por un lado, un médico lo suficientemente curtido como para tomar distancia emotiva de la muerte que lo rodea. Por el otro, un auxiliar que no evita verse afectado; tanto por el entorno, como por las atrocidades que va descubriendo.

    Este estilo realista se mantendrá hasta el arribo del conflicto de la obra: el auxiliar recibe órdenes de preparar el cuerpo de una adolescente asesinada para que sea objeto de necrofilia por parte de una tropa del ejército. A partir de este momento, y a través del drama ético del auxiliar, el montaje iniciará una mutación en su estilo, tratamiento visual y sonoro.

    Así, si en un inicio el montaje era realista y concreto – teniendo perfecta concordancia entre ambientación, texto y acción -, éste irá girando hacia un tratamiento visual y sonoro con mayor simbolismo; a través de la composición de imágenes, de la iluminación y de la música.

    Asimismo, los contenidos de los textos y las relaciones entre los personajes cambian a partir del surgimiento del diálogo entre la joven muerta y el auxiliar. Siendo esta relación fantástica entre ambos – en la cual no queda claro, ni es relevante, si es el cadáver quien cobra vida para comunicarse; o si se está representando la neurosis del auxiliar – la que guia el desarrollo de la obra hasta llegar a su desenlace final.

    Expuesto lo anterior, puede entenderse a la estructura de la obra como una anécdota breve – demasiado dura, terrible y concreta – intervenida por un largo ‘intermedio’ de reflexión, duda y fantasía.

    De ser así, ¿Cuál sería el rol de ese ‘intermedio’ fantástico?

    Técnicamente podría afirmarse que éste cumple funciones de contextualización. Los testimonios de la joven muerta dan información de su vida, su deceso, su entorno; los cuales representan el proceso y el martirio de toda una región. Dichos testimonios amplifican el conocimiento de los hechos que se desarrollaban alrededor de la vida del personaje, de manera tal que lo trascienden.

    Además, se debe mencionar que la mayor parte de esta información es presentada de una manera poética; tanto a nivel oral, como visual y físico. Y es en estos momentos donde ‘La Cautiva’ rompe con su premisa inicial de un teatro que pretende representar a la realidad tal cual es, intentando copiarla. Pues, se tiene un montaje que inicia con un paisaje concreto y sin posibilidad de simbolismo alguno; donde los textos, las interpretaciones, la escenografía, la ambientación y la utilería tratan conformar una réplica de la realidad. Sin embargo, llegado a un punto, pasa a convertirse en otro montaje, donde son las voces y los cuerpos de los actores los que construyen la realidad; donde una camilla puede ser un cerro, donde una morgue puede ser un jardín. Se convierte en un montaje donde una breve coreografía puede mostrar, simbólicamente, al drama del cuerpo de un personaje, como el drama del cuerpo de toda una sociedad; resumiendo en sus imágenes todos los dramas.

    Así, ‘La cautiva’ plantea una estética inicial, y la niega para poder ser. Parte de un teatro más conservador y controlado, y decanta por uno más simbólico – siempre dentro de las premisas retóricas del texto dramático -.

    Puede intuirse, entonces, que el trabajo de contextualización – del anteriormente mencionado ‘intermedio’ – es acompañado de una construcción poética que busca sensibilizar más allá de la narración de hechos de espanto, que elude caer en la simple enumeración del horror, que rehúye convertirse en un informe. Pero que no puede sustraerse – no hay forma de lograrlo, frente a hechos tan desgraciados – del inevitable exceso de drama.

    ‘La cautiva’ es una pieza de teatro que presenta personajes intensos y complejos, evitando caer en la simplificación, los arquetipos y los prejuicios. Cuenta, además, con actores con la sensibilidad y el oficio necesario para representarlos.

    ‘La cautiva’ ofrece una ambientación sonora y lumínica que potencian  y guían la experiencia. Desarrolla, a lo largo del montaje, intensos y hermosos momentos, a través de la composición de imágenes. Y cae también, en ocasiones, en la trampa del melodrama.

    ‘La cautiva’ arriesga a combinar el uso de lenguajes teatrales dentro de una misma propuesta, sin por ello perder sobriedad. Ofrece información histórica repartida de manera inteligente. Arriesga, asimismo, al tomar una anécdota tan concreta y, en el medio de su desarrollo, optar por ampliar la información: corre el riesgo de la redundancia, sin embargo elige contextualizar. Poetiza y embellece, pero no evade la responsabilidad – aunque por momentos tiene la tentación – de dejar que el público pase por el trago amargo de la historia.

    (*) La cautiva se presenta actualmente en el teatro ‘La Plaza’ de ‘Larcomar’. Las funciones son de jueves a martes y continúan hasta el 16 de diciembre. Más información aquí.

    (*) Foto tomada de la página de facebook de ‘La cautiva’.

    (*) Otras notas acerca de la cautiva aquí, aquí, aquí y aquí.

    Dirección: Chela De Ferrari.

    Dramaturgia: Luis Alberto León.

    En Escena: Nidia Bermejo, Alaín Salinas, Carlos Victoria, Emilram Cossio, Jesús Tantaleán, Rodrigo Rodriguez.

    Director Asistente: Carlos Galiano.

    Escenografía: Chela De Ferrari y Luis Alberto León.

    Coreografía: Ana Correa.

    Diseño y Producción Sonora: José Balado.

    Diseño de Iluminación: Jesús Reyes.

  • CRÓNICA. Presunto Culpable

    ‘Presunto Culpable’ codirigida por Daniel Amaru Silva – a la vez dramaturgo de esta obra – y Rodrigo Chávez, se presentó en ‘elgalpon.espacio’, en una temporada de 4 semanas, entre el 10 de octubre y el 02 de noviembre.

    ‘Presunto Culpable’ está planteada en un escenario atemporal, en una sociedad que vive un escenario post-bélico. La anécdota se centra en un ciudadano que ha sido detenido sin conocer el motivo,  y que debe confrontarse con el funcionario público a cargo de su caso. De esa interacción surge un conflicto marcado por el absurdo.

    Los directores proponen una interesante variante en el uso del espacio que alberga el montaje. Al tener como único elemento escenográfico un pequeño cuadrilátero de malla metálica – referencia metafórica a las rejas de una prisión, a los sótanos de los grandes edificios públicos – se dispuso bloques de gradería alrededor de éste, generando así la perspectiva de un escenario semicircular.

    Tal como la escenografía, la iluminación propone también códigos simples y directos. Si a esto se le suma la ausencia de recursos sonoros ajenos a la performance de los intérpretes, se puede concluir que ‘Presunto Culpable’ es un montaje que utiliza los elementos escénicos de manera tal que fortalezcan y potencien el rol del texto y las interpretaciones.

    Las caracterizaciones de los personajes son claramente opuestas. Por un lado, el funcionario público luce joven y atlético, tiene una voz impostada y artificial, comportamiento extravagante, viste un uniforme, se mueve con firmeza y de manera mecánica, secuencial. En contraste, el ciudadano se ve achacoso, mal vestido y su comportamiento corporal y vocal es más cercano a las emociones, más cotidiano.

    Estas oposiciones se fortalecen en la medida que el conflicto se desarrolla. Y es que, mientras el ciudadano lucha por entender un sistema absurdo, el funcionario discurre naturalmente por él; mientras el ciudadano alega errores e injusticia, el funcionario niega posibilidad alguna de reclamo; mientras el ciudadano busca una salida a su situación, el funcionario le aclara que no hay salida posible. En resumen, mientras el ciudadano trata de ser racional, se encuentra con el representante de un sistema absurdo y represor.

    Es así, a través del conflicto permanente entre los dos personajes, que el texto que guía el montaje va acumulando tensiones. Además de ello, el texto propone caminos para ofrecer más información sobre ambos personajes, mostrando sus humanas contradicciones y evitando con ello caer en el simple maniqueísmo.

    Sin embargo, son estos dos ejes centrales de la estructura del texto – acumulación de contradicciones e información personal de los personajes – los que generan la pérdida de ritmo hacia la última parte del montaje. Pues, si bien la interacción entre los personajes es intensa desde el inicio, la reiteración de patrones rítmicos – en la estructura de los textos y en los temas en conflicto – terminan ocasionando una sensación de predictibilidad y agotamiento.

    Asimismo, cabe mencionar la presencia de un discurso ético de carácter confuso. Esto sucede cuando, luego que el texto marcara con claridad el absurdo de que el ‘sistema’ pueda acusar  a alguien como ‘culpable de no hacer nada’, sea un mismo representante del ‘sistema’ quien cuestione éticamente la pasividad, la indiferencia, el no tomar posición de su antagonista.

    Dicho esto, queda claro el objetivo del texto, de poner el tema de la ‘toma de posición’ como objeto de discusión. Sin embargo, que sea cuestionado por el personaje representante del absurdo, genera una lectura confusa de ello.

    ‘Presunto Culpable’ es un montaje teatral que propone un espacio escénico correcto y austero; con un adecuado y suficiente manejo de los símbolos a través de la luz, el sonido – o la ausencia de éste – y el vestuario. Cuenta, además, con interpretaciones sensibles y eficientes que comparten adecuadamente el peso dramático del montaje. Todo ello al servicio de un texto que discurre como una comedia negra – con guiños a clásicos contemporáneos como Kafka y Orwell –  que, si bien decae en su ritmo al final, mantiene al espectador sujeto al humor, la crueldad, la ternura y el absurdo.

    En escena: Carlos Acosta y Gabriel Gonzalez.

    Codirección: Daniel Amaru Silva y Rodrigo Chávez.

    Dramaturgia: Daniel Amaru Silva.

    Dirección de Arte: Aarón Rojas.

    Vestuario: Claudia Torres Donayre.

    Realización de escenografía: Alex Sermeño.

    Asesoría en iluminación: Vanessa Geldres.

  • CRÓNICA. Proyecto 15′

    Proyecto 15′, dirigido por Luisa Fernanda Lindo, ‘plataforma teatral no convencional que busca promover la joven dramaturgia local y generar espacios de intercambio y experimentación’ (*), se presentó los días martes 22, miércoles 23 y jueves 24 de abril. Este proyecto es parte de ‘PHORMULA’, espacio de incentivo para los procesos artísticos contemporáneos financiados por ‘Phorma Inmobiliaria’; el cual brinda la posibilidad a distintos artistas – en sus dos ediciones anteriores fue con artistas plásticos – de explorar, investigar y crear en casas vacías que – eufemismos de por medio – se convertirán en nuevos proyectos inmobiliarios.

    Proyecto 15′, dirigido por Luisa Fernanda Lindo – quien también dirige uno de los montajes -, plantea el montaje simultáneo y continuado de 5 propuestas teatrales para grupos de 15 personas. Cada propuesta es dirigida por un dramaturgo-director quien, acompañado de un actor/actriz, toman diversos espacios de una antigua casona de Miraflores.

    Planteadas las premisas, se puede afirmar que Proyecto 15′ ofrece una experiencia distinta para cada grupo de visitantes. Y es que, al realizar todos los montajes en simultáneo, cada grupo tiene un recorrido diferente. Por ello, se expondrá la experiencia a partir el recorrido que realizó quien escribe.

    ‘Sin instrucciones’, de Carlos La Rosa, plantea una instalación en una pequeña habitación ambientada con objetos personales de quien ahí reside, o residía. Dicho espacio es ocupado por el público. El habitar ese espacio junto con otras personas, además de la invitación a interrelacionarse con los objetos, llega a generar emociones que van desde la complicidad – al curiosear entre libros, discos, juegos de cartas – hasta la perturbación – al encontrar y manipular, por ejemplo, armas de fuego -. Además de ello, los textos escritos en las paredes invitan a que cada persona construya su propia historia. Sin embargo, la ausencia de acción genera que, pasados algunos minutos, la expectativa del público se convierta en tensión. Dicha tensión resulta por demás interesante, ya que la necesidad de la presencia de un ‘otro’ – por convención, el actor – se ve contrastada con la inevitable observación de las otras personas que se encuentran en la habitación. De modo tal que cada persona del público pasa a ser ese ‘otro’ observado. Así, luego de muchos minutos, y poco antes de concluir, hace su aparición un  misterioso personaje, a oscuras  y desde el salón contiguo, quien se dedica a observar y a registrar al público, para finalmente desaparecer. ‘Sin instrucciones’ es una propuesta conceptual que – al finalizar – puede generar en el público tanto una sensación de desinterés como de inquietante perturbación.

    Luisa Fernanda Lindo, en ‘16792’, se apropia de la cochera de la casona y la convierte, a la vez, en instalación plástica y escenario hiperrealista. La presencia de diversos objetos en desuso – como cajas con viejas revistas, almanaques a punto de caer, etc. – plantean una sensación de abandono no muy distante del hecho de estar en una casa que será demolida. Sin embargo, la aparición de un auto, de donde desciende el personaje centro de la acción, cambia la perspectiva hasta el punto de generar la impresión de ser testigo involuntario de una situación ajena. En una primera parte el personaje narra, a través de una llamada telefónica, las razones por las que está ahí. En la segunda parte concluye su historia – que hace referencia al denominado ‘Atentado de Tarata’ ejecutado por ‘sendero luminoso’ – a través de un monólogo. Cabe mencionar que el texto y la interpretación hacen un viaje que va desde lo más coloquial y cotidiano – la llamada telefónica – hasta un clímax de intensidad, tanto en el ritmo como en el contenido, que sacude emocionalmente al espectador. Quizá sea necesario apuntar un detalle – menor, por cierto –  correspondiente al texto. Y es que es tan bien cuidado, a nivel literario, en cuanto a la elección de sus palabras -las cuales fluyen naturalmente y agilizan el ritmo – que, en ocasiones, rompe con el estilo coloquial planteado a lo largo de la puesta en escena.

    ‘Littekens’, de Sebastián Rubio, toma dos salones contiguos separados por un muro discontinuo en su parte central. Con ello crea una distancia entre el público – en el primer salón – y la parte visible del segundo salón – el ‘escenario’ -. La propuesta es minimalista, una silla, la actriz y el maletín que viene arrastrando. La actriz narrará sus memoria en su lengua natal – flamenco –  a través de una conversación con la foto de su padre (los textos traducidos son proyectados sobre el borde superior del muro; enmarcando así el espacio de la actriz). El testimonio que se ofrece es intenso y doloroso: memorias de guerra en Europa y el tránsito hacia un país también en guerra – el Perú de los años ’80 -.
    Propuesta efectiva y conmovedora donde lo concreto del testimonio personal, sumado a las características de la puesta en escena – texto traducido, distancia física -, plantean al público una situación de potente cercanía emocional y necesaria distancia reflexiva.

    Diego López Francia plantea en ’15 minutos de vida’ el uso de tres espacios. El primero es una habitación ambientada como la sala de una casa. A ella llega un personaje femenino, el cual regresa a este espacio como una forma de reconstruir su historia. Es así que el público es testigo de la relación del personaje con la casa, los objetos y de su trasformación en una niña. Es en el desarrollo del personaje infantil donde sucede el momento más intenso y la primera situación de ruptura de la ‘cuarta pared’. Es así que el personaje invita a alguien del público a jugar con ella para, a medida que el juego no resulta, transformar su comportamiento de niña dulce en el de una persona cruel y demandante. Luego de este punto alto en intensidad la propuesta indaga en otras apuestas simbólicas y estéticas. Es así que continúa en un segundo salón donde el personaje lidia simbólicamente con su reflejo – proyectado en video sobre una pared – a través del movimiento. Posteriormente invita al público a una terraza donde la apuesta estética está más involucrada con la vista arquitectónica de la casa y el discurso oral se diluye por los senderos de lo romántico.
    La suma de diferentes lenguajes, sumado a la apuesta por una memoria aún en construcción, deja demasiados cabos por cerrar en esta propuesta escénica.

    ‘El pedido de un ánima joven’ de Vanessa Vizcarra se apropia de un salón con paredes enchapadas en madera – intervenidas con textos que tienen apariencia de obituarios – el cual es vecino a una fuente de agua coronada por una escultura. De la parte alta de la escultura aparece un personaje que se dirige al público afirmando ser ‘el alma de la fuente’. Lo que en un principio aparenta ser un discurso mitológico va convirtiéndose lentamente en una propuesta de humor absurdo. Y es a través del humor, la agudeza y la interacción, que el personaje interpela al público, y lo hace reflexionar acerca de sus deseos, sus dudas y sus miedos. Consiguiendo, al final, que sea parte activa de la propuesta escribiendo sus propios deseos en las paredes. Una propuesta que viaja con gracia e inteligencia desde la broma hasta la reflexión acerca de la fe, los deseos y la responsabilidad de uno mismo.

    Proyecto15′ nos plantea, desde diversos abordajes, el tema de la memoria y como esta se hace presente en las propuestas de 5 directores de una misma generación.

    Asimismo, nos muestra, y quizá eso sea lo más interesante y valioso, las actuales indagaciones de cada uno de estos directores. Así tenemos a Luisa Fernanda Lindo en un continuo uso de diferentes lenguajes escénicos, a la vez que potencia los textos que ella misma escribe. A Sebastián Rubio nuevamente trabajando con propuestas minimalistas y testimoniales. A Diego López indagando en el cruce de lenguajes y alejándose de la clave del humor. O a Carlos La Rosa experimentando con un montaje sin textos.

    Cabe mencionar, además, que Proyecto15′ es una experiencia exitosa de alianza entre artistas independientes y empresa privada. Lo cual debería ser un impulso para la generación de nuevas formas de vínculo y auspicio entre los artistas y financistas.

    (*) Texto extraído del programa de mano.

    Phormula – Directora Artística / Curadora : Patricia Villanueva.

    Proyecto 15′ – Directora : Luisa Fernanda Lindo.

    Sin instrucciones: Carlos La Rosa – Raúl Durand.

    16792: Luisa Fernanda Lindo – Katerina D’onofrio.

    15 minutos de vida: Diego López Francia – María Fernanda Valera.

    Littekens: Sebastián Rubio – Lieve Delanoy.

    El pedido de un ánima joven: Vanessa Vizcarra Soberón – Mariajosé Vega Bamonde.

  • CRÓNICA. ‘Proyecto 1980 – 2000′ – FAEL 2012

    ‘Proyecto 1980 – 2000 El Tiempo que Heredé’ es el segundo espectáculo presentado dentro de la programación del FAEL 2012. Esta propuesta, dirigida por Sebastián Rubio y Claudia Tangoa se presentó en el activo espacio del Patio de las Artes del Teatro Municipal.

    Luego de haber estado presente en la segunda función se me vienen a la cabeza dos preguntas:

    ¿Es Proyecto ‘1980-2000 El tiempo que heredé’ una obra de teatro?

    ¿Realmente importa si lo es?

    Teatro-testimonio, teatro-documental, performance-teatral, performance testimonial y otras varias posibles etiquetas dan vueltas en mi cabeza mientras me siento profundamente confundido por la experiencia; una mezcla de satisfacción por ser testigo de tan conmovedor, efectivo y honesto trabajo, como de tristeza y conmoción por las fibras que ha tocado en mi.

    ‘Proyecto 1980-2000’ juega permanentemente en los límites de la representación. Sus 5 intérpretes/ejecutantes/performers se representan a sí mismos, pero a la vez – y sin dejar de ser ellos – a diversos sectores involucrados con las crisis de violencia política y corrupción que han asolado ha nuestro país durante las décadas de los 80’s y 90’s. Así, 5 jóvenes, 5 adultos, 5 personas, son también hijos – o hermanos – de actores de los conflictos: víctimas de desaparición y asesinato, periodistas políticos, militares en zonas de emergencia, políticos condenados por corrupción o asistentes de vladimiro montesinos torres.

    La puesta en escena nos propone un espacio pulcro, minimalista, con muy pocos elementos escenográficos. Dentro de ellos destacan una mesa, alrededor de la cual se encuentran las 5 personas,  y una línea de tiempo dominando el fondo del escenario. El primer elemento, la mesa, espacio de comunión, nos plantea desde un inicio una de las líneas principales de la puesta: la posibilidad de juntarnos, de mirarnos las caras, de conversar. Por otro lado, la línea de tiempo servirá como marco para la convención narrativa de cada persona/personaje, para saltar en el tiempo hacia adelante o hacia atrás, para hablarnos de sus rollos personales o para mencionar hechos históricos del país.

    Acompaña el recorrido un uso calculado, dinámico e inteligente del lenguaje audiovisual, el cual nos muestra, en diferentes momentos, archivo fotográfico personal de cada intérprete, registro documental sobre hechos históricos, así como imágenes y detalles de cada persona, a través de un sistema de circuito cerrado. Estos tres elementos trenzan, una vez más, este viaje permanente de lo personal a lo colectivo, de la historia personal al ser humano que cada uno de ellos es hoy.

    Planteados todos estos elementos se nos ofrece un elemento adicional dentro de la convención narrativa: el tema de la herencia. Esta es encarada desde su lado más científico – menciones acerca de las características físicas de los seres a través de los genes recesivos y dominantes -, el más personal – los avatares familiares durante los momentos del conflicto -, y el más abstracto – que hacen/hacemos con lo que nos ha tocado heredar de esta etapa-.

    Es así que ‘Proyecto 1980-2000’ nos permite vernos a través de estos jóvenes. A través de sus ilusiones sobre el futuro o de sus reflexiones sobre el pasado. A través de sus silencios y confesiones, de los reproches familiares – en ocasiones directos, en otras velados – como de su reivindicación a sus seres queridos, de asumir lo compleja y contradictoria de la condición humana, como compleja y contradictoria es nuestra historia.

    ‘Proyecto 1980-2000’ aborda esta difícil temática y sus formas con un lenguaje directo, fresco y por momentos con humor. Logra, de esta manera, que el público tenga que mirar de frente, que evite evadir. Te invita a sentirte parte –es inevitable – sin que tengas que sentirte juzgado. Esquiva la actitud cínica, tanto como la políticamente correcta. Y es ahí, quizá, donde radica el mayor mérito de su contenido: en cuestionar nuestros prejuicios, en decirnos – al ver a esos jóvenes juntos compartiendo sus experiencias – que no hay que olvidar…, pero que tenemos que dejar de juzgarnos.