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  • XV FITBO 2016. Compañía Los Colochos y ‘Mendoza’

    La anécdota cuenta que, durante un ensayo, Juan Carillo jugaba con un niño del elenco a recitar los textos de ‘Macbeth’ con acento del norte de México. A partir de ese juego surge – medio en broma, medio en serio – la idea de montar un ‘Macbeth’ mexicano.

    Es así que nace ‘Mendoza’. Un montaje que muestra a un grupo de artistas que respeta la esencia de uno de los clásicos shakespereanos más conocidos, pero le retira todo alarde clasicista. La investigación de Carrillo – director de la puesta en escena – y su trabajo con el dramaturgo Antonio Zúñiga, actualizaron su verbo. ‘Mendoza’ mantiene la estructura dramática y la secuencia de peripecias del clásico, pero – tomando como referencia las poéticas de Juan Rulfo y Elena Garro – lo pone en un lenguaje reconocible para el público mexicano y latinoamericano.

    Así, planteando nuevos rumbos estéticos para su particular ‘Macbeth’, la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ presenta un montaje humilde y profundo, austero y eficiente.

    ‘Mendoza’ propone una poética de cercanía física, verbal y emocional con sus espectadores. Para ello se vale de la simpleza de sus convenciones – ausencia de escenografía, mesas y sillas plegables como única utilería – y la proximidad de sus referentes. Asimismo, la ubicación del público en cuatro frentes, rodeando a los actores, permite que éstos compartan las dudas e intrigas de los personajes; convirtiéndose en cómplices, testigos y verdugos. Finalmente, un lenguaje cercano y poético redondea la idea que la historia de ‘Macbeth’, o de ‘Mendoza’, puede ser la de Gutiérrez, Quispe, Sánchez o cualquier vecino que toma su oportunidad de poder…y se pierde en ella hasta el final.

    Este montaje se ha presentando en más de 15 Estados mexicanos, en el Festival Iberoamericano de Cádiz, Festival de Murcia, entre otros. Destacando su premiación en el Festival de Almagro, España.

    Actualmente la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ se encuentra trabajando una versión del clásico ‘Romeo y Julieta’, como parte de un gran proyecto de producir una trilogía de adaptaciones shakespereanas. Esta versión libre se fundamenta en preguntas sobre el contexto indígena en la zona de Nayarit.

    Advenedizo Digital conversó con Juan Carrillo, director de ‘Mendoza’, y con Erandeni Durán, actriz del montaje.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Tengo entendido que el proyecto de realizar una versión mexicana de un clásico shakespereano surgió a partir de una broma. ¿Cuánto de casual hay en un proyecto de este tipo?

    Juan Carrillo: (Risas) No es casual. Hay una anécdota, que desencadena en una broma. La broma se volvió un cuestionamiento, luego una inquietud, luego una investigación, luego un problema…hasta volverse un proyecto muy serio. Puede decirse que el proyecto surgió de un cuestionamiento que tomó dos años.

    ADVZ: ¿Cómo se desarrolla un proceso tan largo?

    Juan Carrillo: Nosotros accedimos a una beca del FONCA, que patrocina procesos de investigación en México. De esta manera pudimos realizar un laboratorio de un año. Éste era un modelo de intervención escénica: se llevaban ensayos a casas de personas que no tenían injerencia en el quehacer teatral y así se realizaban investigaciones con público durante los ensayos. De esta manera se generaban las ideas para escribir la obra. Luego de ello, tuvimos tres meses y medio dedicados exclusivamente al montaje.

    ADVZ: La propuesta escénica de Mendoza es austera y su oralidad es muy particular ¿Qué premisas se plantearon para abordar un clásico shakespereano de esta manera?

    Juan Carrillo: La primera necesidad fue comunicarnos con un público mexicano. Esa fue una de las primeras premisas. Eso nos dio muchas preguntas que llevaban a buscar algunas respuestas. Partimos de que los clásicos tienen que ver con lo universal, y desde lo universal buscamos crear una versión muy particular, hablándole al público mexicano en su propio lenguaje, con sus propios referentes.
    Así es como surge la idea de una adaptación mexicanizada, que respeta bastante la estructura del original, pero que reescribe la obra buscando acercarse a una idiosincrasia más cercana, y habla – de esa forma tan particular nuestra – de un tema universal.

    ADVZ: ¿Tuvieron dudas sobre la idea de ‘intervenir’ o ‘respetar’ un texto clásico?

    Juan Carrillo: Es que yo también alguna vez he pensado “queremos acercarnos a Shakesperare…hacerlo lo más parecido a Shakespeare”. Pero sucede que, entre más hables con ese lenguaje que no entiendes del todo, entre más intentes acercarte a una idea del vestuario y de la época que no conoces del todo – teniendo en cuenta lo dudoso de la autoría y de la certeza de ciertos textos – te toca preguntarte: “¿qué es acercarse al original?”.
    Entonces pensamos que una forma de hacerlo es hablar de las esencias. En ese sentido es que decidimos acercarnos a Shakespeare. Acercarnos entendiendo que sus palabras eran recibidas en un contexto. Entonces, hay que usar palabras que ahora tengan un impacto como queremos pensar que las suyas tuvieron impacto en su época.

    ADVZ: ¿Esas mismas reflexiones influyeron sobre su escenografía y vestuario?

    Juan Carrillo: Un maestro me decía que “cuando veas una obra griega, y veas una columna griega, pues es todo menos griega”. Y es que supongo que para un griego ver una columna implica muchísimas referencias más allá del adorno escenográfico. Por eso, su uso se vuelve un dato de museo que hoy pierde significación e impacto. Nosotros hemos querido quitar esos datos museográficos y llenarlos de imágenes, actores, acciones, lenguajes, palabras…que fueran un impacto para lo que ahora somos.

    ADVZ:  Erandeni, ¿cómo fue el tránsito de los actores para pasar del clásico imaginario shakespereano a esta versión?

    Erandeni Durán: Al principio nos ha costado, tanto entender a Shakespeare como lo que el director proponía. Pero cuando se leyó el texto en la versión adaptada el tránsito fue muy natural, y fue inevitable involucrarse apasionadamente en el proyecto. El texto es claro en acercarse a los referentes de lo que nosotros somos.
    Lo trabajoso fue, luego, abordar el lenguaje escénico. Entenderlo y descubrirlo. Entender que esos hábitos de la grandilocuencia asociada a los clásicos de Shakespeare no servían en este caso .Y que hablar de lo que somos era lo más importante.

    ADVZ: ¿Cómo se adapta el actor a trabajar con cuatro frentes?, ¿a tener al público tan cerca?, ¿a confrontarse directamente con el espectador?

    Erandeni Durán: Eso es un proceso importante, delicado y difícil. Muchas veces nos acostumbramos a obligar al espectador a acercarse. Pero acá se trata de decirle al espectador ‘acompáñame’. De hacerle entender que estamos juntos en eso y que México nos duele igual. Se requiere una actitud distinta hacia el público, que también nos costó trabajo entender y ejecutar.

    ADVZ: Mendoza está contextualizado en la Revolución Mexicana, a inicios del siglo XX. Pero es inevitable, pensando en nuestros países, y en la historia de ambición y de poder de Macbeth, asociarlo con el tema del narcotráfico. ¿Este paralelo es inevitable?, ¿está presente en la obra?

    Juan Carrillo: La presencia del tema es tangencial. Es inevitable pensando en lo que vivimos. No es que se toque el tema de manera explícita en el montaje. La presencia del México revolucionario del 1910 es un punto de partida para la obra, es un contexto de un momento de una gran transición. La apuesta del montaje es que eso, planteado como algo que sucedió hace mucho tiempo, se sienta actual…y ahí es donde el público pone sus propios referentes.
    Pero si hablamos de crímenes, de sangre derramada, es inevitable que se siente como el hoy. Que si estamos hablando de crimen, que si hablamos de lucha de poderes, nos resuene a todos más allá de fronteras y países.
    Esto, si bien es doloroso, satisface en términos de comunicación. Porque podemos hablar de lo mismo aunque sea un montaje muy mexicano.

    (*) Más información sobre la Compañía ‘Los Colochos Teatro’ aquí.

  • XV FITBO 2016. Martín Pons y el ‘Ensueño de Martini’

    Martín Pons descubrió su talento para el dibujo siendo muy niño. Este hallazgo, sumado a los estímulos que encontró en su casa, le otorgó una sensibilidad especial para las artes. Pero pasó algún tiempo para que, casi de manera casual, se acerque a las artes escénicas. Primero, formándose como mimo a lo largo de tres años; luego de ello vendría su acercamiento al clown. Así, sumando sus diversas experiencias, Pons encuentra en el universo del humor y de diversas formas del teatro visual – físico, gestual – un espacio para crear y desarrollarse como artista.

    Hoy, luego de cinco años viajando como parte del elenco del Cirque du Soleil, este clown argentino ha tomado la experiencia y el prestigio de su carrera para generar un espacio que le permita crecer como artista independiente.

    De esta manera surgió ‘Ensueño de Martini’, unipersonal de Pons que combina las técnicas del mimo y el clown con las de la magia y las artes plásticas. A ello le suma la presencia de máscaras, su capacidad para interactuar con el público y el uso tecnológico de la iluminación y el video arte; creando un espacio de fantasía disfrutable por niños y adultos.

    ‘Ensueño de Martini’ se presentó en el XV Festival Iberoamericano de Bogotá. En este espectáculo, un clown – algo distraído  – pierde su equipaje antes de viajar; lo cual lo obliga a buscarlo en una en una sala repleta de maletas. Esta simple anécdota genera un universo de posibilidades y aventuras que ‘Martini’ deberá enfrentar al descubrir el contenido de cada equipaje que no es el suyo.

    Advenedizo Digital conversó con Martín Pons sobre su proceso para crear ‘Ensueño de Martini’.

    Advenedizo Digital (ADVZ): Martín, tu personaje es un clown que vive una aventura cada vez que abre una maleta. Como director, ¿cómo le pones límite a la creatividad?, ¿cuándo dices ‘hasta acá’?

    Martín Pons: Creo que lo primero es no cansar al público (risas). Uno tiene que ir encontrando el equilibrio, buscar la forma de no excederse. Pero sí es ilimitado, se podría seguir haciendo actings durante el espectáculo. Y es que lo maravilloso del mundo del clown es esa cosa surrealista que hace que pueda ser infinito.

    ADVZ: ¿De dónde surge el material para ‘Ensueño de Martini’?

    Martín Pons: Luego de trabajar tantos años en el Cirque du Soleil tenía la necesidad de generar un espacio de creación propio. Y así, con toda esa experiencia noté que se pueden bajar un par de peldaños y mirar las cosas en otra perspectiva. Por eso, en este espectáculo hay materiales que se han generado en diferentes etapas de mi carrera. Por ejemplo, hay actings que se fueron generando en mi época de estudiante con mis primeros maestros. El espectáculo se ha ido creando con el tiempo, e influenciado por la presencia de las artes plásticas y de otras prácticas. Así, pasó de ser un grupo de actings solistas hasta volverse algo más complejo, más integral.

    ADVZ: ¿Cómo es el trabajo de un artista independiente luego de haber trabajado en una compañía como el Soleil?

    Martín Pons: Lo fabuloso de una experiencia como la del circo es que te abre nuevas puertas y desarrollarte como artista independiente. Y esto te da la oportunidad de reivindicar lo que uno venía haciendo, de descubrir que eso que hacías cuando eras más joven era correcto y seguir avanzando. Pasar de pequeños espectáculos a otros más elaborados que te permitan el sueño de recorrer el mundo.

    ADVZ: ¿Además del espectáculo estás realizando alguna otra actividad en el Festival?

    Martín Pons: Estamos realizando un taller de clown y teatro gestual, el cual tengo diseñado hace ya algún tiempo. En este taller trabajamos lo técnico del teatro físico y lo despojado del clown.

    (*) Más sobre Martín Pons aquí.

    Video:

  • CRÓNICA. Huracán

    ‘Huracán’ es la obra ganadora del segundo lugar del concurso ‘Ponemos tu obra en escena’ del Teatro Británico, en su edición del año 2014. Este montaje, escrito y dirigido por Chiara Roggero, se encuentra en su última semana de temporada.

    De carácter naturalista, ‘Huracán’ nos muestra la relación entre dos adultos, un padre y un hijo, que deben pasar juntos una noche, en un departamento de Nueva York, mientras el huracán Sandy atraviesa la ciudad.

    Esta relación, expuesta desde el inicio con diferencias, problemas de comunicación y ciertos niveles de estrés, se ve alterada con la llegada de una joven desconocida; la cual llama a la puerta del departamento en busca de refugio.

    La llegada de esta mujer origina la aparición de una nueva dinámica de tensiones entre los, ahora, tres personajes. Y es que ella, con su carácter coqueto, independiente y desenvuelto, su aire de trotamundos, y su filosofía neo hippie, va generando la aparición de nuevas actitudes en los personajes masculinos; las cuales desencadenan un estado de competencia permanente.

    Así, la relación de complicidad y ternura que genera con el padre – hombre con mayor disposición a la aventura – se opone a la tensión verbal y sexual que aparece en su vínculo con el hijo. Ello, sumado a los constantes arrebatos y cambios de ánimo e interés del personaje femenino, crea un ambiente expectante respecto a que tan lejos llegará la competencia por sus atenciones.

    Y son estos cambios de ánimo de la visitante los que guían el desarrollo de la pieza y colocan a cada uno de los personajes en diferentes situaciones. De esta manera, viajando entre el humor y el drama, ‘Huracán’ expone el mundo interno del padre, el hijo y la mujer, así como las posibilidades de relación entre ellos.

    Esta dinámica, propuesta por el texto, se suma a la calidad de las interpretaciones; otorgando frescura y agilidad al montaje. Ello genera un tránsito que resulta natural entre diferentes atmósferas emotivas.

    ‘Huracán’ se desarrolla con humor y frescura. Su cercanía a la comedia romántica dialoga sin problemas con los momentos dramáticos. Y, si bien por momentos recurre a la filosofía de autoayuda, el ritmo de su interpretación le permite sortear estos baches y discurrir con eficiencia hacia su desenlace; además de equilibrar los momentos de comedia y de drama, sin caer en excesos de uno u otro lado.

    ‘Huracán’ parte de una premisa ‘tipo’ – personajes encerrados y obligados a convivir – y dentro de ella desarrolla su anécdota con pericia. No pretende ser más de lo que es, y dentro de esa – aparente – simpleza logra entretener y conmover.

    (*) Foto tomada de aquí.

    Dirección y dramaturgia: Chiara Roggero.

    En escena: Omar García, Sergio Paris, Fiorella Pennano.

    Diseño de escenografía: María Julia Núñez Malachowski.

    Diseño de luces. Julio Beltrán.

  • CRÓNICA. Reglas para vivir

    Si bien existen situaciones cómicas que son universales, se puede afirmar que el sentido del humor es personal; no a todos les hace gracia las mismas cosas, no a todos les afecta el humor de la misma manera. Estas reflexiones surgen a partir del reciente montaje del Teatro La Plaza, ‘Reglas para vivir’; escrito por la británica Sam Holcroft y dirigida por Josué Méndez.

    En esta tragicomedia, dos hermanos son acompañados por sus respectivas parejas – esposa y novia de turno – a pasar la navidad con sus padres. Cada uno de los personajes debe elaborar su estrategia de comportamiento para, en esta emblemática y, en ocasiones, tensa  reunión familiar, no cometer errores y permitir que fluya la armonía.

    A partir de estas premisas, ‘Reglas para vivir’ se construye desde la dinámica de la comedia de situaciones. Y es a medida que avanza la interacción entre los personajes que se van develando secretos que alteran, inevitablemente, la relación familiar. Sin embargo, los mismos personajes tratan de ejercer un ‘control de daños’, haciendo el ejercicio de pasar por alto las molestias que van surgiendo entre ellos.

    Este empeño por contener las tensiones se vuelve inútil una vez descubierto el real estado de salud del padre, otrora líder castrador y dominante. A partir de ese momento, se evidencia el absurdo de fingir que ‘todo está bien’; y son inocultables las disputas, los rencores, los celos y el chantaje emocional.

    Esta estructura de presentación-tensión sostenida-explosión resulta bastante funcional para la ejecución de una comedia de situaciones. Pero no es lo único que el texto de ‘Reglas para vivir’ ofrece; pues cada uno de los personajes expone una densidad psicológica y emotiva que le otorga un importante peso dramático al montaje.

    La mencionada densidad psicológica es aprovechada por el director para construir una dinámica de complicidad con el público. Así, a través de la proyección de un tablero – que hace referencia a los videojuegos – se van conociendo las debilidades y manías de cada uno de los personajes. Esto le otorga al espectador la oportunidad de conocer mejor a cada uno de ellos, tanto a partir de lo que dicen como de lo que callan. Ello permite explorar el humor desde las contradicciones en el accionar de cada personaje.

    Sin embargo, es justamente ese contrapunto entre comedia y conflicto sicológico lo que pone en evidencia las debilidades del montaje.

    Una de las principales es la existencia de diferentes estilos en la construcción de los personajes. Estas diferencias no afectan el aspecto dramático de la obra, pero si afectan a la comedia.

    Así, Claudia Dammert da vida a una mujer neurótica, obsesionada por fingir que todo está bajo control, que apacigua su frustración con el consumo de fármacos y la obsesión por el orden y la limpieza. Dammert construye, de manera brillante, una caricatura en clave naturalista. Por otro lado, la interpretación de la joven actriz – novia de uno de los hermanos -, a cargo de Katerina D’onofrio, se apoya en el uso de gags físicos, abundante gestualidad y movimientos entrecortados. D’Onofrio también construye su personaje desde la caricatura, pero ésta es una caricatura expresionista.

    Los personajes mencionados, debido a su interpretación y forma de construcción, terminan siendo los más extremos del grupo. Por otro lado, los restantes (*) – los dos hermanos y la esposa de uno de ellos – comparte similitudes de estilo, una interpretación contenida decididamente naturalista.

    Así, las diferencias entre los dos personajes extremos – dos caricaturas de diferente estilo – y los otros tres – más homogéneos – le termina restando matices a la construcción general de la comedia. Pues ésta, si bien cuenta con diálogos entretenidos y graciosos, no define su dirección, su estilo; navegando en un ritmo irregular de momentos de humor que aparecen y desaparecen.

    Y es en esos momentos en donde no queda claro cuál es el humor sobre el que se sostiene ‘Reglas para vivir’, ¿el de los textos?, ¿el de los personajes?, ¿el de las actuaciones?

    Esta falta de claridad, si bien no determina – en términos generales – el resultado del montaje, si lo afecta en más de un momento. Quizá el más evidente es el cuadro con el que concluye el primer acto. Y es que, pese a que en los diálogos se menciona la importancia del retorno del padre enfermo, lo severo de su carácter y su imagen de prócer dominante, en el momento de su ingreso no queda claro si, con su estado de salud, se pretende construir una escena humorística, dramática o tragicómica.

    Vale mencionar que ‘Reglas para vivir’ no solo se apoya en el texto y las actuaciones. Su escenografía nos muestra el interior de una casa – sala, comedor y cocina – montados sobre un tablero de juego; el cual se mimetiza con los objetos del ambiente, mientras divide el espacio en zonas de iguales dimensiones. Ello refuerza la idea de juego-competencia que nos ofrece un video inicial, y que dialoga con el video mencionado anteriormente.

    ‘Reglas para vivir’ es un montaje complejo. Una tragicomedia con profundidad sicológica, mucho humor y momentos extremos. El desarrollo de la comedia es desigual, pero efectiva (lo cual refuerza la subjetividad que se expone en el primer párrafo de este texto). Logra, por medio de la escenografía y el video, fortalecer el concepto de competencia; la cual se desarrolla en amplitud sobre la última parte del segundo acto, en la escena del juego.

    Su mayor virtud resulta siendo su mayor dificultad, lidiar con la profundidad de los personajes hace que el montaje caiga, por momentos, en situaciones donde la retórica parece dominar sin dirección aparente.

    (*) En este análisis no se considera al personaje del padre; ya que, dada su condición de salud, el personaje ofrece pocos matices para la interpretación.

    (**) Foto tomada de aquí.

    Dirección: Josué Méndez.

    En escena: Claudia Dammert, Katerina D’Onofrio, César Ritter, Hernán Romero, Vanessa Saba, Leonardo Torres Vilar.

    Dramaturgia: Sam Holcroft.

    Traducción: Gonzalo Rodríguez Risco.

    Asistencia de dirección: Adriana Cuba.

    Gráfica y animación de paneles: Juan Carlos Yanaura.

    Realización de escenografía: Alejandro Espinoza.

  • ESPECIAL. Crítica teatral y medios digitales

    “Acá no hay crítica”, “desde que no está ALAT no tenemos críticos”, “para escribir crítica tienes que estudiar para crítico y haber visto muchísimo teatro”. Estas frases – y otras similares – solían escucharse en conversaciones de personas vinculadas a las artes escénicas, cuando asomaba el tema de la crítica teatral.

    Y, probablemente, algo de cierto tenían estas afirmaciones. Durante mucho tiempo se ha dejado de contar con textos que, periódicamente, sean referentes de reflexión acerca de los trabajos escénicos que se presentan en la ciudad.

    Esta ausencia de crítica podría explicarse – entre otros motivos – por la paulatina disminución de espacios para la difusión cultural en los medios de comunicación tradicionales. Hoy, por ejemplo, el espacio asignado en los periódicos para la sección cultural se ha visto reducido, compitiendo con noticias de espectáculo y farándula, o ha desaparecido.

    Sin embargo, las ventajas que otorga el internet han permitido la aparición de nuevas voces, interesadas en el análisis y difusión del acontecimiento teatral. Son personas provenientes de diversas formaciones – periodismo, literatura, artes escénicas, ingeniería, medicina –, quienes han encontrado en los blogs la oportunidad de compartir sus reflexiones y puntos de vista sobre los distintos montajes que se presentan en la ciudad.

    Sergio Velarde, con su blog ‘El oficio crítico’, es un referente dentro de este grupo de comunicadores digitales. Creado hace 9 años como parte de una tarea universitaria, este medio ha logrado concentrar las dos formaciones académicas de Velarde: el periodismo y las artes escénicas. Hoy, es un espacio donde se publican críticas, entrevistas e información sobre estrenos.

    Velarde explica que para escribir una crítica toma como premisa la estructura que plantean las teorías de la crítica periodística. Sin embargo afirma: “para escribir no hay una fórmula, pero si elementos (…) elementos que son parte de la experiencia teatral”. También asegura que “cada crítica es diferente (…) puede partir de una frase, una idea, una actuación (…) a veces pesa más la dramaturgia, el estilo, la iluminación”.

    Eder Guarda también es periodista. El ejercicio de sus prácticas pre-profesionales lo llevaron a la sección cultural de un diario, lo que le permitió acercarse a muchas manifestaciones artísticas y conversar con sus creadores. Culminada esa etapa, la necesidad de compartir sus reflexiones hizo que surja la idea de iniciar el blog ‘El escenario imaginado’ (2010). La ausencia de espacios de formación en crítica escénica no detuvo su impulso. Así, escribiendo fue “haciendo camino” y asistiendo a espectáculos fue “entrenando el ojo”. “Con el tiempo vas entendiendo la importancia del rol de las actuaciones, de la dirección (…) uno reconoce los estilos y tendencias en los directores (…) reconocer esa variedad te obliga a reflexionar como abordar una obra”.

    Guarda, al igual que Velarde, considera que es importante acercarse a los creadores “conocer el universo creativo de los artistas te permite entender el fenómeno y sus matices (…) tener cercanía te permite generar una réplica y ampliar el panorama”.

    Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Gabriela Javier Caballero es quien está detrás del blog ‘El teatro sabe’ (2011). A su formación universitaria le ha sumado su búsqueda autodidacta y el haber tomado algunos talleres. En sus publicaciones combina los conocimientos académicos – teorías, parámetros de análisis – con los elementos propios del fenómeno escénico; y a ello le suma el “entrenamiento de la mirada”. Javier Caballero considera que el crítico “genera conocimiento”; lo hace “al elaborar hipótesis y a través de la fundamentación de la mirada”.

    También egresado de Literatura en la UNMSM, Piero Miovich Bedregal publica desde el año 2014 en su blog ‘Las fauces de la musa’. En sus publicaciones aborda el análisis de los montajes teatrales desde la teoría y la crítica literaria; pero no para estudio exclusivo del texto teatral, pues “estas herramientas pueden ser útiles para analizar cualquier tipo de discurso (…) son las herramientas, o los sistemas de interpretación, del análisis literario aplicados a la puesta en escena”.

    Miovich menciona que “se suele decir que la crítica está para orientar al espectador, pero yo lo veo como un complemento necesario para contrastar, reafirmar o recordar la obra”.

    El interés en el análisis del fenómeno teatral no es lo único que tienen en común estos comunicadores. En todos los casos mencionados se trata de proyectos auto financiados. Así, la vocación por la comunicación, la investigación y el hecho escénico es un elemento fundamental en la existencia de estos espacios virtuales.

    Comparten también el sentido de la responsabilidad que surge al reconocer a la subjetividad propia – más allá de la formación y los recursos técnicos de cada uno – como primer elemento para la elaboración de un texto crítico.

    Asimismo, tienen en común el interés en que su trabajo sea un medio de intercambio con los creadores. Tanto recibiendo información por parte de los artistas, la cual amplía la perspectiva de los críticos; como brindando una necesaria retroalimentación sobre el trabajo escénico expuesto.

    El trabajo de la crítica es muchas veces incomprendido. Existen prejuicios que asumen al crítico como alguien concentrado en los errores o fallas, o como personas que buscan ponerse por encima del trabajo de los artistas. Nada más alejado de la realidad, los testimonios de estos comunicadores proponen la idea del crítico como una persona más del público – quizá con mayor entrenamiento en la observación – que emite una apreciación sustentada y responsable sobre la obra artística.

    Este interés en el análisis del hecho escénico no es exclusivo de los comunicadores mencionados. Existen también otras personas que, a través de medios tradicionales (Alberto Servat),  publicaciones especializadas (Percy Encinas) y, cómo no, blogs (‘El teatro de mi vida’, ‘Crítica teatral Sanmarquina’) vienen aportando a la reflexión teatral.

    No se puede finalizar sin mencionar el importante legado de Sara Joffé, teatrista que ha influido en el trabajo de más de uno de los entrevistados; así como en otras personas que también son parte de este movimiento de crítica teatral virtual.

    Sara Joffré, al igual que Alfonso La Torre (ALAT) y Hugo Salazar Del Alcázar  son referentes vitales para estas nuevas épocas; donde la posibilidad de publicar es más cercana, pero el camino es igualmente exigente.

     

    Frases:

    Las plataformas virtuales le dan a la crítica la oportunidad de crecer. Pero es una obligación hacer un trabajo de calidad para que la gente sepa que hay personas interesadas seriamente en la reflexión teatral” – Sergio Velarde.

    No sé si los críticos tengamos algún tipo de poder, como el de influir sobre el éxito o fracaso de una temporada, ni creo que sea necesario” – Sergio Velarde.

    En paralelo a ver la obra trato de conseguirme y leer los textos” – Eder Guarda.

    A veces es complicado registrar varias obras, las temporadas breves y la oferta excesiva impiden hacer un seguimiento mayor” – Eder Guarda.

    Cuando una obra no está lista, o no llegó a una fase madura, es mejor no publicar” – Eder Guarda.

    La influencia es menor quizá porque la crítica se reconoce como un ejercicio académico y la gente se acerca al teatro a partir de un elemento sensible” – Eder Guarda.

    Me interesa la continuidad de la propuesta en función a las propuestas locales y como eso se inserta en una cartografía más general” – Gabriela Javier Caballero.

    Me motiva especialmente escribir cuando se trata de una buena propuesta y no tiene la respuesta o el conocimiento del público” – Gabriela Javier Caballero.

    Existen más páginas de difusión y de recomendaciones que de crítica. Ese trabajo es necesario, pero disfrazar la difusión de crítica es un error que debería evitarse” – Gabriela Javier Caballero.

    He sido formado como un analista de discursos. Estas herramientas pueden ser útiles para analizar cualquier tipo de discurso, incluido el escénico” – Piero Miovich.

    La crítica es un proceso creativo, ligado al intelecto, al trabajo de las ideas y usa como base a otro proceso creativo previo” – Piero Miovich.

    El crítico es cómo un espectador entrenado y que siente la necesidad de generar un espacio de diálogo con los creadores” – Piero Miovich.

     

    Claves:

    Eder Guarda, blog “El escenario imaginado”. – http://elescenarioimaginado.blogspot.pe/

    Gabriela Javier Caballero, blog “El teatro sabe”. – https://elteatrosabe.wordpress.com/

    Piero Miovich Bedregal, blog “Las fauces de la musa”. – http://pieromiobe.blogspot.pe/

    Sergio Velarde, blog “El oficio crítico”. – http://eloficiocritico.blogspot.pe/

     

    Video:

  • CRONICA. La eternidad en sus ojos

    ‘La eternidad en sus ojos’, escrita por Eduardo Adrianzén y dirigida por Oscar Carrillo se encuentra, actualmente, finalizando una nueva temporada. Esta vez, el lugar de su presentación es el Teatro de Lucía de Miraflores.

    Este montaje, realizado en un estilo naturalista, gira en torno a la historia de amor de una pareja a lo largo de una década.

    La historia se desarrolla intercalando dos planos temporales. En uno de ellos,- el momento ‘presente’ – un joven, que acaba de perder a su padre, visita a una mujer anciana para interrogarla sobre la relación que mantuvo con éste. Los recuerdos de la mujer serán la excusa para el viaje en el tiempo y la exposición de los hechos que conformaron la relación – el ‘pasado’ -.

    De esta manera, ‘La eternidad en sus ojos’ muestra la historia de Nina, una profesora universitaria de 39 años, casada, con dos hijos; y Alejandro, un joven estudiante con aspiraciones a ser poeta, 20 años menor que ella. El encuentro entre ambos, y su posterior romance, exponen el universo de tensiones y contradicciones existentes entre dos personas de generaciones distintas y con realidades, expectativas y obligaciones muy diferentes entre sí. Asimismo, la voluntad de ambos de continuar con su relación permite observar los cambios y negociaciones que se desarrollan a medida que pasa el tiempo.

    La historia se expone a partir de los encuentros furtivos de la pareja – siempre en el mismo cuarto de hotel -. Estos encuentros son mostrados con saltos de tiempo – en ocasiones intercalados con escenas entre el joven visitante y la protagonista en edad adulta – que permiten observar el desarrollo de la relación año tras año. Ello, otorga la posibilidad de reconocer en Nina a una mujer adulta, inteligente, práctica, irónica, responsable y libre (aunque pueda parecer que los dos últimos adjetivos son opuestos); asumiendo el liderazgo de la relación con honestidad y firmeza, con sarcasmo y ternura. Del mismo modo, muestra la evolución y cambio de Alejandro con el paso de los años. Así, se le aprecia inicialmente como un joven romántico y confundido; luego frustrado, impetuoso y demandante; para, finalmente, ser más cauto y responsable.

    Este progreso – anual – de los personajes muestra, también, los cambios en la relación. Así, esta pasa de la inestabilidad y el conflicto permanente – al inicio – a una situación de equilibrio; donde se comparten las preocupaciones de la vida ‘pública’ de los personajes (los hijos y el esposo de Nina, la novia de Alejandro).

    Debe mencionarse que, en sus diferentes etapas, la relación muestra una paradoja: el deseo de seguir juntos oponiéndose a los intereses disímiles de la pareja. Una relación inviable, sostenida por los sentimientos.

    Este juego de tensiones de los protagonistas es uno de los elementos más efectivos del montaje; ya que la permanente certeza del fracaso de la relación vuelve más conmovedora la fe de los personajes en seguir adelante.

    Un elemento importante en esta historia es que se desarrolla entre 1979 y 1989. Detalle que no pasa desapercibido debido a las referencias al contexto social y político que se encuentra en el texto. Ello permite encontrar paralelos entre la relación de los personajes y la realidad del país. Así, en ambos casos – pareja de personajes y contexto social -, el deseo de seguir adelante convive con la inestabilidad; logrando una sobrevivencia basada en pequeños pactos y precarios equilibrios. Un buen ejemplo de ello es la escena del apagón y el coche-bomba.

    Sin embargo, la influencia de la realidad de esa época sobre la obra no es solo simbólica o referencial. El acceso a bienes gracias a los dólares MUC o la búsqueda de oportunidades fuera del país son elementos que influyen sobre el desarrollo de la trama (como por ejemplo, el leve ascenso social de la familia de Nina, que le ofrece la oportunidad de dejar el país).

    Todo ello genera que el montaje logre, efectivamente, construir el universo temporal y social que propone; lo cual es importante destacar, ya que lo logra recurriendo a escenas que transcurren en un único e inmutable espacio escenográfico.

    En cuanto al montaje, debe mencionarse el gran aporte de los intérpretes. En especial el trabajo de la dupla de protagonistas; quienes irradian complicidad y naturalidad, destacando especialmente Ximena Arroyo. La otra dupla de intérpretes presenta algunos problemas de fluidez, probablemente debido a las diferencias de estilos. Ello, no les impide una actuación efectiva y, cuando lo requiere, conmovedora.

    ‘La eternidad en sus ojos’ propone una historia de amor, en clave de melodrama, con características muy particulares. Pues, además del eficiente ritmo de sus diálogos, y de sus construcciones poéticas a partir del juego de palabras y sonoridades, propone una historia de amor ‘prohibido’ (infidelidad, diferencia de edades) sin caer en los juegos de la culpa o la falsa moral. Una historia donde el personaje femenino rompe el patrón de la sumisión, el romanticismo ‘meloso’ y la auto conmiseración. La obra muestra personajes complejos, que actúan en concordancia a sus intereses sin complacencias, con frescura y naturalidad.

    (*)Foto tomada de aquí.

    Dirección: Oscar Carrillo.

    Dramaturgia: Eduardo Adrianzén.

    En escena: Sonia Seminario, Ximena Arroyo, Claudio Calmet, Jorge Bardales.

  • CRÓNICA. Salir

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    ‘Salir’ es una obra teatral escrita y dirigida por Daniel Amaru Silva, y codirigida por Rodrigo Chávez. Esta puesta en escena se presentó en el auditorio de la Alianza Francesa de Miraflores entre el 19 de noviembre y el 4 de diciembre. Cabe mencionar que ‘Salir’ fue una de las obra premiadas por el Festival ‘Sala de Parto’ en la edición del año 2013.

    Este montaje parte de una anécdota sencilla: un escritor es atendido en un hospital por un mal recurrente producto de la debilidad de sus costillas. El personaje espera que sea un chequeo de rutina, pero se ve obligado a internarse. Esto termina siendo un pretexto para un viaje en el tiempo, en el cual el protagonismo de los recuerdos del personaje es compartido entre el vínculo con sus amigos de la infancia y la relación fallida de sus padres.

    La forma en que está compuesto el texto guía al espectador por tres líneas temporales. Una de estas líneas muestra el tiempo ‘real’ del personaje durante su internamiento. Aquí se observa su relación con unenfermero y la doctora a medida que le van informando acerca de su estado de salud. Por otro lado, se expone el vínculo con sus dos amigos de la infancia; y cómo esta relación se fortalece y muta en los tiempos de la adolescencia, la juventud y la primera adultez. Finalmente, se muestra la relación de – y con – los padres; de tal manera que se aprecia la crisis matrimonial y como esta afectó la relación existente entre los tres miembros de la familia.

    En cuanto a la puesta en escena, ‘Salir’ presenta a los 5 actores/personajes (*) ubicados en puntos específicos del espacio. Cada uno de ellos se encuentra sentado en una banca dando la espalda a la platea. Desde esa posición se propone una convención muy sencilla y efectiva: cuando al actor/personaje le corresponde participar en una escena gira sobre su sitio y se coloca en posición frontal al público. Es desde esa nueva posición que interpretará sus parlamentos.

    Debe mencionarse que esta forma de exposición/interpretación de los actores/personajes plantea en la sensibilidad del espectador un vínculo más cercano con el personaje. Y es que, en muchos momentos de la obra, la mencionada frontalidad puede resultar confesional. Además de ello, la claridad de la convención, sumada a la ausencia de utilería, decorados y traslados, potencia el ritmo de la puesta en escena y facilita la comprensión en los saltos de tiempo que propone la dramaturgia.

    Puede afirmarse, entonces, que la puesta en escena propone una forma en la cual la atención del público y la acción de los actores se concentra en el texto dramático y la sonoridad que su interpretación ofrece.

    Este texto destaca por su dinamismo en los momentos de las relaciones conflictivas -el personaje con la madre, la esposa, el enfermero y la doctora; además de la relación entre los padres-, donde la ironía, los juegos de palabras y cierta clave poética en el manejo del conflicto complementan la construcción de las escenas. Sin embargo, puede resultar excesivamente retórico en los momentos donde se suscitan reflexiones personales o en ciertas conversaciones altamente expositivas. Y, si bien esto podría traer como resultado una combinación rítmica interesante, termina agotándose como recurso.

    Este agotamiento se hace más evidente luego de que se devela el estado de salud del personaje -aquejado de una grave enfermedad-. Y es que, hasta ese momento, la obra venía alternando información diversa sobre el personaje: sus actividades, su salud, la relación con sus padres -divorciados, el padre se suicida poco después- y la relación con sus amigos -se conocen desde niños, estuvo casado con su mejor amiga; quien se encuentra comprometida con su mejor amigo-. Pasado este momento, ‘Salir’ continúa en sus tres líneas temporales ofreciendo información que resulta complementaria; pues ésta permite al espectador terminar de ‘armar’ la historia del personaje, pero que carece de acción.

    ‘Salir’ propone una puesta en escena sobria y minimalista. Su austeridad en utilería y escenografía potencia la dinámica que el texto dramático plantea. Asimismo, una iluminación tenue -y con matices entre la luz frontal y las sombras marcadas- acompaña y guía los cambios de tiempo. La convención teatral es intimista y propone un estilo confesional. Asimismo, concentra la atención en el texto dramático y su sonoridad; otorgando, por momentos, una rítmica sonora más que atractiva. Cuenta con un equipo actoral solvente en el manejo del estilo que la convención propone; destacando especialmente la interpretación  del protagonista -quien propone un cuidado desarrollo corporal a los diferentes momentos del personaje-.

    Sin embargo, la obra tiende a decaer después de haber develado su conflicto principal -el estado de salud del protagonista y su relación con los otros personajes-, decantando en momentos excesivamente retóricos y con carencia de acción; lo cual pone al montaje en riesgo de caer en una redundancia rítmica.

    ‘Salir’ apuesta por el riesgo en un montaje poco convencional para la escena limeña. Y, si bien presenta algunas debilidades mencionadas líneas arriba, consigue sostener al espectador a través del planteamiento eficiente del universo del protagonista y de un sensible manejo del drama familiar.

    (*) Se usa el término ‘actor/personaje’ tanto por la neutralidad y sobriedad que presenta la propuesta como por el hecho que los cambios en los personajes son sutiles y pasan por detalles mínimos -como los del padre/enfermero, la madre/doctora o las diferentes edades del protagonista y sus amigos-.

    (**) Foto tomada de aquí.

    Dirección: Daniel Amaru Silva, Rodrigo Chávez.
    En escena: Carlos Mesta, Evelyn Ortiz, Nicolás Fantinato, Óscar Meza, Alexa Centurión.
    Dramaturgia: Daniel Amaru Silva.
    Vestuario: Jazmín Perea.
    Arte: Aarón Rojas, Blanca Martínez.
    Iluminación: Cesar Fe.
    Producción General: Soma Teatro, Sala de Parto.

  • CRÓNICA. Los regalos

    ‘Los regalos’, es una propuesta escénica producida por la ‘Compañía de Teatro Físico’ y dirigida por Fernando Castro.  Este montaje se presentó, entre el 28 de agosto y el 20 de septiembre, en la sala del Teatro Ensamble De Barranco.

    ‘Los regalos’, es una puesta en escena que plantea un efectivo diálogo entre los lenguajes del teatro físico, la acrobacia y el clown. Suma a ello, el uso de máscaras y la presencia de video animación; los cuales suman y fortalecen una cuidada propuesta estética.

    El inicio del montaje presenta una imagen estática – dos personajes frente a frente, donde uno porta una maleta – a la cual se retornará a medida que se desarrolle la obra. Esta imagen ofrece un detalle esencial en la propuesta estética y del discurso escénico de la obra: la cabeza y el rostro de los personajes están definidas por la presencia de máscaras.

    Luego de esta primera imagen se desarrolla un conjunto de escenas, las cuales funcionan como presentación de los personajes: un padre y sus dos menores hijos. Estas escenas muestran, a través de la cotidianidad expuesta en cada una de ellas – un viaje en auto, el momento del almuerzo, una pelea entre hermanos, los juegos de ambos, la hora de acostarse, etc. – distintos detalles acerca de la vida y las relaciones entre los tres miembros de la familia.

    Así, se puede conocer que estos tres hombres viven juntos – sin mujeres -, que el hermano menor es bastante pequeño, que la familia tiene dificultades económicas y que el padre tiene serios problemas de comunicación con sus hijos – llegando, incluso, a resolver una situación por medio de la violencia física -.

    Pero, además de lo mencionado, estas escenas permiten apreciar matices sensibles de las relaciones entre los personajes. Logrando mostrar distintos vínculos entre ellos: sus cercanías, distancias y complicidades; los celos, las reconciliaciones y las demostraciones de afecto; la ternura, el respeto, el temor, la soledad. En esencia, las complejidades de las relaciones familiares.

    Toda esta información, repartida con tino y sensibilidad, es expuesta sin el uso de la palabra hablada; apostando por construir un discurso a partir de las acciones y pausas de los cuerpos de los intérpretes. Y es que, ante la presencia de las máscaras, que reduce el gesto facial de los personajes a una sola imagen estática, se opta por un cuidadoso e inteligente trabajo de composición escénica. De manera tal que, mientras las acciones corporales grafican una situación específica, la ubicación de los personajes en el espacio, la velocidad de sus movimientos y la construcción de ‘gestos’ a través del cuerpo, permiten sumar detalles que constituyen los matices de las relaciones a los que se hacía mención líneas arriba.

    A ello se debe agregar la prolijidad en la presencia y uso del vestuario y la utilería. Siendo elementos que ofrecen detalles que aportan para la identificación de los personajes, su contexto y las dinámicas que existen entre ellos.

    La descripción planteada, sobre la primera parte del montaje, bien podría aplicarse para los recursos escénicos que conforman la segunda parte del mismo. Sin embargo, el efecto emocional de los detalles expuestos cobrará mayor potencia hacia el final de la puesta en escena. Y es que, la primera parte concluye con la partida del hijo mayor del núcleo familiar; y la segunda inicia con el retorno de éste, mucho tiempo después (aquí es donde reaparece la imagen del inicio del espectáculo), a visitar a sus familiares.

    Esta segunda parte expone una evolución en el tiempo de los personajes, donde los hijos son adultos y el padre es un anciano. El paso del tiempo no solo se evidencia por medio de los cuerpos, expuesto magistralmente por los intérpretes, sino también en las relaciones  entre los personajes. Así, la complicidad entre los hermanos desaparece, mutando en gestos de respeto y distancia. Lo mismo sucede entre los hijos y el padre, observándose mayor cercanía y contacto entre éste y el hijo menor; quien es el que se hace cargo de su cuidado.

    Esta dinámica de afecto distante – propio de las relaciones masculinas en una sociedad machista –  se mantendrá hasta el final de la obra; donde el hijo mayor parte nuevamente, alejándose de su padre y de su hermano.

    ‘Los regalos’ logra así conmover a un público que, a lo largo de dos grandes cuadros que muestran tiempo y contexto de una familia, es invitado a ejecutar una labor de lectura y escritura del montaje. Es así que el espectador es quien aporta y completa el componente emocional –e incluso, el narrativo – de una historia sencilla en cuanto a su anécdota, pero abundante en detalles y matices.

    Este texto no podría  concluir sin hacer mención a la presencia del video. Proyectadas sobre el fondo del escenario, las animaciones cumplen roles técnicos – de tránsito entre escenas -, narrativos – mostrando la compra de los regalos y contextualizando el factor económico – y estéticos -la belleza de sus imágenes, a partir de una estética cercana al cómic, y el tiempo de sus transiciones, dialogan con un espectáculo planteado desde la acción, la pausa y la contemplación -.

    Asimismo, vale mencionar el uso de los elementos escenográficos. Y es que, a partir de la presencia y uso múltiple de dos mesas de madera, los personajes construyen distintos escenarios y contextos.

    Finalmente, se debe destacar los momentos de presencia de la acrobacia. Quizá lo más destacable, además de la gran calidad técnica con que se ejecutan – pese a las dificultades técnicas que plantea el uso de la máscara –, es su aparición dentro de la dinámica de las acciones de los personajes. Evitando, de esta manera, una presencia gratuita y centrada en la demostración de destrezas.

    ‘Los regalos’ es un espectáculo que parte de una anécdota familiar para construir un imaginario desde el silencio, la contemplación y la ternura. Evita el lenguaje oral y el recurso del gesto facial. Para ello recurre a las máscaras; las cuales, al contar con el dominio en su uso, potencian el discurso del cuerpo de los intérpretes. Y es así que – a partir de la anécdota principal y sus variantes – los cuerpos, las máscaras y el silencio componen un espectáculo que vincula al espectador y lo invita a decir(se) y completar(se) lo que estos hombres-personajes no pueden decirse.

    (*) Foto tomada de aquí.

    Dirección: Fernando Castro.

    En escena: Diego Cabello, Eduardo Cardozo, Miquel De La Rocha.

    Idea Original: Diego Cabello, Fernando Castro.

    Dramaturgia: Fernando Castro, Federico Abril.

    Realización de máscaras y dirección de arte: Ana Cecilia Chung.

    Vestuario y asistencia de arte: Alonso Núñez.

    Música Original: Giovana Núñez (La lá).

    Video y diseño gráfico: TAG Estudio Gráfico.

    Asistencia de dirección: Telmo Arévalo.

    Producción general: Compañía de Teatro Físico.
     

  • CRÓNICA. Gol

    ‘Gol’ es un montaje teatral dirigido Roberto Ángeles; quien, además, escribió la dramaturgia junto a José Diez Canseco y Fernando Luque. Este montaje tuvo  una breve temporada, entre el 19 y 22 de junio, en el Teatro de la Universidad del Pacífico. Posteriormente se presentó, entre el 16 de julio y el 16 de agosto, en el auditorio del ICPNA de Miraflores.

    ‘Gol’ se desarrolla, inicialmente, a través de una propuesta física, gestual y coreográfica; para luego concentrar su apuesta en escenas donde el peso recae en la interpretación naturalista de los textos. Así, la puesta en escena empieza desde que el público ingresa a la sala, ya que se puede observar al grupo de actores trabajando en el escenario. Inicialmente, sus acciones están vinculadas a su preparación actoral – calentamiento vocal, estiramiento corporal, ejercicios de dicción -¸ para luego transformarse en un conocido juego de recreación futbolística: el ‘camotito’.

    Cabe mencionar que durante el desarrollo de estos momentos de preparación – ‘futbolística’ y actoral – son los propios actores quienes se encargan de anunciar la primera, segunda y tercera llamada; para posteriormente dar la bienvenida al público e iniciar ‘formalmente’ la función.

    A partir de ese momento se presentan – a través de coreografías, acciones y gestos colectivos – elementos que componen el universo simbólico del fútbol. Así, por ejemplo, se representan secuencias de calentamiento, de acciones de juego, de reclamo y de festejo. Además, se incluyen gestos propios del imaginario del hincha: miradas y gestos de expectativa, festejos y lamentos.

    Concluido este momento, que propone el contexto – temporal y emocional – donde se sitúa parte importante de la obra, el montaje plantea un viaje en paralelo entre dos tiempos de un mismo personaje: el actual, donde el protagonista duda acerca de suicidarse; y el pasado, donde recuerda episodios de su niñez, sucedidos durante las semanas en que se jugaron las eliminatorias mundialistas para México ’70.

    Aquí cabe destacar que el trabajo colectivo de los actores durante el inicio de la obra, construyendo imágenes como individuos anónimos parte de una misma masa, cobra mayor sentido al ser el antecedente a la manera en que será representada la historia. Y es que, las reflexiones del protagonista (su situación actual) son representadas – a modo de desdoblamiento – por cuatro actores; con cuatro voces, recuerdos y puntos de vista distintos. Y son esos mismos cuatro actores los que van intercambiando roles para representar los personajes – el niño, el padre, la madre, el profesor, el amante -, que forman parte de las memorias del protagonista (el pasado).

    Así, ese viaje entre dos tiempos permite apreciar – representados – hechos y situaciones de la niñez del protagonista; además de ofrecer los puntos de vista – muchas veces contradictorios – de las cuatro voces que conviven en la mente de éste.

    De esta manera, sucesos como las peleas entre sus padres, su primera vez en un estadio, su relación emocional con el fútbol, la aparición del amante de su madre, el suicidio de su padre, su búsqueda de afecto por medio del entrenador de fútbol, y el castigo que le impide ver el último partido clasificatorio de la selección, son expuestos y, a la vez, analizados desde la(s) perspectiva(s) del protagonista.

    Este juego de tiempos y roles que propone ‘Gol’ se sostiene tanto en la organización de su estructura dramática, como en los elementos que la habitan. Y es que este esquema dinámico de cambios constantes no sería efectivo si no contara con un elenco solvente, tanto en el manejo del texto, como en el trabajo corporal – salvo una observación en la caracterización estereotípica del personaje femenino -.

    Asimismo, la austeridad en el vestuario – la misma ropa de entrenamiento que portaban los actores al inicio -, utilería y escenografía – no más de media docena de elementos inteligentemente dispuestos y reubicados -, ofrecen la oportunidad de una construcción de las convenciones teatrales a partir del trabajo del actor. Permitiéndose así, proponer el universo lúdico y complejo que plantea el montaje sin depender de elementos distractores.

    No puede dejar de mencionarse el acertado manejo del ritmo a lo largo de todo el montaje. Tanto en la construcción y tránsito entre escenas y tiempos, como en la mirada global del espectáculo – desde que entra el público, hasta que se apaga la última luz -.

    Sin embargo, vale la pena hacer algunas anotaciones respecto al texto. Si bien no es el interés de este espacio hacer análisis literario, cabe hacer mención de algunos detalles que desentonan con el funcionamiento del resto del montaje. Estas observaciones están vinculadas a datos específicos relacionados al fútbol y al discurso final del protagonista. Y si bien las primeras pueden interpretarse como ‘licencias’ (el hecho que en el montaje pasan varios meses entre el primer y el último partido de la selección, cuando en realidad toda la eliminatoria se jugó a lo largo de un mes; o que existan cánticos de tribuna, aparecidos en las décadas de los ’90, en un partido jugado en 1969), resulta extraño que en el discurso final del protagonista – antes de su decisión frente al suicidio – haga un paralelo entre su vida, el fútbol y el Perú y no haga mención a la vida del país durante la década previa. Y si bien podría parecer un pedido exagerado – o que queda sobre entendido -, el hecho de que se mencione el contexto político durante su niñez – el golpe de Estado de Velasco, la expulsión del padre del periódico por sus ideas políticas – y se omita lo sucedido durante los siguientes 20 años – teniendo en cuenta el estado desastroso y caótico del Perú a finales de los años ’80 -, mientras se pretende asociar la vida personal con la historia del país, en un discurso de varios minutos, resulta ser una omisión más que importante y bastante extraña.

    ‘Gol’ presenta una exploración de un drama familiar desde la memoria de uno de sus protagonistas; teniendo como contexto del recuerdo los partidos de la selección peruana de fútbol previos a su clasificación al Mundial de México ’70. Para ello se vale, principalmente, de los recursos dramáticos de los actores; así como de una inteligente propuesta de iluminación, escenografía, vestuario y utilería – todas de carácter minimalista -.

    Este montaje teatral combina, dentro de un mismo universo estético, dos formas de abordar la interpretación. Una más física, visual y  poética, y otra más asentada en la interpretación de los textos. En ambos casos, el trabajo de dirección consigue que los dos universos dialoguen. Este abordaje es parte fundamental de una estructura dramática que viaja, también, en dos tiempos; dentro de los cuales los intérpretes intercambian de roles con gran efectividad.

    (*) Foto: tomada de aquí.

    Dirección: Roberto Ángeles.

    Elenco: Rodrigo Palacios, Sebastián Monteghirfo, Juan Carlos Pastor, Nicolás Galindo.

    Jefes de escena: Alejandro Guzmán, Luben Petkoff.

    Asistencia de Dirección: José Diez Canseco.

    Movimiento: Sebastián Rubio, Gabriel Gonzáles.

    Vestuario: Rodrigo Palacios.

    Escenografía: Eduardo Camino.

    Realización de escenografía: Paulino Quispe.

    Dramaturgia: José Diez Canseco, Fernando Luque y Roberto Ángeles.

    (**) ‘Gol’ está inspirada en la obra ‘Historia de un gol peruano’ de Alfredo Bushby.
     

  • CRÓNICA. Los mellizos muertos de Risa

    ‘Los mellizos muertos de risa’ es el más reciente trabajo de Panparamayo Teatro. Dirigido por Mario Ballón, el montaje se apoya en ciertas características que definen las propuestas de este colectivo teatral: universo juvenil, uso del humor, juegos de palabras, caos organizado, convivencia de estilos y lenguajes, guiños al absurdo y referencias a la realidad.

    A continuación se transcribe un fragmento de la sinopsis de la obra copiada de sus espacios de difusión:

    «Luna se escapa de la cárcel y llega al Perú para buscar a su hermano Neptuno. Juntos planearon la muerte de su madre hace más de cinco años. Luna se quedó en su país pagando la pena por el matricidio; mientras Neptuno huyó y se instaló en Lima. Aquí se hace llamar Alan Rodríguez y administra un bar barranquino donde vive con Sol, una brasilera que conoció en la 73 y que contrató como mesera. León es un cliente que ha empezado a acudir al lugar para escuchar a Risa, una cantante que quiere vivir cada minuto como si fuera el último.”

    La puesta en escena se desarrolla en un local nocturno del distrito de Barranco. La elección de este espacio no es gratuita, dado que la mayor parte de la historia a representar acontece en un bar. Es acá donde radica uno de los méritos de esta puesta en escena: la adecuada apropiación del espacio. Esta se grafica en que, luego de tener distribuido al público en mesas, sillas y bancas, quedan disponibles la barra, un tabladillo, tres pasillos y dos pequeños salones. Estos espacios son utilizados como escenario para el desarrollo del montaje; cumpliendo tanto su rol de espacio físico – como pasillo, tabladillo, barra, etc. –, como simbólico-teatral – representando una calle, la casa de uno de los personajes, etc. -.

    De esta manera, el público es testigo cercano de un montaje que se desarrolla en un espacio – un bar – que es simultáneamente real y ficcional. Ello, sumado a que algunas escenas – dependiendo de la ubicación de cada espectador – se desarrollan entre el público, genera la sensación de presenciar, de manera in-voluntaria, el cotidiano y los dramas de otras personas.

    Es oportuno agregar, que la alternancia en el uso de los espacios en cada escena, así como la adecuada iluminación de cada uno, impone un ritmo que mantiene alerta al espectador; además de invitarlo a reconocer el valor simbólico de cada ambiente.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ propone una diversidad de estilos y lenguajes. Así, si bien la mayor parte de las escenas ofrecen una interpretación naturalista – fresca y ligera, casi cotidiana -, existen momentos que se desarrollan por medio de la música y el canto; tanto en cuadros de corte simbólico – los personajes expresando sus emociones por medio de canciones –, como en momentos ‘realistas’ – ejecución de un tema musical, como parte del espectáculo del bar de la ficción -. Asimismo, el montaje presenta algunas escenas que se apoyan en el movimiento, recurriendo a la abstracción y al simbolismo, y otras expuestas en clave de farsa teatral.

    La dramaturgia plantea una historia que se desarrolla en un tiempo de estabilidad; el cual se verá alterado por el arribo de un personaje. Así, aunque no se aprecie del todo la actividad regular del bar – negocio, vivienda y espacio donde ocurre la mayor parte de la acción -, queda claro que antes de la llegada de ‘Luna’ el sistema que sostenía al local – y a la familia – funcionaba con dos de los personajes en la administración y atención al público; y otros dos encargados de los espectáculos a ofrecer. Posteriormente, a medida que se desarrolla la acción y la presencia de ‘Luna’ en el bar es cada vez mayor – sumada a las intervenciones del personaje de ‘León’ -, la tranquilidad da paso al conflicto, mientras se van develando los secretos y mentiras con los que carga cada personaje.

    De esta manera, guiado por el ritmo en el uso de espacio, viajando entre diferentes estilos y lenguajes, y siguiendo las tensiones propuestas en la dramaturgia, el espectador llega a dos momentos culminantes: aquel en el que conoce la relación entre todos los personajes y, especialmente, el instante en que la verdad les es revelada a ‘Luna’. Luego de ello, la espera por un desenlace se hace extensa y el ritmo decae.

    Y es que, este es un montaje que acumula tensión por un tiempo prolongado – concentrándose en que ‘Luna’ no se entere la verdad sobre su madre – y luego la libera, develando los misterios que guardaba. Posteriormente, la historia continúa, pero no hacia un desenlace. Lo hace abriendo nuevas líneas dramáticas: la ruptura de la relación entre ‘Neptuno’ y ‘Sol’, el encuentro de  ‘Luna’ y su madre, y la relación de ‘León’ con ambas mujeres. Esta dispersión de la atención dramática impide que el montaje vuelva a generar tensión con la misma intensidad que había logrado. A ello se suma que la mayoría de estas escenas llevan una pesada carga retórica; en un intento de explicar, apoyándose principalmente en la palabra, las emociones y reflexiones de cada personaje.

    Llegado a este punto, se suma que ‘Los mellizos muertos de risa’ trabaja con intérpretes que, en su mayoría, no han sido formados como actores o actrices. Esto hace que existan algunas deficiencias de técnica vocal. Y si bien ello no genera problemas durante la mayor parte de la obra – ya se mencionó anteriormente el estilo cotidiano de la interpretación -, los problemas de dicción, de proyección de voz y de manejo de ritmo en el texto, atentan contra del montaje una vez que los misterios han sido resueltos, las tensiones han disminuido y el desenlace se posterga.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ es un montaje teatral que atraviesa las fronteras de los estilos y los lenguajes; permitiéndose ser simultáneamente narrativo y poético. Discurre con la misma frescura por la representación naturalista y por la abstracción del movimiento. Asimismo, recurre al código del musical con la misma efectividad con que se acerca a la farsa. Propone un atractivo uso del espacio; tanto a nivel funcional, como en la concepción y percepción de lo real y lo ficcional.

    Y si bien no es de interés de este espacio hacer análisis dramatúrgico – más cercano al análisis literario que a la acción teatral – no se debe evitar mencionar que el montaje se afirma en una dramaturgia narrativa y poética. En ella se presenta una situación, para luego exponer un conflicto; el cual logra generar tensión y expectativa. Sin embargo, esta tensión decae una vez que  los misterios que la sostenían son develados, y que el desenlace se posterga.

    (*) Foto tomada de aquí.

    ‘Los mellizos muertos de risa’ se presentó en el bar Lion’s Head – Av. Grau 268, Barranco -.

    Fechas: Viernes 12, 19 y 26; y sábados 13, 20 y 27 de junio. Jueves 2 y 9 de julio; y viernes 3 y 10 de julio.

    Dirección general y dramaturgia: Mario Ballón.

    En escena: Nina Mutal, Tatiana Vizcarra, Gabriel Zambrano, Leslie Guillén, José Avilés, Feffo Neyra.

    Letra y música compuesta por el elenco de la obra.

    Diseño de luces: Ricardo Delgado.